EL PAPEL DE LA CUESTIÓN SINDICAL EN EL PROCESO DEGENERATIVO DEL PARTIDO (1972-1982)
La dinámica de integración sindical en los tentáculos del Estado burgués posterior a la segunda guerra mundial fue uno de los escollos con los que tropezó el Partido formal a partir de la segunda mitad de los años 60, realizando una serie de zigs-zags en la materia que fueron vehiculares para el proceso de degeneración sufrido por el centro (o mejor centros, italiano y francés) del Partido conocido como el nuevo curso [1].
Esta es una faceta específica de las dificultades nacidas de la prolongación de una situación contrarrevolucionaria que ha ido generando desviaciones en un sentido activista o en un sentido místico-idealista[2], según la impaciencia y la incomprensión del proceso histórico se destile en un intento de mover la historia por un acto de propia voluntad (tirando por la borda la táctica y unos pasos después el programa mismo) o bien en un intento de esquivar las dificultades de la dura obra de mantener el hilo organizativo incluso en los periodos más desfavorables.
Pese a que como veremos el proceso de aprisionamiento en el Estado burgués de la red sindical era un fenómeno previsto en las propias Tesis del Partido y que dichas Tesis contienen las indicaciones tácticas necesarias para navegar este fenómeno incluso en una situación desfavorable y crudamente contrarrevolucionaria, el peso material de la prolongación de esta situación se proyectó en una serie de errores de naturaleza activista de la Dirección que supusieron el abandono de la táctica correcta.
La posición del Partido en la cuestión sindical
Sin perjuicio de retomar en un sentido más amplio el examen de la cuestión sindical en el marxismo, nos centraremos aquí en determinar cuál había sido la valoración clásica del Partido después de la segunda guerra mundial sobre la cuestión utilizando los dos textos que conformaron las bases de adhesión al Partido en 1951-52: “Teoría y acción en la doctrina marxista” y las “Tesis características”.
“También allí donde, después de la segunda guerra mundial, según la formulación política corriente, el totalitarismo capitalista parece haber sido substituido por el liberalismo democrático, la dinámica sindical continúa desarrollándose ininterrumpidamente en el pleno sentido del control estatal y de la inserción en los organismos administrativos oficiales. El fascismo, realizador dialéctico de las viejas instancias reformistas, ha llevado a cabo la del reconocimiento jurídico del sindicato, de modo que el mismo pudiera ser el titular de los convenios colectivos con el patronato, hasta el efectivo aprisionamiento de toda la organización sindical en las articulaciones del poder burgués de clase.
Este resultado es fundamental para la defensa y la conservación del régimen capitalista, precisamente porque la influencia y el empleo de las organizaciones asociacionistas sindicales son un ESTADIO INDISPENSABLE para todo movimiento revolucionario dirigido por el partido comunista.” (Teoría y acción en la doctrina marxista, Partido revolucionario y acción económica, 1951).
“5.- En las varias fases de la trayectoria burguesa (revolucionaria, reformista, contrarrevolucionaria), la dinámica de la acción sindical sufrió profundos cambios (interdicción, tolerancia, sumisión); pero esto no quita que sea orgánicamente indispensable tener entre la masa de los proletarios y la minoría encuadrada en el partido otro estrato de organizaciones que sean políticamente neutras por principio, pero constitucionalmente accesibles sólo a los obreros, y que organismos de este género deben resurgir en la fase en que la revolución se avecina.” (Teoría y acción en la doctrina marxista, 1951).
“8.- Por encima del problema contingente de la participación – o de la no participación – del partido comunista revolucionario al trabajo en determinados tipos de sindicatos de un país dado, los elementos de la cuestión resumida hasta aquí conducen a la conclusión de que en toda perspectiva de todo movimiento revolucionario general no pueden no estar presentes estos factores fundamentales: 1) un amplio y numeroso proletariado de asalariados puros, 2) un gran movimiento de asociaciones con contenido económico que abrace una parte imponente del proletariado; 3) un fuerte partido de clase, revolucionario, en el que milite una minoría de los trabajadores, pero al cual el desarrollo de la lucha haya permitido contraponer válida y extensamente su influencia en el movimiento sindical a la de la clase y del poder burgués.“ (Teoría y acción en la doctrina marxista, Partido revolucionario y acción económica, 1951).
“6.- El marxismo ha rechazado vigorosamente, cada vez que ha aparecido, la teoría sindicalista, que da a la clase órganos económicos -asociaciones de categorías, de industria o de empresa- creyéndolos capaces de desarrollar la lucha y la transformación social.
Mientras considera al sindicato órgano por sí solo insuficiente para la revolución, el marxismo lo considera, empero, un órgano indispensable para la movilización de la clase en el plano político y revolucionario, realizada con la presencia y la penetración del partido comunista en las organizaciones económicas de clase. En las difíciles fases que presenta la formación de las asociaciones económicas, se consideran como prestándose a la tarea del partido las asociaciones que comprenden solamente a proletarios y a las cuales estos se adhieren espontáneamente, pero sin la obligación de profesar opiniones políticas, religiosas y sociales dadas. Tal carácter se pierde en las asociaciones confesionales y de afiliación obligatoria, o en las que se han vuelto parte integrante del Estado.
7.- El partido no adopta jamás el método de formar organizaciones económicas parciales que comprenden sólo a trabajadores que aceptan los principios y la dirección del partido comunista. Pero el partido reconoce sin reservas que no sólo la situación que precede a la lucha insurreccional, sino también toda fase de marcado incremento de la influencia del partido entre las masas, no puede delinearse sin que se extienda entre el partido y la clase un estrato de organizaciones con objetivos económicos inmediatos y con alta participación numérica, en el seno de las cuales exista una red que emane del partido (núcleos, grupos y fracción comunista sindical). Es tarea del partido, en los períodos desfavorables y de pasividad de la clase proletaria, prever las formas y alentar la aparición de las organizaciones con objetivos económicos para la lucha inmediata, las cuales podrán incluso asumir aspectos totalmente nuevos en el futuro, después de los tipos bien conocidos de corporación, sindicato de industria, consejo de empresa, etc. El partido alienta siempre las formas de organización que facilitan el contacto y la acción común entre los trabajadores de diversas localidades y de distintas profesiones, rechazando las formas cerradas.” (Tesis características, 1951).
