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¡Proletarios del mundo, uníos!

 

CAPITALISMO ES CAOS, DERROCHE, GUERRA Y DESTRUCCIÓN

 

"El CAPITAL tiene horror a la ausencia de GANANCIA o a la ganancia demasiado pequeña, como la naturaleza tiene horror al vacío. Conforme aumenta la ganancia, el capital se envalentona. Asegúresele un 10 por 100 y acudirá adonde sea; un 20 por 100, y se sentirá ya animado; con un 50 por 100, positivamente temerario; al 100 por 100, es capaz de saltar por encima de todas las leyes humanas; el 300 por 100, y no hay CRIMEN a que no se arriesgue aunque arrostre el patíbulo. Si el tumulto y las riñas suponen GANANCIA, allí estará el CAPITAL encizañándolas." (El Capital, Libro I, Cap. XXIV).


 

¿Desastres “naturales” o productos del capitalismo?

Cuando hay un INCENDIO o una INUNDACIÓN, rápidamente se califica de desastre “natural”. ¿Pero cómo puede considerarse “natural” que se construyan a sabiendas casas en terrenos inundables, que estas casas tengan auténticas ratoneras en las que es condenada a vivir y morir parte de la clase obrera, que se dejen sin limpiar los bosques porque no sale rentable, o que se incendien adrede para cobrar subvenciones, o que dejen sin arreglar puentes que se sabe a ciencia cierta que están en condiciones precarias hasta que se derrumban?

El fuego, el agua y la gravedad son fuerzas naturales, pero los motivos y consecuencias de que estas fuerzas naturales arroyen a miles de personas a la muerte son motivos y consecuencias sociales. Es el AFÁN DE GANANCIA impuesto por el proceso de ACUMULACIÓN del Capital (fuerza impersonal que se nutre de la explotación de la clase obrera) el que produce las circunstancias en las que estas fuerzas naturales causan estragos arrastrando a la muerte prematura a miles de personas:“(…) si la sociedad sume a centenares de proletarios en una situación tal que necesariamente hayan de sucumbir a la muerte prematura y antinatural, a una muerte que es tan violenta como la producida por la espada o por un proyectil; si sustrae a miles de ellos las condiciones vitales necesarias, si los coloca en una situación en la cual no pueden vivir; si mediante el vigoroso brazo de la ley los obliga a permanecer en estas condiciones hasta la llegada de la muerte, que debe ser consecuencia de dichas condiciones; si sabe sobradamente que estos millares deben caer víctimas de tales condiciones y no obstante las deja persistir, ello constituye un asesinato oculto y alevoso, un asesinato contra el cual nadie puede defenderse, que no parece un asesinato porque no se ve al asesino (…). Pero no deja de ser un asesinato.” (La situación de la Clase Obrera en Inglaterra, F. Engels, 1844).

 

Asesinatos laborales: dilapidación de vidas obreras

Y estas circunstancias no se dan sólo en la vivienda sino que se producen también en los centros de trabajo. Según el informe de la OIT cada año mueren más de 2,9 millones de trabajadores en todo el mundo por efecto de los mal llamados “accidentes” de trabajo o por enfermedades laborales.

Esto es consustancial al CAPITALISMO, su propia naturaleza conduce a este resultado: “Como el obrero pasa la mayor parte de su vida en el proceso de producción, las condiciones del proceso de producción son, en gran parte, condiciones de su proceso de vida activa, sus condiciones propias de vida, (…) La producción capitalista es siempre, pese a su tacañería, una dilapidadora en lo que se refiere al material humano.” (El Capital, Libro III, Cap. V).

Para encubrir este asesinato masivo, el origen laboral de todas las enfermedades que sufrimos la clase obrera a causa de las condiciones y ritmos de trabajo es negado y encubierto por los médicos mercenarios a sueldo del Capital y del Estado cuyos pluses y buena vida dependen de hacernos ir a trabajar enfermos. El sindicalismo integrado y subvencionado por su lado firma en los convenios “pluses de absentismo” para criminalizar a los compañeros enfermos y presionar a todos para no coger bajas, con el mismo objetivo de obligarnos a trabajar enfermos.

 

Por la abolición del trabajo asalariado

El modo en que el Capital se apropia del plusvalor (trabajo no remunerado a la clase obrera) es a través del trabajo asalariado. En el capitalismo, la fuerza de trabajo es una mercancía más y, mientras no eliminemos el carácter de mercancía de nuestra fuerza de trabajo, sufriremos inevitablemente las situaciones descritas más arriba, por esto: “En vez del lema conservador de "¡Un salario justo por una jornada de trabajo justa!", [la clase obrera] deberá inscribir en su bandera esta consigna revolucionaria: "¡Abolición del sistema del trabajo asalariado!".” (Salario, precio y ganancia, K. Marx).

