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GUERRA IMPERIALISTA EN ORIENTE MEDIO: MANIFESTACIÓN DE LAS CONTRADICCIONES DEL CAPITALISMO

 

 

Desde el 28 de febrero de 2026, EEUU e Israel están bombardeando sistemáticamente a Irán, siendo estos bombardeos respondidos por Irán contra objetivos estadounidenses, israelís y de los Estados de la zona que tienen bases militares estadounidenses. Esta guerra se ha detonado en un momento en que había una negociación en curso entre EEUU e Irán y en la que los mediadores (Omán) consideraban que se estaba cerca de llegar a un acuerdo.

Sin embargo, justamente ante esta circunstancia se aceleraron las decisiones en la jerarquía de mando de la fracción gobernante de la burguesía estadounidense para no perder la oportunidad de lanzar el ataque contra Irán. Y para mayor aparente paradoja esta decisión fue tomada por la corriente que se había encaramado al poder con la promesa de no iniciar guerras en general y menos en Oriente Medio, y que había sido aupada como resultado del agotamiento del intento de expansión diplomático-militar de la fracción anterior.

¿Qué ha llevado a la detonación de esta guerra?¿Qué momento representa en el curso del capitalismo?¿Qué significa para la clase obrera mundial?

 

El inexorable determinismo económico

Las secuencias de hechos específicas que llevan a determinados resultados históricos, protagonizadas por individuos con sus declaraciones de voluntad y sus justificaciones acerca de sus actos, pueden parecer a primera vista como secuencias anecdóticas o casuales.

Pero la casualidad sucede sólo en la intersección de procesos necesarios, y las resultantes de todo este conjunto aparentemente e incluso realmente anárquico se imponen ineluctablemente en el sentido determinado por estos procesos necesarios, por la de las leyes económicas que se imponen en la realidad material del desarrollo de las fuerzas productivas, por encima e incluso en contra del sentido aparente de esas actuaciones, voluntades y justificaciones.

Lo que aparece como resultado de las decisiones de determinados individuos no es más que la manifestación de procesos necesarios más profundos que determinan tanto la actuación, voluntades y declaraciones de estos individuos como el marco concreto en el que necesariamente se pueden desarrollar y las consecuencias de ese desarrollo.

 

La inexorable sobreproducción relativa

El curso del capitalismo sigue el camino de la inexorable SOBREPRODUCCIÓN de capital: sobreproducción de capital-mercancías, de capital productivo y de capital-dinero que lleva consigo el espectro de la TENDENCIA DECRECIENTE DE LA TASA DE GANANCIA (El Capital, Libro III, Sección III).

Después de la reanudación epiléptica de la producción, posterior a su detención durante los confinamientos de 2020, la sobreproducción relativa se volvió a imponer reflejándose en la tendencia a la deflación, en la hinchazón del endeudamiento y del capital especulativo, y en el retorno a la bajada de los tipos de interés por parte de los bancos centrales. Los precios del transporte seguían su curso descendiente y también en la energía se manifestaba la sobreproducción.

Las reservas de petróleo habían llegado a su nivel máximo desde 2021, con 8.210 millones de barriles almacenados, con una advertencia constante de la caída de la demanda futura de energías fósiles en general y de petróleo en particular. El abaratamiento de las energías “renovables” ha situado los precios de la energía en negativo como fenómeno recurrente.

La sobreproducción exacerba la guerra comercial

Toda esta sobreproducción ahoga la tasa de ganancia, que es el único acicate de la producción capitalista. Pero esta sobreproducción no se desarrolla en el vacío, sino en un contexto de competencia desenfrenada entre imperialismos capitalistas que, a su vez, se desarrolla en un contexto histórico de expansión ya concluida del capitalismo a todos los rincones del globo, desplazamiento del centro de gravedad del capitalismo a Asia y ruptura del reparto del mundo posterior a la segunda guerra mundial, con el ascenso de los imperialismos más recientemente conformados y el declive de los más antiguos.

El epicentro de esta sobreproducción está en Asia, desde donde la avalancha DEFLACIONARIA de mercancías inunda el mercado mundial atropellando al resto de imperialismos. Esto es lo que lleva a la exacerbación de la guerra comercial en la que los imperialismos más antiguos (y en particular EEUU) tratan de defenderse levantando muros arancelarios, contra este VOLCÁN que contribuyeron a desarrollar para intentar revertir la tendencia decreciente de su tasa de ganancia.