“11.- El partido no oculta que en fases de reanudación no se reforzará de manera autónoma, si no surge una forma de asociacionismo económico sindical de masas. El sindicato, a pesar de que no haya estado jamás libre de la influencia ideológica de clases enemigas y de que haya funcionado como vehículo de continuas y profundas desviaciones y deformaciones, a pesar de que no sea un instrumento revolucionario específico, es sin embargo objeto de interés para el partido, el cual no renuncia voluntariamente a trabajar en su interior, distinguiéndose netamente de todas las otras agrupaciones políticas. El partido reconoce que hoy puede hacer un trabajo sindical sólo de manera esporádica, y desde el momento en que la relación numérica concreta entre sus miembros, los simpatizantes y los organizados en un cuerpo sindical dado resulte apreciable y tal organismo no haya excluido la última posibilidad virtual y estatutaria de actividad autónoma clasista, el partido efectuará la penetración e intentará la conquista de la dirección del mismo.” (Tesis características, 1951).
El extravío de la táctica sindical: la CGIL caracterizada como sindicato de clase
Nuestras Tesis de Partido establecen un papel central para la táctica de influencia y penetración de la red de lucha inmediata en el plano sindical, excluyendo expresamente de su aplicación a las organizaciones confesionales o que sean parte integrante del Estado burgués. Sin embargo, se intentó aplicar esa táctica preconizada para organizaciones no integradas a aquellas organizaciones del sindicalismo integrado que se habían vuelto parte integrante del Estado y que en muchas áreas están subvencionadas directamente por el Estado y la Patronal llegando actualmente en varios países a conformar incluso un real y propio entramado empresarial, siendo en realidad empresas de servicios sindicales.
En Italia, se empezó a publicar el suplemento “sindacato rosso” que acabó lanzando la consigna “¡Por los comités de defensa del sindicato de clase!” (Il sindacato rosso, nº3, marzo 1971). En Francia, a partir de julio de 1969 se empezó a publicar un suplemento a Le Prolétaire denominado “syndicat de classe” que imitaba el planteamiento del “sindacato rosso” italiano, llamando a “Por una CGT roja; (…) formemos grupos del Partido Comunista Internacional dentro de la CGT!” [3].
Esto chocaba frontalmente con la caracterización de la C.G.I.L. realizada por el Partido después de su reconstitución por parte del Comitato di Liberazione Nazionale (Comité de Liberación Nacional). El Partido había caracterizado a la C.G.I.L. (con la “i” de Italia, a diferencia de la C.G.L. de los años 20) afirmando que: “no puede disimular que ni siquiera la confederación que queda con los socialcomunistas de Nenni y Togliatti se basa en la autonomía de clase. No es una organización roja, es también una organización tricolor COSIDA CON EL MODELO DE MUSSOLINI.” (Las escisiones sindicales en Italia, 1949).
El error de apreciación de la naturaleza de las organizaciones que se trataba de conquistar, se combinaba con un olvido de las premisas tácticas que permiten e incluso exigen la escisión en el terreno sindical ante las expulsiones de los revolucionarios por parte de la dirección oportunista. El número 17 de “il sindacato rosso” (noviembre 1969) es muy ilustrativo de la situación. En él se explica como “En Belluno nuestros compañeros, a consecuencia de la denuncia de las porquerías que el PC de Italia y sus afines combinan cada día en los establecimientos locales, en particular en la Faesite, en la Corona-costruzioni, etc. han sido expulsado de la CGIL, aunque la asamblea unánime del Sindicato-Scuola, en el cual están encuadrados nuestros militantes haya rechazado este puerco procedimiento” [4] para afirmar a continuación “Repitamos todavía que los comunistas no salen de los sindicatos de clase”. ¿Significa esto que cualquier expulsión o procedimiento disciplinario debía o debe motivar una escisión? Evidentemente, no. Pero cuando estas expulsiones se hacen recurrentes, cuando se expulsa a grupos de militantes, cuando se cuenta con el apoyo unánime de una asamblea sindical que rechaza la expulsión, dejarse expulsar teorizando además que no se puede salir de esas organizaciones porque son sindicatos de clase cuando eran ya sindicatos integrados es un grave error cuya reiteración se convierte en una desviación. Se habría podido y debido preparar un polo de referencia sindical a partir del cual tejer una red no integrada, fuera de estos aparatos integrados, sin abandonarlos de inmediato sino como resultado de la maduración del trabajo de contacto con grupos de trabajadores empujados a romper para poder desarrollar las luchas sin la traición permanente de la dirección o bien expulsados por la dirección sindical oportunista cuando esta se percatara de no poder controlar la situación.
En el Partido estaba arraigada la concepción de que los comunistas no pueden en ningún caso asumir la iniciativa de ayudar a crear organismos sindicales no integrados, sino que esto sólo puede ser una decisión espontánea de obreros no comunistas, condenando así al Partido a ser un agente pasivo en la materia que sólo a posteriori puede intentar ganar influencia en el panorama organizativo determinado por otros. Esto se sustentaba en una lectura sesgada del punto 7 de las Tesis características (1951) que transformaba la tesis correcta “El partido no adopta jamás el método de formar organizaciones económicas parciales que comprenden sólo a trabajadores que aceptan los principios y la dirección del partido comunista” en esta versión castrada y estéril: “El partido no adopta jamás el método de formar organizaciones económicas parciales”, que además está en completa contradicción con la continuación de ese mismo punto de las Tesis: “Es tarea del partido, en los períodos desfavorables y de pasividad de la clase proletaria, prever las formas y alentar la aparición de las organizaciones con objetivos económicos para la lucha inmediata”.
