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Índice "El Comunista" nº77

 

VIDA DE PARTIDO: REUNIÓN GENERAL DE AGOSTO DE 2026 (I)

 

 

La reunión general se ha desarrollado en dos fases, una de estudio y otra de balance y plan de actividades. Las sesiones han tenido participación presencial y telemática de los compañeros de las distintas secciones territoriales del Partido.

La fase de formación militante se ha desarrollado durante una semana con el centro de gravedad puesto en el estudio de varios textos de Lenin.

Durante las sesiones de estudio se han realizado comentarios de clarificación y profundización de los materiales de estudio, así como se han planteado cuestiones también de clarificación que se han ido profundizando como parte del estudio, con material complementario o con explicaciones ampliadas. Las sesiones de estudio se han desarrollado durante 7 días en sesiones de 4 horas, mañana y tarde, con el siguiente esquema:

 

 

 

En la primera sesión se enfocó el planteamiento general de la reunión y se estudió “Lenin, en el camino de la revolución” (1924) para ubicar – dada la cantidad de textos de Lenin programados para las sesiones de estudio – la cuestión de Lenin como teórico y restaurador del marxismo, así como las limitaciones de los bolcheviques en las cuestiones tácticas.

Tal como expresa el texto: “Al principio de El Estado y la Revolución Lenin mismo dice que es fatal que los grandes pioneros revolucionarios sean falsificados: como ha sucedido con Marx y con sus mejores seguidores. ¿Escapará Lenin mismo a esta suerte? Ciertamente no (…) Esta actitud hipócrita del pensamiento burgués es el preludio casi certero de otros intentos de falsificación, más o menos cercanos a nosotros, contra los cuales los militantes de mañana tienen el deber de combatir: deber de absorber, si no es posible con la misma genialidad, sí con la misma decisión con la que Lenin dio pruebas en relación con los maestros del marxismo.” (Lenin, en el camino de la revolución, 1924).

Retomando esta previsión, el texto de Partido “’El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo’, condena de futuros renegados” (1964) establece: “Han pasado 36 años desde esta fácil previsión, y su balance, forjado paso a paso por la crítica despiadada de la izquierda, demuestra que el volumen de estiércol falsificador que el oportunismo ha intentado acumular sobre la figura de Lenin es al menos diez veces más nauseabundo que el arrojado sobre Marx. El medio vil de los falsificadores siempre es el mismo: construir una leyenda en el lugar de la realidad histórica que generó la formación del método y del programa de aquellos máximos comunistas, pescar en esa leyenda con citas locales, artificiales, separadas de las condiciones efectivas de lucha que dieron lugar a la formación de estos textos clásicos, y desvirtuar desvergonzadamente su valor aprovechándose de las difíciles condiciones de combate de la clase revolucionaria que, en la mayor parte de los casos, debido a la carencia económica en la que vive, debe contentarse con adquirir en los rastros de tercera y cuarta mano el arsenal de sus armas teóricas.”

Y de aquí surge la necesidad, en medio de tantas falsificaciones posteriores de las posiciones de Lenin, de orientar el estudio siguiendo el método utilizado siempre por nuestro Partido de recorrer el conjunto de citas de Lenin en su orden y contexto histórico: “Deshonesto empleo de Lenin. Es el verdadero sistema de los traficantes de doctrina: señalar un volumen de la serie oficial y una página de ese volumen, con la certeza de que la purga y la censura han rastreado toda la edición, como cuando el católico cita el texto canónico de los Evangelios. Y silenciar deliberadamente la fecha y el tema del escrito, es decir, su contexto histórico, la línea de batalla en la que lo escribió quien no era un archivero, sino un luchador – él sí – de la acción revolucionaria. (…) La obra entera y la vida de Lenin responden, y no dos frases. (…) A esta forma desleal de citar a Lenin le hemos contrapuesto el estudio, en su orden histórico, de sus escritos, en el transcurso de la lucha revolucionaria de Rusia.” (Diálogo con los muertos, 1956).

El método del Partido no es fácil – puede incluso desquiciar a activistas y revisionistas[1] – pero es el único que cuando se aplica sistemáticamente lleva a la formación de militantes capaces de defender una línea marxista coherente: “Reconocemos que un modo como éste de leer a Lenin o a Marx es laborioso. Pero es el único que protege contra la extendida ruina oportunista. Quien quiera ir tras lo facilón y quien quiera contentarse con lugares comunes y frases entresacadas fraudulentamente, que encuentre su sitio en el estercolero.” (’El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo’, condena de futuros renegados, 1964).

