Lo que distingue a nuestro partido

Aviso a navegantes

Programa del Partido Comunista Internacional

La degeneración de 'programma comunista' y nuestra batalla  

La fisonomía del proceso degenerativo del Nuevo Curso (1972-1982)

Le Prolétaire/il Comunista: punta de lanza de la degeneración revisionista del nuevo curso

 


 

 

Lo que distingue a nuestro partido

La línea que va de Marx a Lenin, a la fundación de la Internacional Comunista y del Partido Comunista de Italia (Livorno 1921); la lucha de la Izquierda Comunista contra la degeneración de la Internacional, contra la teoría del “socialismo en un solo país” y la contrarrevolución estalinista; el rechazo de los Frentes Populares y de los Bloques de la Resistencia; la dura obra de restauración de la doctrina y del órgano revolucionarios, en contacto con la clase obrera, fuera del politiqueo personal y electoralesco.

 

  

Aviso a navegantes

La web se demuestra demasiado a menudo como un factor altamente desorganizador en la medida en que para los trabajadores y militantes que se acercan a las posiciones del marxismo y de la Izquierda Comunista se hace imposible distinguir el grano de la paja en medio de todo el ruido que se genera y que hace virtualmente indistinguibles entre si a los varios grupos y grupitos que se presentan en la galería. A parte de la posibilidad de que la página sea controlada, intervenida y clausurada.

En este sentido no creemos que sea nuestra función participar en una estéril carrera “estética” con la que se enmascara la falta absoluta de contenido programático comunista de tantas organizaciones ni tampoco inundar una web con montañas de textos a los que se nos supondría una vacía adhesión, completamente desvinculada de la lucha material por el comunismo.

“La vida del partido se debe integrar en todas partes, siempre y sin excepciones, en un esfuerzo incesante para injertarse en la vida de las masas, y también en sus manifestaciones influenciadas por directrices contrapuestas a las nuestras. (…) En muchas regiones el partido tiene ahora detrás de sí una notable actividad en este sentido, si bien deberá cada vez más afrontar dificultades graves y fuerzas contrarias, superiores al menos estadísticamente. Es importante establecer que, incluso donde este trabajo no ha alcanzado todavía una apreciable preparación, es rechazada la posición por la cual el pequeño partido se reduzca a círculos cerrados sin ligazón con el exterior, o limitados a buscar adhesiones en el solo mundo de las opiniones, que para el marxista es un mundo falso siempre que no sea tratado como superestructura del mundo de los conflictos económicos. Sería erróneo que el partido subdividiera a sus agrupamientos locales en compartimentos cerrados que fueran activos sólo en uno de los campos de la teoría, de estudio, de investigación histórica, de propaganda, de proselitismo y de actividades sindicales, que en el espíritu de nuestra teoría y de nuestra historia son absolutamente inseparables, y en principio accesibles a todos y cada uno de los compañeros.”(Tesis de Nápoles – 1965)

Nosotros consideramos que nada puede sustituir el estudio colectivo de los textos del marxismo y la discusión de los temas fundamentales del curso del imperialismo en contacto directo con los militantes organizados en el Partido y con las vicisitudes de la lucha física de la clase obrera hacia su reorganización.

Mantenemos este punto de contacto para facilitar la referencia de compañeros y simpatizantes pero estamos absolutamente alejados de la pretensión de presentar una imagen completa del contenido y fisonomía de nuestra actividad que se desarrolla necesariamente en múltiples ámbitos y aspectos que una web no puede recoger.

Animamos a los trabajadores y simpatizantes que lean estas líneas a cotejar atentamente las posiciones que se exponen en esta página con las clásicas posiciones del marxismo mantenidas por Marx, Engels, Lenin y la Izquierda Comunista, defensora del marxismo integral desde 1881, y a tenerlas no como la opinión de uno o varios “individuos” sino como balances dinámicos de choques acaecidos entre fuerzas reales de notable grandeza y extensión. A todos vosotros, os animamos a contactar con el Partido para pedir más material, para conocer y entender nuestra actividad militante y para organizaros en la lucha para abatir al monstruo capitalista.

 

 

Programa del Partido Comunista Internacional

Los fundamentos de la doctrina son los principios del materialismo histórico y del comunismo crítico de Marx y Engels, enunciados en El Manifiesto de los Comunistas, en El Capital y en sus otras obras fundamentales, base de la constitución de la Internacional Comunista en 1919, del Partido Comunista de Italia en 1921, y contenidos en los puntos del programa del partido publicado en «Battaglia Comunista», nº 1 de 1951 y vuelto a publicar varias veces en «Il Programma Comunista».

Se transcribe aquí el texto del programa:

El Partido Comunista Internacional está constituido sobre la base de los siguientes principios, establecidos en Livorno en 1921 en la fundación del Partido Comunista de Italia (Sección de la Internacional Comunista).

1.- En el actual régimen social capitalista se desarrolla una contradicción siempre creciente entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, dando lugar a la antítesis de intereses y a la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía dominante.

2.- Las actuales relaciones de producción están protegidas por el poder del Estado burgués que, cualquiera que sea la forma del sistema representativo y el empleo de la democracia electiva, constituye el órgano para la defensa de los intereses de la clase capitalista.

3.- El proletariado no puede romper ni modificar el sistema de las relaciones capitalistas de producción, del que deriva su explotación, sin la destrucción violenta del poder burgués.

4.- El órgano indispensable de la lucha revolucionaria del proletariado es el partido de clase. El partido comunista, reuniendo en su seno a la parte más avanzada y decidida del proletariado, unifica los esfuerzos de las masas trabajadoras dirigiéndolas de las luchas por intereses de grupo y por resultados contingentes, a la lucha general por la emancipación revolucionaria del proletariado. El partido tiene el deber de difundir entre las masas la teoría revolucionaria, de organizar los medios materiales de acción, de dirigir a la masa trabajadora en el desarrollo de la lucha asegurando la continuidad histórica y la unidad internacional del movimiento.

5.- Después del derrocamiento del poder capitalista, el proletariado no podrá organizarse en clase dominante más que con la destrucción del viejo aparato estatal y la instauración de su propia dictadura, esto es, privando de todo derecho y de toda función política a la clase burguesa y a sus individuos mientras sobrevivan socialmente, y basando los órganos del nuevo regimen únicamente sobre la clase productora. El partido comunista, cuya característica programática consiste en esta realización fundamental, representa, organiza y dirige unitariamente la dictadura proletaria. La necesaria defensa del Estado proletario contra todas las tentativas contrarrevolucionarias sólo puede ser asegurada privando a la burguesía y a todos los partidos hostiles a la dictadura proletaria, de todo medio de agitación y de propaganda política, y con la organización armada del proletariado para rechazar los ataques internos y externos.

6.- Sólo la fuerza del Estado proletario podrá aplicar sistemáticamente todas las sucesivas medidas de intervención en las relaciones de la economía social, con las cuales se efectuará la substitución del sistema capitalista por la gestión colectiva de la producción y de la distribución.

7.- Como resultado de esta transformación económica y las consiguientes transformaciones de todas la actividades de la vida social, irá eliminándose la necesidad del Estado político, cuyo engranaje se reducirá progresivamente a la administración racional de las actividades humanas.

 

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La posición del partido ante la situación del mundo capitalista y del movimiento obrero tras la segunda guerra mundial se fundamenta en los puntos siguientes:

8.- En el curso de la primera mitad del s.XX, el sistema social capitalista ha ido desarrollándose, en el terreno económico, con la introducción de los sindicatos patronales con fines monopolistas y las tentativas de controlar y dirigir la producción y los intercambios según planes centrales, hasta la gestión estatal de sectores enteros de la producción; en el terreno político, con el aumento del potencial policial y militar del Estado y el totalitarismo gubernamental. Todos estos no son nuevos tipos de organización social con carácter de transición entre capitalismo y socialismo, ni menos aún un retorno a regímenes políticos preburgueses; por el contrario, son formas precisas de gestión aún más directa y exclusiva del poder y del Estado por parte de las fuerzas más desarrolladas del capital.

Este proceso excluye las interpretaciones pacifistas, evolucionistas y progresivas del devenir del régimen burgués, y confirma la previsión de la concentración y de la disposición antagónica de las fuerzas de clase. Para que las energías revolucionarias del proletariado puedan reforzarse y concentrarse con potencial correspondiente al enemigo de clase, el proletariado debe rechazar, como reivindicación suya y como medio de agitación, el retorno ilusorio al liberalismo democrático y a la exigencia de garantías legales, y debe liquidar históricamente el método de las alianzas con fines transitorios del partido revolucionario de clase, tanto con partidos burgueses y de la clase media como con partidos pseudo-obreros con programa reformista.

9.- Las guerras imperialistas mundiales demuestran que la crisis de disgregación del capitalismo es inevitable, con la apertura decisiva del período en que su expansión no exalta más el incremento de las fuerzas productivas, sino que condiciona su acumulación a una destrucción repetida y creciente. Estas guerras han acarreado crisis profundas y reiteradas en la organización mundial de los trabajadores, habiendo podido las clases dominantes imponerles la solidaridad nacional y militar con uno u otro de los bandos beligerantes. La única alternativa histórica que se debe oponer a esta situación es la de volver a encender la lucha de clase en el interior hasta llegar a la guerra civil de las masas trabajadoras para derrocar el poder de todos los Estados burgueses y de las coaliciones mundiales, con la reconstitución del partido comunista internacional como fuerza autónoma frente a todos los poderes políticos y militares organizados.

10.- El Estado proletario, dado que su aparato es un medio y un arma de lucha en el período histórico de transición, no extrae su fuerza organizativa de cánones constitucionales y de esquemas representativos. El máximo ejemplo histórico de organización ha sido hasta hoy el de los Consejos de Trabajadores, aparecido en la revolución rusa de Octubre de 1917, en el período de la organización armada de la clase obrera bajo la sola guía del partido bolchevique, de la conquista totalitaria del poder, de la disolución de la Asamblea Constituyente, de la lucha para rechazar los ataques exteriores de los gobiernos burgueses, y para aplastar en el interior la rebelión de las clases derrotadas, de las clases medias y pequeño burguesas, y de los partidos oportunistas, aliados infalibles de la contrarrevolución en sus fases decisivas.

11.- La defensa del régimen proletario, contra los peligros de degeneración ínsitos en los posibles fracasos y repliegues de la obra de transformación económica y social, cuya ejecución integral no es concebible en los límites de un solo país, puede ser asegurada por una continua coordinación de la política del Estado obrero, con la lucha unitaria internacional del proletariado de cada país contra la propia burguesía y su aparato estatal y militar, lucha incesante en cualquier situación de paz o de guerra, y mediante el control político y programático del partido comunista mundial sobre los aparatos del Estado en que la clase obrera ha conquistado el poder.

 

 

La degeneración de 'programma comunista' y nuestra batalla

En el nº1 de “El Comunista” (nueva edición), de mayo de 1983, con el que retomábamos la publicación de la revista del Partido en castellano, publicamos unas modestas pero suficientes notas con el título “La degeneración de programma comunista y nuestra batalla” que resumen las causas históricas de esa degeneración, las principales manifestaciones externas del proceso y la decisión de romper (en el caso de la sección española, enero de 1982) con la disciplina formal de una organización que ya no representaba el hilo histórico del Partido. Estas notas no fueron una elaboración “local” de la sección española, sino que habían sido publicadas por los compañeros de la sección de Schio en febrero de 1983 como parte del esfuerzo internacional de mantener la continuidad del Partido fuera de la organización formal degenerada.

Habíamos sido expulsados por el denominado "Nuevo Curso" primero sustancialmente – como habían sido expulsados los planteamientos de la Izquierda en general por el denominado nuevo curso – y, por esto, decidimos romper la disciplina formal que para los marxistas no significa nada si no está vinculada a la continuidad de la línea y a la unidad de doctrina-programa-táctica.

No se hizo esperar demasiado la confirmación ulterior de que la dirección de esa organización formal no representaba ya el hilo histórico del Partido. Esa dirección contra cuya degeneración habíamos mantenido nuestra batalla, fue estallando sucesivamente en pedazos unos meses después: en octubre de 1982 (cuando rompieron sobre bases siempre más activistas El-Oumami, Proletarier y el centro parisino); en junio de 1983 cuando se da rienda suelta al “debate interno” abiertamente democrático y una parte de la redacción se hace a un lado; en enero de 1984 cuando esta última parte recuperó en los tribunales la revista y la otra parte empezó a publicar “Combat”; en 1985 cuando de “Combat” se desgaja “il Comunista” y se fusiona con “le Prolétaire”.

Es importante notar que nuestro nº1 de mayo de 1983 es anterior a la reyerta por el control de “il programma comunista” a partir de junio de 1983 entre las distintas variantes del nuevo curso que no se habían declarado abiertamente liquidacionistas del envoltorio formal del Partido y las describe a todas ellas.

 

 

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LA DEGENERACIÓN DE PROGRAMMA COMUNISTA Y NUESTRA BATALLA

[El Comunista nº1 - mayo 1983]

 

Con estas modestas notas trataremos de explicar a todos aquellos que nos conocían como sección del Partido Comunista Internacional porqué se ha llegado a la ruptura entre la organización Programma comunista y nosotros. Van dirigidas sobre todo a aquellos que han seguido nuestra actividad y nos han visto intervenir en las luchas de la zona con continuidad, sin facilonerías y efímeros entusiasmos; que quizás nos han criticado por lo que podía parecer un presunto sectarismo de nuestras posiciones políticas y sindicales (pero por el estado actual de “programma comunista” se ve donde se puede llegar incluso con la mínima concesión respecto a posiciones para nosotros irrenunciables), pero no ha podido acusarnos jamás de falta de coherencia en nuestro trabajo siempre ligado al hilo rojo que va desde Marx a Lenin y a las posiciones de la Izquierda Comunista Italiana.

Tal ruptura no ha sido improvisada, sino que es la inevitable conclusión de un afanado proceso, de al menos dos años, que no nos ha visto pasivos, encerrados en la torre de marfil de una presunta integridad política (habría sido una posición antimarxista), muy por el contrario nos ha visto conducir en primera fila una batalla tanto dentro como fuera de la organización para intentar torcer aunque fuera con nuestras limitadas fuerzas, las líneas de tendencia que se alejaban cada vez más del rumbo clasista que siempre había sido patrimonio de nuestra organización. Por otra parte, éramos conscientes, tanto de la imposibilidad de hacer girar en seco al conjunto del Partido, donde ya estas tendencias habían echado profundas raíces (salvo quizás el caso remoto de un cambio drástico de la situación externa con una reanudación generalizada de la lucha de clase), como de la necesidad no obstante esto de “remachar los clavos” y de echar las bases para que no se dispersasen las fuerzas que se oponían al “nuevo curso”.

La degeneración de “Programma Comunista” no ha acaecido de improviso (como por otra parte ningún partido comunista ha degenerado nunca de hoy a mañana; los créditos de guerra votados en 1914 por la socialdemocracia alemana no han sido solo la traición de un núcleo de dirigentes corrompidos, sino el producto de fuerzas materiales operantes desde hacía años, que habían conseguido vaciar, en una situación de relativa paz social, al partido de toda voluntad y posibilidad de lucha, integrándolo en el sistema parlamentario burgués, aunque sobre el papel quedasen altisonantes declaraciones de principio). La degeneración de “programma” no ha sido por tanto obra de una fantomática “banda de los cuatro” sino del proceso tremendo de una contrarrevolución que dura ya más de 50 años y ha permitido la infiltración en nuestra organización, que era la única que había conseguido, desde 1945 hasta hoy, conservar intacto el patrimonio programático y táctico del marxismo, de tendencias veleitarias y empíricas (aunque inicialmente solo tendencias y además enmascaradas bajo el ropaje de una formal disciplina hacia los principios).

De este proceso se han salvado pocas “islas”, donde ha habido mayormente la posibilidad de realizar un constante trabajo en el interior de la clase obrera, la existencia de una red de simpatizantes ligados al partido sobre precisas posiciones programáticas y sobre los intraspasables límites tácticos de éstas derivantes, y sobre todo la fusión entre la vieja guardia de la izquierda y las nuevas generaciones; no ha habido saltos en el hilo del tiempo: los jóvenes han aprendido de los viejos, no sólo el ABC del marxismo, sino un método y el sentido de la militancia, no ha existido en el momento en que llegaban al centro del partido las primeras indicaciones desentonantes, ni una diáspora de compañeros, apercibidos del cambio de rumbo, ni la resolución, entonces equivocada (porque a priori no se podía excluir la aún remota posibilidad de una inversión de tendencia), de salir de la organización. La cuestión por otra parte había sido esculpida en las tesis de Lyon de 1926.

“Siendo absurdo y estéril además de peligrosísimo, pretender que el P. y la Internacional estén misteriosamente asegurados contra toda recaída en el oportunismo, que pueden depender de mutaciones de la situación como del juego de los residuos de las traiciones socialdemócratas, en la resolución de nuestros problemas, se debe admitir que toda diferenciación de opinión no reducible a casos de conciencia o desfatismo personal puede desarrollarse en una útil función de preservación del Partido, y del proletariado en general de peligros graves, si estos se acentuasen, la diferenciación tomaría inevitablemente pero útilmente la forma fraccional, y esto podría conducir a escisiones no por el infantil motivo de una falta de energía represiva por parte de los dirigentes, sino solo en la dañada hipótesis del hundimiento del P., y de su sumisión a influencias contrarrevolucionarias… En la situación actual en el COMINTERN no se delinea la constitución de una oposición internacional de izquierda, la formación de una tal oposición será al mismo tiempo una necesidad revolucionaria y un reflejo espontáneo de la situación”.

