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SIGUIENDO EL HILO DEL TIEMPO

XXIX

DE NUEVO SOBRE LA HINCHAZÓN DEL ESTADO

(Battaglia Comunista, nº 41 del 2 al 9 de noviembre de 1949)

Traducido por Partido Comunista Internacional

“El Comunista” / “Per il Comunismo” / “The Internationalist Proletarian”

www.pcielcomunista.org

 

Para mostrar que los marxistas radicales ortodoxos, los arqueomarxistas, como decían los compañeros griegos, mientras no se mueven de la doctrina originaria por el soplar de tormentas o de ventiscas que nos acarician por detrás, comprenden plenamente el sentido del desarrollo moderno de este régimen capitalista duro en morir, el argumento de la contemporánea Hinchazón del Estado (nº 38 de Battaglia Comunista) requeriría una exposición completa sobre la base de un reordenamiento de los datos de hecho.

Pero se necesitaría un tratado erizado de cifras, documentos y mapas histórico-geográficos que alguna vez están distantes pocos meses, mientras que los de la época en que fuimos a la escuela estaban a siglos de distancia.

Por lo tanto, nos limitamos a pocos ejemplos relativos a los recientes y actuales Estados de Europa. La historia de muchos de ellos da lugar a la tentación, no digamos de novelarla de acuerdo con la costumbre de la moda burguesa de hoy, sino de esopizarla, de fonteinizarla[1] en fabulillas en las que grandes bestias e inocentes pajaritos mantienen sus diálogos admonitorios. Sería materia de broma, si la tragedia no consistiera en el hecho de que mientras todos los giros, transformaciones y convulsiones se producen en medio de la incesante publicidad que los justifica según la civilización, la redención y la elevación de los pueblos, la superestructura real de esta orgía retórica nos muestra territorios enteros de gente trabajadora y desprevenida aplastada por cielos de fuego y llamas, carnaza muerta a montones, carnaza viva arrojada en los recintos de las cárceles y luego puesta en marcha hacia nuevas ubicaciones dictadas por los poderes reguladores y victoriosos, por caminos de martirio con las fustas y las puntas de bayoneta en los riñones. Hay franjas de la llorosa tierra de Europa en las que en pocos años decenas de veces la guerra, la invasión, el cañón, el TNT y la policía de guerra han masacrado a los desgraciados habitantes con el proclamado propósito de crear para ellos una Patria, el monstruoso bien supremo que el Capital dominante promete e inflige a las masas que mantiene esclavizadas.

Estonia. Un pequeño país en el Golfo de Finlandia, de 46.000 kilómetros cuadrados, del tamaño de Toscana y Lombardía sumadas; un millón de habitantes, es decir, menos que Las Marcas. Naturalmente (como para todos los demás que mencionaremos) los pocos burgueses e intelectuales del lugar explican que se trata de una unidad etnográfica, una raza en sí misma de origen finoúgrio, una lengua definida, con una literatura, una historia.

Suficiente para dar derecho a ese millón de campesinos a una serie de deliciosas aventuras: durante siglos el dominio de los zares. En enero de 1918, la independencia, en medio de la guerra europea, como resultado de la gran revolución rusa. En agosto de 1940, durante la Segunda Guerra Mundial pero antes de que Rusia interviniera, anexión a la misma. En julio de 1941, durante el ataque alemán a Rusia, parte de una gobernación de guerra de Alemania. Con el fin de la guerra, la "liberación" de la ocupación alemana, el regreso a Rusia. La fábula se ha terminado.

Lituania. 62.000 kilómetros cuadrados, tanto como Piamonte, Lombardía y Liguria; 3 millones de hombres, menos que Toscana. Con la interpolación de disputas e intercambios con Polonia para recuperar la capital histórica, Vilna, acontecimientos análogos a los de Estonia.

Letonia. Grande como Lituania o poco más, pero con sólo dos millones de habitantes (Las Marcas más Umbría). Independiente en noviembre de 1918 sólo por la voluntad de los aliados victoriosos, que en estos pequeños estados vasallos suyos veían puntos de apoyo (como antes los alemanes) contra la entonces Rusia roja. Entonces el mismo juego desde 1940. Rusos-alemanes-rusos. Cae el telón.

Finlandia. El sentimentalismo burgués podría dar a la fabulilla tintes graciosos de leyenda. El 6 de diciembre de 1917 se proclamó la independencia tras la larga opresión de los zares y las inútiles revueltas seculares, para los 4 millones de habitantes, casi iguales a los del Véneto, en el amplio territorio que la parte ártica hace más grande que Italia. Las simpatías de la Europa burguesa cultivaron allí un intenso antibolchevismo. En medio de la distracción general, la Rusia de Stalin intentó comérsela en 1939-40. Entusiasmos literarios y de civilización occidental a su vez en Alemania y América para el pequeño ejército democrático que se libra con una pequeña amputación, pero en la pulpa, de 35.000 kilómetros cuadrados y medio millón de habitantes. Estos comienzan un doloroso traslado a Finlandia. En diciembre del 41, como resultado de los golpes alemanes a Rusia, que se había acercado a Leningrado, los finlandeses recuperaron sus territorios y emigraron en dirección contraria. A la derrota alemana nuevo ataque ruso, nuevo armisticio y nueva amputación; con el tratado de París de hecho en 1947 Finlandia ha cedido 45 mil km2.