Al Partido no le faltaban referentes en su propia experiencia en los años 20 en cuanto a la acción clandestina dentro de los sindicatos fascistas cuando la situación impide otra actuación, con un claro enfoque en los límites y fines de esta actuación:
“8) Hay situaciones locales en las cuales el juego combinado de la falta de trabajo y de la brutal violencia han obligado a toda la masa a pasar a los sindicatos autónomos (fascistas), como ha sucedido casi exclusivamente en el seno de ciertas masas rurales. En estos casos todo autoriza el criterio de consentir que los miembros y simpatizantes del Partido pasen también ellos con la masa a los sindicatos autónomos en el momento en el que cualquier otra acción se hace imposible. La experiencia enseña que en tales casos no sólo la red sindical, sino la misma organización del Partido, en especial en los centros pequeños, tiene que convertirse en ilegal. Si bien ha habido casos de conquista con tal medio de cargos directivos en los sindicatos fascistas, el objetivo de tal acción es el sabotaje de la organización fascista y el retorno de la masa a la organización roja. En general el PC se establecerá como objetivo demostrar que los sindicatos fascistas no garantizan los intereses inmediatos de los trabajadores y de los campesinos y actúan como instrumentos de la patronal y de los agrarios, pese a ciertas primeras diversas apariencias.” (Proyecto de programa de acción del Partido Comunista de Italia, contenido en el Informe del Partido Comunista de Italia al IV Congreso de la Internacional Comunista, noviembre 1922).
Incluso las Tesis del II Congreso de la Internacional Comunista (1920) proveían de los instrumentos tácticos en línea con las posiciones del Partido citadas más arriba. Los comunistas no renuncian a la actividad sindical allí donde esta sea posible ni actúan con un criterio escisionista por principio, pero esto no significa que no puedan e incluso no deban promover la escisión cuando la organización sindical dirigida por oportunistas (con mayor razón si se trata de un aparato sindical integrado) expulsa a los militantes revolucionarios, disuelve secciones sindicales combativas, impide y bloquea la labor de propaganda revolucionaria[5]:
“4.- Toda deserción voluntaria del movimiento profesional, todo intento de creación artificial de sindicatos que no esté determinado por las violencias excesivas de la burocracia profesional (disolución de las filiales locales revolucionarias sindicales por los centros oportunistas) o por su estrecha política aristocrática que cierra a las grandes masas de trabajadores poco calificados la entrada a los organismos sindicales, presenta un gran peligro para el movimiento comunista. (…)
5.- Como los comunistas asignan más valor al objetivo y a la sustancia de los sindicatos que a su forma, no deben vacilar ante las escisiones que puedan producirse en el seno de las organizaciones sindicales si, para evitarlas, debían abandonar el trabajo revolucionario, negarse a organizar al sector más explotado del proletariado. (…) En el caso en que una escisión se convierta en inevitable, los comunistas deberán tener gran cuidado para no quedar aislados de la masa obrera” [6]
Pero en lugar de una labor de resurgimiento de una red de lucha sindical no integrada, admitiendo entrar en los sindicatos integrados a los exclusivos efectos de no quedar aislados, con el objetivo de demostrar su contenido de clase burgués y para arrancar de esta influencia a los trabajadores, utilizando los abusos y excesos de las direcciones sindicales oportunistas para ir atrayendo a grupos de trabajadores combativos a un polo sindical no integrado, se teorizó que la CGIL (o la CGT en Francia) se trataba de un auténtico sindicato de clase que había que defender y que los comunistas y los trabajadores debían permanecer allí encerrados pese a la recurrente expulsión de los militantes que intentaban realizar su labor comunista.
Mientras estos aparatos servían para el control de las luchas obreras en lugar de para su extensión, para la delación de los militantes comunistas llegando a su expulsión e incluso al despido de la empresa, los centros italianos y franceses del Partido pintaban de color dorado la celda en la que está encarcelada la lucha sindical fantaseando con que así se podría ganar una influencia mayor en la clase obrera. De este modo se entrega efectivamente el control de la lucha en el terreno sindical al oportunismo y se impide arrancarla de las tenazas de la integración: basta con expulsar a los militantes comunistas cuando la situación lo requiera y éstos quedan automáticamente desarmados por esta interpretación castrada de las tesis que les impide proponer una alternativa organizada[7].
Por lo tanto, se trataba de una desviación activista, que en lugar de trabajar para el resurgimiento de la red sindical no integrada se la inventaba en su imaginación como ya existente, desorientando a la clase obrera y a los propios militantes e impidiendo la ruptura de la camisa de fuerza mussoliniana.
Como no podía ser de otra manera, esta desviación táctica desconcertó y confundió a amplios grupos de militantes dentro del Partido, preparando el terreno para la desviación anti-sindical que se impondría a continuación a través de cada vez mayores acrobacias tácticas con el abandono completo de las posiciones del Partido en la cuestión sindical para llegar al hundimiento en el movimentismo antinuclear, pacifista, okupa, nacionalista palestino, etc.