En tales ocasiones se expresan por tanto, sin trabajo “subterráneo” que no pertenece a nuestra tradición, todas nuestras dudas respecto a las tendencias innovadoras circulantes ya sea en el centro como en la periferia del partido, denunciando el estado de crisis.

En efecto, el partido desde el inicio de los años 70 atraviesa un estado de crisis intermitente ¿Cuáles son las causas? La crisis del sistema capitalista, se agrava cada año más, crece la desocupación, aumentan los despidos, disminuyen los salarios, empeoran las condiciones de vida de los proletarios y brotan focos de guerra en cada parte del globo mientras la guerra comercial se agudiza cada vez más. A esta crisis económica no corresponde sin embargo una reanudación de la lucha de clase e incluso si esporádicamente estallan llamaradas de rabia obrera, el proletariado de las grandes metrópolis da poquísimos signos de reanudación.

El oportunismo, que ha desarmado tanto material como ideológicamente al proletariado en la 1ª postguerra, conserva todavía su influencia disgregadora y desmoralizadora sobre la clase obrera.

Dos son los elementos a tener en consideración: CURVA ECONÓMICA: crisis capitalista en ascenso y CURVA SOCIAL: (o de reanudación del movimiento de clase) aplastada o directamente en descenso.

Se tratara por tanto, y no será ciertamente fácil, de no dejarse llevar por el ansia del colmar el retraso (subjetivamente incolmable !!) entre estas dos curvas, ni mayor razón imputar a causas subjetivas este retraso, sino por el contrario ser todavía más férreos frente a esta situación desfavorable defendiendo las posiciones de siempre, afilando las armas de la crítica, remachando los límites inderogables de la rosa de las eventualidades tácticas ya trazadas en grandes líneas para este ciclo histórico; trabajo sin duda pesado en cuanto no se ven ni siquiera los prolegómenos de la gran oleada revolucionaria, pero necesario e inderogable para poder llegar con un partido aunque sea pequeño, pero revolucionario, a la cita histórica de la coincidencia de las dos curvas.

En el interior de “Programma comunista” se escucha cada vez más a menudo hablar de retraso de fase, de hábitos viejos e inveterados a olvidar, de nuevo ciclo histórico que ha cogido insuficientemente preparado al partido y en consecuencia de la necesidad de colmar el “retraso” (o sea, de colmar con la voluntad el retraso entre curva económica y curva social).

Dado que la clase obrera está “amorfa”, se individualizan sectores preferenciales de intervención como estudiantes, parados, inquilinos, mujeres, jóvenes, subproletarios (que efectivamente pueden ser los que más se resienten de la crisis, pero no poseen ninguna homogeneidad de clase precisamente porque no son clase) identificándoles como los estratos más sensibles del proletariado, desde donde la lucha puede extenderse envolviendo a la clase obrera (mientras que el proceso es todo lo contrario, es decir, las clases medias son trajinadas por la clase obrera en lucha). En la misma óptica se tiende a sobrevalorar las luchas del proletariado y del ala izquierda de la burguesía tercermundista, y se considera que el gran sobresalto contra el sistema capitalista pueda partir de la periferia. Al mismo tiempo y consecuentemente, se comienza a dilatar peligrosamente la rosa de eventualidades tácticas de intervención del partido en el proletariado, para colmar el presunto retraso. En 1951 las “Tesis características” del partido decían: “Para acelerar la reanudación de clase no existen recetas a punto. Para hacer escuchar a los proletarios la voz de la clase no existen maniobras ni expedientes, que como tales no harían aparecer al partido como es verdaderamente, sino como una desfiguración de su función, en deterioro y prejuicio de la efectiva reanudación del movimiento revolucionario, que se basa sobre la madurez real de los hechos y de la correspondiente adecuación del partido, habilitado en esto solamente para su inflexibilidad doctrinaria y política”.

Se proyecta de hecho en una situación de éxtasis la posibilidad del “frente único” y se despacha como tal el acuerdo entre grupos políticos con una influencia limitada sobre limitadísimos grupos obreros. Se da una posible patente de clase a sectores del movimiento pacifista (que representan una de las expresiones de la ideología burguesa y contrarrevolucionaria tendente al desarme del proletariado)

Se comienza rompiendo con el método del centralismo orgánico usando el arma de expulsión para eliminar las posiciones de crítica que cada vez más numerosas se levantan contra las tendencias desviacionistas. Se llega finalmente, a nivel internacional no solo a apoyar, sino también a buscar una ligazón con una organización de siempre denunciada como burguesa como la OLP.

Frente a esta “escalation”, donde al final el eclecticismo en materia táctica se ha traducido en el renegar de posiciones de principio, donde no era más posible, so pena de ponerse a la zaga, permanecer en tal organización, hemos rechazado la aceptación de la disciplina formal, porque otra disciplina no caporalesca nos ha guiado siempre. Hemos mantenido los lazos con los expulsados (y lo hemos reivindicado abiertamente), hemos estrechado lazos con otros compañeros (España, Italia en particular, pero no solo) que como nosotros se oponían a la “degringolade” del partido. En la actividad por la ruptura hemos reivindicado, una vez más, el método adoptado desde siempre por los comunistas para llegar a una escisión que fuese orgánica y no voluntarista, clara y no fruto de sugestiones del momento, en una batalla que ha sido siempre abierta y no clandestina.

Siempre nos ha guiado el reclamo a nuestra tradición, a nuestros principios, a nuestro método, la adhesión al trabajo que se reafirmó en el partido desde 1952.

Continuaremos sobre esta vía de la Izquierda con todos aquellos compañeros que trabajan por la reafirmación integral del programa comunista.

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La fisonomía del proceso degenerativo del Nuevo Curso (1972-1982)

 

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LA FISONOMÍA DEL PROCESO DEGENERATIVO DEL NUEVO CURSO (1972-1982)

 

 

Un balance de la degeneración de “il Programma Comunista” entre 1972 y 1982

Coincidiendo con la digitalización de nuestro archivo, tenemos la intención de iniciar en este número y siguientes una profundización y desarrollo del balance de lo que fue el proceso degenerativo conocido internamente como nuevo curso y nuestra lucha (que no fue la única) contra este proceso revisionista, en defensa de la continuidad del programa comunista dentro del viejo Partido.

Para centrar la cuestión, no es el objetivo inmediato de este trabajo criticar los posicionamientos actuales de la publicación “il Programma comunista”, sin perjuicio de afrontar este tema más limitado en el futuro. Igualmente, afrontaremos la crítica del papel que jugaron entonces ésta y otras organizaciones actuales que se reclaman del Partido[1], como resultado colateral de este trabajo, en la medida en que esté en relación con el proceso degenerativo que estudiamos.

Cuando hablamos de hacer un balance de la degeneración de “il Programma comunista” nos referimos al proceso vivido en los años setenta e inicios de los ochenta dentro del Partido reconstituido después de la segunda guerra mundial sobre la base de la continuidad del programa comunista y de las lecciones sacadas de la degeneración de la Internacional Comunista y de la lucha de la Izquierda comunista italiana en su seno, cuyo órgano principal fue la revista “il Programma Comunista”, como lo había sido antes “Battaglia Comunista” y “Prometeo”, revistas donde están publicados nuestros textos fundamentales.

Como en el caso de la Internacional comunista, en los años 70, una serie de desviaciones tácticas se fueron transformando en desviaciones programáticas y llevaron a una serie de desviaciones organizativas para imponer el nuevo curso al conjunto de la organización que reaccionaba contra estas desviaciones, hasta llevar a una serie de rupturas internas, que tomaron forma de expulsiones y escisiones, que se generalizaron a inicios de los 80.

El tema es complejo y requiere una no desdeñable extensión para poder exponer adecuadamente los distintos puntos de choque entre la corriente (o, en realidad, corrientes) que desde la dirección del Partido quería someter a revisión sus bases teóricas programáticas y tácticas, por un lado, y, por otro lado, la corriente (en realidad, también corrientes) que luchó contra esta degeneración desde un aislamiento relativo impuesto por las circunstancias.

Ante este problema es notorio que la actual publicación de “il Programma Comunista” decidió correr un tupido velo como si nada hubiera pasado[2] y que, por el contrario, “le Prolétaire/il Comunista” desde entonces ha ido regurgitando pretendidos “balances” en los que defienden la actuación del Centro de entonces (su propia actuación), contradiciéndose a sí mismos a cada paso, cambiando la versión de los hechos y mudando la piel varias veces en el proceso; todo con el objetivo de sepultar bajo una montaña de tierra sus posiciones y actuación de entonces.

Ambos fragmentos, provenientes del centro degenerado de entonces, tienen en común que circunscriben la crisis degenerativa a partir de octubre de 1982 en Francia y de junio de 1983 en Italia. Es decir, ambos reivindican la línea táctica, programática y organizativa que ellos impusieron al Partido desde 1972 y sitúan la crisis en el momento en el que ellos fueron desplazados de sus posiciones dirigentes (aunque como es notorio los actuales responsables de “le Prolétaire/il Comunista” legalizaron “Combat” y controlaban su caja económica), después de haber realizado todo el trabajo de destrucción interna de las posiciones de la Izquierda.

El bubón que estalló a finales de 1982 y que fue estallando secuencialmente en el posterior periodo de canibalismo entre los que habían impuesto al Partido su línea interclasista y activista, se fue preparando en un proceso que empezó mucho antes.

En este número sólo podremos esbozar los temas que se profundizarán más adelante, siendo el objetivo principal presentar una descripción sintética pero suficientemente detallada de la fisonomía del nuevo curso, cómo se manifestó externamente el proceso degenerativo.

 

Las crisis precedentes

La crisis a la que nos referimos no es la única crisis que ha sufrido el Partido formal reconstituido después de la segunda guerra mundial. Otras, cuyo estudio es incluso más importante, son tanto la ruptura con el activismo dameniano que se hizo con el control de Battaglia Comunista y Prometeo en 1952 (hoy “Tendencia Comunista Internacionalista”) como la doble ruptura que representaron las Tesis de 1965-66 contra la desviación místico-idealista (que dio lugar a la revista “Invariance”) y contra la desviación activista que quería reintroducir el centralismo democrático en el Partido (que dio lugar a “Rivoluzione Comunista”).

En la lucha contra estas desviaciones, el Partido produjo materiales teóricos fundamentales, remachando la continuidad del programa comunista, saliendo reforzado en su bagaje teórico, táctico y programático. Las “Tesis características” (1951), las “Consideraciones sobre la actividad orgánica del Partido cuando la situación es históricamente desfavorable” (1965), las “Tesis de Nápoles” (1965) y las “Tesis de Milán” (1966) condensan – junto a otros textos – las bases fundamentales del Partido, en completa continuidad con las “Tesis de la Fracción Comunista Abstencionista” (1920), las “Tesis sobre la táctica del Partido Comunista, de Roma” (1922), las “Tesis sobre la táctica presentadas en el IV Congreso de la IC” (1922) y las “Tesis de Lyon” (1926).

No se puede decir lo mismo de la ruptura[3] de 1973 con los “florentinos” que hoy publican “il Partito comunista”. Las posiciones defendidas entonces y llevadas a cabo en la organización en cuanto a la táctica sindical eran erróneas[4] y constituían una desviación del análisis hecho por el Partido sobre la naturaleza de las grandes organizaciones sindicales en la dinámica de integración en el Estado. Pero las posiciones de quienes se mantuvieron e incorporaron a la dirección del Partido eran igualmente confusas, oscilantes e incorrectas, como se fue manifestando posteriormente. Así, cuando analicemos las desviaciones tácticas y más concretamente la cuestión sindical, veremos que las “tesine sindacali”[5] de 1972 (publicadas como “il partito di fronte alla questione sindacale" en “il programma comunista” nº3/1972) contienen posiciones espontaneistas y anti-sindicales que suponen una revisión de los planteamientos del Partido y que están en la base de los errores tácticos posteriores. Volveremos sobre este tema en otro número para tratarlo con la profundidad que requiere, pero gran parte de los errores y derivas tácticas que veremos a continuación y que se desarrollaron durante los años setenta se derivan de la búsqueda de sustitutivos y sucedáneos del obvio aspecto central que tiene la intervención en el plano sindical en nuestra táctica y en los textos del Partido[6].

Es importante observar que en las crisis de 1952 y 1964, el Partido fue acusado de inmovilismo, de “attesista” o “attendista” [7]de no ser suficientemente “político”. Ésta es exactamente la misma acusación que desde mediados de los ’70 e inicios de los ’80, lanzaba la dirección degenerada del Partido contra las secciones que se opusieron al nuevo curso. En 1952 y 1964 el Partido rechazó las desviaciones activistas. En 1972-82, se habían girado las tornas y era el activismo el que dirigía la organización y consumaba la destrucción de la línea histórica del Partido desde dentro.

 

Las causas de la degeneración

Digamos desde el inicio que las causas de las sucesivas crisis del Partido formal, así como del proceso degenerativo cuyo estudio nos proponemos no pueden buscarse en individuos ni corrientes específicas. Aunque vamos a tener que seguir el papel que jugaron unos y otros para mostrar el desarrollo del proceso degenerativo, no serán nunca los actos de tal o cual individuo los que expliquen las causas de la degeneración.

La causa última de la degeneración y del proceso que condujo a ella fue el peso de la prolongación de la contrarrevolución iniciada en 1926, cuyos efectos todavía pesan en gran medida. Siempre hemos dicho que “el partido no puede no resentirse de los caracteres de la situación real que lo circunda” (Consideraciones de 1965) y el peso de la prolongación de una situación históricamente desfavorable se hizo sentir, pese a contar el Partido con los instrumentos de navegación necesarios en las Tesis de Nápoles y Milán.

A esto debemos sumar, como factor acelerador del desenlace, a finales de los setenta:

  • Los últimos coletazos de los movimientos revolucionarios democrático-burgueses en las colonias (etapa considerada esencialmente cerrada por el Partido en toda el área afroasiática ya en 1964[8] ), coletazos que se extienden hasta 1975 (con la derrota de EEUU en Vietnam y la independencia formal de Timor Oriental, Mozambique, Angola y del Sáhara Occidental respecto a lo que quedaba de las “metrópolis” europeas), con la reverberación correspondiente en el agua hirviente de la pequeña burguesía y, en especial, los estudiantes.
  • La entrada masiva de militantes provenientes de la oleada del mayo del 68 y de otras organizaciones (engullidos sin posibilidad de digestión), activamente buscado por los centros parisino y milanés y los otros exponentes del nuevo curso para sustituir, reemplazar o desplazar a la militancia existente que se oponía al cambio de rumbo que se estaba imponiendo al Partido.
  • Una incomprensión (u olvido interesado) de las previsiones y condicionantes del Partido en relación con la potencialidad de la crisis de 1975, que llevó a intentar colmar el retraso entre la curva económica y la curva social, acusando al Partido de un supuesto “retraso” en el “cambio de fase”.

Estos últimos factores generaron un contexto de impaciencia y ajetreo, una valoración de “momento decisivo” al que se acabó sacrificando todo, que fue el catalizador de toda una serie de errores previos consistentes en una deriva de la organización en un sentido activista, movimientista, democrático y nacionalista, “descubriendo” nuevos terrenos “prácticos” y “nuevas armas” (il programma comunista, nº20, 1982).

 

La lucha contra el nuevo curso

En “il Comunista” nº33, de 1992, los herederos del nuevo curso (“le Prolétaire”/”il Comunista”, exCombat) narran ellos mismos la resistencia previa ofrecida por el conjunto de los militantes del Partido de múltiples secciones que se oponían a la revisión de los planteamientos del Partido, de la línea teórica, programática y táctica de la Izquierda Comunista, es decir, que se oponían al nuevo curso representado entonces – junto con otros – por la actual redacción de “il Comunista” (exCombat).

“Para esta parte de los compañeros, cada decisión tomada fuera de lo que y cómo "ya se había hecho" anteriormente, cada interés por cuestiones en el campo de la crítica política y teórica que no habían sido abordadas y resueltas con tesis y puntos firmes anteriormente (por el partido actual o por el Partido Comunista de Italia en los años veinte), adquiría la apariencia de un peligro o incluso de un intento de desviar al partido e invalidar su capacidad teórica y política.

Contra tal visión – que poco a poco se fue caracterizando como una defensa a ultranza de lo que, no tanto la izquierda comunista como corriente política, sino de la izquierda italiana en particular y sobre todo de la persona de Amadeo Bordiga, había dicho y hecho, sin comprender realmente la profunda lección de las batallas de clase llevadas a cabo por la izquierda comunista – se desarrolló una lucha política interna, llevada a cabo en particular por el Centro mediante el esfuerzo por replantear los problemas del hoy y las diferencias de la situación histórica sin perder el hilo de aquellas batallas de clase. Esta circular de marzo de 1976, como las anteriores y posteriores, forma parte de esta lucha política interna. (…) Desde este punto de vista, esta circular marca un punto a favor, si se puede decir así, en la lucha tanto contra el conservadurismo de partido desgraciadamente bien arraigado en la organización, como contra esa arrogancia teórica mezclada con un deseo verbal pero inmovilismo práctico característico de la antidialéctica ligada a una visión mística del partido, de las luchas de clases, del proletariado y su movimiento, de la revolución, del comunismo.” (Premessa alla circolare de 1976, publicado en “il Comunista”, nº33, 1992, pág. 9) [9].