(Otro tema es el de la reconquista de estos desgraciados países de poniente o de levante, una vez terminadas las guerras militares oficiales, con el juego político de los partidos internos, y el aderezo de este sucio asunto con la "lucha de clases", aunque en su edición castrada de "reforma social de estructura". Ahora estamos haciendo aquí estadísticas de kilómetros cuadrados y de animales-hombre, no de filosofías políticas).

Checoslovaquia. Otra hija bilingüe de la guerra de 1914-18, se formó al disolverse el imperio austriaco con quince millones de habitantes y un territorio de 140.000 kilómetros cuadrados, igual al norte de Italia, y más. Un tercio no eran ni bohemios ni eslovacos. En 1938, Alemania recuperó sin derramar sangre los Sudetes, del tamaño de Piamonte, mordisco exquisito. Durante la guerra, los alemanes se comieron el resto, dejando una Eslovaquia protegida de 38.000 kilómetros cuadrados y 2 millones y medio de habitantes (Lacio). Vencida Alemania, el Estado de 1918 se reanudó con unos pequeños recortes (a Rusia 7 mil y 11 mil, más o menos la Umbría). Ahora consta de 13 millones y medio. Satélite ruso. En el periodo de entreguerras exquisito satélite occidental. País para gobiernos de policías monseñores y revolucionarios renegados varias veces seguidas.

Hungría. Otro asunto de poema dignísimo y de historia. En 1914, unida a Austria como un estado igual, era algo más grande que Italia, con 21 millones de habitantes. El Tratado de Trianón la "liberó" cortándole una serie de tajadas y se quedó en 9 millones y 93.000 kilómetros cuadrados. Unida a Alemania en el 38, 39 y 41, arañó a todos sus vecinos y enemigos tradicionales y se hinchó hasta los 15 millones de habitantes. La victoria de 1946 la redujo a las medidas razonables de Trianon. Un pueblo que se muere de indigestión de patriotismo a lo largo de los siglos en nombre de la Europa civilizada de la Fe de la Libertad y si alguien tiene más que lo añada también. Un pueblo que salvó de los turcos a alemanes, eslavos y latinos, pero que entonces era más mongol que aquellos a la luz de la etnografía, y que como ellos se había volcado hacia las pingües llanuras danubianas...

Rumanía. Otro país venido de la historia geográfica hecha panegírico. Tras haber superado bien las dos guerras de los Balcanes y la primera guerra europea y con el viento en popa de una nobleza literaria latina, reunía a 19 millones y medio de personas de todas las razas. En 1940 las cosas se pusieron políticamente en negativo, los rusos arañan Bucovina y Besarabia, los húngaros Transilvania y los búlgaros Dobruja. En 1941 se pelean rusos y alemanes, estos ocupan y fascistizan el país, e le hacen reanexionarse todo, incluso "Transnistria" casi hasta Odesa. Llega el año 1944 y todo el contorno es vomitado. Pero en 1945 se vuelve a anexionar Transilvania en detrimento de los húngaros. Ahora consta de 16 millones y medio y 237.000 kilómetros cuadrados, casi tan grande como la península italiana. La historia de los regímenes de monarquías y repúblicas la ahorramos.

Albania. Felizmente nacida en 1914 entre himnos a la democrática santa carabina, tan grande como el Piamonte pero con sólo un millón de habitantes, en abril de 1939 tuvo la distinguida suerte de unirse a la corona itálica, y en 1941 en tiempos de guerra, se elevó temporalmente a casi dos millones en detrimento de griegos y otros. Tras la victoria contra el Eje, fue restaurada a sus antiguos límites y siguió siendo libre. Alcanzado socialmente el alto capitalismo, puede presumir de estar en el umbral del socialismo de feria.

Yugoslavia. Un asunto complejo. Nacido después de la guerra para actuar como centinela de los zares reuniendo a los "eslavos del sur", el Reino S.H.S. comprendía tres pueblos con accesorios. Tan grande como Italia sin las islas, sobrepasaba los 15 millones. Durante la última guerra las vio de todos los colores, repartida en no menos de ocho trozos en abril de 1941, después de que el asunto político-militar hubiera tenido una explicación clásica: en pocos días gobiernos igualmente hinchados de "autodecisión" popular se habían aliado con el grupo de estos y luego con el de aquellos. Los alemanes bajaron rápidamente e hicieron pedazos el estado. La mejor pieza del rompecabezas fue el Estado de Croacia con el designado rey de Saboya: un centenarcillo de kilómetros cuadrados y seis millones y medio de habitantes, algo más que Lombardía. El 29 de noviembre de 1945 la república volvió a recomponerse en las mismas dimensiones que en 1918; políticamente aún hay que esperar unos meses para saber en qué lado tiene la cola y en cuál los cuernos.

