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¡Proletarios del mundo, uníos!

 

 

TERREMOTO EN VENEZUELA: RECONSTRUCCIÓN E INVERSIÓN PARA EL CAPITAL, MUERTE Y EXPLOTACIÓN PARA LA CLASE OBRERA

 

 

¿Desastres “naturales” o producto de la avaricia?

El 24 de junio de 2026 dos terremotos sacudieron el centro norte de Venezuela dejando miles de muertos y desaparecidos bajo los escombros y heridos. Las cifras actuales son de más de 4.000 fallecidos y estas cifras se irán incrementando con los entre 40.000 y 50.000 desaparecidos. La región más afectada, donde más edificios colapsaron y ha habido más muertos ha sido La Guaira.

Cuando hay un INCENDIO, una INUNDACIÓN, o TERREMOTOS rápidamente se califica de desastre “natural”. ¿Pero cómo puede considerarse “natural” que se construyan a sabiendas casas en terrenos inundables, que estas casas tengan auténticas ratoneras en las que es condenada a vivir y morir parte de la clase obrera, que se dejen sin limpiar los bosques porque no sale rentable, o que se incendien adrede para cobrar subvenciones, o que dejen sin arreglar puentes que se sabe a ciencia cierta que están en condiciones precarias hasta que se derrumban?

El fuego, el agua, la gravedad, los movimientos sísmicos, son fuerzas naturales, pero los motivos y consecuencias de que estas fuerzas naturales arroyen a miles de personas a la muerte son motivos y consecuencias sociales. Es el AFÁN DE GANANCIA impuesto por el proceso de ACUMULACIÓN del Capital (fuerza impersonal que se nutre de la explotación de la clase obrera) el que produce las circunstancias en las que estas fuerzas naturales causan estragos arrastrando a la muerte prematura a miles de personas:“(…) si la sociedad sume a centenares de proletarios en una situación tal que necesariamente hayan de sucumbir a la muerte prematura y antinatural, a una muerte que es tan violenta como la producida por la espada o por un proyectil; si sustrae a miles de ellos las condiciones vitales necesarias, si los coloca en una situación en la cual no pueden vivir; si mediante el vigoroso brazo de la ley los obliga a permanecer en estas condiciones hasta la llegada de la muerte, que debe ser consecuencia de dichas condiciones; si sabe sobradamente que estos millares deben caer víctimas de tales condiciones y no obstante las deja persistir, ello constituye un asesinato oculto y alevoso, un asesinato contra el cual nadie puede defenderse, que no parece un asesinato porque no se ve al asesino (…). Pero no deja de ser un asesinato.” (La situación de la Clase Obrera en Inglaterra, F. Engels). Esta ha sido la situación que se ha vivido en Venezuela.

En el año 1999 en la región de La Guaira, entonces  denominada estado Vargas, desprendimientos de lodo, tierra y roca arrasaron con todo lo que encontraron a su paso cuando decenas de ríos y quebradas se desbordaron al mismo tiempo. El suelo no pudo absorber el agua de las intensísimas lluvias que se concentraron en cuatro días por lo que el terreno cayó por la fuerza de la gravedad arrastrando literalmente la montaña hacia las poblaciones costeras dejando miles de muertos y un éxodo masivo de más de 100.000 personas que se tuvieron que desplazar a otras zonas.

Pero al capital poco le importa esto; la concentración de capitales en la zona en la que se ubica el segundo puerto más importante del país y el principal aeropuerto internacional hizo que se concentrara nuevamente allí la población y se reanudaran los negocios especulativos inmobiliarios con la reconstrucción.

Por un lado, la población que tuvo que regresar por la necesidad del salario se vio obligada a construir su casa de manera informal en los mismos cauces de los ríos donde se produjo el alud o en los cerros;  por otro lado, el estado capitalista venezolano disfrazado de socialista y las empresas privadas construyeron para sus ganancias macroedificios y complejos residenciales de vivienda pública y privada de 20 plantas o más en los nuevos terrenos costeros ganados por el lodo al mar.

El CINISMO de esta sociedad capitalista es tal que después de los miles de muertos tiene la desfachatez de publicar que era por todos conocido que no se podía construir allí, entrevistando a geólogos e ingenieros que advertían que no era terreno urbanizable. Los famosos expertos en el capitalismo son los mismos que acaban firmando todos los planes constructores como buenos servidores del capital, falseando estudios del terreno y dando por buenas inspecciones técnicas de edificios y construcciones deficientes y obsoletas.