El texto estudiado afronta además con carácter general la cuestión de los dirigentes y de la organización de Partido, en el fundamental capítulo “La función del dirigente”:

“La manifestación y la función del individuo están determinadas por las condiciones generales del ambiente, de la sociedad y de la historia de ésta. Aquello que se elabora en el cerebro de un hombre ha tenido su preparación en las relaciones con otros hombres. Algunos cerebros privilegiados y ejercitados, máquinas mejor construidas y perfeccionadas, traducen, expresan y reelaboran mejor un patrimonio de conocimientos y de experiencias que no existiría si no se apoyase en la vida de la colectividad. El dirigente, más que inventar, representa a la masa en sí misma y hace posible que ella se reconozca cada vez mejor en su situación respecto al mundo social y al devenir histórico; pueda expresar en fórmulas exteriores exactas su tendencia a actuar en aquel sentido, del que están dadas las condiciones de los factores sociales, cuyo mecanismo, en último término, se interpreta partiendo de la investigación de los elementos económicos. (…) El cerebro del dirigente es un instrumento material que funciona por sus lazos con toda la clase y el partido; las formulaciones que el dirigente dicta como teórico y las normas que prescribe como dirigente práctico, no son creaciones suyas, sino precisiones de una conciencia cuyos materiales pertenecen a la clase-partido y son producto de una vastísima experiencia. (…) Los dirigentes y el dirigente son aquellos y aquel que mejor y con mejor eficacia ordenan el pensamiento y quieren la voluntad de la clase, construcciones necesarias cuanto activas de las premisas que nos dan los factores históricos. (…) La organización en partido que permite a la clase ser verdaderamente tal y vivir como tal, se presenta como un mecanismo unitario en el que los diversos «cerebros» (no sólo por cierto los cerebros, sino también otros órganos individuales) absorben tareas diversas según las aptitudes y potencialidades, todos al servicio de un objetivo y de un interés que progresivamente se unifica cada vez más íntimamente «en el tiempo y en el espacio» (esta cómoda expresión tiene un significado empírico y no transcendente). No todos los individuos tienen pues el mismo puesto y el mismo peso en la organización: en la medida que esta división de tareas se realiza según un plan más racional (y lo que vale hoy para el partido–clase, será mañana para la sociedad), está perfectamente excluido que quien se halla más arriba gravite como privilegiado sobre los demás. Nuestra evolución revolucionaria no va hacia la desintegración, sino hacia la conexión cada vez más científica de los individuos entre sí.

Ella es antiindividualista en cuanto materialista; no cree en el alma o en un contenido metafísico y trascendente del individuo, sino que inserta las funciones de éste en un cuadro colectivo, creando una jerarquía que se desarrolla en el sentido de eliminar cada vez más la coerción, sustituyéndola con la racionalidad técnica. El partido es ya un ejemplo de una colectividad sin coerciones. (…) Estos elementos generales de la cuestión muestran como nadie mejor que nosotros está por encima del significado banal del igualitarismo y de la democracia «numérica». Si nosotros no creemos en el individuo como base suficiente de actividad, ¿qué valor puede tener para nosotros una función del número bruto de los individuos? ¿Qué puede significar para nosotros democracia o autocracia?  (…)  La cuestión no se plantea para nosotros con un contenido jurídico, sino como un problema técnico no prejuzgado por silogismos de derecho constitucional o, peor aún, natural. No existe razón de principio para que en nuestros estatutos se escriba «dirigente» o «comité de dirigentes»:

Y de estas premisas parte una solución marxista de la  cuestión de la elección: elección que hace, sobre todo, la historia dinámica del movimiento y no la banalidad de consultas electivas. Preferimos no escribir en las reglas organizativas la palabra «dirigente» porque no siempre tendremos en nuestras filas una individualidad de la fuerza de un Marx o de un Lenin. En conclusión, si el hombre, el «instrumento» de excepción existe, el movimiento lo utiliza: pero el movimiento vive lo mismo cuando tal personalidad eminente no existe.”