A los militantes y secciones en Francia e Italia que se oponían a esta revisión de los principios y de la táctica del Partido se les etiquetaba con el calificativo “attendista”. En estas secciones que resistían a la presión maniobrista y disciplinaria de la dirección del nuevo curso, no se había roto la transmisión de “la llama a lo largo del histórico «hilo del tiempo»” [10] y los jóvenes militantes aprendieron de los viejos militantes no sólo el ABC del marxismo, sino un método y el sentido de la militancia, la vieja guardia había transmitido “una consigna incorrupta y potente a una joven guardia” 10.

La sección española estaba formada por obreros que habían emigrado a las fábricas de Alemania y allí habían conocido a viejos militantes italianos del Partido que también habían emigrado ya fuera por la persecución de los estalinistas como por motivos económicos. Allí conocieron, trabajaron y militaron junto a una vieja guardia de la que pudieron aprender una consigna incorrupta que desde aquel momento defendieron con uñas y dientes contra cualquier desviación, renovación o actualización de la línea del marxismo y de la Sinistra. Como en las secciones que se fueron oponiendo al nuevo curso estos compañeros aprendieron un método y el sentido de la militancia, en un momento en que el nuevo curso empezaba a manifestarse en la dirección de la organización formal.

Estos compañeros volvieron al Estado español para desarrollar una acción de Partido que iba desde la publicación de la revista “El Comunista” (desde 1974), la traducción de textos del Partido, el estudio y la formación de simpatizantes y militantes, el seguimiento de la prensa burguesa y del desarrollo de la economía capitalista, al calor de la intervención en las luchas de la clase obrera, de ocupados y parados. En el caso de la sección española, ante la imposibilidad de resolver la papeleta con la calificación de “attendista” (falsamente aplicada a otros) dada la obvia intensidad de nuestra actividad en el plano sindical, el centro bicéfalo (París-Milán) acuñó la calificación de “sindicalistas y genéricamente teoricistas”.

Esta era la manera del nuevo curso de decir que nosotros no renunciábamos al estudio de los textos fundamentales y a que éstos fueran la base de la formación de simpatizantes y militantes así como la guía exclusiva de toda nuestra actuación, al mismo tiempo que desarrollábamos nuestra actividad en el seno de la clase obrera (de la cual formaban parte todos los miembros de la sección, la mayoría de los cuales habían conocido al Partido en contacto con compañeros italianos en la emigración, en las fábricas de Alemania[11]), en lugar de en los organismos interclasistas o en los comités de frente único político donde quería que se hiciera el nuevo curso.

Debió ser duro para los emisarios de las distintas corrientes del centro degenerado, en nuestra sección y en otras que se opusieron al nuevo curso, ver a compañeros obreros llevando adelante no las tácticas innovadoras del nuevo curso sino la táctica del Partido histórico, de la línea de la Izquierda Comunista, y no poder camelarlos con métodos de intelectualismo barato porque estos obreros mantenían el hábito del estudio individual y colectivo y conocían los textos fundamentales del Partido mejor que los enviados del centro. De ahí, el acuñamiento de la doble etiqueta de “sindicalistas y genéricamente teoricistas” que algunos[12] siguen rumiando como “explicación” para consumo interno y externo sobre nuestra existencia.

 

Una panorámica de la fisonomía del nuevo curso

Para el lector que no haya vivido el proceso degenerativo que estudiamos, puede ser útil hacer una panorámica sin ánimo de exhaustividad de la fisonomía del nuevo curso siguiendo la prensa de la organización. Dado que algunas organizaciones actuales, como “le Prolétaire”/“il Comunista” (exCombat), para tratar de encubrir su papel en el nuevo curso desde la dirección misma del Partido, repiten hasta la saciedad que el cambio de rumbo se situó en octubre de 1982 (Francia) o incluso en junio de 1983 (en Italia), retrocederemos un poco más para tener una perspectiva más amplia.

En 1972 se publican las “tesine sindacali”. Redactadas por quien será luego expulsada por la dirección del nuevo curso han sido siempre reivindicadas por el nuevo curso, dado que en este tema había identidad de posiciones entre ellos. En estas “tesine” se dice de los organismos intermedios que: “estas organizaciones pueden no ser los sindicatos. En la perspectiva de un cambio brusco hacia el asalto revolucionario, no serán los sindicatos” [13]. Esto representaba la restitución del damenismo[14] en la cuestión sindical, la negación de las posiciones de siempre del Partido contenidas en “Partido revolucionario y acción económica” (1951) y en las “Tesis características” (1951). En este mismo texto, hablando de los grupos de obreros combativos que se organizan fuera del sindicalismo integrado para luchar contra la patronal se dice: “pero reconociendo el síntoma de una instintiva reacción proletaria contra el estado de impotencia al que los sindicatos reducen sus luchas y organizaciones [el Partido] debe encontrar en ello un motivo para inculcar, a un estrato aunque sea muy reducido de los explotados la conciencia de que sus esfuerzos, por generosos que sean, están condenados a permanecer estériles si la clase no encuentra en sí misma la fuerza para llevar a cabo un viraje político total para dirigirse hacia el asalto directo y general del poder capitalista” [15]. La función del Partido no sería ya “prever las formas y alentar la aparición de las organizaciones con objetivos económicos para la lucha inmediata” (Tesis características, 1951) sino convencer a los proletarios combativos de la esterilidad (sic) de sus esfuerzos si la clase no encuentra “en sí misma” (¿puede haber una eliminación más burda de la función del Partido?) ni más ni menos que “la fuerza para llevar a cabo un viraje político total para dirigirse hacia el asalto directo y general del poder capitalista”. ¡Hasta el más espontaneísta de los espontaneístas se queda como un mero aprendiz de espontaneísta ante estos auténticos campeones del espontaneísmo!

En 1974 se lanza la consigna del Frente Unido Proletario llegando a hacer propuestas formales a otros grupos políticos[16].

También en 1974 se llama a la participación en el referéndum sobre el divorcio afirmando “los proletarios votarán con toda la razón contra la abrogación de la ley existente”, añadiendo “mejor una migaja que nada” (il programma comunista, nº7/1974, pág. 2)[17], posición que se defiende en los números 9 y 10 de ese año. De manera similar se califica de “gesto de solidaridad elemental” (Le Prolétaire, nº184/1974, pág. 3) la participación en el referéndum sobre la inmigración en Suiza.

En 1976 en la circular del 26 de marzo el centro degenerado teorizaba la intervención en organismos interclasistas para defender los “intereses inmediatos comunes” (sic) de los “proletarios y no proletarios” (sic): EL SEGUNDO CASO (Organizaciones de base interclasista) incluye aquellas organizaciones de base no proletaria en las que se debaten cuestiones o se defienden intereses a los que la clase obrera no es ni puede ser indiferente: comités de mujeres, comités de soldados, comités de inquilinos, comités escolares, etc. Con las reservas consideradas en el caso anterior, podemos y debemos incorporarnos a ellos, bien simplemente para exponer nuestras posiciones, aunque sea por un solo día y ante un solo proletario, bien para llevar a cabo una acción más o menos continuada, no poniendo como condición previa a nuestra participación que la propia organización adopte objetivos de clase a los que en principio es ajena y refractaria, pero defendiendo enérgicamente en sus filas 1) que los intereses inmediatos comunes al soldado, a la mujer, etc., proletarios y no proletarios, sólo pueden ser defendidos eficazmente en conjunción con la lucha de clase proletaria; 2) que la solución final a los problemas que acucian a ese estrato social está en el socialismo, y sólo en el socialismo; 3) que en ambos casos, el surco en el que hay que moverse es el mismo que el de la clase revolucionaria por excelencia, el proletariado” [18]. Éstos eran los nuevos “organismos intermedios” interclasistas (ya no órganos de lucha inmediata de tipo sindical) a los que habían abierto la puerta la “tesine sindacali” y en cuyo pantano interclasista el nuevo curso quería forzar que se anegaran los militantes comunistas, so pena de ser considerados “attendistas”.

Ante la oposición de las secciones del Partido contra este planteamiento interclasista que chocaba con toda la línea del Partido (y de la lucha de la Izquierda por la separación primero del oportunismo y contra la degeneración de la III Internacional después) que veta expresamente la actuación del Partido en organismos interclasistas[19], la dirección degenerada del nuevo curso teorizaba: “que las decisiones tomadas a nivel central a veces dan lugar a perplejidad e incertidumbres, es un hecho que debe darse por sentado y del que no hay motivo de alarma siempre que se tenga el valor y la firmeza de reconocerlo.” [20]. Ésta es otra innovación contra las posiciones de siempre. Por el contrario, la Izquierda había defendido en el IV Congreso de la Internacional Comunista que una organización política “basada en la adhesión voluntaria de todos sus miembros, sólo responde a las exigencias de la acción centralizada cuando sus componentes conocen y aceptan el conjunto de los métodos que pueden ser ordenados por el centro para ser aplicados en las diferentes situaciones” y que “el prestigio y la autoridad del centro, que no dispone de sanciones materiales, sino que se vale de parámetros que pertenecen al dominio de los factores psicológicos, exigen de manera absoluta claridad, decisión y continuidad en las proclamaciones programáticas y en los métodos de lucha” [21] . La dirección del nuevo curso estaba en pleno proceso de dinamitar la claridad, precisión y continuidad de nuestras posiciones tácticas, único lugar donde la Izquierda ha considerado que “reside la única garantía de poder constituir un centro de la efectiva acción unitaria del proletariado internacional.”. La Izquierda reclama:“conocen y aceptan el conjunto de métodos que pueden ser ordenados”, “claridad, decisión y continuidad” pero el centro degenerado del nuevo curso teoriza: “perplejidad e incertidumbres”.

En noviembre de 1977 se firma un comunicado conjunto del Partido con organizaciones maoístas en la lucha de los albergues de Sonacotra[22] y, más adelante, en abril de 1978 se llega a hacer convocatorias con esas mismas organizaciones y con el Partido Socialista Francés (PS) y el Partido Socialista Unificado (PSU).

En 1978 se reivindica el derecho de voto de los trabajadores inmigrantes: “Este es el sentido de nuestra exigencia de abolición de toda discriminación en materia de derechos políticos (y, por tanto, también en el derecho de voto) entre trabajadores de distintas nacionalidades.” (le Prolétaire, nº262, 1978, pág.2).

En 1979 tenemos la creación artificial del “Comitato Nazionale contro i Licenzamienti” (CNCL) sobre la base de diez (sí, 10) despedidos de la FIAT (“il programma comunista”, nº22/1979, pág. 6), en un acto de activismo sindical que termina en un órgano en el que no hay participación obrera real sino sólo una comparsa de militantes de distintas organizaciones políticas, que sirve en realidad de plataforma de frente único político combinado con un auténtico y vacío activismo sindical.

En diciembre de 1981, el nuevo curso desde “le Prolétaire” recuperaba el frente único político (vetado por nuestras tesis) rebautizado como “frente de clase” (“le Prolétaire” nº349/1981, pág. 3) incluyendo todo tipo de acuerdos posibles con otros partidos.

Tenemos también la creación del RIPRA (comité Riposte à la Répression en Algérie) en 1981 y reuniones como la mantenida el 22-05-1982 con el objetivo de “crear un colectivo unitario contra la represión en Argelia” en la que participaban desde el Comité de Defensa de los Derechos Culturales en Argelia y la Asociación Sindical de los Estudiantes Argelinos en Francia hasta una serie de otras organizaciones calificadas por el propio El-Oumami[23] como pequeñoburguesas. Pese al carácter infructuoso de la reunión, El-Oumami propone la “base mínima sobre la que podemos plantearnos la colaboración con otras fuerzas que tengan un programa y una ideología diferentes a los nuestros” (El-Oumami, nº26, pág. 4)[24].

Es decir, mientras a los militantes comunistas que hacían actividad sindical se les repetía hasta la saciedad que tenían que seguir encorsetados en la camisa de fuerza del sindicalismo integrado o considerar estériles sus esfuerzos, la dirección del Partido en Italia y Francia se dedicaba a crear artificialmente comités activistas de frente único político, como el CNCL, el RIPRA y el Comité de Solidaridad Líbano-Palestina (“Le Prolétaire”, nº363 de 1982, pág. 2). Lo que está claro es qué quería el nuevo curso que existiera y, en cambio, qué no querían que llegara a nacer.

En 1980 el nuevo curso había defendido ya la “solidaridad con los detenidos políticos irlandeses”, definidos literalmente como “heroicos rebeldes irlandeses” (“il programma comunista”, nº23, 1980, pág. 5).

En 1981 se define a “los encapuchados del 23 de enero” como el “honor del proletariado venezolano” considerando “un resultado de por sí notable mantener viva la llama de la revuelta de clase”. (“il programma comunista”, nº6/1981, pág.6).

Siguiendo en 1981, se publica un artículo sobre las “Luchas en el comedor universitario de Florencia”. ¿Se trata quizás de la lucha de los trabajadores de ese comedor? ¡No! Es la lucha para que sigan comiendo allí a precio reducido “figuras exestudiantes o ‘poco estudiosas’” que “no están en regla con los exámenes” (“il programma comunista”, nº12/1981, pág. 6).

En ese mismo nº12/1981, en la misma página se encuentra en un recuadro el siguiente: “AVISO: Informamos a los simpatizantes y lectores de la zona de Ivrea que no utilicen la dirección publicada hasta ahora como punto de contacto con el partido. Esta dirección ha sido suprimida como consecuencia de un desacuerdo político que se ha desarrollado en el seno de las posiciones defendidas en los últimos años por nuestro quincenal, en particular en el terreno de las luchas inmediatas."

Lo que no se dice es que los compañeros de la sección de Ivrea habían sido expulsados anti-orgánicamente. Esta página ilustra de un modo muy expresivo la esencia del nuevo curso. Por un lado, eran expulsados[25] etiquetándolos como supuestamente “attendistas” los militantes del Partido cuyo grupo de fábrica en la Olivetti era respetado entre los obreros y el más importante del Partido, que defendían la continuidad del programa comunista frente a los innovadores activistas del nuevo curso. Por el otro, la “lucha” de los estudiantes hippies por comer subvencionadamente era ensalzada como el no-va-más de la lucha proletaria.

En 1981 el “Partido” participa en el “Convegno nazionale contro la repressione” (Encuentro nacional contra la represión) donde “apoya toda iniciativa de coordinarse en una acción de defensa inmediata contra la represión” y “compartimos la plataforma de la Coordinadora milanesa, como se ha expuesto al principio de este debate, es decir, un organismo en el que están presentes diferentes líneas políticas, en el bien entendido de que todas estén dentro del frente de clase” (“il programma comunista, nº13/1981)[26].

En el siguiente pasaje de la Circular de octubre de 1981, publicada en “il programma comunista” nº19/1981, se sintetiza bien el núcleo del revisionismo táctico del nuevo curso : Los jóvenes, los inmigrantes, los sintecho, las víctimas de la represión, los presos políticos, son hoy, junto con los parados en general, las patrullas de vanguardia de una guerra de clases (…).” (El curso del capitalismo mundial y los ejes fundamentales de intervención del Partido, Circular de octubre de 1981, “il programma com.” nº19/1981, pág. 2) [27].

Entrando en 1982, el nuevo curso publica en los órganos de prensa de la organización: "La tiranía del espacio nos ha impedido ofrecer una imagen del movimiento de ocupación de las casas de Berlín en el momento en que, durante la primavera, alcanzó el apogeo de su vigor, entrelazándose con movimientos como los de lucha contra la represión, en defensa de los presos políticos, contra los preparativos de guerra, etc., y permitiendo así a los compañeros intervenir en un terreno cada vez menos espurio desde el punto de vista de la clase". (...)

Es aquí donde se abre para el partido un terreno fértil de agitación, al que ofrecen también condiciones objetivamente favorables para su desarrollo esos 'espacios libres' de vida colectiva, de intercambio de experiencias de lucha y de discusión de problemas sociales y políticos más amplios que los estrictamente ligados a la contingencia, que en Berlín se han convertido las 'casas ocupadas'." (“il programa comunista”, nº 3/1982, p. 6).

Durante el 1982, la dirección degenerada del nuevo curso descubre también una “cuestión juvenil” (“il programma comunista”, nº9/1982), “la capacidad de interrogarse sobre el camino recorrido” (il programma comunista, nº10/1982) y que “Los comunistas por este motivo deben intentar dirigir ellos la reivindicación nacional de los proletarios palestinos” (“il programma comunista”, nº19/1982).

En “le Prolétaire“, nº362 de junio de 1982, se afirma “una posibilidad de ligar la lucha antinuclear con la lucha obrera”  y en el plano del “antimilitarismo” pone de ejemplo que “militantes de varias organizaciones participaron en la organización de esta iniciativa” organizada por el nuevo curso. En “Le Prolétaire”, nº363 de 1982, pág. 2, el nuevo curso declaraba “es esencial no partir de la crítica a la OLP”. El número 27 de septiembre de 1982 de El-Oumami llevaba en portada la consigna"Palestine Vaincra !".

Y esto nos sitúa en el momento inmediatamente anterior a que toda esta INFECCIÓN activista e interclasista acumulada por la propia dirección de la organización estallara. Para una descripción sucinta del desarrollo posterior al estallido de este bubón, ver en “El Comunista” nº72: “le Prolétaire/il Comunista: punta de lanza de la degeneración revisionista del nuevo curso”.