Una parte de la burguesía a través de sus medios señala como culpable de la construcción en esos lugares a la corrupción y a la falta de fiscalización, que se usaron materiales baratos y se azuza el espantajo del falso socialismo venezolano como responsable de la catástrofe. No están faltando las guerras estadísticas sobre si colapsaron más edificios construidos por parte de empresas estatales o privadas para sacudirse la responsabilidad de los miles de muertos y favorecer cada uno su línea de negocio.

Todo para OCULTAR que mientras exista el CAPITALISMO (y en Venezuela no ha habido nunca ni un gramo de socialismo)  gobierne quien gobierne se construirá en cualquier lugar donde las necesidades del capital y la ganancia lo exijan al mínimo coste, concentrando a poblaciones obreras en lugares peligrosos con plena conciencia de que lo son, si allí se necesita mano de obra para ser explotada.

En los medios se exhiben los heridos y los fallecidos en Venezuela, mostrando los horrores del desastre y a la población removiendo escombros con las manos por falta de maquinaria. El capital explota a los cadáveres cuya muerte ha provocado, para llamar a la unidad interclasista entre explotados y explotadores, instrumentalizándolos para su agenda parlamentaria y para desviar la atención del verdadero culpable: el propio sistema capitalista.

 

Control social y represión

Pocos días después del terremoto, bajo el pretexto de ayudar a la población el gobierno ha decretado la militarización de la región: “Ante la gravedad de la situación, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, declaró zona de desastre al estado de La Guaira y ordenó la militarización de la región para facilitar las tareas de búsqueda, rescate y distribución de ayuda humanitaria.” (América Económica, 03-07-2026)

El interés real de la burguesía en militarizar la zona es el control y represión sobre la población. Con miles de heridos, los hospitales cuyas infraestructuras ya estaban obsoletas y no tenían insumos suficientes están ahora desbordados. Con miles de personas que se han quedado sin casa y miles de desplazados, la burguesía tiene que evitar que la situación se descontrole. La función del ejército es reprimir las protestas que necesariamente se vayan a dar por la falta de reubicación, por la falta de comida, por los cortes de suministro, por la falta de atención médica en condiciones y la falta de medicamentos, por el estado y las condiciones de los campamentos donde van a reubicar a la población, y por la frustración, la rabia y la impotencia que esta situación van a provocar. La careta burguesa del control y represión ejercido por sus cuerpos represivos (policía, ejército) se llama “ayuda humanitaria”.

El imperialismo estadounidense ha enviado a Venezuela un contingente de unos 2.000 soldados no sólo para controlar el negocio de la reconstrucción, sino para establecer un control militar directo sobre uno de los puntos estratégicos más importantes del país: el puerto y el aeropuerto de La Guaira; puerto justamente en el que el imperialismo chino había promovido la creación de una Zona Económica Especial destinada a reproducir en el proletariado venezolano la misma sobreexplotación aplicada al proletariado chino. La catástrofe se convierte en la ocasión que el imperialismo estadounidense aprovecha para avanzar posiciones, tratando de desplazar al imperialismo chino en un punto estratégico de Venezuela.

 

La reconstrucción y la deuda

La burguesía ya ha anunciado un plan de reconstrucción con fondos liberados del FMI. Recordemos que el plan de EEUU con respecto a Venezuela, y que se teatralizó con la detención del títere Maduro en enero, es que las empresas petroleras estadounidenses entren a reconstruir la infraestructura energética, adelantando el dinero a cuenta de las ventas del petróleo extraído. Según este plan, modernizando la infraestructura e incrementando la producción, podrían vender el crudo de Venezuela al mundo, obteniendo grandes ganancias y prometiendo un futuro dorado a los venezolanos.

Pero queda por pagar la enorme deuda de la economía capitalista venezolana: “Venezuela está a punto de revelar una abultada deuda de 240.000 millones de dólares (212.000 millones de euros), mucho mayor de lo que se creía.” (Expansión, 25-06-2026). Y ya se sienten los efectos del acaparamiento de dólares posterior al desastre en la inflación, flagelo adicional del proletariado venezolano mediante el cual el poder adquisitivo del salario se evapora en bolívares, mientras las ganancias se han podido transformar en dólares durante todos estos años de gobierno del Partido del Ejército. El cargamento de dólares físicos enviado por EEUU (el primero desde 2017), se destinará como hasta ahora a garantizar la operativa y la ganancia patronal.