En la segunda sesión se estudió el material preparado en la aplicación de la línea histórica de la degeneración de la tercera internacional (https://siguiendo-el-hilo-del-tiempo.web.app/) y que se viene publicando en la revista. El trabajo realizado en la reunión general de agosto de 2023 y que se concreta en esta aplicación web, permite realizar un estudio en profundidad de la degeneración de la internacional y también hacer una sesión intensiva de estudio de aproximadamente cuatro horas (con comentarios y clarificaciones incluidas) de esta parte de la historia del movimiento comunista cuyas lecciones son esenciales para la reanudación de la lucha de clase. Este aspecto era además crucial para ubicar adecuadamente la lectura de los textos de Lenin previstos en las sesiones de estudio y en especial “El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”, por las razones expuestas más arriba.

En la tercera y cuarta sesiones se llevó a cabo el estudio de “El Estado y la Revolución” de Lenin. Como recuerda el punto 11 de las Tesis de Nápoles “La cuestión teórica [del Estado] después de Lenin no tiene necesidad de ulteriores clarificaciones” por lo que el estudio de este texto es un momento importante de la formación de los militantes comunistas.

En primer lugar, y en contra de todos los que quieren presentar a Lenin como un vulgar revisionista inventor de una teoría diferente del marxismo, el propósito de este compañero no puede ser más claro: “Ante esta situación, ante la inaudita difusión de las tergiversaciones del marxismo, nuestra misión consiste, ante todo, en restaurar la verdadera doctrina de Marx sobre el Estado.”

Pero es también extremadamente ilustrativo el método que Lenin emplea para esta restauración: “Para esto es necesario citar toda una serie de pasajes largos de las obras mismas de Marx y Engels. Naturalmente, las citas largas hacen la exposición pesada y en nada contribuyen a darle un carácter popular. Pero es de todo punto imposible prescindir de ellas. No hay más remedio que citar del modo más completo posible todos los pasajes, o, por lo menos, todos los pasajes decisivos, de las obras de Marx y Engels sobre la cuestión del Estado, para que el lector pueda formarse por su cuenta una noción del conjunto de las ideas de los fundadores del socialismo científico y del desarrollo de estas ideas, así como también para probar documentalmente y patentizar con toda claridad la tergiversación de estas ideas por el «kautskismo» hoy imperante”

En otras palabras, Lenin aplica para el estudio de los textos de Marx y Engels el mismo método que nosotros debemos aplicar para el estudio del marxismo en general, incluyendo a Lenin y a los textos del Partido. El método, que deprime la creatividad de los innovadores pero crea las bases de un compromiso militante fundado en la comprensión y en la exclusión de golpes de sorpresa y volantazos en momentos críticos, consistente en reproducir las citas de los textos fundamentales para enfocar cualquier posicionamiento y como base de la lucha contra cualquier intento de revisión de las tesis del marxismo, método reivindicado siempre por el Partido: “El objetivo principal de nuestras discusiones – en las cuales es indispensable repetir continuamente ciertos reclamos de los «teoremas» fundamentales, y mejor si es con las mismas palabras y frases – es la crítica del delirio sobre formas «imprevistas» y deformidades del capitalismo más moderno que obligarían a revisar las bases de la «prospectiva» y por lo tanto del método marxista.

Tal falsa posición es fácilmente puesta en relación con el desconocimiento, o mejor con el nunca haber conocido, las líneas esenciales de nuestra doctrina, de sus principios cardinales.” (Alma del caballo de vapor, Il Programma Comunista nº 5,1953)

“Es inútil y dañino especificar o personalizar, y buscar en la lejanía o en la vecindad al lanzador de las bombas bacteriológicas; se trata de individualizar el virus y aplicarle el antibiótico, que tozudamente distinguimos en la continuidad de la línea, en la fidelidad a los principios, en el preferir novecientas noventa y nueve veces sobre mil la remasticación catequista a la aventura del nuevo descubrimiento científico que requiere alas de águila, y al que se siente llamado por el destino todo mosquito. (…) Por tanto, mientras demasiados tienen el histerismo del cálculo sublime, nosotros los catalogamos a la altura del ábaco, y verificamos si saben contar con la punta de los dedos.” (El Marxismo de los balbuceantes, Battaglia Comunista, nº 8, 1952).