 

Inciso: la posición de siempre del Partido

Todas estas manifestaciones que ilustran la fisonomía del proceso degenerativo conocido como el nuevo curso son completamente antitéticas con las de la Izquierda, las del Partido:

“10.- La aceleración del proceso se deriva, además que de las profundas causas sociales de las crisis históricas, de la obra de proselitismo y propaganda con los reducidos medios disponibles. El partido EXCLUYE ABSOLUTAMENTE que se pueda estimular el proceso con recursos, maniobras o expedientes que se apoyen en aquellos grupos, cuadros y jerarquías que usurpan el nombre de proletarios, socialistas y comunistas. Estos medios, que conformaron la táctica de la Tercera Internacional, al día siguiente de la desaparición de Lenin de la vida política, no surtieron otro efecto que el de la disgregación del Comintern, como teoría organizativa y fuerza operante del movimiento, dejando siempre algún jirón de partido sobre la vía del "expedientismo táctico". Estos métodos son retomados y revalorizados por el movimiento trotskista y por la IV Internacional, considerándolos erróneamente como métodos comunistas.

Para acelerar el nuevo ascenso de clase NO EXISTEN RECETAS a punto. Para hacer escuchar a los proletarios la voz de clase no existen maniobras y expedientes, que como tales no harían aparecer al partido tal como es verdaderamente, sino una desfiguración de su función, en detrimento y perjuicio de la efectiva reanudación del movimiento revolucionario, que se basa en la real madurez de los hechos y del correspondiente adecuamiento del partido, habilitado para ello solamente por su INFLEXIBILIDAD doctrinaria y política.

La Izquierda italiana ha combatido siempre el expedientismo para permanecer siempre a flote, denunciándolo como una desviación de principio que no tiene nada que ver con el determinismo marxista.

El partido, sobre la línea de experiencias pasadas, SE ABSTIENE, pues, de enviar o de aceptar invitaciones, cartas abiertas o consignas de agitación para formar comités, frentes y acuerdos mixtos con cualquier movimiento y organización política.” (Tesis características, 1951).

“En la base de la relación entre militante y partido hay un compromiso; nosotros tenemos de ese compromiso una concepción que, para librarnos del antipático término contractual, podemos definir simplemente como dialéctica. La relación es doble, constituye un doble flujo en sentidos contrarios, del centro a la base y de la base al centro; si la acción dirigida desde el centro responde a la buena funcionalidad de esta relación dialéctica, le responderán entonces las sanas reacciones de la base.

El problema de la famosa disciplina consiste, por consiguiente, en poner a los militantes de base un sistema de límites que sea el inteligente reflejo de los LÍMITES puestos a la acción de los dirigentes. Por ello hemos sostenido siempre que éstos NO DEBEN TENER LA FACULTAD, en los virajes importantes de la coyuntura política, DE DESCUBRIR, INVENTAR Y PROPINAR PRETENDIDOS NUEVOS PRINCIPIOS, NUEVAS FÓRMULAS, NUEVAS NORMAS PARA LA ACCIÓN DEL PARTIDO.

Es en la historia de estos GOLPES DE SORPRESA donde se compendia la historia vergonzosa de las traiciones del OPORTUNISMO.” (Fuerza, Violencia y Dictadura en la Lucha de Clase, 1947).

“6. No siendo, pues, concebibles retornos abruptos de las masas a una organización útil de ataque revolucionario, el mejor resultado que puede dar el tiempo venidero es la RE-PROPOSICIÓN de los verdaderos objetivos y reivindicaciones proletarias y comunistas, y la reafirmación de la lección de que es DERROTISMO toda improvisación táctica que cambia de situación en situación pretendiendo explotar de ellas datos inesperados.

7. El estúpido actualismo-activismo que adapta gestos y movimientos a los datos inmediatos de hoy, verdadero existencialismo de partido, debe ser sustituido por la reconstrucción del sólido puente que une el pasado al futuro y cuyas grandes líneas el partido se dicta a sí mismo de una vez por todas, PROHIBIENDO a los gregarios pero SOBRE TODO A LOS DIRIGENTES la búsqueda tendenciosa y el DESCUBRIMIENTO DE ‘NUEVAS VÍAS’. (Teoría y acción, Reunión de Forlì, diciembre 1952).

Para la dirección degenerada del Partido del nuevo curso entre 1972 y 1982, los LÍMITES de la unidad de doctrina-programa-táctica eran incómodos porque no les dejaban “descubrir” ni utilizar “nuevas armas” ni “ampliar su visión”, ni “replantear los problemas del hoy” y, por ello, propinaron nuevas normas de acción al Partido ante las que quisieron doblegarlo y emprendieron una “lucha política interna” contra las secciones y militantes que defendían a ultranza estos límites.

 

El reflejo organizativo de la degeneración

En la organización formal, el nuevo curso había instaurado de manera general un funcionamiento en realidad federalista en el cual los distintos “Centros” italiano y francés, así como las publicaciones, funcionaban autónomamente y contradiciéndose mutuamente.

Se había llegado también a la creación de la editorial Iskra para la publicación de textos fundamentales del Partido con un nombre de autor, pese a ser textos de Partido y en contra de la expresa voluntad de un conocido compañero: No quiero que se mercadee con el nombre de Bordiga, cebo estúpido por cierto para los que lo ponen y los que muerden el anzuelo, y estoy seguro de que no se hará ni siquiera después de mi muerte. Quien no entienda por qué, es que no ha entendido una línea de todos los textos e historia de la Izquierda. Pienso en la fecha de la muerte con serenidad y dejo a los supersticiosos los conjuros. No temo a morir, pero que todo el movimiento se agilipollezca conmemorándome, a eso sí. Aunque he decidido no dejar testamento de ningún tipo, me obligáis a pensar en las medidas que puedo tomar para evitar esta superidiotez. Dispongo que cualquiera pueda utilizar los textos gratuitamente con la condición de que no aparezca en ellos el nombre de Bordiga.

Un problema de práctica burguesa y de práctica comunista. Si todos vosotros fuerais realmente maduros, quizá no tendría esta preocupación: pero veo puntos débiles. Si violo los derechos de la Historia, de ella me río por encima de todo.” (Carta de 16 de noviembre de 1962)[28].

El nuevo curso introdujo también la teorización de la normalidad del debate democrático y de la lucha política interna, lo cual es la destrucción del centralismo orgánico que tiene como premisa la homogeneidad política. Estos conceptos se introdujeron en los años anteriores a 1982, se llevaron al extremo caricaturesco en los números de julio de 1983 a enero de 1984 de “il programma comunista”, se prosiguieron en “Combat” y han sido reiteradamente reivindicados por “il Comunista” (exCombat) que todavía no consigue entender o simula no entender por qué esta lucha política interna y su actuación desde la dirección degenerada del Partido tenía que conducir necesariamente a lo que condujo: a la revisión de todas las bases del Partido.

Lógicamente, no puede haber homogeneidad política cuando se parte de que los textos fundamentales del Partido son insuficientes para enfocar la actividad del Partido. La dirección del nuevo curso necesitaba liberarse de los textos fundamentales: “ (…) pero sería suicida querer eludirlas, bien con el pretexto de que son difíciles, bien con el de que basta con consultar el párrafo de un texto (por otra parte, a menudo dedicado a la cuestión bien distinta -y preliminar- de restablecer las bases fundamentales de la teoría como guía de la acción en el sentido más general del término) para tenerlas bien resueltas.” (Circular de 1974, publicada en “il Comunista”, nº33, 1992, pág. 8)[29].

La dirección del nuevo curso vio en la oleada de nuevos militantes procedentes del mayo del ’68 y de organizaciones izquierdistas de todo tipo un mecanismo perfectamente alineado con sus objetivos políticos. Este aumento de efectivos tenía como función desplazar a la militancia que se estaba oponiendo al nuevo curso para lo que el Centro degenerado dispuso también un cambio de rumbo en los métodos de formación de simpatizantes y militantes.

En junio 1981 se publica un artículo titulado “Por un partido de combate revolucionario” (una anticipación bastante explícita de lo que sería “Combat”, obra del “Director responsable” de aquel momento de “il programma comunista”, luego de “Combat” y finalmente “Redactor jefe” de “il Comunista”) en la que se habla de “forjar” un nuevo tipo de militante que “se entusiasma por todas las luchas que estallan no importa donde, incluso en el lugar más remoto del planeta” y “es el que en todos los episodios de una lucha que abraza todos los continentes, y en todas las fases de este movimiento multiforme, actúa con la certeza misma de la victoria como si la revolución fuese próxima o se desarrollase bajo nuestra mirada” (“il programma comunista”, junio, nº11/1981, pág. 3)[30].

En este sentido, la circular del BCI[31] dirigida a todo el Partido relativa al “Trabajo con los simpatizantes e integración de nuevos militantes” (de junio de 1981, que a nosotros nos llegó casi en noviembre) fue un punto de no retorno para la sección española. En esta circular se diseña el proceso de formación del “nuevo” tipo de militante del nuevo curso, rompiendo el método de formación de simpatizantes y militantes que se había seguido hasta entonces en el Partido, imponiendo una aceleración de los tiempos, estableciendo como lectura sustitutiva de los textos del marxismo las “biografías de militantes como la historia de Big Bill o Mamá Jones, experiencias de lucha como Domitilia o incluso más simplemente noticias o novelas que despierten a la lucha”. La circular de junio de 1981 del centro degenerado admite: “Los compañeros se sorprenderán sin duda ante el hecho de que los textos clásicos que hemos utilizado hasta aquí para la formación teórica de los simpatizantes hayan casi desaparecido del arsenal del material corriente propuesto” afirmando que “los grupos de obreros asimilarán mucho más eficazmente las posiciones por medio de respuestas bien tajantes que por medio de extensas lecturas” y culminando con “Puede decirse de una manera general que los textos clásicos que utilizamos hoy son necesariamente textos obligatorios para compañeros que tienen un hábito de orientar a sus compañeros y encuadrar a otros militantes, pero de ninguna manera son un estudio imperativo de todo militante”. Este era el Partido de militantes activistas formados en la ignorancia que estaba imponiendo el nuevo curso, en contra del método de formación política del Partido y para romper la defensa a ultranza de las posiciones de la Izquierda comunista italiana y del marxismo: un partido cuyo nuevo cemento era la disciplina por la disciplina del activismo, en el que el marxismo estaría reservado para los “cuadros” para poderlo adulterar y deformar sin encontrar resistencia en la base militante del Partido.

Esto era la culminación degenerativa en el plano organizativo (análogo a la “bolchevización” en el proceso degenerativo de la 3ª Internacional) que lógicamente tenía que acabar de llevar a la exasperación de la disciplina por la disciplina y al veneno de la democracia interna. Era la destrucción del centralismo orgánico, cuya premisa es la homogeneidad política[32], la unidad de doctrina-programa-táctica, la doctrina inmutable, la estable orientación y la continuidad de la acción del Partido.

Esta labor de destrucción de la unidad doctrina-programa-táctica era la que estaba llevando a cabo el nuevo curso desde la dirección de la organización, dirección que no tenía otra cosa que ofrecer aparte de “perplejidad e incertidumbres” [33]. Esto se combinó, como no podía ser de otra forma, con la aplicación de medidas de “seguridad” absurdas (que luego no seguían los mismos que las imponían) para justificar la compartimentación y bloqueo de los contactos entre grupos y secciones del Partido, cosa que sufrieron los militantes tanto en la emigración en Alemania como después dentro de España y como lo sufrían los compañeros en Italia y Francia. Es difícil describir la sensación de los militantes españoles viendo a una representante del UCI (ufficio centrale italiano, centro italiano) permitiéndose dar lecciones de clandestinidad mientras llevaba una pamela como sombrero en un barrio proletario de chabolas de Madrid. Muy sintomáticamente, esta representante del centro italiano que venía a imponer la disciplina del nuevo curso a los militantes obreros del Partido acabó siendo edil por los “verdes” en Ivrea y una abanderada de la “causa kurda”.

Mención aparte merece la exigencia de legalización del periódico “El Comunista” que quería imponer el centro italiano y parisino y rechazamos desde mediados de 1979. Esta exigencia de legalización de la revista fue siendo requerida cada vez con mayor intensidad por el Centro; el mismo centro cuyos pedazos se despacharon entre ellos maniobras de legalización de nuevas revistas, de recuperación legal de otras, de aspavientos hipócritas al respecto entre unos y otros. “El Comunista” no fue legalizado nunca y sigue sin estar legalizado, sin que esto haya supuesto ningún límite a su difusión. Detrás de la exigencia de la legalización había sólo una cuestión de control y propiedad.

En el transcurso de los años, en las cartas del centro se van haciendo valoraciones cada vez más contradictorias sobre el desarrollo de la sección española, según la camisa ficticia en la que conviniera encorsetar artificialmente las posiciones de quienes resistían contra el nuevo curso. Además, estas cartas estaban basadas a su vez en los informes del “secretario” de la sección, impuesto por el Centro por las únicas cualidades de no conocer los textos del Partido y, sobre todo, de no haber estado en contacto con los viejos compañeros italianos en la emigración en Alemania. Así, se realizaba por parte del centro un auténtico trabajo fraccional para modificar los métodos de trabajo y eliminar a quienes defendían la continuidad de las posiciones del Partido. Como parte del trabajo fraccional y liquidador de la dirección del nuevo curso, a mediados de diciembre de 1981, el centro comunicó desde París una “alarma” consistente en que habría un golpe de Estado en España, que habían recibido informaciones fidedignas de una embajada extranjera en París. Esto se comunicó a última hora con la instrucción de que se “limpiaran” las casas de material y se transmitiera la orden también a los simpatizantes. Luego, cuando evidentemente no se produjo ningún golpe de Estado, se justificaron diciendo que había sido una orden y que se tenía que haber cumplido. Esta actuación tenía como único objetivo liquidar la sección española, eliminar material político y la correspondencia que ponía en evidencia las contradicciones de la dirección del Partido. 

Esta actuación fue realizada por los mismos y tiene un paralelo evidente con la acción completamente consciente en Francia del centro liquidacionista que en octubre de 1982 se quedó con los fondos y el archivo del Partido para impedir su continuación y la decisión no menos consciente de recorrer todas las librerías en Alemania para asegurarse de la retirada del material del Partido, para que no quedara ni rastro de la Izquierda. Este es el “centro” de los liquidadores del Partido y de la Izquierda que nos acusaba de “sindicalistas” y ”culturalistas” en la circular del BCI del 12/2/82 con la que intentaron explicar la según ellos “mini-crisis” de la sección española. Esta supuesta “mini-crisis” significó que el grupo de compañeros ligado a la defensa de la continuidad del programa comunista reanudamos la publicación de la revista del Partido “El Comunista” desde mayo de 1983 mientras que los pocos que quedaron en la línea del nuevo curso desaparecieron casi de inmediato al estallar sucesivamente en pedazos su referente internacional degenerado.

 

Nuestra ruptura con el nuevo curso

En la pág.11 del nº1 de “El Comunista” (nueva edición), de mayo de 1983, con el que retomábamos la publicación de la revista del Partido en castellano, publicamos unas modestas pero suficientes notas con el título “La degeneración de programma comunista y nuestra batalla” que resumen las causas históricas de esa degeneración, las principales manifestaciones externas del proceso y nuestra decisión (en enero de 1982) de romper con la disciplina formal de una organización que ya no representaba el hilo histórico del Partido.

Estas notas no fueron una elaboración “local” de la sección española, sino que habían sido publicadas por los compañeros de la sección de Schio en febrero de 1983 como parte del esfuerzo internacional de mantener la continuidad del Partido fuera de la organización formal degenerada.

Habíamos sido expulsados primero sustancialmente – como habían sido expulsados los planteamientos de la Izquierda en general – y, por esto, en enero de 1982 decidimos romper la disciplina formal con una organización que no representaba ya más el Partido, lo que no impidió a la dirección pretender nuestra “expulsión” formal en un acto disciplinario en el vacío. Como establecen las Tesis de nuestro Partido: “(…) aquellas centrales internacionales y nacionales estaban sobre la vía de la desviación y de la traición; según la teoría de siempre de la Izquierda, es ésta la condición que debe quitarles todo derecho a obtener, en nombre de una disciplina hipócrita, la ciega obediencia de la base.” (Tesis de Nápoles, 1965).

Otras secciones opuestas al nuevo curso también rompieron con la organización degenerada en los meses siguientes (Schio, Torre Annunziata, Benevento-Ariano, etc). El centro degenerado había expulsado anti-orgánicamente en la primavera de 1981 a las secciones Turín, Ivrea y Sur de Francia que se habían opuesto al nuevo curso.

No se hizo esperar demasiado la confirmación ulterior de que la dirección de esa organización formal no representaba ya el hilo histórico. Esa dirección contra cuya degeneración habíamos mantenido nuestra batalla, fue estallando sucesivamente en pedazos unos meses después en octubre de 1982, en junio de 1983 cuando se da rienda suelta al “debate interno” abiertamente democrático y una parte de la redacción se hace a un lado, en enero de 1984 cuando esta última parte recuperó en los tribunales la revista y la otra parte empezó a publicar “Combat”, en 1985 cuando de “Combat” se desgajó “il Comunista” y se fusionó con “le Prolétaire”.

Es importante notar que nuestro nº1 de mayo de 1983 es anterior a la reyerta por el control de “il programma comunista” a partir de junio de 1983 entre las distintas variantes del nuevo curso. Allí reafirmamos nuestra intención de continuar el hilo histórico del Partido, reclamando los principios y el método de trabajo reafirmado en el Partido desde 1952, junto con todos aquellos compañeros que trabajan por la reafirmación integral del programa comunista.