La desviación de las secciones escandinavas
Contra la perspectiva de recuperación de sindicatos integrados como la CGT en Francia o la CGIL en Italia las secciones escandinavas (prácticamente recién nacidas, formadas en 1967) se desviaron en 1970-71 hacia posiciones abiertamente consejistas, reivindicando abiertamente las “uniones revolucionarias” teorizadas por esta corriente y rechazando la posibilidad de existencia de una red sindical no integrada en el Estado. En su proyecto de tesis sobre la cuestión sindical de 1971 afirmaban: “9.- (…) debemos combatir las ilusiones tradeunionistas según las cuales todavía existen en las metrópolis imperialistas sindicatos con direcciones oportunistas capaces de ser ‘conquistados’ por ‘la fracción comunista en el sindicato’ y de ser utilizados como ‘correa de transmisión’ del partido político de clase.” Y si bien era cierto en 1971 que ni la CGT francesa ni la CGIL cumplían los requisitos de las Tesis del Partido para la aplicación de la táctica sindical de penetración y conquista, las premisas de esta afirmación eran la negación de la posibilidad misma de una red sindical no integrada en la que el Partido pueda aplicar la táctica mencionada y extender su influencia. Más adelante la posición anti-sindical se vuelve más clara: “11. En consecuencia, el partido comunista en las metrópolis imperialistas debe demostrar que el sindicato no se puede conquistar. Debe preparar a la clase para seguir sin vacilación su propia tendencia histórica en el período revolucionario: es la tendencia a dar una dirección política desde el punto de vista del programa y de la organización (el partido). (…)”.
Aquí ya no se trata de denunciar a los sindicatos integrados y sacar de los mismos a los trabajadores allí encarcelados para alentar y promover la conformación de una red de lucha sindical (el sindicato de clase) no integrada sino que se teoriza que entre el Partido y la clase no debe existir en un periodo revolucionario el “asociacionismo económico sindical de masas” que las Tesis características consideran imprescindible.
Los integrantes de esta desviación consejista evolucionaron de un modo natural y rápido hacia las posiciones místico-idealistas de Invariance.
Las “tesine” sindicales de 1972
Tan solo un año después de la salida de las secciones escandinavas, desde la Dirección se escribiron las “tesine sindacali” del 1972 (publicadas como “il partito di fronte alla questione sindacale" en “il programma comunista” nº3/1972) que son un compendio de posiciones espontaneístas y anti-sindicales.
En las “tesine sindacali”[8] se establece, hablando de los organismos intermedios: “estas organizaciones pueden no ser los sindicatos. En la perspectiva de un cambio brusco hacia el asalto revolucionario, no serán los sindicatos (…)” [9].
Con esto se desliza la teorización de que los organismos intermedios con contenido de lucha económica (de tipo sindical) pueden no ser necesarios, teorización ligada con la perspectiva de un cambio brusco que mágicamente nos traslade del periodo de depresión contrarrevolucionaria directamente al asalto revolucionario. Es difícil no ver la continuidad de este planteamiento con el de las secciones escandinavas: negación de los organismos intermedios de base sindical entre el Partido y el conjunto de la clase obrera. La diferencia es que aquí la posición anti-sindical no reivindica al consejismo explícitamente, aunque las posiciones espontaneistas y anti-sindicales son las mismas. Es en realidad, una restauración del damenismo, expulsado en 1951 por la puerta, que se reintroduce por la ventana: “Creo que el actual sindicato corporativista (fascista, socialdemócrata o comunista da igual) por su función de órgano indispensable para la vivificación del sistema capitalista está destinado a vivir hasta el final las vicisitudes económicas, sociales y políticas del capitalismo moribundo y sólo será roto con el estado imperialista por la embestida del proletariado revolucionario. En tal fase de avance o de conquista del poder, el reagrupamiento de las fuerzas del proletariado no esperará a que se repita la práctica tradicional del sindicato (…).” (Carta de O. Damen, 1951).
Hablando de los grupos de obreros combativos que se organizan fuera del sindicalismo integrado para luchar contra la patronal, este texto afirma la siguiente bestialidad: “pero reconociendo el síntoma de una instintiva reacción proletaria contra el estado de impotencia al que los sindicatos reducen sus luchas y reivindicaciones [el Partido] debe encontrar en ello un motivo para inculcar, a un estrato aunque sea muy reducido de los explotados la conciencia de que sus esfuerzos, por generosos que sean, están condenados a permanecer estériles si la clase no encuentra en sí misma la fuerza para llevar a cabo un viraje político total para dirigirse hacia el asalto directo y general del poder capitalista” [10].
Es decir, en relación con los grupos obreros combativos que rompen la camisa de fuerza del sindicalismo integrado, la función del Partido no sería recoger a estos compañeros y ayudar a tejer una red de lucha inmediata (sindical, aunque esta palabra sea antipática para algunos…) sino convencerles de que sus esfuerzos son estériles y esperar que la clase “encuentre en sí misma” (espontaneísmo puro y duro) la fuerza para el asalto directo y general al poder capitalista (esta fase en la que antes se nos ha dicho que los organismos intermedios no serían de carácter económico y sindical). Así, ya no se dice que la CGT francesa o la CGIL italiana son sindicatos de clase a defender pero se mantiene el bloqueo real a la creación de una red sindical no integrada, el sindicato de clase.
Estas “tesine” de 1972 fueron un compromiso político entre el espontaneísmo obrerista del Sur de Francia (que se encargó efectivamente de su redacción) y los centros italianos y francés que vieron en ellas el camino expedito al movimentismo interclasista en la búsqueda de estos otros organismos intermedios no sindicales: los organismos abiertos interclasistas y frentes únicos políticos a la que se dará rienda suelta en los años posteriores. Como también es notorio, las secciones del Sur de Francia fueron expulsadas más tarde en 1981 por su resistencia posterior a la deriva interclasista de las direcciones italianas y francesa, lo que no quita que contribuyeran a ella con su aportación confusionaria en materia sindical.
Producto de este compromiso fue la expulsión anti-orgánica en el año siguiente (1973) de las secciones toscanas. Si bien no podemos decir que estas secciones (los “florentinos”) estuvieran en una línea correcta dado su papel especialmente relevante en los anteriores errores tácticos (el “sindacato rosso” se publicaba en Florencia), es indiscutible que no se las expulsó por este motivo sino porque mantenían una presencia sindical considerable y eran un inconveniente para el libre desarrollo del nuevo curso movimentista, como lo fueron las otras secciones del Partido con fuerte composición obrera y considerable actividad sindical en 1981 y 1982, en Italia y en España.