Al mismo tiempo hay una correlación entre nuestra capacidad como clase obrera de luchar en el plano inmediato y la posibilidad de luchar por superar revolucionariamente el capitalismo: “Si en sus conflictos diarios con el capital cediesen cobardemente, se descalificarían sin duda para emprender movimientos de mayor envergadura. (Salario, precio y ganancia, K. Marx).

 Precisamente para liquidar o encorsetar cualquier impulso de lucha incluso en el plano inmediato, la burguesía financia y subvenciona al sindicalismo integrado, auténtico seguro de vida para el capital. Y por este motivo los comunistas debemos apoyar y alentar el desarrollo de una red de lucha sindical fuera y contra el sindicalismo integrado: el sindicato de clase.

 

Capitalismo significa derroche y despilfarro

Las leyes internas del CAPITALISMO determinan que se produzca inevitablemente en exceso aquello que no se necesita mientras no se produce suficiente para satisfacer otras necesidades apremiantes, lleva a que los mismos procesos se desarrollen por duplicado manteniéndolos bajo secreto comercial, lleva a multitud de trabajos improductivos desde un punto de vista social, a toda otra multitud de trabajos antisociales (piénsese en el aparato burocrático al servicio de la dominación de la burguesía), a producir mercancías que se estropeen para poder volver a vender (obsolescencia programada), a todo tipo de negocios truculentos y, finalmente, a la destrucción periódica de las fuerzas productivas ya creadas a través de crisis y guerras.

Por ello, sólo con la revolución comunista y la abolición de la anarquía de la producción mercantil podremos eliminar toda esta redundancia y derroche de esfuerzos, eliminar todos los trabajos inútiles y antisociales, incorporar a toda la población a la producción, reduciendo así la jornada de trabajo obligatoria a una fracción mínima del día,  a través de la combinación de la obligación de trabajar con la distribución de este trabajo entre la totalidad de la población, en distintos tiempos e intensidades según la edad y otras circunstancias personales.

 

La guerra comercial lleva a la guerra militar

Mientras siga existiendo la producción mercantil capitalista y la anarquía de la producción, la oferta precederá a la demanda y se producirá más de lo que se puede vender. El desarrollo de este proceso lleva al mismo tiempo a la SOBREPRODUCCIÓN RELATIVA DE CAPITALES y a la TENDENCIA DECRECIENTE DE LA TASA DE GANANCIA.

La ANARQUÍA DE LA PRODUCCIÓN MERCANTIL produce al mismo tiempo ABARROTAMIENTOS y ESCASEZ. Si se produce mucha energía y baja el precio, entonces se retiran de la producción todas las generadoras no rentables y el resultado de la abundancia inicial es una escasez repentina, capaz de generar un APAGÓN porque la infraestructura es a la vez insuficiente y excesiva para ambas situaciones. Si se producen demasiadas mercancías entonces bajan tanto de precio que las potencias capitalistas tienen que imponer la detención de la producción y la circulación con ARRESTOS DOMICILIARIOS y CONFINAMIENTOS. Pero cuando se reanuda la circulación, donde había demasiadas mercancías, ahora hay demasiado pocas mercancías listas y demasiado pocos medios de transporte. Entonces se encarga en exceso, se disparan los precios y se satura la circulación. Hasta que se ha acumulado tanto en el destino que vuelve a haber exceso de producción y los inventarios están tan llenos que hay que vender al malbarato. Y cuando ha pasado este ATAQUE EPILÉPTICO, el capitalismo mundial vuelve a la misma situación de sobreproducción, generando nuevos ESPASMOS y GUERRAS (Ucrania, Irán) que tengan el efecto momentáneo de parar la caída de precios. El capitalismo recorre una y otra vez el mismo ciclo desquiciado de acumulación y destrucción:“¿Cómo vence esta crisis la burguesía? De una parte, por la DESTRUCCIÓN obligada de una masa de fuerzas productivas; de otra, por la CONQUISTA de nuevos mercados y la EXPLOTACIÓN más intensa de los antiguos. ¿De qué modo lo hace, entonces? Preparando crisis más extensas y más violentas y disminuyendo los medios de prevenirlas.” (Manifiesto del Partido Comunista,1848)

Toda esta SOBREPRODUCCIÓN ahoga la TASA DE GANANCIA, que es el único acicate de la producción capitalista. Pero esta sobreproducción no se desarrolla en el vacío, sino en un contexto de competencia desenfrenada entre imperialismos capitalistas que, a su vez, se desarrolla en un contexto histórico de expansión ya concluida del capitalismo a todos los rincones del globo, desplazamiento del centro de gravedad del capitalismo a Asia (contra cuya avalancha deflacionaria de mercancías las potencias más antiguas intentan levantar sin éxito murallas arancelarias) y RUPTURA DEL REPARTO DEL MUNDO posterior a la segunda guerra mundial.