Polonia. Dulcis in fundo. Reconstituida tras el largo paréntesis en noviembre de 1918 con las tres piezas prusiana, rusa y austriaca, formó un conjunto de 34 millones de hombres en 388 mil kilómetros cuadrados; menos población, más territorio que Italia.

Aquí la orquesta, que al paso por Hungría necesitaba llorones violines gitanos, puede escoger en la música más clásica una marcha fúnebre.

Fue el 1 de noviembre de 1939 cuando Alemania se anexionó la parte occidental del país mediante una guerra relámpago, mientras que por efecto del pacto con Rusia esta ocupa la parte oriental el día 17. Por suerte para el carnero polaco, los dos feroces carnívoros se enfrentan. Referimos estas indicaciones zoológicas a los complejos estatales organizados y a sus pretorianos: para la masa de la población la "suerte" es otra. La Polonia actual consagrada el 9-5-45 es más pequeña: 24 millones 310 mil kilómetros cuadrados. Pero esto significa poco. Rusia en definitiva se quedó con 180.000 kilómetros cuadrados y 14 millones de habitantes, pero a Alemania se le arrebataron 103.000 kilómetros cuadrados, en los que 5 millones de personas se permitían vivir. Se expulsó a más de dos millones de alemanes para empujarlos a la Alemania conquistada y ocupada, mientras que a los polacos que permanecieron al otro lado de las fronteras con la URSS se les hizo emigrar a la actual zona polaca. Parece un mal sueño en el que se vean en las páginas de un atlas las líneas y los colores bailando locamente.

Por supuesto, no mencionamos a los neutrales profesionales; Suizas, Iberias y Escandinavias, que también han visto sus problemas, o los verán, ni a los grandes cuerpos que salieron de la guerra mejor, y con el León británico y el Gallo francés dejamos al Burro italiano a su aire.

Un simple vistazo a las cifras de dos monstruos de la Hinchazón: Alemania hasta ayer, Rusia hoy.

La estadística de la Alemania de Versalles presenta 14 etapas de expansión a través de anexiones y conquistas, hasta la ruina. El imperio de los Hohenzollern tenía 65 millones de habitantes en 540.000 kilómetros cuadrados. Versalles dejó las cifras prácticamente en pie. En plena guerra victoriosa, en agosto de 1941, aparte de los inmensos territorios ocupados militarmente y de los estados satélites, el Reich se había hinchado a no menos de 120 millones de súbditos. Después de la derrota, los alemanes se distribuyeron así: zona americana 17 millones, inglesa 22, francesa 6, rusa 17, Berlín 3.

En cuanto al Oso ruso, en 1939 se consideraban 173 millones de habitantes, en los territorios rusos y asiáticos en los que las cifras empiezan a no tener sentido.

Después de las anexiones a Occidente, se habla de 195 millones, habiendo compensado la espantosa pérdida de 17 millones debido a la guerra. Los territorios ganados a poniente son los arrebatados a Finlandia, Estonia, Lituania, Polonia, Eslovaquia, Hungría y Rumanía, un conjunto comparable en tamaño a Italia.

No hemos hablado, por tratarse de otros temas, de los tipos de organización central o federal, poniendo en evidencia las unidades en el plano de la fuerza armada que es absorbente. Tampoco era el lugar para hablar de los imperios de ultramar, sobre los que, contra algunas apariencias, prevalece el hecho de la concentración. En los continentes no europeos, América en su conjunto tiende a convertirse en un solo estado bajo la hegemonía de Washington (véase la actitud en las guerras europeas de los estados menores). Japón ha seguido el proceso de Alemania en la carrera inversa hacia la hinchazón. Los regímenes chinos responden básicamente a la necesidad de sustituir bajo la bandera del Capital la autonomía práctica de un centenar de provincias nominalmente unidas en el antiguo Imperio Celeste por un Centro estatal único. La supuesta liberación de la India es a su vez el fin de la autonomía de cientos de principados y sultanatos feudales en beneficio de dos centros modernos de burocracia y negocios. Y así para todos los figurantes marginados de color en la Asamblea de las Naciones Unidas, verdadero mercado donde se comercia con los pueblos y se curten sus pieles para los bolsos de cuero amarillo de algunas decenas de rufianes. Marx escribió que al trabajador que iba al mercado no le quedaba más que ser curtido. La ONU, y no Hilse Koch[2], ha cumplido la profecía.

[1] N.d.T.: de Esopo y La Fontaine, escritores de fábulas.

[2] N.d.T.: Ilse Koch: Coronel del campo de concentración de Buchenwald y mujer de su comandante. Acusada de crear diversos objetos con la piel de los prisioneros.

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