No por casualidad los dos herederos políticos de la degeneración del nuevo curso – los actuales “il programma comunista” y “le prolétaire”/”il comunista” (exCombat) – que se impuso desde entonces, reivindican estas “tesine sindacali” que puede bien considerarse su documento fundacional.
El hundimiento en el movimentismo
En “Fisonomía del proceso degenerativo del nuevo curso (1972-1982)” (El Comunista nº73) y “le Prolétaire/il Comunista: punta de lanza de la degeneración oportunista” (El Comunista nº72) hemos publicado un análisis más detallado de los múltiples aspectos en los que la Dirección degenerada del nuevo curso había estado liquidando la línea del Partido histórico y remitimos al lector a estos artículos para un mayor detalle. De todas formas reproduciremos aquí la parte más relevante en relación con el tema que estamos tratando.
Los efectos e interpretación práctica de las “tesine” sindicales de 1972 no se hicieron esperar. En 1976 en la circular del 26 de marzo el centro degenerado teorizaba la intervención en organismos interclasistas para defender los “intereses inmediatos comunes” (sic) de los “proletarios y no proletarios” (sic): “EL SEGUNDO CASO (Organizaciones de base interclasista) incluye aquellas organizaciones de base no proletaria en las que se debaten cuestiones o se defienden intereses a los que la clase obrera no es ni puede ser indiferente: comités de mujeres, comités de soldados, comités de inquilinos, comités escolares, etc. Con las reservas consideradas en el caso anterior, podemos y debemos incorporarnos a ellos, bien simplemente para exponer nuestras posiciones, aunque sea por un solo día y ante un solo proletario, bien para llevar a cabo una acción más o menos continuada, no poniendo como condición previa a nuestra participación que la propia organización adopte objetivos de clase a los que en principio es ajena y refractaria (…)” [11].
En 1979 tenemos la creación artificial del “Comitato Nazionale contro i Licenziamenti” (CNCL) sobre la base de diez (sí, 10) despedidos de la FIAT (“il programma comunista”, nº22/1979, pág. 6), en un acto de activismo sindical que termina en un órgano en el que no hay participación obrera real sino sólo una comparsa de militantes de distintas organizaciones políticas, que sirve en realidad de plataforma de frente único político combinado con un auténtico y vacío activismo sindical.
Tenemos también la creación del RIPRA (comité Riposte à la Répression en Algérie) en 1981 y reuniones como la mantenida el 22-05-1982 con el objetivo de “crear un colectivo unitario contra la represión en Argelia” en la que participaban desde el Comité de Defensa de los Derechos Culturales en Argelia y la Asociación Sindical de los Estudiantes Argelinos en Francia hasta una serie de otras organizaciones calificadas por el propio El-Oumami[12] como pequeñoburguesas. Pese al carácter infructuoso de la reunión, El-Oumami propone la “base mínima sobre la que podemos plantearnos la colaboración con otras fuerzas que tengan un programa y una ideología diferentes a los nuestros” (El-Oumami, nº26, pág. 4)[13].
Es decir, mientras a los militantes comunistas que hacían actividad sindical se les repetía hasta la saciedad que tenían que seguir encorsetados en la camisa de fuerza del sindicalismo integrado o considerar estériles sus esfuerzos, la dirección del Partido en Italia y Francia se dedicaba a crear artificialmente comités activistas de frente único político, como el CNCL, el RIPRA y el Comité de Solidaridad Líbano-Palestina (“Le Prolétaire”, nº363 de 1982, pág. 2). Lo que está claro es qué quería el nuevo curso que existiera y, en cambio, qué no querían que llegara a nacer.
Siguiendo en 1981, se publica un artículo sobre las “Luchas en el comedor universitario de Florencia”. ¿Se trata quizás de la lucha de los trabajadores de ese comedor? ¡No! Es la lucha para que sigan comiendo allí a precio reducido “figuras exestudiantes o ‘poco estudiosas’” que “no están en regla con los exámenes” (“il programma comunista”, nº12/1981, pág. 6).
En ese mismo nº12/1981, en la misma página se encuentra en un recuadro el siguiente: “AVISO: Informamos a los simpatizantes y lectores de la zona de Ivrea que no utilicen la dirección publicada hasta ahora como punto de contacto con el partido. Esta dirección ha sido suprimida como consecuencia de un desacuerdo político que se ha desarrollado en el seno de las posiciones defendidas en los últimos años por nuestro quincenal, en particular en el terreno de las luchas inmediatas."
Lo que no se dice es que los compañeros de la sección de Ivrea habían sido expulsados anti-orgánicamente. Esta página ilustra de un modo muy expresivo la esencia del nuevo curso. Por un lado, eran expulsados[14] etiquetándolos como supuestamente “attendistas” [15] los militantes del Partido cuyo grupo de fábrica en la Olivetti era respetado entre los obreros y el más importante del Partido, que defendían la continuidad del programa comunista frente a los innovadores activistas del nuevo curso. Por el otro, la “lucha” de los estudiantes hippies por comer subvencionadamente era ensalzada como el no-va-más de la lucha proletaria.
A los militantes y secciones en Francia e Italia que se oponían a esta revisión de los principios y de la táctica del Partido se les etiquetaba con el calificativo “attendista”. En estas secciones que resistían a la presión maniobrista y disciplinaria de la dirección del nuevo curso, no se había roto la transmisión de “la llama a lo largo del histórico «hilo del tiempo»” [16] y los jóvenes militantes aprendieron de los viejos militantes no sólo el ABC del marxismo, sino un método y el sentido de la militancia, la vieja guardia había transmitido “una consigna incorrupta y potente a una joven guardia” [16].