Lenin desentraña apoyándose en las citas de Marx los mecanismos con que el parlamentarismo y la república democrática sirven de instrumento para la dominación de la burguesía:

“En la actualidad, el imperialismo y la dominación de los bancos han «desarrollado», hasta convertirlos en un arte extraordinario, estos dos métodos adecuados para defender y llevar a la práctica la omnipotencia de la riqueza en las repúblicas democráticas, sean cuales fueren. Si, por ejemplo, en los primeros meses de la república democrática rusa, en los meses que podemos llamar de la luna de miel de los «socialistas» –socialrevolucionarios y mencheviques– con la burguesía, en el gobierno de coalición, el señor Palchinski saboteó todas las medidas de restricción contra los capitalistas y sus latrocinios, contra sus actos de saqueo en detrimento del fisco mediante los suministros de guerra, y si, al salir del ministerio, el señor Palchinski (sustituido, naturalmente, por otro Palchinski exactamente igual) fue «recompensado» por los capitalistas con un puestecito de 120.000 rublos de sueldo al año, ¿qué significa esto? ¿Es un soborno directo o indirecto? ¿Es una alianza del gobierno con los consorcios o son «solamente» lazos de amistad? ¿Qué papel desempeñan los Chernov y los Tsereteli, los Avkséntiev y los Skóbelev? ¿El de aliados «directos» o solamente indirectos de los millonarios malversadores de los fondos públicos?”

“La omnipotencia de la «riqueza» es más segura en las repúblicas democráticas, porque no depende de la mala envoltura política del capitalismo. La república democrática es la mejor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo, y por lo tanto el capital, al dominar (a través de los Palchinski, los Chernov, los Tsereteli y Cía.) esta envoltura, que es la mejor de todas, cimenta su poder de un modo tan seguro, tan firme, que ningún cambio de personas, ni de instituciones, ni de partidos, dentro de la república democrática burguesa, hace vacilar este poder.”

Remachando más adelante: “Hay que advertir, además, que Engels, con la mayor precisión, llama al sufragio universal arma de dominación de la burguesía”.

Lenin recupera la crítica de Marx y Engels a la consigna engañosa del “Estado popular libre” y la necesidad de la cuestión del Estado en la propaganda y la agitación: “Todo Estado es una «fuerza especial para la represión» de la clase oprimida. Por eso, todo Estado ni es libre ni es popular. Marx y Engels explicaron esto reiteradamente a sus camaradas de partido en la década de los setenta. (…) Esto «nadie lo recuerda». Sobre la importancia de este pensamiento, no es usual hablar ni siquiera pensar en los partidos socialistas contemporáneos: estos pensamientos no desempeñan ningún papel en la propaganda ni en la agitación cotidianas entre las masas.”

Sigue la puesta en orden de los momentos de “derrocamiento” y “extinción” del Estado, tergiversados durante décadas por la socialdemocracia alemana: “El Estado burgués no se «extingue», según Engels, sino que «es destruido» por el proletariado en la revolución. El que se extingue, después de esta revolución, es el Estado o semi-Estado proletario.”

Esta clarificación es fundamental porque el Estado burgués debe ser destruido mediante una revolución violenta, pero esto no basta y el proletariado necesita todavía un instrumento de represión con el doble objetivo de aplastar la resistencia de la burguesía y de emprender las medidas de transformación socialista: “La doctrina de la lucha de clases, aplicada por Marx a la cuestión del Estado y de la revolución socialista, conduce necesariamente al reconocimiento de la dominación política del proletariado, de su dictadura, es decir, de un poder no compartido con nadie y apoyado directamente en la fuerza armada de las masas. El derrocamiento de la burguesía sólo puede realizarse mediante la transformación del proletariado en clase dominante, capaz de aplastar la resistencia inevitable y desesperada de la burguesía y de organizar para el nuevo régimen económico a todas las masas trabajadoras y explotadas.”

De aquí y mediante la famosa carta de Marx a Weydemeyer, del 5 de marzo de 1852 se llega a la conclusión lapidaria:  “Circunscribir el marxismo a la doctrina de la lucha de clases es limitar el marxismo, bastardearlo, reducirlo a algo que la burguesía puede aceptar. Marxista sólo es el que hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado.”