 

Siguientes pasos

En los siguientes números de la revista profundizaremos en aspectos específicos del nuevo curso y de nuestra lucha contra el mismo y en el desarrollo y límites del contacto y mantenimiento de la organización junto con las secciones expulsadas o escindidas en Italia en oposición al nuevo curso, así como el desarrollo de los contactos y posterior organización conjunta con otros compañeros a nivel internacional.

 

 

[1] Sobre el proceso de canibalismo entre las distintas corrientes activistas que compartieron y se disputaron la dirección de “il programma comunista” y especialmente la trayectoria y el papel jugado por parte de una de ellas (el actual “il Comunista”, salido de “Combat”), ver el artículo publicado en “El Comunista” nº72, titulado: “le Prolétaire/il Comunista: punta de lanza de la degeneración revisionista del nuevo curso”.

[2] En el primer número del "Il Programma Comunista" de 1984, el artículo "Reanudando el camino" comienza diciendo: "Los militantes que han retomado en sus manos el hilo del "Programma Comunista" desgraciadamente roto en los números 7-10 de 1983,(…)”. Esto evidencia que sólo consideraban incorrectos, fuera de línea, los números 7-10 de 1983, reivindicando todo lo sucedido antes. Lo cual era lógico porque habían sido ellos los que lo habían hecho junto con los que publicaron “Combat” primero y luego “il Comunista”/”Le Prolétaire” y también con aquellos que decidieron ser coherentes con su actividad real y habían tratado de disolver el envoltorio formal.

[3] Se trató en realidad de una expulsión anti-orgánica de las secciones toscanas que anticipó los métodos que se generalizarían después.

[4] Las posiciones erróneas se empezaron a insinuar en 1965 y desembocaron en la reivindicación de un supuesto carácter “de clase” de la C.G.I.L. y en la formación de “comités de defensa del sindicato de clase” en su interior a partir de 1970. Esto chocaba frontalmente con la caracterización de la C.G.I.L. realizada por el Partido después de su reconstitución por parte del Comitato de Liberazione Nazionale (Comité de Liberación Nacional). El Partido había caracterizado a la C.G.I.L. (con la “i” de Italia, a diferencia de la C.G.L. de los años 20) afirmando que: “no puede disimular que ni siquiera la confederación que queda con los socialcomunistas de Nenni y Togliatti se basa en la autonomía de clase. No es una organización roja, es también una organización tricolor COSIDA CON EL MODELO DE MUSSOLINI.” (Las escisiones sindicales en Italia, 1949).

[5] Conocidas así dentro del Partido, como “pequeñas” tesis.

[6] Ante el proceso de integración sindical iniciado por el fascismo y mantenido después de la segunda guerra mundial, el Partido había establecido que “En las varias fases de la trayectoria burguesa (revolucionaria, reformista, contrarrevolucionaria), la dinámica de la acción sindical sufrió profundos cambios (interdicción, tolerancia, sumisión); pero esto no quita que sea orgánicamente indispensable tener entre la masa de los proletarios y la minoría encuadrada en el partido otro estrato de organizaciones que sean políticamente neutras por principio, pero constitucionalmente accesibles sólo a los obreros, y que organismos de este género deben resurgir en la fase en que la revolución se avecina.” (Teoría y acción en la doctrina marxista, 1951).

Por esto, las Tesis Características de nuestro Partido, después de dejar sentado que “7. El partido no adopta jamás el método de formar organizaciones económicas parciales que comprenden sólo a trabajadores que aceptan los principios y la dirección del partido comunista”, imponen una tarea a los militantes y al Partido mismo: “(…) Es tarea del partido, en los períodos desfavorables y de pasividad de la clase proletaria, prever las formas y alentar la aparición de las organizaciones con objetivos económicos para la lucha inmediata, las cuales podrán incluso asumir aspectos totalmente nuevos en el futuro, después de los tipos bien conocidos de corporación, sindicato de industria, consejo de empresa, etc. (...)”. (Tesis Características, 1951); dado que “en toda perspectiva de todo movimiento revolucionario general no pueden no estar presentes estos factores fundamentales: 1) un amplio y numeroso proletariado de asalariados puros, 2) un gran movimiento de asociaciones con contenido económico que abrace una parte imponente del proletariado; 3) un fuerte partido de clase, revolucionario, en el que milite una minoría de los trabajadores, pero al cual el desarrollo de la lucha haya permitido contraponer válida y extensamente su influencia en el movimiento sindical a la de la clase y del poder burgués.“  (Teoría y acción en la doctrina marxista, Partido revolucionario y acción económica, 1951) y dado que el “(…) aprisionamiento efectivo de toda organización sindical en las articulaciones del poder de clase burgués” es un “resultado (…) fundamental para la defensa y la preservación del régimen capitalista precisamente porque la influencia y el empleo del encuadramiento sindicalista es una etapa indispensable para cualquier movimiento revolucionario dirigido por el partido comunista.” (Teoría y acción en la doctrina marxista, Partido revolucionario y acción económica, 1951).

[7] De “attesa” o “attendere”, que significa “espera” o “esperar” en italiano, en el sentido de estar “a la espera”, no de “tener esperanza”.

[8] “«En Europa del Este y Asia, la era de las revoluciones democrático-burguesas no comenzó hasta 1905. Las revoluciones en Rusia, Persia, Turquía, China, las guerras en los Balcanes. Balcanes, esta es la cadena de acontecimientos mundiales de nuestra era en nuestro Oriente». Hoy [1964, ndr.], esta fase ha terminado igualmente para toda el área afroasiática. En todas partes, al final de la Segunda Guerra Mundial, se crearon Estados nacionales más o menos «independientes», más o menos «populares», que promueven más o menos «radicalmente» la acumulación de capital.” (Tesis sobre la cuestión china, reunión general de Marsella, il Programma Comunista n.23/1964).

[9] “Allo stesso modo, una forte resistenza con le parole e coi fatti veniva offerta da questi compagni ad ogni tentativo di intervento fuori dalle fabbriche - sulle questioni della casa, femminile, della repressione, ecc. - e di intervento nelle stesse fabbriche e sul terreno propriamente sindacale che non si facesse ridurre ad una stretta dipendenza dai tempi e dai modi dettati dalle strutture sindacali ufficiali.

Per questa parte di compagni ogni decisione presa al di fuori di quanto e di come era « già stato fatto » in precedenza, ogni interesse per problematiche che investivano il terreno della critica politica e teorica non affrontate e risolte con tesi e punti fermi in precedenza (dal partito attuale o dal partito comunista d'Italia negli anni Venti), assumeva l'aspetto del pericolo o addirittura del tentativo di portare il partito fuori dalla sua rotta e di inficiarne la capacità teorica e politica.

Contro una visione di tal genere - che andò via via caratterizzandosi come difesa ad oltranza di quanto, non tanto la sinistra comunista come corrente politica, ma di quella italiana in particolare e soprattutto della persona Amadeo Bordiga, aveva detto scritto fatto, senza comprendere in realtà la lezione profonde delle battaglie di classe condotte dalla sinistra comunista - si sviluppò una lotta politica interna condotta in particolare dal Centro attraverso lo sforzo di reinquadrare i problemi dell'oggi e le differenze di situazione storica senza perdere il filo conduttore di quelle battaglie di classe.

Questa circolare del marzo 1976, alla pari di altre precedenti e di successive, fa parte di questa lotta politica interna. (…)

Da questo punto di vista, questa circolare segna un punto a favore, se così ci si può esprimere, alla lotta sia contro il conservatorismo di partito ben radicato purtroppo nell'organizzazione, sia contro quell'arroganza teorica mescolata ad un velleitarismo verbale ma pratico immobilismo caratteristici degli antidialettici legati ad una visione mistica del partito, della lotta di classe, del proletariato e del suo movimento, della rivoluzione, del comunismo.”” (Premessa alla circolare de 1976, pubblicato en “il Comunista”, nº33, 1992, pag. 9).

[10] Consideraciones sobre la actividad orgánica del partido cuando la situación es históricamente desfavorable, 1965

[11] Ver en “El Comunista” nº65, “Una consigna incorrupta por encima de las generaciones «de los muertos, de los vivos y de los por nacer»”.

[12] Como el epígono de “le Proletáire/il Comunista” en español (nº23 de julio de 2021) que, además de reivindicar la formación del PSOE como “un hito del marxismo en España” (sic), reivindicaba esta artificiosa caracterización realizada por parte del centro parisino, hecha tan solo diez (10) meses antes de que este centro parisino abandonara la organización pretendiendo además su disolución internacional. Volveremos en otro lugar sobre este punto.

[13] “Queste organizzazioni possono anche non essere i sindacati - e non lo saranno nella prospettiva di una brusca svolta nel senso dell'assalto rivoluzionario (…)” (“il programma comunista” nº3/1972)

[14] Carta de O. Damen: “En tal fase de avance o de conquista del poder, el reagrupamiento de las fuerzas del proletariado no esperará a que se repita la práctica tradicional del sindicato, sino que tendrá lugar a través de nuevos organismos de masas (…)”

[15] “(…) ma, riconoscendovi il sintomo di una istintiva reazione proletaria allo stato di impotenza al quale i sindacati riducono le sue lotte e rivendicazioni, deve trarne motivo per inculcare in uno strato sia pure esile di sfruttati la coscienza di come i loro sforzi, per quanto generosi, siano condannati a rimanere sterili se la classe non trova in sé la forza di provocare e compiere una inversione completa di rotta politica in direzione dell'attacco diretto e generale al potere capitalistico.” (“il programma comunista” nº3/1972)

[16] Bastará recordar uno de los tantos textos en los que la Izquierda y el Partido se oponen al frente único político: “Para la cuestión táctica basta recordar que el frente único nació propuesto como método para “arruinar” a los partidos socialistas, y dejar a sus dirigentes y estados mayores privados de las masas que los seguían y debían pasar con nosotros. La evolución de esta táctica ha confirmado que ella contenía el peligro de conducir a una traición y a un abandono de las bases clasistas y revolucionarias de nuestro programa.” (Tesis de Nápoles, 1965).

[17] “(…) i proletari voteranno a giusta ragione contre l'abrogazione della legge esistente, (…) meglio una briciola che nulla (…).” (il programma comunista, nº7/1974, pag. 2)

[18] “NEL SECONDO CASO (Organismi a base interclassista) rientrano quegli organismi a base non soltanto proletaria in cui tuttavia si dibattono questioni o si difendono interessi ai quali la classe operaia non è e non può essere indifferente: comitati di donne, di soldati, di inquilini, della scuola ecc. Con le riserve considerate nel caso precedente, possiamo e dobbiamo entrarvi sia semplicemente per propagandare le nostre posizioni, fosse pure per un solo giorno e di fronte ad un solo proletario, sia per svolgervi un'azione più o meno continuativa, non ponendo come pregiudiziale alla nostra partecipazione la adozione da parte dello stesso organismo di obiettivi di classe ai quali esso è per origine estraneo e refrattario, ma sostenendo energicamente nel suo seno: 1) che gli interessi immediati comuni al soldato, alla donna ecc. proletari e non proletari si difendono efficacemente solo se si agisce in collegamento con la lotta proletaria di classe; 2) che la soluzione finale dei problemi assillanti quel certo strato sociale risiede nel socialismo e solo in esso; 3) che in entrambi i casi il solco su cui ci si deve muovere è il medesimo della classe per eccellenza rivoluzionaria, il proletariato.” (Circular de la dirección, de 26 de marzo de 1976, republicada y reivindicada por “il Comunista” en el número 34-35).

[19] “4.- (…) Sobre todo, el partido desarrolla su actividad de propaganda y de atracción entre las masas proletarias, especialmente en las circunstancias en las que éstas se ponen en movimiento para reaccionar contra las condiciones que el capitalismo les ha creado, y en el seno de los organismos que los proletarios forman para proteger sus intereses inmediatos.

5.- Los comunistas penetran, pues, en las cooperativas proletarias, en los sindicatos, en los consejos de empresa, constituyendo en ellos grupos de obreros comunistas; procurando conquistar allí la mayoría y los cargos directivos, para obtener que la masa de proletarios encuadrada en tales asociaciones subordine su propia acción a las más altas finalidades políticas y revolucionarias de la lucha por el comunismo.

6.- El partido comunista, por el contrario, se mantiene fuera de todas las instituciones y asociaciones en las cuales proletarios y burgueses participan con el mismo título o, peor aún, cuya dirección y patrocinio pertenece a los burgueses (sociedades de socorros mutuos, de beneficencia, escuelas de cultura, universidades populares, asociaciones masónicas, etc.) y procura apartar a los proletarios de las mismas, combatiendo su acción y su influencia.” (Tesis de la Fracción Comunista Abstencionista, 1920).

[20] “che le decisioni prese centralmente suscitino a volte perplessità e incertezze, è un fatto che deve considerarsi scontato è di cui non v'è ragione di allarmarsi purché si abbia il coraggio e la fermezza di guardarlo in faccia.” (Circular de la dirección, de 26 de marzo de 1976, republicada y reivindicada por “il Comunista” en el número 34-35).

[21] “Para eliminar los peligros oportunistas y las crisis disciplinarias la Internacional Comunista debe apoyar la centralización organizativa en la claridad y la precisión de las resoluciones tácticas, y en la exacta definición de los métodos que aplicar.

Una organización política, es decir, basada en la adhesión voluntaria de todos sus miembros, sólo responde a las exigencias de la acción centralizada cuando sus componentes conocen y aceptan el conjunto de los métodos que pueden ser ordenados por el centro para ser aplicados en las diferentes situaciones.

El prestigio y la autoridad del centro, que no dispone de sanciones materiales, sino que se vale de parámetros que pertenecen al dominio de los factores psicológicos, exigen de manera absoluta claridad, decisión y continuidad en las proclamaciones programáticas y en los métodos de lucha. En esto reside la única garantía de poder constituir un centro de la efectiva acción unitaria del proletariado internacional.

Una organización sólida solamente nace de la estabilidad de sus normas organizativas; asegurando a cada uno su aplicación imparcial, ésta reduce al mínimo las rebeliones y las deserciones. Los estatutos organizativos, tanto como la ideología y las normas tácticas, deben dar una impresión de unidad y de continuidad.

Por estas consideraciones, basadas en una rica experiencia, el paso del período de construcción de la Internacional de los partidos comunistas al de la acción del Partido Comunista Internacional hace necesaria la eliminación de normas organizativas totalmente anormales.” (Táctica de la Internacional Comunista en el proyecto de tesis presentado por el PC de Italia en el IV Congreso Mundial, Moscú 1922).

[22] Inicialmente SONACOTRAL (SOciété NAtionale de COnstruction de logements pour les TRAvailleurs ALgériens) pasó a denominarse SONACOTRA después de la independencia de Argelia.

[23] Órgano de la sección argelina, epicentro de la degeneración nacionalista de la organización formal.

[24] “base minimale que nous pourrons envisager de travailler en commun avec d’autres forces qui ont un programme et une idéologie différente des nôtres”

[25] Expulsados con la excusa de “fraccionismo” por haber mantenido una reunión con unos compañeros del Sur de Francia ante la grave deriva del Partido. Independientemente de que no podemos solidarizarnos con el desarrollo posterior de una parte de estas secciones, la acusación de “fraccionismo” por haber mantenido una reunión fue un mero pretexto y la expulsión por dicho motivo es  completamente infundada. Esta actuación de la dirección del Partido es digna de la peor expresión de la degeneración de la Internacional y de un Togliatti de la peor calaña. Efectivamente, la dirección del Partido había caído en manos del activismo interclasista y las secciones que reaccionaban contra ello eran expulsadas con la acusación (falsa) de un “fraccionismo”, utilizando los mismos métodos que la Internacional degenerada: “se abusó gravemente del espectro de “fraccionismo” y la constante amenaza de expulsión de una corriente, acusada artificialmente de preparar una escisión con el solo fin de hacer prevalecer los peligrosos errores centristas en la política del partido.” (Tesis de Nápoles, 1965). Al centro degenerado de entonces se le puede recordar que, en su batalla contra la degeneración de la Internacional, la Izquierda ha defendido siempre que: “Es absurdo y estéril, y además muy peligroso, pretender que el partido y la Internacional estén asegurados misteriosamente contra toda recaída o tendencia a la recaída en el oportunismo. Estos efectos pueden depender tanto de cambios de la situación como del juego de los restos de las tradiciones socialdemócratas. En la resolución de nuestros problemas se debe admitir, entonces, que toda diferencia de opinión, que no pueda reducirse a casos de conciencia o derrotismo personal, puede desarrollarse útilmente para preservar de graves peligros al partido y al proletariado en general. Si estos peligros se acentuasen, la diferenciación asumiría inevitablemente, aunque útilmente, la forma del fraccionismo; esto podría conducir a escisiones, pero no por el infantil motivo de una falta de energía represiva por parte de los dirigentes, sino sólo concretas en el caso de que se verificase la maldita hipótesis del fracaso del partido y de su sometimiento a influencias contrarrevolucionarias.” (Tesis de Lyon, 1926).