La sección española estaba formada por obreros que habían emigrado a las fábricas de Alemania y allí habían conocido a viejos militantes italianos del Partido que también habían emigrado ya fuera por la persecución de los estalinistas como por motivos económicos. Allí conocieron, trabajaron y militaron junto a una vieja guardia de la que pudieron aprender una consigna incorrupta que desde aquel momento defendieron con uñas y dientes contra cualquier desviación, renovación o actualización de la línea del marxismo y de la Sinistra. Como en las secciones que se fueron oponiendo al nuevo curso estos compañeros aprendieron un método y el sentido de la militancia, en un momento en que el nuevo curso empezaba a manifestarse en la dirección de la organización formal.
Estos compañeros volvieron al Estado español para desarrollar una acción de Partido que iba desde la publicación de la revista “El Comunista” (desde 1974), la traducción de textos del Partido, el estudio y la formación de simpatizantes y militantes, el seguimiento de la prensa burguesa y del desarrollo de la economía capitalista, al calor de la intervención en las luchas de la clase obrera, de ocupados y parados. En el caso de la sección española, ante la imposibilidad de resolver la papeleta con la calificación de “attendista” (falsamente aplicada a otros) dada la obvia intensidad de nuestra actividad en el plano sindical, el centro bicéfalo (París-Milán) acuñó la calificación de “sindicalistas y genéricamente teoricistas”.
Esta era la manera del nuevo curso de decir que nosotros no renunciábamos al estudio de los textos fundamentales y a que éstos fueran la base de la formación de simpatizantes y militantes así como la guía exclusiva de toda nuestra actuación, al mismo tiempo que desarrollábamos nuestra actividad en el seno de la clase obrera (de la cual formaban parte todos los miembros de la sección, la mayoría de los cuales habían conocido al Partido en contacto con compañeros italianos en la emigración, en las fábricas de Alemania[17]), en lugar de en los organismos interclasistas o en los comités de frente único político donde quería que se hiciera el nuevo curso[18].
Debió ser duro para los emisarios de las distintas corrientes del centro degenerado, en nuestra sección y en otras que se opusieron al nuevo curso, ver a compañeros obreros llevando adelante no las tácticas innovadoras del nuevo curso sino la táctica del Partido histórico, de la línea de la Izquierda Comunista, y no poder camelarlos con métodos de intelectualismo barato porque estos obreros mantenían el hábito del estudio individual y colectivo y conocían los textos fundamentales del Partido mejor que los enviados del centro. De ahí, el acuñamiento de la doble etiqueta de “sindicalistas y genéricamente teoricistas” que algunos[19] siguen rumiando como “explicación” para consumo interno y externo sobre nuestra existencia.
[1] Para una profundización más detallada de este proceso degenerativo de la dirección del Partido se puede leer “La degeneración de programma comunista y nuestra batalla” (El Comunista nº1) así como “Fisonomía del proceso degenerativo del nuevo curso (1972-1982)” (El Comunista nº73) y “le Prolétaire/il Comunista: punta de lanza de la degeneración oportunista” (El Comunista nº72).
[2] Remitimos al lector a las introducciones sobre las escisiones de 1952 (“El Comunista nº75) y de 1965-66 (“El Comunista nº76”) además de los artículos mencionados en la nota anterior para observar la recurrencia y la correlación del sentido de las desviaciones.
[3] “Pour une C.G.T. rouge ; pour l’unité prolétarienne, contre le front syndical avec les organisations jaunes (F.O. et C.F.D.T.) ; (…) formons des groupes du Parti communiste international dans la C.G.T. ! “ (Syndicat de classe, nº8, suplemento a “Prolétaire”, marzo 1970)
[4] “A Belluno i nostri compagni, a seguito della denuncia delle porcherie che PCI e affini combinano ogni giorno negli stabilimenti locali, in particolare alla Faesite, alla Corono-costruzioni, ecc. sono stati espulsi dalla CGIL, benché l’assemblea unanime del Sindacato-Scuola, in cui sono inquadrati i nostri militanti, abbia respinto questo sporco provvedimento”
[5] Para los enamorados de “El izquierdismo enfermedad infantil del comunismo” de Lenin como referencia única en materia sindical, les recordaremos que este texto fue un folleto de preparación polémica para el II Congreso de la IC (“notas rápidas de un publicista” en palabras de Lenin), pero que en dicho Congreso se aprobaron las Tesis sobre “El movimiento sindical, los comités de fábrica y de empresa” como orientación táctica positiva de la actuación de los comunistas en materia sindical a nivel internacional, enfocando con precisión las distintas situaciones previstas y el modo de actuar en cada una de ellas.
[6] Recordemos el diagnóstico en cuanto al proceso de esterilización del sindicalismo integrado que abarcaba incluso las otrora fecundas para la lucha Cámaras del Trabajo: “Hasta este último recurso ha sido destruido en la fase actual de la oleada del oportunismo estalinista, puesto que la Cámara del Trabajo, como sede de encuentros febriles de los trabajadores más combativos, ha dejado de existir (tradicionalmente eran millares los trabajadores presentes en las reuniones nocturnas, y era fácil hacer llegar a la mañana siguiente sus decisiones a toda la zona). En su lugar, las clerigallas rosa y roja han construido un corredor con filas burocráticas de ventanillas, donde cada obrero aislado e intimidado va a preguntar cuáles son sus derechos o cuáles son las «disposiciones» llegadas de arriba respecto a algún movimiento ridículo de los de hoy, mascullando luego las consignas recibidas y sollozando por las huelgas castradas.” (Fundamentos del Comunismo Revolucionario, 1957). En estas condiciones, el aislamiento respecto a la clase se produce precisamente manteniéndose en estas organizaciones y haciendo que se mantengan otros atrapados en esta camisa de fuerza del sindicalismo integrado cuya principal función es precisamente aislar y atomizar las luchas de la clase obrera.
