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SIGUIENDO EL HILO DEL TIEMPO

XXVIII

 PRECISACIONES A “MARXISMO Y MISERIA” Y A “OFENSIVAS PATRONALES”

(Battaglia Comunista, nº 40 del 26 de octubre al 2 de noviembre de 1949)

Traducido por Partido Comunista Internacional

“El Comunista” / “Per il Comunismo” / “The Internationalist Proletarian”

www.pcielcomunista.org

 

 

El pasaje de Marx sobre la ley general de la acumulación citado en los dos artículos precedentes (Battaglia Comunista, nº37 a 39) de la traducción italiana, ed. Avanti! Cap. XXIII, está bien reproducirlo en una traducción fiel al original alemán.

"Cuanto mayor es la riqueza social, es decir, el Capital en funcionamiento, la extensión y la energía de su crecimiento, como también el número absoluto de los proletarios y la fuerza productiva de su trabajo, tanto más crece la superpoblación relativa, es decir, el ejército industrial de reserva. Estas mismas causas desarrollan tanto la fuerza de trabajo disponible, como la fuerza de expansión del capital. El tamaño proporcional del ejército industrial de reserva crece así con el crecimiento de la riqueza. Pero cuanto mayor es la reserva en relación con el ejército activo de trabajo, tanto más crece la superpoblación estancada cuya miseria está en proporción inversa a su tormento de trabajo. (Arbeitsqual: el traductor italiano dice esfuerzo de trabajo y convierte en incomprensible el conjunto omitiendo el inverso, umgekehrten). Y, por último, cuanto más amplio es este estrato de Lazaro (Lazarusschicht) de la clase obrera y el ejército industrial de reserva, tanto mayor es el pauperismo oficial, burocráticamente reconocido. Esta es la ley absoluta general de la acumulación capitalista".

La cursiva (negrita) es de Marx, que añade: "Tal ley, como cualquier otra, es modificada en sus efectos por múltiples circunstancias cuyo análisis no se trata aquí".

La referencia se remite al estudio del fenómeno en su complejidad desarrollado en el II, III y IV volumen, incompletos, de la obra de Marx, que ha dado lugar a las grandes polémicas sobre la acumulación de Hilferding, Kautsky, Luxemburgo, Bujarin y otros.

La aplicación de una ley simple al campo más completo de los fenómenos reales, habitual en la ciencia y en el estudio de las modificaciones efectivas, no debe confundirse con el abandono o modificación de la ley general. Así, por ejemplo, no contradicen las leyes de Kepler-Newton sobre el movimiento de los planetas los cálculos de las perturbaciones recíprocas de las órbitas en el sistema solar, en el que los planetas son muchos y en ciertos casos no es despreciable el efecto de la atracción entre dos de ellos, así como entre cada uno y la masa dominante del Sol.

Como el astro central y un planeta nunca estarán solos, la clase capitalista y la clase obrera industrial nunca estarán solas en la sociedad real.

En este mismo capítulo, mientras tanto, Marx pone en juego la existencia de clases rurales a los efectos de la relación, que es la que se estudia, entre la difusión del capitalismo y la composición de la clase obrera.

Sin embargo, nos parece importante subrayar que en ningún caso Marx estudia un ambiente sólo de capitalistas y sólo de asalariados. Tal ambiente es absurdo, lo han supuesto y estudiado en vano desde Proudhon en adelante, sindicalistas de todo tipo y los muy recientes «empresistas». La primera y más simple (y siempre válida desde entonces) ley del marxismo considera estos elementos: la clase capitalista – los trabajadores empleados y asalariados – los trabajadores NO EMPLEADOS, pero imposibilitados de salir de la clase proletaria.

Marx expone todo el juego de las cantidades estudiadas con su prosa de incomparable rigor, convencido de hacer la teoría comprensible a los obreros más que si hubiera adoptado un aparato matemático.

Rosa Luxemburgo discute con deducciones numéricas sobre el reparto de la producción entre capitalistas y obreros. Bujarin adopta fórmulas algebraicas. En un sitio que no es aquí, el problema será objeto de otros estudios; aquí hay que hacer la modesta observación de que el cálculo debe tener en cuenta la superpoblación relativa, que es al mismo tiempo proletaria, que vive, y que si vive consume productos que se meten en la cuenta, ya vengan estos de formas bajas y anormales de trabajo, de la venta de bienes comprados en el tiempo de ocupación, de la solidaridad de los no pudientes, finalmente de las medidas igualmente piojosas de la caridad señorial y del reformismo legalitario. Quien paga es siempre el esfuerzo de la minoría obrera en el trabajo, a través del complejo del sistema de la moderna economía privada asociada y pública.

Al fin y al cabo, el Manifiesto había ya dicho que uno de los signos de que la burguesía debe morir es que “no es capaz de dominar, porque no es capaz de asegurar a su esclavo la existencia, ni siquiera dentro del marco de la esclavitud, porque se ve obligada a dejarle decaer hasta el punto de tener que mantenerle, en lugar de ser mantenida por él.” Sean las varias putrefactas instituciones como el ERP un nuevo testimonio de que “su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables”.