 

[26] “In questo quadro condividiamo la piattaforma del Coordinamento milanese, come esposta all'inizio di questo dibattito, cioè di un organismo in cui siano presenti differenti linee politiche, ben inteso tutte interne al fronte di classe.” (“il programma comunista, nº13/1981)

[27] “Giovani, immigrati, senza-casa, vittime della repressione, detenuti politici, sono oggi, insieme ai disoccupati in generale, le pattuglie di avanguardia di una guerra di classe.” (“il programma comunista” nº19/1981, pág. 2)

 

[28] “Io non voglio che si getti in commercio il nome di Bordiga, stupida esca davvero per chi la porga e chi abbocchi, e sono certo che non si farà nemmeno dopo la mia morte. Chi non capisce il perché, non ha capito un rigo di tutti i testi e la storia della Sinistra. Alla data della morte io penso con serenità e lascio ai superstiziosi gli scongiuri. Non temo di morire, ma che si rincoglionisca tutto il movimento per commemorarmi, questo sì. Sebbene io abbia deciso di non lasciare testamenti di nessun genere, mi costringete a pensare alle misure che posso prendere per impedire tale superputtanata. Dispongo che chiunque possa usufruire gratis dei testi alla condizione che non vi sia il nome Bordiga. Un problema in prassi borghese e in prassi comunista. Se foste tutti maturi davvero, questa preoccupazione potrei non averla: ma scorgo le debolezze. Se violo diritti della Storia, ebbene, di lei soprattutto mi fotto". (Lettera di 16 novembre 1962)

[29] “ma sarebbe un suicidio volerli eludere sia col pretesto che difficili sono, sia con l'altro che basti consultare il capoverso di un testo (d'altronde spesso dedicato alla ben diversa - e preliminare - questione di ristabilire le basi fondamentali della teoria come guida all'azione nel senso più generale del termine) per averli bell'e risolti.” (Circular de 1974, publicada en “il Comunista”, nº33, 1992, pág. 8)

[30] “si entusiasma per tutte le lotte che scoppiano non importa dove, fosse pure nell'angolo più remoto del pianeta (…) E' colui che in tutti gli episodi di una lotta che abbraccia tutti i continenti, e in tutte le fasi di questo movimento multiforme, agisce con la stessa certezza della vittoria che se la rivoluzione fosse vicina o si svolgesse sotto i nostri occhi.” (“il programma comunista”, junio, nº11/1981, pág. 3)

[31] BCI, Bureau Centrale Internazionale

[32]Al primero rebatimos que la unidad y la centralización real -reivindicada por nosotros más que por ningún otro- en la acción y en el modo de organizarse del Partido es el PRODUCTO, el punto de llegada, no la causa y el punto de partida, DE LA UNIDAD Y CENTRALIZACIÓN DE LA DOCTRINA, DEL PROGRAMA Y DEL SISTEMA DE LAS NORMAS TÁCTICAS: inútil buscar aquellas si faltan éstas; peor que inútil, destructivo y mortífero. Nosotros somos centralistas (y es éste, si se quiere, nuestro único principio organizativo) no porque reconozcamos válido en sí y de por sí el centralismo, no porque lo deduzcamos de una idea eterna o de un esquema abstracto, sino porque es único el fin al que tendemos y única la dirección en que nos movemos en el espacio (internacionalmente) y en el tiempo (por encima de las generaciones “de los muertos, de los vivos y de los por nacer”); somos centralistas por la fuerza de la invariancia de una DOCTRINA INMUTABLE, que ni individuos ni grupos están en disposición de mutar; y de la CONTINUIDAD DE NUESTRA ACCIÓN en el flujo y reflujo de las contingencias históricas, frente a todos los obstáculos de que está sembrado el camino de la clase obrera.

Nuestro centralismo es el modo de ser de un Partido, que no es un ejército, aunque tiene una rigurosa disciplina, como no es una escuela aunque se enseña, sino que es una fuerza histórica real, definida por su ESTABLE ORIENTACIÓN en la larga guerra entre las clases. Es en torno a este inescindible y durísimo núcleo, doctrina-programa-táctica, posesión colectiva e impersonal del movimiento, como se cristaliza nuestra organización, y lo que la mantiene unida no es el látigo del “centro organizador”, sino el hilo único y uniforme que liga a “dirigentes” y “base”, “centro” y “periferia”, comprometiéndose en la observación y en la defensa de un sistema de fines y de medios, ninguno de los cuales es separable del otro.

En esta vida real del Partido Comunista -no de cualquier partido, sino sólo y precisamente de él, en cuanto comunista tanto de hecho como de nombre- el rompecabezas que molesta al demócrata burgués-, ¿quién decide?: ¿la “dirección” o la “base”?, ¿los muchos o los pocos? ¿quién “manda” y quién “obedece”?- se disuelve definitivamente por sí mismo: es el cuerpo unitario del Partido, el que emboca y sigue su camino; y en él, como en las palabras de un oscuro soldado nivelador, “nadie manda y todos son mandados”, lo que no quiere decir que no haya órdenes sino que estas se adaptan con la forma natural de moverse y de actuar del Partido, cualquiera que sea el que las dé. Pero romped esa unidad de doctrina-programa-táctica, y todo se hunde, no dejando más que un... punto de control y de mando en un extremo, maniobrando a las masas de militantes, como el general -supuesto “genio” estratégico- mueve a los soldaditos, supuestos pobres tontos, tal vez haciéndoles pasar con armas y bagajes al campo enemigo, o como el jefe de estación maniobra sus trenes, quizá haciéndolos chocar el uno contra el otro; y una ilimitada plaza de armas para toda maniobra posible, al otro extremo. Romped esta unidad, y lógica e históricamente se justifica el estalinismo, como lógica e históricamente justificada llega la ruinosa subordinación de un Partido como el nuestro, que tiene por primera tarea la de asegurar “la continuidad histórica y la unidad internacional del movimiento” (punto 4 del Programa de Livorno, 1921), al mecanismo falso y embustero de la “consulta democrática”. Rompedla y habréis destruido el Partido de clase. (La continuidad de acción del partido sobre el hilo de la tradición de la izquierda, 1966).

[33] “che le decisioni prese centralmente suscitino a volte per- plessità e incertezze, è un fatto che deve considerarsi scontato è di cui non v'è ragione di allarmarsi purché si abbia il coraggio e la fermezza di guardarlo in faccia.” (Circular de la dirección, de 26 de marzo de 1976, republicada y reivindicada por “il Comunista” en el número 34-35).

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Le Prolétaire/il Comunista: punta de lanza de la degeneración revisionista del nuevo curso

 

 “LE PROLÉTAIRE”/”IL COMUNISTA”: PUNTA DE LANZA DE LA DEGENERACIÓN DEL NUEVO CURSO

 

 

Esquema de trabajo

La motivación inmediata de este trabajo es un artículo de 1989 republicado por “le Prolétaire”/”il Comunista” a finales de 2023 sobre la cuestión nacional palestina y otro artículo publicado por su epígono en castellano, “El Proletario”, que critica una toma de posición internacionalista difundida y distribuida por nuestro Partido en octubre de 2023.

En la medida en que es la enésima ocasión en que el epígono en castellano de “le Prolétaire”/”il Comunista” se dedica a tergiversar nuestras posiciones y orígenes, el desarrollo de este trabajo nos llevará a un campo más amplio, que seguirá la siguiente estructura: empezaremos por caracterizar a “le Prolétaire”/”il Comunista” y hacer evidente su historia, seguiremos con la caracterización de su oportunismo específico en la cuestión nacional y terminaremos recorriendo la crítica que hacen de nuestras posiciones de Partido para mostrar cómo sus posiciones fueron y son las del nuevo curso revisionista.

 

La degeneración de “il programma comunista”

En la pág.11 del nº1 de “El Comunista” (nueva edición), de mayo de 1983, con el que retomábamos la publicación de la revista del Partido en castellano, publicamos unas modestas pero suficientes notas con el título “La degeneración de programma comunista y nuestra batalla”  que resumen las causas históricas de esa degeneración, las principales manifestaciones externas del proceso y la decisión de romper con la disciplina formal de una organización que ya no representaba el hilo histórico del Partido. Estas notas no fueron una elaboración “local” de la sección española, sino que habían sido publicadas por los compañeros de la sección de Schio en febrero de 1983 como parte del esfuerzo internacional de mantener la continuidad del Partido fuera de la organización formal degenerada.

Habíamos sido expulsados primero sustancialmente – como habían sido expulsados los planteamientos de la Izquierda en general por el denominado nuevo curso – y, por esto, decidimos romper la disciplina formal que para los marxistas no significa nada si no está vinculada a la continuidad de la línea y a la unidad de doctrina-programa-táctica; lo que no impidió a la dirección pretender nuestra “expulsión” formal en un acto disciplinario en el vacío.

No se hizo esperar demasiado la confirmación ulterior de que la dirección de esa organización formal no representaba ya el hilo histórico del Partido. Esa dirección contra cuya degeneración habíamos mantenido nuestra batalla, fue estallando sucesivamente en pedazos unos meses después: en octubre de 1982 (cuando rompieron sobre bases siempre más activistas El-Oumami, Proletarier y el centro parisino del Partido, el mismo que unos meses antes actuaba disciplinariamente contra nosotros); en junio de 1983 cuando se da rienda suelta al “debate interno” abiertamente democrático y una parte de la redacción se hace a un lado; en enero de 1984 cuando esta última parte (que había sido desplazada en la práctica bastante antes de junio de 1983) recuperó en los tribunales la revista y la otra parte empezó a publicar “Combat”; en 1985 cuando de “Combat” se desgaja “il Comunista” y se fusiona con “le Prolétaire”.

Es importante notar que nuestro nº1 de mayo de 1983 es anterior a la reyerta por el control de “il programma comunista” a partir de junio de 1983 entre las distintas variantes del nuevo curso que no se habían declarado abiertamente liquidacionistas del envoltorio formal del Partido y las describe a todas ellas.

Del último trozo salido del hiperactivismo de “Combat” y recombinado con “le Prolétaire” es de quien nos tenemos que ocupar hoy. Empecemos por recordar sintéticamente de quién estamos hablando, para quien no lo sepa.

 

 “le Prolétaire”/”il Comunista” y el nuevo curso

Han sido siempre reiterados los esfuerzos de “le Prolétaire”/”il Comunista” para disimular sus orígenes y reescribir su papel en la degeneración del Partido durante los años 70 que fue intensificándose hasta la ruptura en pedazos del centro ya degenerado en 1982-83, intentando difuminar con sus “balances” el rastro de su papel real en esa crisis degenerativa. Por esto es importante hablar claro acerca de su génesis y orígenes reales, aunque tengamos que limitarnos aquí a unas pocas indicaciones.

Las actuales redacciones de “le Prolétaire”/”il Comunista” provienen, con completa continuidad, de ese fango movimientista, activista, revisionista y nacionalista del nuevo curso con el que inundaron el Partido Comunista Internacional de activismo, interclasismo y democratismo, expulsando y aislando a los que se oponían a esta línea revisionista, hasta que finalmente fueron estallando ellos mismos sucesivamente en pedazos a finales de 1982 y años posteriores.

Contra este nuevo curso reaccionaron varias secciones en Francia y en Italia y el grueso de la sección española que retomó la publicación de la revista “El Comunista”, desde mayo de 1983, con el indicativo “nueva edición” para distinguirlo claramente del periodo precedente en el que se entremezclan artículos correctos con desviaciones importantes cuya publicación venía impuesta desde Milán o París.

En el próximo número de la revista publicaremos unas notas adicionales sobre este proceso degenerativo y nuestra batalla (que no fue la única) contra el mismo para ilustrar su desarrollo, cómo se fueron modificando la línea, los métodos y posiciones del Partido desde la dirección, en contra de la resistencia opuesta por parte de la vieja militancia en defensa de la continuidad del programa comunista, hasta que consiguieron romperlo; es decir, qué fisonomía tuvo el nuevo curso.

 

El recorrido de “le Prolétaire”/”il Comunista”

En Francia, se puede observar fácilmente ojeando los números de “le Prolétaire” de los años 1983 y 1984 (y los inmediatamente anteriores y posteriores), como, después del abandono del Centro de París (llevándose archivo y fondos, tratando de liquidar el Partido hasta sus cimientos, cosa que también trataremos en su lugar), el grupo que asumió la publicación de “le Prolétaire” continuó inmerso completamente en el marasmo movimientista en el que los abandonó huérfanos el ex-Centro parisino en 1982. No se trata de uno de los grupos que combatieron el nuevo curso o que estaban opuestos a la deriva de los Centros parisino o milanés, sino de un grupo solidario con esa deriva del Centro a la que le siguió dando continuidad, consiguiendo incluso empeorarla como veremos más adelante, al grito de “Palestina vencerá” y “Abajo el Estado sionista de Israel” (Le Prolétaire, nº374, septiembre de 1983, pág. 7).

En Italia, el grupo que actualmente publica “il Comunista” formaba parte del Centro italiano durante los años anteriores a 1983 y es corresponsable de la deriva del nuevo curso en todo el periodo anterior. Es, además y en particular, quien permitió la publicación legal de los números más nauseabundos de “il Programma Comunista” (a partir de julio de 1983) y que luego creó “Combat”, por un lado, y, por otro, la primera serie de “il Comunista”. Para que el lector pueda seguir el rastro, pese al tiempo que ha pasado desde entonces, puede comprobar que el nombre del actual “Redattore-capo” y titular de la cuenta para giros postales de “il Comunista” (R.d.P.) aparece como “Direttore responsabile” de “il Programma Comunista” a partir del nº13/1981 (después del anuncio de la expulsión de la sección de Ivrea) juntamente con el que había sido y siguió siendo después “Redattore-capo” de esa cabecera (B.M., hoy fallecido). Se puede observar que en el número nº8/1983 desaparece el segundo y se mantiene solamente el actual “Redattore-capo” de “il Comunista” en funciones de “Direttore responsabile” de “il Programma Comunista”. Esta situación dura en los números nº9 y nº10 de 1983, publicados bajo la responsabilidad del actual “Redattore-capo” de “il Comunista” incluyendo el nº11 de 1984, donde finalmente se anuncia que el periódico se publicará a partir de aquel momento con el nombre de “Combat”.

Es conocido que el grupo que actualmente controla la cabecera de “il Programma Comunista” consiguió recuperarla mediante los tribunales burgueses, error político profundo que ha servido desde entonces de auténtico talismán expiatorio al actual grupo de “il Comunista” para esconder detrás de esta pantalla su responsabilidad en todo el proceso anterior, en el periodo de julio de 1983 a enero de 1984 y en la legalización posterior de “Combat”.

Efectivamente, el lector volverá a encontrar puntualmente al actual “Redattore-capo” de “il Comunista” como “Direttore-responsabile” y responsable de la cuenta para giros postales de la nueva publicación del hiperactivismo movimientista denominada “Combat” cuyo subtítulo era “periódico por el partido comunista internacional”, no ya órgano del partido comunista internacional. La dirección de contacto de “Combat” y de “il Comunista”, desgajado en 1985 de “Combat”, son las mismas. También se mantiene la cuenta para giros postales, siempre a nombre de R.d.P. La continuidad organizativa es completa: misma dirección física de contacto, misma cuenta para el dinero, mismo director responsable. También encontrará el atento lector el nombre de la actual “Direttore responsabile” de “il Comunista” en funciones análogas en la primera serie de “il Comunista”, que tampoco se presenta como órgano del Partido.

Hasta aquí hemos podido seguir la línea “il programma comunista” => “il programma comunista” (centralismo democrático explícito) => “Combat” => “il Comunista”, en sus responsables legales. Veamos ahora esta misma línea en sus posicionamientos políticos.

En “il Comunista”, nº175 (y en El Proletario nº28, pero no en “le Prolétaire”) aparece publicado un artículo titulado “40 años de la reconstitución del Partido de clase”, artículo tramposo donde los haya, donde intentan quitarse la responsabilidad de sus actos y ubicar el nuevo curso a partir de junio de 1983 cuando ellos llevaban años practicándolo desde la dirección y participaron igualmente en él incluso después de junio de 1983. Pero el rastro se puede seguir y DESENMASCARAR a quien intenta retroceder sobre sus pasos para borrarlo.

En ese artículo, pese a que en realidad reivindican su actuación dentro de lo que según ellos mismos es “lo que quedaba del Partido en Italia (Combat)” (il Comunista, nº175, El Proletario nº28), se excusan diciendo que en realidad ellos no compartían las posiciones de las publicaciones que legalizaban:

“De hecho, los camaradas que formalmente eran los «propietarios comerciales» y los «redactores responsables» del periódico del partido [están hablando de ellos mismos, ndr] no siempre compartían necesariamente las posiciones del partido. Esto se aplica a los números de Il programma comunista del 7 de julio de 1983 al 11 de enero de 1984, así como al posterior «Combat» de febrero a diciembre de 1984 (cabecera cuya dirección nunca compartimos).” (il Comunista, nº175, El Proletario nº28). Legalizaron la revista Combat que ni se presenta como revista del Partido sino por el Partido (en coherencia con su posición liquidacionista), eran titulares de la cuenta donde se recibían las aportaciones, consideran todavía hoy a Combat como “lo que quedaba del Partido” … ¡pero le explican al mundo que nunca lo compartieron!

Creemos que “il Comunista” (exCombat) se ríe de sus lectores o cree de veras que se tragarán cualquier cosa. Pero, incluso si consiguieran convencer a alguien, ¿cómo se podría calificar a alguien que se presta a ser la pieza clave de la publicación de una de las peores series de tergiversaciones y falsificaciones de la Sinistra y del marxismo?