[7] En 1996, después de la enésima expulsión de nuestros militantes en el Estado español por su actividad y posiciones comunistas, en este caso de “Solidaridad Obrera” (SO) por parte de la minoría anarquista de dicho sindicato (militantes de Lucha Autónoma), imponiéndose por la fuerza ayudados por grupos estalinistas, pro-cubanos, etc. (ver “El Comunista” nº32, noviembre 1996) la Sección española del Partido decidió aplicar el punto 7 de las Tesis características, promoviendo y ayudando a nacer una organización de lucha inmediata conformada por los grupos organizados que se opusieron a la expulsión, proceso que llevó a la constitución de “Solidaridad y Unidad de los Trabajadores” (SUT). Este paso no puede ser tomado artificialmente en cualquier momento porque deben madurar las condiciones y este es un proceso complejo. Pero se debió haber tomado en el pasado cuando otras ocasiones propicias fueron bloqueadas y desperdiciadas por la Dirección (italiana y francesa) del nuevo curso degenerada en el sentido movimentista que utilizaba la interpretación esterilizada del punto 7 de las Tesis características para evitar la acción sindical. Como puede apreciar cualquiera que lea los estatutos de SUT verá que no sólo no hay un requisito de aceptación de una disciplina política específica sino que se excluye expresamente esta posibilidad: “El sindicato obrero de clase no puede ser estatutariamente monolítico, puesto que en él confluyen distintas corrientes de pensamiento”. Al mismo tiempo también podrá apreciar que se rechazan las formas cerradas del sindicalismo de empresa o de sector, estableciendo una organización territorial unitaria cuyas subdivisiones son territoriales despojando de cualquier autonomía a las secciones sindicales de empresa, sin perjuicio de la máxima facilidad de actuación en nombre y conjuntamente con el conjunto del sindicato: ”Siendo el objetivo del Sindicato la promoción de la solidaridad y el apoyo mutuo entre todos sus afiliados y afiliadas, esto es incompatible con la existencia de separaciones en cuanto a sus medios y recursos económicos o de otro tipo. El compromiso de solidaridad a todos los niveles entre afiliados y afiliadas y grupos organizados, superando las barreras y distancias geográficas, así como las corporativas de empresa o sector, lleva a la conclusión de la necesaria unidad de finanzas y de recursos del movimiento organizado.” y también “El cáncer del movimiento obrero es el sindicalismo de empresa. La organización del Sindicato es territorial porque esta es la forma que mejor permite superar el corporativismo y las limitaciones del sindicalismo de empresa. Las Secciones Sindicales que los afiliados y afiliadas del Sindicato constituyen en el ámbito correspondiente, no son órganos autónomos ni independientes de la Asamblea de la Sección Territorial y de la Asamblea General del Sindicato, no pudiendo tener fondos separados del resto del Sindicato. Las Secciones Sindicales son un instrumento legal de manifestación del sindicato en un ámbito determinado, pero no sustituyen a sus órganos de toma de decisiones: la Asamblea de la Sección Territorial y de la Asamblea General del Sindicato. Las asambleas y reuniones de las Secciones Sindicales serán abiertas al resto de afiliados y afiliadas del sindicato. Las Secciones Sindicales, en cualquier caso, podrán convocar huelga en nombre del Sindicato y promover en nombre del Sindicato cualquier tipo de actuación administrativa y judicial en defensa de los intereses de la clase obrera, así como nombrar los Delegados Sindicales”. En “Fuerza, Violencia y Dictadura en la lucha de clase” (1947) figura este posicionamiento en cuanto a la falsa “bolchevización” que impuso las células de empresa como base de los Partidos comunistas: “Si la función orgánica del partido, no sustituible en ella por ningún otro órgano, es el desarrollo de las luchas económicas de categoría y locales hasta la unidad de la lucha general de la clase proletaria en el plano social y político, no se puede seriamente tener ningún eco de esa tarea en una reunión en la cual figuran solamente trabajadores de una misma categoría profesional y de una misma empresa de producción. Ese ambiente sólo sentirá las exigencias circunscritas y corporativas, la expresión de la directiva unitaria de partido llegará a él sólo desde arriba y como cosa extraña”. Si lo anterior es cierto de una manera vital para el Partido, no deja de serlo – aunque con menor intensidad, en vista de que la primaria función revolucionaria reside en el Partido – para la red de organismos de lucha inmediata en los que éste tiene que desplegar su actuación e influencia, motivo por el cual las Tesis Características establecen inequívocamente que “El partido alienta las formas de organización que facilitan el contacto y la acción común entre los trabajadores de diversas localidades y de distintas profesiones, rechazando las formas cerradas”. También se llega a este resultado de las lecciones del vigor de las Cámaras del Trabajo – que no estaban subdivididas por sectores – en los años 20 en Italia: “Por consiguiente, en la red sindical vemos sobre todo impotentes al sindicato local y a la federación profesional nacional, con la central nacional controlada en casi todas partes por los partidos oportunistas, mientras que la única sede de una acción de clase residía en una época en las sedes intersindicales de ciudades y provincias.” (Fundamentos del Comunismo Revolucionario, 1957). Como hemos recordado “los comunistas asignan más valor al objetivo y a la sustancia de los sindicatos que a su forma” , el problema de “la participación – o de la no participación – del partido comunista revolucionario al trabajo en determinados tipos de sindicatos de un país dado” es un “problema contingente” y las Tesis Características prevén que los organismos de lucha económica puedan“asumir aspectos totalmente nuevos en el futuro, después de los tipos bien conocidos de corporación, sindicato de industria, consejo de empresa, etc”. Por lo tanto, no es una forma ni una organización contingente lo que nos interesa, de la que no se puede excluir además su posible involución – cosa que no podemos excluir ni siquiera para el Partido formal – e incluso integración si el juego de influencias políticas se modifica en el futuro. En Venezuela nuestros compañeros participan en el Núcleo Proletario Clasista, organismo de lucha inmediato que coordina la participación en grupos obreros organizados en otras organizaciones sindicales en la medida en que no se reúnen las condiciones para la conformación de una nueva organización, quedando abierta su posible transformación de coordinadora a sindicato por sí mismo o su participación en la conformación de un nuevo organismo sindical no integrado. En Italia y Chile, nuestros compañeros pueden realizar trabajo sindical sólo esporádicamente tanto dentro como fuera de las organizaciones sindicales existentes. Pero lo que es indiscutible es que esta experiencia en España no sólo no nos ha aislado de la lucha inmediata de la clase obrera sino todo lo contrario, ha permitido hacer más fecunda y extensa la influencia del Partido aportando una afluencia de compañeros que se han acercado al marxismo en la realidad de la lucha (esta “escuela de guerra” que son las huelgas, aunque recordemos con Lenin que no debe confundirse con la guerra misma), y formar militantes con experiencias de lucha y capacidades organizativas reales, muy alejado del panorama desolador de mariscales sin tropa que no sabrían ni siquiera por donde empezar a organizar una huelga y que abundan excesivamente en el panorama de la “izquierda comunista” incluso llevando nuestro mismo nombre de Partido. Sacamos de ello una confirmación adicional de que – sea cual sea el desarrollo y vicisitudes de los organismos de lucha inmediata existentes o futuros – los comunistas no pueden dejar de alentar y ayudar a nacer una red de lucha sindical no integrada, luchando por extender en ella su influencia y alcanzar su dirección a través de su participación en la misma, sin preconstituir esta situación mediante disposiciones estatutarias.