Lenin recupera la cuestión fundamental de la crítica marxista del parlamentarismo: “Decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo[2] en el parlamento: he aquí la verdadera esencia del parlamentarismo burgués, no sólo en las monarquías constitucionales parlamentarias, sino también en las repúblicas más democráticas.“

Esta crítica es olvidada interesadamente por parte del oportunismo: “Esta notable crítica del parlamentarismo, trazada en 1871, figura también hoy, gracias al predominio del socialchovinismo y del oportunismo, entre las «palabras olvidadas» del marxismo. Los ministros y parlamentarios profesionales, los traidores al proletariado y los «mercachifles» socialistas de nuestros días han dejado íntegramente a los anarquistas la crítica del parlamentarismo, y sobre esta base asombrosamente juiciosa han declarado toda crítica del parlamentarismo ¡¡como «anarquismo»!!”

En el capitalismo la democracia y el parlamentarismo representan una burla que excluye a la clase obrera de toda participación efectiva en el poder

“Democracia para una minoría insignificante, democracia para los ricos: he ahí el democratismo de la sociedad capitalista. Si nos fijamos más de cerca en el mecanismo de la democracia capitalista, veremos siempre y en todas partes, hasta en los «pequeños», en los aparentemente pequeños, detalles del derecho de sufragio (requisito de residencia, exclusión de la mujer, etc.), en la técnica de las instituciones representativas, en los obstáculos reales que se oponen al derecho de reunión (¡los edificios públicos no son para los «de abajo»!), en la organización puramente capitalista de la prensa diaria, etc., etc., en todas partes veremos restricción tras restricción puesta al democratismo. Estas restricciones, excepciones, exclusiones y trabas para los pobres parecen insignificantes sobre todo para el que jamás ha sufrido la penuria ni se ha puesto en contacto con las clases oprimidas en su vida de masas (que es lo que les ocurre a las nueve décimas partes, si no al noventa y nueve por ciento de los publicistas y políticos burgueses), pero en conjunto estas restricciones excluyen, eliminan a los pobres de la política, de su participación activa en la democracia.”

Lenin pasa a plantear las medidas concretas a aplicar para la abolición del parlamentarismo en la transformación socialista:

“Los obreros, después de conquistar el poder político, destruirán el viejo aparato burocrático, lo desmontarán hasta en sus cimientos, no dejarán de él piedra sobre piedra, lo sustituirán por otro nuevo, formado por los mismos obreros y empleados, contra cuya transformación en burócratas serán tomadas inmediatamente las medidas analizadas con todo detalle por Marx y Engels: 1) No sólo elegibilidad, sino revocabilidad en todo momento; 2) sueldo no superior al salario de un obrero; 3) se pasará inmediatamente a que todos desempeñen funciones de control y de inspección, a que todos sean «burócratas» durante algún tiempo, para que, de este modo, nadie pueda convertirse en «burócrata».”

“Bajo el socialismo, revive inevitablemente mucho de la democracia «primitiva», pues por primera vez en la historia de las sociedades civilizadas la masa de la población se eleva para intervenir por cuenta propia no sólo en votaciones y en elecciones, sino también en la labor diaria de la administración. Bajo el socialismo, todos intervendrán por turno en la dirección y se habituarán rápidamente a que ninguno dirija.“

“La posibilidad de esta destrucción está garantizada por el hecho de que el socialismo reduce la jornada de trabajo, eleva a las masas a una nueva vida, coloca a la mayoría de la población en condiciones que permiten a todos, sin excepción, ejercer las «funciones del Estado», y esto conduce a la extinción completa de todo Estado en general.”

Se trata, como se ve, de maximizar la participación directa y activa de toda la masa de la clase obrera, dirigida por el Partido, en la transformación revolucionaria y en el ejercicio del poder.

El uso de la palabra “democracia” por parte de Lenin en el texto presenta un potencial punto de apoyo para quienes quieren reintroducir el parlamentarismo por la ventana después de que Lenin lo haya echado por la puerta. Como sabemos “Las fórmulas y los términos pueden ser falsificados por traidores y por deficientes, pero su uso es siempre una brújula cuando es continuo y concordante.” (El programa revolucionario de la sociedad comunista elimina toda forma de propiedad del suelo, de las instalaciones de producción y de los productos del trabajo, 1958).