Además, “il Comunista” no se debe acordar de que en su nº1 de 1985 (con el indicativo “Anno III/Nuova serie” para indicar su continuidad con la primera serie) afirmaban en la pág. 29 en su artículo titulado “Perché il comunista” (¿Por qué “il Comunista”?): “Tras la lucha común contra el liquidacionismo movimientista y la persistente esperismo [ndr. “attendista” en italiano, derivado de “attendere”, estar a la espera] (como está documentado en el "programma comunista" de octubre del 82 a junio del 83, luego continuado en parte en el mismo periódico y más tarde en "combat"), y el intento común de reaccionar ante la crisis aceptando el desafío lanzado por los acontecimientos fuera y dentro de la organización, la sección "italiana" se escindió”  [1].

Advertimos al lector que no dé por ciertos sin más los hechos descritos por “le Prolétaire”/”il Comunista” (exCombat) en esta u otras citas suyas que tendremos que traer a colación. Lo dicho no quita el valor que sí que pueden tener, para definirles a ellos mismos, sus propias manifestaciones.

En 1985 definían como una lucha y un intento comunes el periodo de octubre de 82 a junio del 83 de “il Programma Comunista”, continuado luego en el mismo periódico y en Combat, saliendo de esa organización sólo una vez transcurrido un año. En 2023 dicen que no compartieron nunca la dirección de esas publicaciones, legalizadas por ellos mismos. O peor “no compartían necesariamente siempre”, formulación ambigua y retorcida que permite alterar, modular y ajustar selectivamente y según convenga el pasado cuando sea oportuno.

En ese mismo nº1 de 1985 (Anno III/Nuova serie) publicaron un artículo titulado “A che cosa ci richiamiamo” (A qué nos reclamamos) en el que, después de citar el contenido clásico de “Lo que distingue a nuestro Partido” que encabeza las publicaciones de Partido desde 1952 (y que, dicho sea de paso, ellos modificaron en las suyas a partir de 2005 con otro redactado), añaden lo siguiente: "La línea – añadimos con más energía y en referencia a la crisis que ha sacudido recientemente al partido – que va desde la lucha por ENTRAR EN CONTACTO CON LOS MOVIMIENTOS SOCIALES y la clase y contribuir al renacimiento de una corriente de clase independiente del colaboracionismo hasta la batalla contra el liquidacionismo antipartido ya sea esperista, académico o movimientista y contingentista". (il Comunista, nº1 de 1985, Anno III/Nuova serie, página 3[2].

Para entender mejor la significación de esta declaración añadida “con más energía”, tenemos que seguir el rastro para remontarnos un poco hacia atrás en el tiempo. En el “il Comunista”, nº2 de 1985, Anno III/Nuova serie, pág. 21, se puede leer la siguiente afirmación relativa a su determinación de hacer un balance de la crisis del Partido: Este trabajo comenzó ya en octubre del 82, con la preparación de la reunión general de Milán, cuyos resultados inmediatos pueden leerse en el número 20 del 29 de octubre del 82 de "programma comunista", y en los números siguientes.” (“il Comunista”, nº2 de 1985, Anno III/Nuova serie, pág. 21[3].

Pues bien, leamos el número de “il programma comunista” en cuestión y más concretamente “Le questioni poste dalla crisi nel nostro partito nel rapporto del centro italiano alla riunione di Milano del 17 ottobre 1982” (Las cuestiones planteadas por la crisis de nuestro partido en el informe del centro italiano a la reunión de Milán del 17 de octubre de 1982), indicado por “il Comunista” como referencia del inicio de su trabajo político.

En ese momento acababa de irse formalmente del Partido la sección argelina, la alemana, parte de la francesa incluyendo su Centro, considerando que la Izquierda tenía un vicio de origen que impedía al Partido participar en los “movimientos sociales” en los que ellos querían participar y, de hecho, participaban.

En ese artículo/informe, la actual redacción de “il Comunista” (exCombat), junto a otros, escribía: “¿Cómo se ha desarrollado esta crisis que ve contrapuestos a compañeros que parten de la misma exigencia, la intervención en las contradicciones sociales bajo la guía de una línea táctica ligada a nuestros principios políticos y tácticos?”[4] (il programma comunista, nº20/1982, pág. 2).

Es verdaderamente sintomático el modo hasta candoroso en que se hace esta pregunta “il Comunista”, perdón, queremos decir el Centro milanés de entonces. Los que abandonaban el Partido e intentaban liquidarlo formalmente en el proceso eran sus compañeros, estaban de acuerdo con ellos, llevaban años liquidando la línea del Partido desde dentro y sumergiéndolo en el pantano del interclasismo, pero querían ir más rápido y les estorbaba el envoltorio, no quisieron esperar.

La respuesta que da el Centro a su propia pregunta es: “Sin duda, esto se debió a un retraso en la resolución de este problema, que se manifestó de forma diferenciada a escala internacional” (il programma comunista, nº20/1982, pág. 2)[5].

Nosotros pensábamos entonces y seguimos pensando hoy junto con tantos compañeros del Partido que se opusieron al nuevo curso que la solución de nuestra actuación táctica estaba resuelta en las Tesis y en el resto de textos fundamentales del Partido. Pero estos límites tácticos eran demasiado “estrechos” para el nuevo curso:

“En efecto, nuestra actividad de intervención en las luchas, desde hace años, se ha limitado al plano de las reivindicaciones sindicales. Esto es muy cierto. Pero este terreno, los problemas que planteaba, su evidente estrechez, nos hicieron reconocer la necesidad de ampliar nuestra visión, nos hicieron descubrir todos los demás terrenos "prácticos", y estos terrenos – la cuestión de la mujer, la vivienda, el antimilitarismo, la represión y cualquier otra manifestación de las contradicciones sociales – nos dieron nuevas armas y mayor seguridad para abordar la lucha reivindicativa sindical propiamente dicha.” (il programma comunista, nº20/1982, pág. 5)[6].

Estamos ante el nuevo curso, una línea revisionista respecto a las posiciones previas de la Izquierda y respecto a la actuación previa del Partido, que admite haber “ampliado su visión” y “descubierto” nuevos terrenos “prácticos” y “nuevas armas” pero que entiende que la revisión debe hacerse más despacio y sobre todo más camufladamente, sin renunciar al envoltorio formal del Partido.

Concluyen: “Por eso, aun comprendiendo las "exigencias" de todo aquel que nos hable de "movimiento social"aun compartiendo el juicio de que estamos ante un momento decisivo de nuestra historia, sacamos la conclusión contraria a la liquidadora: de nuestra historia pasada, de nuestros errores, además del bagaje doctrinal que nunca hemos visto como un recetario, sacamos el alimento para avanzar con decisión.” (il programma comunista, nº20/1982, pág. 5)[7].

Así pues, reiterando su identidad en cuanto a la participación en los “movimientos sociales”, movidos por una “prisa” producto de una evaluación incorrecta de la situación histórica que llevaba a sacrificar todo para superar el “retraso”, el nuevo curso reivindica la libertad respecto al bagaje doctrinal (esto es lo que  significa en su boca la frase, la doctrina no es un recetario) y cuando habla de errores no se refiere a la intervención en los movimientos interclasistas sino a no haberlo hecho antes…

Es todavía más expresivo el documento interno previo al artículo, el acta de la reunión de 17.10.1982 extendida por el Centro degenerado de entonces, en la que se puede leer “1) Definir el sentido de la ruptura. No entre parte atrasada y avanzada, sino entre comp. que son conscientes de una serie de exigencias (desde el programa al p. de acción rev.). La divergencia de fondo entre ellos: para hacerlo romper o continuar. UCI [ndr. Ufficio Centrale Italiano, el centro italiano] dividida, pero responsabilidad de quien suscribe y de E. [ndr. actual “Redattore capo” de “il Comunista” (exCombat), entonces parte del centro degenerado] de seguir adelante, aunque sea como “administradores de la quiebra”.

2) Distinción entre las posiciones de El Oumami y de los otros comp. El Oumami hace una serie de críticas que a nosotros nos parecen justificadas y nos lanza un desafío que hemos decidido aceptar. El problema de la organización int.al: falta de un verdadero programa de acción político.” (Acta de la reunión del 17.10.1982)[8].

Volviendo al número 20 en que se publicó el artículo/informe al que se trasladó el contenido de dicha acta, se da voz a los liquidacionistas formales reproduciendo ampliamente el discurso que dio en la reunión su representante. Si la pregunta que hemos visto más arriba es hasta candorosa, la respuesta de quien se está yendo es tan cruda como significativa: “Yo no acepto el discurso de la dirección que entona el mea culpa” (il programma comunista, nº20/1982, pág. 5[9].

Los liquidacionistas que abandonaban formalmente el Partido en octubre de 1982 y los que se quedaban en su dirección compartían el “descubrimiento” de las “exigencias” del “movimiento social” y de sus “nuevas armas”, sólo discrepaban entre liquidar el envoltorio formal del Partido o mantenerlo.

Pero dentro del Partido había también una fuerte oposición – sobre todo en las secciones con más presencia obrera del Partido, aunque no solamente y en ningún caso desde un punto de vista obrerista – contra este cambio de rumbo que se había operado liquidando internamente en los años anteriores la tradición de la Izquierda, aunque el ritmo de la liquidación dejara insatisfechos a los más apresurados entre los revisionistas del nuevo curso.

Desde una perspectiva opuesta, las secciones del Sur de Francia, de Turín y de Ivrea habían sido expulsadas anti-orgánicamente en la primavera del año anterior, 1981, por su oposición al nuevo curso.  En defensa de la continuidad de las posiciones de la Izquierda, el grueso de la sección española había roto con los centros degenerados de París y Milán en enero de aquel año, en 1982. No tardarían en salir posteriormente de la organización formal también las secciones de Schio, Benevento-Ariano y Torre Annunziata, considerando que había degenerado en el activismo, como anunciaría “il programma comunista” nº1/1983. Volveremos en otro lugar sobre las vicisitudes y dificultades de la tarea de mantener la actividad internacional por parte de las secciones y militantes que se habían opuesto al nuevo curso, de los diferentes caminos que tomaron algunas de estas secciones, y de la continuidad organizativa que mantuvimos y mantenemos con una parte de estos compañeros.

En “il Comunista” nº33, de 1992, los herederos del nuevo curso narran ellos mismos la resistencia previa ofrecida por el conjunto de los militantes del Partido de múltiples secciones que se oponían a la revisión de los planteamientos del Partido, de la línea teórica, programática y táctica de la Izquierda Comunista, es decir, que se oponían al nuevo curso representado entonces – junto con otros – por la actual redacción de “il Comunista” (exCombat).

“Para esta parte de los compañeros, cada decisión tomada fuera de lo que y cómo "ya se había hecho" anteriormente, cada interés por cuestiones en el campo de la crítica política y teórica que no habían sido abordadas y resueltas con tesis y puntos firmes anteriormente (por el partido actual o por el Partido Comunista de Italia en los años veinte), adquiría la apariencia de un peligro o incluso de un intento de desviar al partido e invalidar su capacidad teórica y política.

Contra tal visión – que poco a poco se fue caracterizando como una defensa a ultranza de lo que, no tanto la izquierda comunista como corriente política, sino de la izquierda italiana en particular y sobre todo de la persona de Amadeo Bordiga, había dicho y hecho, sin comprender realmente la profunda lección de las batallas de clase llevadas a cabo por la izquierda comunista – se desarrolló una lucha política interna, llevada a cabo en particular por el Centro mediante el esfuerzo por replantear los problemas del hoy y las diferencias de la situación histórica sin perder el hilo de aquellas batallas de clase.

Esta circular de marzo de 1976, como las anteriores y posteriores, forma parte de esta lucha política interna. (…) Desde este punto de vista, esta circular marca un punto a favor, si se puede decir así, a la lucha tanto contra el conservadurismo de partido desgraciadamente bien arraigado en la organización, como contra esa arrogancia teórica mezclada con un deseo verbal pero inmovilismo práctico característico de la antidialéctica ligada a una visión mística del partido, de las luchas de clases, del proletariado y su movimiento, de la revolución, del comunismo.” (Premessa a la circolare de 1976, publicado en “il Comunista”, nº33, 1992, pág. 9[10].

Queremos recordar que nosotros no damos por buena la caracterización que “il Comunista” haga de los hechos o de los intervinientes, sino que traemos a colación su descripción en la medida en que lo que dicen en ella los describe a ellos mismos.

En este sentido el lector observará que “il Comunista” (exCombat) admite, de forma clara, que ellos llevaron adelante una lucha política interna para “replantear los problemas del hoy” (¿?) contra los viejos militantes dentro del partido, que en esa lucha contra el “conservadurismo” (¡!) y la “arrogancia teórica”(¡!) del Partido, ellos introdujeron dentro del Partido una serie de planteamientos tácticos extraños a los planteamientos de los textos del Partido pero que se encontraron con una fuerte resistencia que se concretaba en una defensa a ultranza de la unidad de doctrina, programa y táctica que caracteriza a la Izquierda Comunista italiana.

Ésta es una de tantas admisiones del nuevo curso de ayer que hoy publica “le Prolétaire”/“il Comunista”, admisión del revisionismo que los actualizadores y enriquecedores intentaron imponer a través de la lucha política interna contra las secciones del Partido que defendían la continuidad de los planteamientos del Partido y de la Izquierda.

Después de este tipo de admisión, es realmente sorprendente que sigan presentándose como continuadores del Partido y que en “il Comunista” nº178 (agosto, 2023, pág. 1) tengan la cara dura de afirmar, en un tono que raya lo patético y explotando el sobadísimo nombre de un conocido compañero, para pedir aportaciones económicas: “Somos una organización muy pequeña, estrechamente ligada a la experiencia de la Izquierda Comunista de Italia y al trabajo de restauración teórica del marxismo que los compañeros de la Izquierda que no tiraron la toalla y que no se vendieron al estalinismo retomaron, bajo la dirección dada por Amadeo Bordiga, tanto la actividad teórica como la política y organizativa, retejiendo el hilo del tiempo del movimiento comunista proletario y revolucionario” [11].

“Le Prolétaire”/”il Comunista” deberían añadir, somos en realidad los que quisimos destruir esa experiencia y combatimos con la lucha política interna a los que la defendían dentro del Partido.

 

Inciso: qué “había dicho” el Partido

Ante el revisionismo del nuevo curso de “le Prolétaire”/”il Comunista” (exCombat) y su lucha política interna contra el “conservadurismo de partido”, reproducimos una serie de citas fundamentales que forman parte del núcleo de la restauración teórica realizada por el Partido:

“Ahora bien, dado que se nos impone últimamente ser claros, simples y concisos, como aquellos polemistas suministrados en serie a los «cuadros», seámoslo.

Tomemos nosotros la parte de los DOGMÁTICOS, de los TALMÚDICOS, también de los ESCOLÁSTICOS e incluso de los PEDANTES; asumamos la defensa de un marxismo que no crea nunca nada nuevo y constituye una CONSTELACIÓN DE PRECISAS TESIS INQUEBRANTABLES, y nos negamos resueltamente unguibus et rostro, a entregarlo como presa a estos que lo quieren enriquecer, REIVINDICÁNDOLO RÍGIDO Y POBRE COMO HA NACIDO (…)”. (Diálogo con los muertos, 1956).

“Muerte del individualismo

No es posible que el partido proletario de clase se gobierne a sí mismo en la buena dirección revolucionaria si no es total la confrontación del material de agitación con las BASES ESTABLES y NO MUTANTES de la teoría.

Las cuestiones de acción contingente y de programa futuro no son más que dos lados dialécticos del mismo problema, como tantas intervenciones de Marx hasta su muerte, y de Engels y de Lenin (¡Tesis de abril, comité central de octubre!) han demostrado.

Aquellos hombres no improvisaron ni revelaron, sino que blandieron la brújula de nuestra acción, de la cual es demasiado fácil desviarse.

Ésta enseña claramente el peligro, y nuestras cuestiones son felizmente planteadas cuando se va contra las direcciones generales equivocadas. Las fórmulas y los términos pueden ser falsificados por traidores y por deficientes, pero SU USO ES SIEMPRE UNA BRÚJULA CUANDO ES CONTINUO Y CONCORDANTE.” (El programa revolucionario de la sociedad comunista elimina toda forma de propiedad del suelo, de las instalaciones de producción y de los productos del trabajo, 1958).

“Por consiguiente, el problema de la praxis del partido no es el de saber el futuro, que sería poco, ni el de querer el futuro, que sería demasiado, sino el de ‘CONSERVAR la línea del futuro de su propia clase’.

Está claro que, si el movimiento no la sabe estudiar, indagar y conocer, ni siquiera estará en condiciones de CONSERVARLA. No es menos claro que si el movimiento no sabe distinguir entre la voluntad de las clases constituidas y enemigas y la suya propia, igualmente la partida está perdida, y la línea extraviada. El movimiento comunista no es cuestión de pura doctrina; no es cuestión de pura voluntad: sin embargo, la falta de doctrina lo paraliza, la falta de voluntad lo paraliza. Y la falta quiere decir absorción de doctrinas ajenas, de voluntades ajenas.” (Prometeo, Propiedad y capital, Capítulo XVII, Utopía, Ciencia, Acción, 1952).

“La desinfección a la que dedicamos el noventa por ciento de nuestro pobre trabajo no se completará más que en un largo devenir y continuará mucho después de nosotros: es la que combate la epidemia de todos los lugares y de todos los tiempos (en todas partes y siempre peligrosa) de los revisores, actualizadores, contempladores e innovadores.