 

La guerra es una necesidad del sistema capitalista

La guerra no es fruto de la psicología patológica de determinados individuos, es una necesidad del sistema capitalista. En el capitalismo la guerra militar juega un papel necesario como continuación de la guerra comercial y como único medio de dirimir el nuevo reparto del mundo pero, sobre todo, juega el papel de necesario regulador de la sobreproducción de mercancías y medios de producción que deben ser cíclicamente destruidos para relanzar la cuota de ganancia y un nuevo ciclo de acumulación: el equilibrio se restablecerá mediante la inmovilización e incluso la DESTRUCCIÓN de capital en mayor o menor proporción. Y esto se hará extensivo en parte a la sustancia material del capital (…) De este modo, se reanudará de nuevo el círculo. (…) se reanudará el mismo círculo vicioso de antes.” (El Capital, Libro III, Capítulo XV, K. Marx).

El capitalismo necesitaba otro electroshock y la guerra es necesaria para dirimir qué parte del capital sobrante tiene que ser sacrificada: Las pérdidas son inevitables para la clase en su conjunto. Pero, ¿qué parte de ellas tiene que soportar cada capitalista? Esto lo decide la FUERZA y la ASTUCIA. (El Capital, Libro III, Capítulo XV, K. Marx).

 

Las andaduras y tropiezos del abusón arancelario

La situación de declive de EEUU como potencia capitalista hegemónica y el repliegue que le ha impuesto el desarrollo de las fuerzas productivas en el resto de áreas ahora ya capitalistas, se ha reflejado en la conciencia de la burguesía estadounidense en dos planteamientos: por un lado, el intento de mantener o expandir sus posiciones diplomáticas y militares, y por el otro, la sublimación de este repliegue impuesto por la realidad material como si fuera un acto voluntario.

La fracción de la burguesía partidaria del repliegue amurallado retomó el timón de EEUU tras el agotamiento del intento de la fracción partidaria de la expansión diplomático-militar. Varios sectores de la burguesía estadounidense se coaligaron en esta reedición del repliegue amurallado recogiendo e integrando los intereses del sector petrolero, del financiero, de las grandes plataformas tecnológicas y de la burguesía latinoamericana con base en EEUU.

La ofensiva arancelaria iniciada con el pomposo “día de la liberación” ha descrito una parábola por la cual los aranceles efectivamente impuestos o “acordados” fueron sustancialmente menores a los anunciados inicialmente para sucumbir a la resistencia del propio cuerpo social burgués y ser finalmente anulados por los propios juzgados estadounidenses, enfrentándose ahora a reclamaciones de miles de empresas de los propios EEUU.

Pero los resultados importantes de este proceso han sido la capitulación estadounidense ante la contraofensiva del imperialismo chino (bloqueo de las tierras raras, sanciones a empresas, etc.) y haber forzado al resto de imperialismos concurrentes a estrechar lazos entre ellos, desencallando acuerdos y acercamientos que estaban bloqueados desde hacía años (UE-Mercosur, UE-India, India-China, etc.).

 

Repliegue bravucón belicista y anexionista

La presente reedición del repliegue amurallado ha incorporado elementos del expansionismo diplomático-militar, a modo de taparrabos de las limitaciones e insuficiencias de su propio planteamiento, tratando de hacer reaparecer el espectro desvaneciente de su poderío militar. Son ejemplos de ello la restauración de la doctrina Monroe para tratar de recuperar la influencia en América central y del Sur, las amenazas de anexionarse Groenlandia, los bombardeos de siete países en menos de un año (Venezuela, Siria, Irak, Somalia, Nigeria, Yemen, Irán), la intervención en Venezuela para controlar la producción de petróleo y el desencadenamiento de la guerra contra Irán.

EEUU fundó su hegemonía en el mundo capitalista sobre la base de los bombardeos de Hamburgo y Dresde así como las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Desde entonces, el imperialismo estadounidense ha tratado de volver a demostrar al mundo su capacidad terrorista con éxito decreciente: en 1990 (primera guerra del golfo), en 2001 (Afganistán) y 2002 (Irak). La retirada con la cola entre las piernas de Afganistán en 2021 mostró al mundo y a la propia burguesía estadounidense su propia incapacidad de mantener su ejército desplegado in situ. En cada ocasión, EEUU es menos capaz de imponer a sus “aliados” que participen o faciliten su actuación militar. Lejos queda el Pacto de las Azores con EEUU, Reino Unido y España, y ahora los dos últimos países imperialistas ponen trabas o colaboran a regañadientes con la actuación militar.