Para Lenin, democracia obrera es sinónimo directo de dictadura proletaria, no un modo de desvirtuar la segunda. En estas citas democracia significa participación, lo más amplia posible y con las medidas enumeradas, de la clase obrera en el ejercicio de la dictadura contra la burguesía. Pero todos los que después de él prefieren el término “democracia obrera” lo hacen porque quieren evitar la dictadura de clase y mantener el parlamentarismo, por lo que nos mantendremos alejados de esta palabra siguiendo la consigna del Manifiesto “los comunistas desdeñan esconder sus ideas y propósitos” y la siguiente explicación del propio Lenin: “Todo se reduce a que el Estado burgués, que ejerce la dictadura de la burguesía mediante la república democrática, no puede confesar al pueblo que sirve a la burguesía, no puede decir la verdad y tiene que recurrir a la doblez. En cambio, el Estado del tipo de la Comuna, el Estado soviético dice francamente y sin rodeos al pueblo la verdad, declarando que es la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres, atrayéndose precisamente con esta verdad a decenas y decenas de millones de nuevos ciudadanos que viven embrutecidos en cualquier república democrática y son incorporados por los Soviets a la política, a la democracia, a la administración del Estado.” (La revolución proletaria y el renegado Kautsky, Lenin, 1918)

Si más arriba hemos visto el mecanismo por el cual la burguesía domina a través del soborno inmediato y diferido, se hace evidente que las medidas anteriores serían impotentes si se permite la supervivencia de las empresas y el régimen mercantil. Pese a reducir la compensación de los funcionarios, seguiría siendo muy buena inversión pasar una temporada haciendo favores a los capitalistas con una oficial compensación baja para alcanzar luego un puesto bien remunerado. Este aspecto es el que pasará a desarrollarse a continuación con mayor profundidad:

“Engels llega aquí a este interesante límite en que la democracia consecuente se transforma, de una parte, en socialismo y, de otra parte, reclama el socialismo, pues para destruir el Estado es necesario transformar las funciones de la administración del Estado en operaciones de control y registro tan sencillas, que sean accesibles a la inmensa mayoría de la población, primero, y a toda la población, sin distinción, después. Y la supresión completa del arribismo exige que los cargos «honoríficos» del Estado, aunque sean sin ingresos, no puedan servir de trampolín para pasar a puestos altamente retribuidos en los Bancos y en las sociedades anónimas, como ocurre constantemente hoy hasta en los países capitalistas más libres.”

Esto exige la expropiación de los medios de producción y la puesta fuera de la ley a la burguesía: la única libertad para la clase obrera consiste en la privación de la libertad de la burguesía. Recordando que “Por separado, ningún democratismo da como resultante el socialismo”, Lenin remacha: “Pero la dictadura del proletariado, es decir, la organización de la vanguardia de los oprimidos en clase dominante para aplastar a los opresores, no puede conducir tan sólo a la simple ampliación de la democracia. A la par con la enorme ampliación del democratismo, que por vez primera se convierte en un democratismo para los pobres, en un democratismo para el pueblo, y no en un democratismo para los ricos, la dictadura del proletariado implica una serie de restricciones puestas a la libertad de los opresores, de los explotadores, de los capitalistas. Debemos reprimir a éstos, para liberar a la humanidad de la esclavitud asalariada, hay que vencer por la fuerza su resistencia, y es evidente que allí donde hay represión, donde hay violencia no hay libertad ni hay democracia.”

Lenin prosigue: “Engels expresaba magníficamente esto en la carta a Bebel, al decir, como recordará el lector, que «mientras el proletariado necesite todavía del Estado, no lo necesitará en interés de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado como tal dejará de existir».

Democracia para la mayoría gigantesca del pueblo y represión por la fuerza, es decir, exclusión de la democracia, para los explotadores, para los opresores del pueblo: he ahí la modificación que sufrirá la democracia en la transición del capitalismo al comunismo.”

Ahora bien, este no es el punto de llegada, es sólo un escalón necesario: “Cuando la mayoría del pueblo comience a llevar por su cuenta y en todas partes este registro, este control sobre los capitalistas (que entonces se convertirán en empleados) y sobre los señores intelectualillos que conservan sus hábitos capitalistas, este control será realmente un control universal, general, del pueblo entero, y nadie podrá rehuirlo, pues «no habrá escapatoria posible».