La cruda realidad es que las deudas del capitalismo venezolano, la reconstrucción de las infraestructuras energéticas y la reconstrucción de la zona devastada – mientras subsista el capitalismo – sólo se pueden pagar y realizar con la sobreexplotación del proletariado venezolano. Mientras subsista el capitalismo en Venezuela (aunque unos y otros lo vistan falsamente de socialismo), la única suerte para la clase obrera es la explotación de la mercancía fuerza de trabajo, para la obtención del plusvalor como única fuente de ganancia.

En esta explotación los muertos los pondrá también la clase obrera. Según el informe de la OIT cada año mueren más de 2,9 millones de trabajadores en todo el mundo por efecto de los mal llamados “accidentes” de trabajo o por enfermedades laborales. La explotación y el mal estado de las infraestructuras en Venezuela no paran de dejar una ristra de trabajadores heridos y muertos: “Cuatro trabajadores de Corpoelec heridos tras explosión en subestación El Mácaro" (julio 2025), donde el estallido de un transformador le costó la vida a un técnico y dejó a los linieros con quemaduras severas. “Emergencia en el Lago de Maracaibo: Incendio en plataforma mixta deja seis operarios quemados" (mayo 2026)."17 trabajadores heridos en explosión de taladro PDVSA en La Victoria, estado Apure" (junio 2026). El sistema mercantil capitalista es un sistema CRIMINAL que supura muerte por todos sus poros.

 

El narcótico de la unidad nacional

Precisamente porque todo el esfuerzo de la reconstrucción recaerá sobre la clase obrera, la burguesía inocula al proletariado el narcótico de la unidad nacional y de la patria. Pero la famosa “patria” para la clase obrera es nuestra explotación. Unos y otros, todos los que tienen intereses económicos en la explotación de la clase obrera mundial en general y venezolana en particular, ya sean burgueses venezolanos oficialistas o de oposición, o estadounidenses, rusos, españoles, chinos o italianos; todos basan su ganancia en nuestra explotación.

Tanto el oficialismo como la llamada “oposición” han apelado a la “unidad, a la serenidad y a la solidaridad entre todos los venezolanos”. Pero la fraternidad y la solidaridad en boca de la burguesía sólo significan sometimiento y explotación para la clase obrera. La máscara de la “fraternidad” cayó ante el proletariado cuando se insurreccionó contra la burguesía en junio de 1848 en París en una lección histórica que no debemos olvidar:

“La fraternité, la hermandad de las clases antagónicas, una de las cuales explota a la otra, esta fraternidad proclamada en Febrero y escrita con grandes caracteres en la frente de París, en cada cárcel y en cada cuartel, tiene como verdadera, auténtica y prosaica expresión la guerra civil; la guerra civil bajo su forma más espantosa, la guerra entre el trabajo y el capital. Esta fraternidad resplandecía delante de todas las ventanas de París en la noche del 25 de junio, cuando el París de la burguesía encendía sus iluminaciones, mientras el París del proletariado ardía, gemía y se desangraba. La fraternidad existió precisamente el tiempo durante el cual el interés de la burguesía estuvo hermanado con el del proletariado.”  (Las luchas de clases en Francia, Marx, 1848).

 

La gran mentira del socialismo en Venezuela

La gran victoria de la burguesía venezolana – tanto del oficialismo como de la “oposición” – ha sido conseguir identificar al Partido del Ejército con el socialismo y el comunismo. Es una necesidad imperiosa para la clase obrera eliminar esta GRAN MENTIRA. En Venezuela no hay socialismo, hay CAPITALISMO. El capitalismo se basa en el trabajo asalariado, en que nuestra fuerza de trabajo es una mercancía más y tiene un precio: el salario. Por esto el capitalismo significa inevitablemente explotación, hambre y muerte para la clase obrera. Ningún cambio de gobierno parlamentario va a significar un cambio real para la clase obrera en el capitalismo.

Este mundo burgués se hunde y amenaza con arrastrarnos con él, no tenemos parches o remiendos que ponerle sino una nueva sociedad por la que luchar y vivir. Y no una caricatura de ésta con los nombres cambiados (como en Rusia, China, Venezuela, etc.) sino una sociedad verdaderamente comunista: sin trabajo asalariado, sin mercado, sin anarquía de la producción, sin propiedad privada, sin Estado, ni crisis ni guerras… en la que “el libre desarrollo de cada uno será la premisa del libre desarrollo de todos” (Manifiesto del Partido Comunista, 1848).

 

¡ABAJO EL CAPITALISMO EXPLOTADOR QUE ASESINA A LA CLASE OBRERA!

¡ABAJO EL FALSO “SOCIALISMO” DEL PARTIDO DEL EJÉRCITO!

 

PARTIDO COMUNISTA INTERNACIONAL – “EL COMUNISTA” – julio 2026

 

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