Pero un nuevo reparto del mundo no puede hacerse sin recurrir a la fuerza y todo esto tiene el punto culminante en la GUERRA MILITAR, la solución capitalista a la crisis. En este camino se encuentra ya el mundo capitalista.

 

Contra la guerra imperialista: revolución proletaria

La única manera de oponernos a las guerras que el capitalismo produce es la reanudación de la lucha de clase contra la propia burguesía, la ruptura del frente nacional interclasista (en los países beligerantes y en el resto). Para ello necesitamos combatir la influencia organizativa e ideológica que ejerce la burguesía a través del sindicalismo integrado en el Estado y a través del parlamentarismo, desarrollando una extensa red de solidaridad y de lucha en el plano sindical, fuera de los tentáculos del Estado, en la cual haya ganado una influencia decisiva el Partido Comunista Internacional.

Ante la MILITARIZACIÓN creciente de la sociedad capitalista, del aprovechamiento de cualquier circunstancia por parte de la burguesía para inculcar e introducir en la población la normalidad de la guerra, la posición militante comunista es la del DERROTISMO REVOLUCIONARIO, la transformación de la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria: “El proletariado no sólo debe oponerse a toda guerra de este tipo, sino que debe desear la derrota de 'su' gobierno en tales guerras y utilizar esa derrota para una insurrección revolucionaria, si fracasa la insurrección destinada a impedir la guerra.“ (El programa militar de la revolución proletaria, Lenin, 1916).

 

Por la revolución social, por el comunismo

Actualmente, vivimos en la dictadura de la burguesía por más adornos que le pongan. Es una verdad que palpamos a cada momento en las huelgas, en los tribunales, etc. Por esto no es posible romper ni modificar el sistema de relaciones capitalistas de producción, del que deriva la explotación, sin destruir el Estado burgués. La clase obrera deberá dotarse a su vez de su propio instrumento para impedir la restauración de la esclavitud y la explotación: la dictadura del proletariado, la historia no permite un término medio. Sin embargo, este Estado revolucionario es sólo necesario en un periodo transitorio y se extinguirá siendo sustituido gradualmente por la organización colectiva de los productores libres asociados.

Para poder llevar a cabo esta tarea, la clase obrera necesita un Partido con una comprensión científica de la historia y un programa que no sea de reforma o conservación de la presente sociedad: este partido es el Partido Comunista Internacional que debe reunir la parte más avanzada y decidida del proletariado, unificando los esfuerzos de las masas proletarias dirigiéndolas desde la lucha por intereses y resultados contingentes a la lucha general para la emancipación revolucionaria del proletariado.

Es imprescindible entender que “sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario” (¿Qué hacer?, Lenin) y estudiar los fundamentos científicos del marxismo (“Trabajo asalariado y Capital”, “Manifiesto del Partido Comunista”, “Anti-Dühring”, “El Capital”, “Crítica al programa de Gotha”) junto con las lecciones sacadas por la Izquierda Comunista de la degeneración táctica-programática-organizativa de la Internacional Comunista (degeneración de la que fue copartícipe el “trotskismo”), que terminó abandonando la revolución comunista mundial en 1926 con la contrarrevolución estalinista cuyos efectos han pesado como una losa sobre la posibilidad de la reanudación de la lucha de clase.

Este mundo burgués se hunde y amenaza con arrastrarnos con él, no tenemos parches o remiendos que ponerle sino una nueva sociedad por la que luchar y vivir. Y no una caricatura de ésta con los nombres cambiados sino una sociedad verdaderamente comunista: sin trabajo asalariado, sin mercado, sin anarquía de la producción, sin propiedad privada, sin Estado, ni crisis ni guerras… en la que “el libre desarrollo de cada uno será la premisa del libre desarrollo de todos” (Manifiesto del Partido Comunista, 1848). 

 

PARTIDO COMUNISTA INTERNACIONAL – “EL COMUNISTA” – 1º mayo 2026 – www.pcielcomunista.org – x.com/pcielcomunista