Toda la sociedad será una sola oficina y una sola fábrica, con trabajo igual y salario igual.

Pero esta disciplina «fabril», que el proletariado, después de triunfar sobre los capitalistas y de derrocar a los explotadores, hará extensiva a toda la sociedad, no es, en modo alguno, nuestro ideal, ni nuestra meta final, sino sólo un escalón necesario para limpiar radicalmente la sociedad de la bajeza y de la infamia de la explotación capitalista y para seguir avanzando.”

Las siguientes citas hablan por sí solas:

“Pues cuando todos hayan aprendido a dirigir y dirijan en realidad por su cuenta la producción social, a llevar por su cuenta el registro y el control de los haraganes, de los señoritos, de los gandules y de toda esta ralea de «guardianes de las tradiciones del capitalismo», entonces el escapar a este control y a este registro hecho por todo el pueblo será inevitablemente algo tan inaudito y difícil, una excepción tan extraordinariamente rara, provocará probablemente una sanción tan rápida y tan severa (pues los obreros armados son hombres de realidades y no intelectualillos sentimentales, y será muy difícil que dejen que nadie juegue con ellos), que la necesidad de observar las reglas nada complicadas y fundamentales de toda convivencia humana se convertirá muy pronto en una costumbre.

Y entonces quedarán abiertas de par en par las puertas para pasar de la primera fase de la sociedad comunista a la fase superior y, a la vez, a la extinción completa del Estado.”

“(…) aspirando al socialismo, estamos persuadidos de que éste se convertirá gradualmente en comunismo, y en relación con esto desaparecerá toda necesidad de violencia sobre los hombres en general, toda necesidad de subordinación de unos hombres a otros, de una parte de la población a otra, pues los hombres se habituarán a observar las reglas elementales de la convivencia social sin violencia y sin subordinación.

Para subrayar este elemento del hábito es para lo que Engels habla de una nueva generación que, «educada en condiciones sociales nuevas y libres, pueda deshacerse de todo este trasto viejo del Estado», de todo Estado, inclusive el Estado democrático-republicano.”

“Sólo en la sociedad comunista, cuando se haya roto ya definitivamente la resistencia de los capitalistas, cuando hayan desaparecido los capitalistas, cuando no haya clases (es decir, cuando no haya diferencias entre los miembros de la sociedad por su relación hacia los medios sociales de producción), sólo entonces «desaparecerá el Estado y podrá hablarse de libertad». Sólo entonces será posible y se hará realidad una democracia verdaderamente completa, una democracia que verdaderamente no implique ninguna restricción. Y sólo entonces la democracia comenzará a extinguirse, por la sencilla razón de que los hombres, liberados de la esclavitud capitalista, de los innumerables horrores, bestialidades, absurdos y vilezas de la explotación capitalista, se habituarán poco a poco a la observación de la s reglas elementales de convivencia, conocidas a lo largo de los siglos y repetidas desde hace miles de años en todos los preceptos, a observarlas sin violencia, sin coacción, sin subordinación, sin ese aparato especial de coacción que se llama Estado.”

 

(continúa en el siguiente número) 

 

 