[8] “Tesine”, como se conocía este artículo dentro del Partido, significa “pequeñas tesis” en italiano.
[9] “Queste organizzazioni possono anche non essere i sindacati - e non lo saranno nella prospettiva di una brusca svolta nel senso dell'assalto rivoluzionario (…)” (“il programma comunista” nº3/1972)
[10] “(…) ma, riconoscendovi il sintomo di una istintiva reazione proletaria allo stato di impotenza al quale i sindacati riducono le sue lotte e rivendicazioni, deve trarne motivo per inculcare in uno strato sia pure esile di sfruttati la coscienza di come i loro sforzi, per quanto generosi, siano condannati a rimanere sterili se la classe non trova in sé la forza di provocare e compiere una inversione completa di rotta politica in direzione dell'attacco diretto e generale al potere capitalistico.” (“il programma comunista” nº3/1972)
[11] Circular de la dirección, de 26 de marzo de 1976, republicada y reivindicada por “il Comunista” en el número 34-35.
[12] Órgano de la sección argelina, epicentro de la degeneración nacionalista de la organización formal.
[13] “base minimale que nous pourrons envisager de travailler en commun avec d’autres forces qui ont un programme et une idéologie différente des nôtres”
[14] Expulsados con la excusa de “fraccionismo” por haber mantenido una reunión con unos compañeros del Sur de Francia ante la grave deriva del Partido.
[15] De “attesa” o “attendere”, que significa “espera” o “esperar” en italiano, en el sentido de estar “a la espera”, no de “tener esperanza”
[16] Consideraciones sobre la actividad orgánica del partido cuando la situación es históricamente desfavorable, 1965
[17] Ver en “El Comunista” nº65, “Una consigna incorrupta por encima de las generaciones «de los muertos, de los vivos y de los por nacer»”.
[18] Entrando en 1982, el nuevo curso publica en los órganos de prensa de la organización: "La tiranía del espacio nos ha impedido ofrecer una imagen del movimiento de ocupación de las casas de Berlín en el momento en que, durante la primavera, alcanzó el apogeo de su vigor, entrelazándose con movimientos como los de lucha contra la represión, en defensa de los presos políticos, contra los preparativos de guerra, etc., y permitiendo así a los compañeros intervenir en un terreno cada vez menos espurio desde el punto de vista de la clase". (...)
Es aquí donde se abre para el partido un terreno fértil de agitación, al que ofrecen también condiciones objetivamente favorables para su desarrollo esos 'espacios libres' de vida colectiva, de intercambio de experiencias de lucha y de discusión de problemas sociales y políticos más amplios que los estrictamente ligados a la contingencia, que en Berlín se han convertido las 'casas ocupadas'." (“il programa comunista”, nº 3/1982, p. 6).
Durante el 1982, la dirección degenerada del nuevo curso descubre también una “cuestión juvenil” (“il programma comunista”, nº9/1982), “la capacidad de interrogarse sobre el camino recorrido” (il programma comunista, nº10/1982) y que “Los comunistas por este motivo deben intentar dirigir ellos la reivindicación nacional de los proletarios palestinos” (“il programma comunista”, nº19/1982).
En “le Prolétaire“, nº362 de junio de 1982, se afirma “una posibilidad de ligar la lucha antinuclear con la lucha obrera” y en el plano del “antimilitarismo” pone de ejemplo que “militantes de varias organizaciones participaron en la organización de esta iniciativa” organizada por el nuevo curso. En “Le Prolétaire”, nº363 de 1982, pág. 2, el nuevo curso declaraba “es esencial no partir de la crítica a la OLP”. El número 27 de septiembre de 1982 de El-Oumami llevaba en portada la consigna"Palestine Vaincra !".
[19] Como el epígono de “le Proletáire/il Comunista” en español (nº23 de julio de 2021) que, además de reivindicar la formación del PSOE como “un hito del marxismo en España” (sic), reivindicaba esta artificiosa caracterización realizada por parte del centro parisino, hecha tan solo diez (10) meses antes de que este centro parisino abandonara la organización pretendiendo además su disolución internacional.
<<Contra la cloaca capitalista de cemento, espacio y oxígeno comunista
>>El ciclo histórico de la degeneración de la III Internacional (VI)