Retomamos la descripción de los estratos de la población trabajadora que Marx tomó como premisa de su ley general, después de haberse preguntado: “¿Cuál es el efecto producido por el movimiento de la acumulación capitalista sobre la suerte de la clase asalariada?”

Las piedras angulares de este tratado son simples.

El crecimiento del capital social o acumulación (aparte de la reducción del número de los capitalistas y de las empresas y del aumento acelerado de la importancia económica de cada una: centralización, concentración, a los que se refiere la primera parte del capítulo) determina en general con el progreso técnico una menor proporción de capital salarios respecto al capital total.

En general, pero, la masa de capital salarios sigue aumentando.

En fase ascendente, de expansión, de prosperidad:

  • aumenta el número de los asalariados ocupados en la industria;
  • aumenta también la tasa de los salarios;
  • aumenta también la productividad del trabajo;

En fase descendente, de contracción, de crisis alternas:

  • aumenta, pero demasiado lentamente, o se detiene, el capital salarios total;
  • sigue creciendo el número de proletarios;
  • disminuye el de los obreros ocupados;
  • se forma y se amplía el exceso relativo de población obrera o el ejército de reserva.

Así, Marx divide a toda la población proletaria, la clase proletaria, en estos estratos.

  1. Ejército industrial activo, obreros ocupados.
  2. Superpoblación flotante, obreros que entran y salen de las fábricas por la evolución de la técnica y la distinta división del trabajo que conlleva.
  3. Superpoblación latente, es decir, obreros industriales que vienen cuando es necesario del campo, no pudiendo vivir más que difícilmente a los márgenes de la economía agraria.
  4. Sobrepoblación intermitente, sólo en raros momentos llamada en la gran industria, trabajadores a domicilio, obreros de actividades marginales con salarios muy escasos.
  5. Pauperismo oficial: a) desocupados crónicos, aunque activos en el trabajo; b) huérfanos o hijos de pobres; c) inválidos e incapacitados para el trabajo, viudas, etc.
  6. Fuera de la clase obrera y en el llamado "lumpenproletariado", delincuentes, prostitutas, mala vida.

Una vez surgido y en crecimiento el capitalismo, toda esta masa pierde, por efecto de los procesos de expropiación de acumulación primitiva, toda posibilidad de vivir que no sea el salario. Pero mientras tanto, sólo una minoría afortunada recibe salario. El resto vive como puede. Las leyes de población de los economistas burgueses son ilusorias, la realidad es que los diversos estratos oscilantes trabajan menos y viven peor, proliferan más como "ciertas especies animales débiles y continuamente perseguidas".

Con esta reivindicación fundamental, premisa para cualquier análisis ulterior de la acumulación, queda claro el pasaje de Marx sobre la LEY ABSOLUTA.

Queda claro que el ANTAGONISMO descubierto por Marx no está en el campo de la empresa burguesa, y no es el antagonismo entre el salario del trabajador y la altura de la ganancia del patrón.

Es el antagonismo en el campo de la sociedad entre las clases, la burguesa que se reduce, la proletaria que se dilata.

En los cálculos sobre el reparto del plusvalor entre el consumo personal de los patronos, el destinado a nuevas inversiones en instalaciones fijas y materias primas, y el destinado a nuevos salarios, es necesario prestar atención a esto: no dividir la masa salarial por el número de obreros ocupados, sino por el número TOTAL DE PROLETARIOS.

En el primer caso se ve subir la tasa de salario y se ensalza el capitalismo civilizado y progresivo.

En el segundo se ve crecer el hambre y la miseria de la superpoblación y se amplía el antagonismo de Marx, premisa de la revolución social.

La ley sale a la luz. Más acumulación, menor número de burgueses. Más acumulación, mayor número de obreros, aún mayor número de proletarios semiocupados y desocupados y de peso muerto de superpoblación sin recursos. Más acumulación, más riqueza burguesa, más miseria proletaria.

El falso marxismo se resume en la tesis de que el trabajador puede conquistar posiciones útiles: a) en el estado político con la democracia liberal; b) en la empresa económica con aumentos salariales y reivindicaciones sindicales. Y esto paralelamente al crecimiento de la acumulación de capital. El falso marxismo corteja la doctrina de que el aumento de la producción es el aumento de la riqueza social a repartir entre "todos". Ha traicionado totalmente la ley básica del marxismo.

Surge de esta clarificación de un lado, el estudio económico teórico de la modernísima acumulación, y de otro una conclusión sobre la estrategia de la lucha de clases. Por lo tanto, con los datos de su historia nos hemos propuesto demostrar esto: en el centro del falso marxismo y en la cúspide de la traición está la teoría de la "ofensiva" patronal burguesa capitalista, ya esté ésta representada en el ámbito del estado o de la empresa, y su sucia hija, la práctica del "bloque" y del "frente único".

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