[1] Una de las manifestaciones de la degeneración de las Direcciones francesa e italiana del Partido que se fue acumulando desde 1972 y se aceleró a todo gas en 1980-1982 fue la eliminación del estudio de los textos fundamentales para los simpatizantes e incluso para los militantes. La circular del BCI (Bureau Centrale Internazionale) dirigida a todo el Partido relativa al “Trabajo con los simpatizantes e integración de nuevos militantes” (de junio de 1981, que a nosotros nos llegó casi en noviembre) fue un punto de no retorno para la sección española. En esta circular se diseña el proceso de formación del “nuevo” tipo de militante del nuevo curso, rompiendo el método de formación de simpatizantes y militantes que se había seguido hasta entonces en el Partido, imponiendo una aceleración de los tiempos, estableciendo como lectura sustitutiva de los textos del marxismo las “biografías de militantes como la historia de Big Bill o Mamá Jones, experiencias de lucha como Domitilia o incluso más simplemente noticias o novelas que despierten a la lucha”. En la escenificación de la expulsión de la sección española por parte del misma Dirección francesa del Partido (la misma que unos meses después intentaría disolver y liquidar el Partido entero, lo que demuestra que nuestra expulsión formaba parte de esta obra de destrucción del Partido entero), la Dirección degenerada nos acusaba de lo siguiente: “se extrajo la falsa afirmación de que la formación teórica del militante debe hacerse antes de entrar en el Partido por medio de una zambullida en los textos generales del marxismo (que iban de la “Crítica del Programa de Gotha” al “¿Qué hacer?”, del “Origen de la familia…  al “Discurso sobre el impuesto en especie”, de la “Historia del M.O.” al “Estado y la Revolución”)” (circular del BCI del 12/2/82). Estos eran los textos cuyo estudio la Dirección degenerada del nuevo curso quería prohibir como material de formación. El nuevo curso quería militantes sin preparación a los que maniobrar y sumergir en el activismo movimientista interclasista, pero no pudieron doblegar a la sección española. Pues bien, 40 años después mantenemos el método del Partido y formamos a nuestros militantes actuales y futuros en los textos fundamentales del marxismo, incluyendo por supuesto “El Estado y la Revolución” como el resto de textos que los oportunistas del nuevo curso querían censurar. La formación militante comunista no tiene un punto final, un momento en el que está ”acabada”, sino que es un proceso continuo y permanente pero que indudablemente debe comenzar y alcanzar un desarrollo suficiente antes de la incorporación de los simpatizantes como militantes dentro de la organización. Volveremos en el siguiente número sobre esta cuestión con mayor profundidad y detalle.

Dicho sea de paso, esta circular del BCI del 12/2/82 fue todavía en 2021 reivindicada por “El Proletario”, epígono de “le Proletáire/il Comunista” (exCombat) en español en su nº23 de julio de 2021, en un escrito en el que eliminan burdamente la lista de textos que figura más arriba y que la Dirección degenerada quería impedir que sirvieran de base para la formación de militantes. Dicho sea de paso también, el escrito de “El Proletario” además de reivindicar como hito del movimiento comunista la fundación del Partido Comunista de España (partido que nació muerto y es la antítesis del Partido Comunista de Italia fundado en Livorno) está por lo demás lleno de burdas falsedades como la afirmación de que en el nº2 de “El Comunista” hubiéramos dicho que no se trataba de un órgano del Partido (cuando ese número como todos los otros pone claramente “Partido Comunista Internacional” como primer subtítulo en la portada”). Este es el estilo falsificador que ha caracterizado “il Comunista” (exCombat) desde cuando se incorporó a la dirección de “il programma comunista” tras imponer la expulsión de las secciones de Ivrea y Turín en 1981, cuando se hizo con el control completo de “il programma comunista” y publicó los tres números más nauseabundos publicados jamás en esa cabecera (números 8, 9 y 10 de 1983) al tiempo que reinstauraban el centralismo democrático, cuando empezaron a publicar “Combat” (anunciado en el número 10 de “il programma comunista” su lanzamiento) que no se consideraba ya un órgano del Partido uniéndose a los liquidadores formales y cuando se agarraron a “le Prolétaire” francés – en plena deriva movimentista como ellos – para re-presentarse como órgano del Partido (en “il Comunista” italiano a partir de entonces) y empezar a mentir y tergiversar la historia de la degeneración del Partido que ellos protagonizaron, con el objetivo de tapar su papel activo y nefasto en ella.

[2] En cuanto al uso de la palabra pueblo en esta cita y en otras que siguen, Lenin hace la siguiente observación “En la Europa de 1871, el proletariado no formaba la mayoría ni en un solo país del continente. Una revolución «popular», que arrastrase al movimiento verdaderamente a la mayoría, sólo podía serlo aquella que abarcase tanto al proletariado como a los campesinos. (…) Consiguientemente, al hablar de una «revolución verdaderamente popular», Marx, sin olvidar para nada las características de la pequeña burguesía (de las cuales habló mucho y con frecuencia), tenía en cuenta con la mayor precisión la correlación efectiva de clases en la mayoría de los Estados continentales de Europa, en 1871.” En el siguiente número de esta revista publicaremos un estudio sobre el salto cuantitativo y cualitativo que se ha producido a nivel mundial en este aspecto.

 

<<El ciclo histórico de la degeneración de la III Internacional (VI)

>>Espasmos del suministro energético, guerra comercial, endeudamiento y sobreproducción