Pero, como hemos visto, la actuación de EEUU obedece a causas más profundas que exigen e imponen la destrucción que se está operando, y que determinan también los límites, las consecuencias y los futuros desarrollos de esta actuación.

 

El papel del estrecho de Ormuz

EEUU ha iniciado esta guerra atropellando a todos sus aliados en la zona (excepto Israel), descargando sobre ellos las pérdidas derivadas de la inmovilización de su petróleo por efecto del bloqueo del estrecho de Ormuz y arrastrándolos a las consecuencias de una guerra que es un tiro en la línea de flotación de su intento de desarrollar inversiones diversas de las del petróleo: aerolíneas, centros de datos, turismo, tecnología, centros financieros, centros logísticos, etc.

Gran parte del petróleo que sale del Golfo se dirige a Asia en general y a China en particular, y contra ellos se dirige también el golpe. Sin embargo, China se ha estado preparando aumentado previamente sus reservas de carbón y de petróleo (comprado con descuento de Irán, Rusia y Venezuela) además de desplegar una enorme red de energía solar y eólica y desplazar los combustibles fósiles en tantas áreas como ha podido (ejemplo, los vehículos eléctricos). Los que están siendo especialmente perjudicados por la actuación estadounidense son el resto de países de Asia, a los que EEUU quisiera atraer pero no puede más que atropellar.

Por otro lado, aunque un incremento excesivo del precio del petróleo también afectará a EEUU, un cierto aumento del precio le beneficia al poder resucitar instalaciones que no eran rentables, al ser un aliciente para colocar el recién obtenido petróleo venezolano y al vender su propio petróleo a precios más altos. De aquí la importancia de qué parte específica del petróleo mundial es inmovilizada y se encuentra bloqueado, en este caso, en el estrecho de Ormuz.

También el imperialismo europeo va a sentir las consecuencias del incremento del precio del petróleo y del gas (que compra a EEUU en gran medida). Con las reservas a mínimos, el imperialismo europeo descubre que haberse independizado energéticamente de Rusia sólo le ha hecho dependiente de EEUU. Para rematarlo, EEUU le ha quitado sanciones a Rusia para que pudiera vender su petróleo a India.

Hay que recordar que la utilización de los precios del petróleo como medida de presión o su alteración como resultado de las medidas de presión de EEUU, es uno de los principales motivos que determinaron al resto del mundo capitalista a moverse hacia energías no fósiles. Los acontecimientos actuales no pueden sino empujar todavía más a la burguesía mundial en este sentido.

Finalmente, queda una vez más en evidencia la incapacidad de EEUU para imponerse y para actuar como aliado fiable, se trata de un episodio más en el proceso de declive de EEUU.

 

El capitalismo avanza hacia la guerra mundial

Pero esta guerra, es también un episodio de la PREPARACIÓN DE LA GUERRA MUNDIAL. Todos los imperialismos del mundo están ya inmersos en una carrera armamentística desenfrenada. La víctima principal de la carnicería que preparan va a ser el proletariado mundial, primero como carne de explotación en la producción y como carne de cañón en la guerra imperialista.

La única manera de oponernos a las guerras que el capitalismo produce es la reanudación de la lucha de clase contra la propia burguesía, la ruptura del frente nacional interclasista (en los países beligerantes y en el resto). Para ello necesitamos combatir la influencia organizativa e ideológica que ejerce la burguesía a través del sindicalismo integrado en el Estado y a través del parlamentarismo, desarrollando una extensa red de solidaridad y de lucha en el plano sindical, fuera de los tentáculos del Estado, en la cual haya ganado una influencia decisiva el Partido Comunista Internacional.

Para poder llevar a cabo su misión histórica, la clase obrera necesita el Partido Comunista Internacional que debe reunir la parte más avanzada y decidida del proletariado, unificando los esfuerzos de las masas obreras dirigiéndolas desde la lucha por intereses y resultados contingentes a la lucha general por la revolución mundial, por la instauración transitoria de la dictadura revolucionaria del proletariado hacia una sociedad sin clases, sin propiedad privada, sin trabajo asalariado, sin estado, sin régimen mercantil y de empresa.


  

 PARTIDO COMUNISTA INTERNACIONAL – “EL COMUNISTA” – 15 marzo 2026 – www.pcielcomunista.org – x.com/pcielcomunista

 

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