Es inútil y dañino especificar o personalizar, y buscar en la lejanía o en la vecindad al lanzador de las bombas bacteriológicas; se trata de individualizar el virus y aplicarle el antibiótico, que tozudamente distinguimos en la continuidad de la línea, en la fidelidad a los principios, en el preferir novecientas noventa y nueve veces sobre mil la REMASTICACIÓN CATEQUISTA a la aventura del nuevo descubrimiento científico que requiere alas de águila, y al que se siente llamado por el destino todo mosquito.

Inquiétense, pues, los voladores enfurecidos, a los que devolvemos frígidamente y poco a poco a la modesta altitud a la que nos está permitido elevarnos, a nosotros que nos está prohibido todo heroísmo y todo romance, que nos atenemos a la ironía en lugar del lirismo y de vez en cuando nos vemos obligados a hacer volver hacia atrás a los más fogosos: ¡No hagáis de Fetontes!

Por tanto, mientras demasiados tienen el histerismo del cálculo sublime, nosotros los catalogamos a la altura del ábaco, y verificamos si saben contar con la punta de los dedos.” (El Marxismo de los balbuceantes, Battaglia Comunista, nº 8-1952).

“El objetivo principal de nuestras discusiones – en las cuales es indispensable REPETIR CONTINUAMENTE ciertos reclamos de los «teoremas» fundamentales, y mejor si es CON LAS MISMAS PALABRAS Y FRASES – es la crítica del DELIRIO SOBRE FORMAS «IMPREVISTAS» y deformidades del capitalismo más moderno que obligarían a revisar las bases de la «prospectiva» y por lo tanto del método marxista.

Tal falsa posición es fácilmente puesta en relación con el desconocimiento, o mejor con el nunca haber conocido, las líneas esenciales de nuestra doctrina, de sus principios cardinales.” (Alma del caballo de vapor, Il Programma Comunista nº 5,1953).

 “En la base de la relación entre militante y partido hay un compromiso; nosotros tenemos de ese compromiso una concepción que, para librarnos del antipático término contractual, podemos definir simplemente como dialéctica. La relación es doble, constituye un doble flujo en sentidos contrarios, del centro a la base y de la base al centro; si la acción dirigida desde el centro responde a la buena funcionalidad de esta relación dialéctica, le responderán entonces las sanas reacciones de la base.

El problema de la famosa disciplina consiste, por consiguiente, en poner a los militantes de base un sistema de límites que sea el inteligente reflejo de los LÍMITES puestos a la acción de los dirigentes. Por ello hemos sostenido siempre que éstos NO DEBEN TENER LA FACULTAD, en los virajes importantes de la coyuntura política, DE DESCUBRIR, INVENTAR Y PROPINAR PRETENDIDOS NUEVOS PRINCIPIOS, NUEVAS FÓRMULAS, NUEVAS NORMAS PARA LA ACCIÓN DEL PARTIDO.

Es en la historia de estos GOLPES DE SORPRESA donde se compendia la historia vergonzosa de las traiciones del OPORTUNISMO.” (Fuerza, Violencia y Dictadura en la Lucha de Clase, 1947).

“6. No siendo, pues, concebibles retornos abruptos de las masas a una organización útil de ataque revolucionario, el mejor resultado que puede dar el tiempo venidero es la RE-PROPOSICIÓN de los verdaderos objetivos y reivindicaciones proletarias y comunistas, y la reafirmación de la lección de que es DERROTISMO toda improvisación táctica que cambia de situación en situación pretendiendo explotar de ellas datos inesperados.

7. El estúpido actualismo-activismo que adapta gestos y movimientos a los datos inmediatos de hoy, verdadero existencialismo de partido, debe ser sustituido por la reconstrucción del sólido puente que une el pasado al futuro y cuyas grandes líneas el partido se dicta a sí mismo de una vez por todas, PROHIBIENDO a los gregarios pero SOBRE TODO A LOS DIRIGENTES la búsqueda tendenciosa y el DESCUBRIMIENTO DE ‘NUEVAS VÍAS’. (Teoría y acción, Reunión de Forlì, diciembre 1952).

Éstas son y no otras las inquebrantables posiciones de la Izquierda Comunista “italiana” y del Partido.

El nuevo curso de “il Comunista” (exCombat), reivindicado por ellos tantos años después, es la antítesis y la traición más completa a este planteamiento de la Izquierda. Para la dirección del nuevo curso, los LÍMITES de la unidad de doctrina-programa-táctica eran incómodos porque no les dejaban “descubrir” ni utilizar “nuevas armas” ni “ampliar su visión”, ni “replantear los problemas del hoy” y, por ello, propinaron nuevas normas de acción al Partido ante las que quisieron doblegarlo y emprendieron una “lucha política interna” contra las secciones y militantes que defendían a ultranza estos límites, la continuidad de lo que se “había dicho y hecho” hasta entonces, la conservación de la línea de clase, del marxismo, de la Izquierda y del Partido.

 

Siguiendo con el nuevo curso de “il Comunista”

Volviendo al número “re-fundacional” de “il Comunista” (nº1, 1985, Anno III/Nuova serie) se podrá leer un artículo titulado “il nostro percorso político” (nuestro recorrido político) en el que se afirma "3) continuidad del trabajo de intervención en los diversos sectores en los que actuaba el partido (terreno sindical, antimilitarismoantirrepresión, defensa de las condiciones de vida y de trabajo y lucha del proletariado, etc.)" (il Comunista, nº1 de 1985, Anno III/Nuova serie, página 2[12].

Si luego se lee en el mismo número el artículo “Problemi e prospettive per l’antimilitarismo” (Problemas y perspectivas para el antimilitarismo) se observa la completa continuidad de los posicionamientos previos del nuevo curso publicados en “il programma comunista”, “il Comunista” (primera serie) y “Combat”, en cuanto a los “comités para la paz” nacidos a partir de la instalación de una base estadounidense de misiles en Comiso (Italia). En ese artículo “il Comunista” (exCombat), después  de llamar a “dar el máximo de continuidad a los organismos y comités antimilitaristas independientes del colaboracionismo”, a “retejer los contactos horizontales (sic) estables” para “salir a la calle gritando el propio NO firme e intransigente a la preparación bélica”, afirman “En esta perspectiva los comunistas actúan desde ya al lado de todas las fuerzas que se pongan, aunque sea parcialmente, en este rumbo” (il Comunista, nº1 de 1985, Anno III/Nuova serie, pág. 3).

No puede ser más estridente la antítesis de este planteamiento movimientista frente a las posiciones marxistas contenidas en “El programa militar de la revolución proletaria” (Lenin) y las lecciones contra el Frente Único Político sacadas por nuestra corriente en la lucha contra la degeneración de la Internacional. Por otro lado, no puede ser más evidente la identidad de planteamiento del nº1 de “il Comunista” con el nº1 de “Combat” sobre el mismo tema.

En el nº3 de “il Comunista” (exCombat) se puede leer: “Publicamos aquí dos textos relativos a una actividad que el grupo promotor del Centro Social de Croce di Musile (en el sandonatese) inició sobre el problema de la nocividad y de los accidentes de trabajo. Este grupo de jóvenes está activo desde principios de 1984 y ha sido especialmente activo en la obtención de un Centro Social, un espacio que se utilizará para diversas actividades e iniciativas relacionadas con los problemas de los jóvenes (sic), tanto en lo que se refiere al trabajo como a la vida en general (sic).” (il Comunista, nº3 de 1985, Anno III/Nuova serie, página 7[13]. La redacción de “il Comunista” (exCombat) prosigue “Son sin duda un testimonio vivo (...) de una forma de reaccionar tanto ante el aislamiento como ante el silencio, una vía fecunda para el futuro mismo de la lucha proletaria" [14]. Y, a continuación, publican la intervención y una hoja en la que se defiende “el derecho a la vida, a una vida decente” firmado por el “Comité contra la explotación y el desempleo” del Basso Piave y, entre paréntesis, “excomité por el sí”, es decir, un comité creado para votar en un referéndum democrático.

En paralelo, "le Prolétaire"/"il Comunista" (exCombat), en junio de 1985 publicaban en su publicación francesa un artículo titulado “Inmigración: derecho de voto” en el que afirman: “El derecho de voto es un derecho político reconocido a los trabajadores franceses y debería ser un derecho de todos los trabajadores extranjeros. No sólo el derecho a votar, sino también el derecho a ser elegido, sin restricción en cuanto al tipo de elección (local o nacional). Fuera de esta posición de principio, sólo hay burla o mascarada.” (“le Prolétaire”, nº383, pág. 1)[15]. En septiembre de 1986 publicaban un artículo completamente movimientista titulado “Nuclear: un frente de lucha que concierne a los proletarios” del que años después se desdicen con la ya conocida excusa de que ellos nunca estuvieron de acuerdo con su propia publicación. En noviembre de 1986 “le Prolétaire”/”il Comunista” (exCombat) publicaban en “le Prolétaire” (nº389) un artículo titulado “Vascos: basta de represión” en solidaridad con militantes patriotas vascos expulsados, llamando a transformar esta denuncia en un movimiento anti-capitalista (sic).

En fin, podríamos llenar páginas con más ejemplos, pero tenemos que ir concluyendo este apartado para poder pasar a la cuestión nacional.

Desde entonces, siguiendo un método típicamente oportunista el grupo “le Prolétaire”/”il Comunista” ha ido modulando sus posiciones originales, mudando la pielmetamorfoseándose, recogiendo cable y mostrándose más comedido en sus posiciones movimientistas e interclasistas en general, aparentando unas posiciones más proletarias.

Aun así, siempre va asomándose el planteamiento movimientista e interclasista ya sea con los “chalecos amarillos” que “deben servir de ejemplo para las futuras luchas obreras (sic)” (“le Prolétaire” nº531, 2019)[16] o con la llamada a la “Solidaridad proletaria con Mumia Abu-Jamal y todas las víctimas del terrorismo de Estado estadounidense” [17] (“le Prolétaire”, nº541, agosto 2021) o como en el artículo de prensa sensacionalista barata “Giulia, asesinada por no querer ser propiedad de un hombre” en el que se reproduce un eco mimético más de la ideología burguesa que es el feminismo “el hecho es que, hasta la fecha, el número de mujeres asesinadas por sus parejas o en la familia o simplemente por ser mujeres es de 102... y aún no ha terminado el año...”  [18] (“il Comunista”, nº179, noviembre de 2023). Y por supuesto, en su página web se mantiene toda la retahíla de artículos con sus posiciones de antes (que son de ahora y de siempre), listos para saltar arriba y abajo, izquierda y derecha, o a ambos lados a la vez, según sople el viento.

Una de las peores características del oportunismo es decir una cosa y la contraria, en un mismo artículo, en la misma revista o en distintos números, en distintos momentos, y así ha actuado y actúa “le Prolétaire”/”il Comunista”.

Durante todo este recorrido y por muchos esfuerzos que hagan para ocultar su rastro y difuminar su pasado, ellos representaron al nuevo curso, estuvieron en el lado de los liquidadores de la línea de la Izquierda, aunque fueran rompiendo en cada una de las etapas con aquellos liquidadores más apresurados que querían quitarse definitivamente la máscara y renunciar incluso a la denominación del Partido (en 1982 y en 1984), sin dejar de compartir en ningún momento con ellos su esencia: el nuevo curso

En el artículo tramposo en el que “le Prolétaire”/“il Comunista” se presenta a sí mismo como la “reconstitución del Partido de clase” afirman que: “En Francia/Suiza, se había formado un pequeño grupo con camaradas de París, Estrasburgo, Lyon y Lausana que seguían publicando Le Prolétaire (…) los contactos con el antiguo centro de Milán se mantuvieron hasta junio de 1983, pero los intentos de reorganización internacional fueron muy débiles y confusos” [19]. Pero esto no cuadra con la realidad. En la página 14 de “le Prolétaire” nº375 de octubre de 1983 aparece reseñada la prensa del “partido” incluyendo “il programma comunista” y en la página 5 de “le Prolétaire” nº376 de enero de 1984, se reproduce como propio el índice de “il programma comunista” nº10, con el significativo primer punto “la cabecera cambiará: nuestra batalla continua” (en referencia a que el siguiente número aparecerá como “Combat”).  Es entonces, en mayo de 1984 y no antes, cuando deja de referenciarse la revista en italiano, ante la imposibilidad de reclamar “Combat” como revista del Partido dado que ni siquiera se presentaba como tal. Pero, además, en el nº2/1984 de “Combat”, pág. 8, sí que aparece claramente una referencia a “le Prolétaire” como prensa de la misma organización. También aparecen como tales la revista griega “Kommounistiko programma” y la revista venezolana “Espartaco”. En “le Prolétaire” nº378 de julio de 1984 (pág. 16) se publica una hoja de la misma revista venezolana “Espartaco” ligada a “Combat” y en la pág. 10 del mismo número se reivindica “Kommounistiko programma”. De hecho, cuando “le Prolétaire” e “il Comunista” (exCombat) anunciaron su fusión formal también lo hicieron con “Kommounistiko programma”, en “il Comunista” nº1/1985 (pág. 18), aunque dos números después en “il Comunista” nº3-4/1985 (pág. 46) tuvieran que decir que el grupo griego se lo había “repensado” y no se consideraban un órgano de partido. En el nº1/1985 de “il Comunista” (pág. 22) aparece como prensa propia “Espartaco” que todavía tiene el encabezado combatista de por el Partido Comunista Internacional”... Hablaremos en otro lugar de la evolución de estos militantes venezolanos y de su ruptura con “Combat” y con “le Prolétaire”/”il Comunista” (exCombat), pero lo que no es cierto es que la relación entre “le Prolétaire” y el centro degenerado se interrumpiera en junio de 1983 y se reanudara en 1985 con “il Comunista” (exCombat) sino que la referencia recíproca subsistió en el periodo del centralismo democrático descarado en “il Programma comunista” y luego dentro de “Combat”.

Lo que se “reconstituyó” en 1985 con el agregado “le Prolétaire”/“il Comunista” no fue el Partido de clase sino la punta de lanza de su degeneración, disfrazada de lo contrario. Conocemos otros ejemplos, el más notorio de los cuales es el estalinismo.

 

La cuestión nacional según “Le Prolétaire”/”il Comunista” (exCombat)

En 1989, en una de sus maniobras de corrección/difuminación del pasado, “le Prolétaire”/”il Comunista” publicó un texto titulado “Algunos puntos firmes sobre la ‘cuestión palestina’”. Este texto es el que han vuelto a publicar a finales de 2023 en “le Prolétaire” (nº550), “il Comunista” (nº179) y “el Proletario” (nº31).

Ese artículo intenta dar marcha atrás respecto a algunas de las posiciones del nuevo curso defendidas entonces por ellos mismos publicadas en un artículo de noviembre de 1982 titulado “La lucha nacional de las masas palestinas dentro del cuadro del movimiento social en Oriente Medio” (publicado en el mismo número 20 de 1982 de “il programma comunista” cuyo contenido reivindica “il Comunista” en su nº2 de 1985). Pero, en su rectificación, se mantiene como veremos el punto clave de su traición al marxismo. En su introducción a su artículo de 1989, “le Prolétaire”/”il Comunista” afirmaba:

"Según el marxismo, la orientación correcta, especialmente para las zonas donde la revolución burguesa ya no está en el orden del día (y por lo tanto ya no puede haber dobles revoluciones) pero donde la cuestión nacional no se ha resuelto, es insertar la cuestión nacional y la lucha nacional en la lucha de clases revolucionaria[20] (“le Prolétaire”, nº401, 1989, pág. 8).

Nótese que “le Prolétaire”/”il Comunista” (exCombat) no se refiere a la cuestión nacional cuando la revolución democrático-burguesa está todavía al orden del día sino, expresamente, a cuando la revolución burguesa y el advenimiento del capitalismo es un hecho. En el mismo número de 1989 en el que “le Prolétaire” manifestaba “rectificar” su posición sobre el nacionalismo palestino, pero mantenía su error fundamental, afirmaba también refiriéndose al proletariado yugoslavo:

Sería un craso error señalar a los proletarios en tales situaciones la única perspectiva de lucha en un terreno puramente proletario, echando en el olvido estas cuestiones de orden nacional, planteadas por la burguesía y la pequeña burguesía en su único interés como clases dominantes, pero de las que los proletarios son víctimas de una u otra manera.” [21] (“le Prolétaire”, nº401, 1989, pág. 7).

Por el contrario, es exclusivamente en un “terreno puramente proletario” que los proletarios de todas las lenguas en todos los lugares del mundo deben apoyarse mutuamente y rechazar cualquier división, discriminación ni privilegio relativo entre ellos, oponiéndose a las maniobras nacionalistas de las burguesías que les quieren encuadrar en sus nacionalismos respectivos.

Cuán duramente pagó el proletariado yugoslavo entre 1990 y 1999 haber seguido el consejo de no ubicarse “en un terreno puramente proletario”, que era el mismo consejo que le convenía al imperialismo europeo y alemán recién reunificado.

En prácticamente todos los estados de Europa hay minorías nacionales para las cuales se levantan cuestiones nacionalistas y si nos trasladamos a África veremos un sin fin de grupos étnicos cortados por fronteras o encuadrados junto con otros dentro de las mismas fronteras, etc. Es evidente que la aplicación de la táctica antimarxista propugnada por “le Prolétaire”/”il Comunista”  condena a la eterna permanencia de la “lucha nacional” (es posible que “le Prolétaire”/”il Comunista”  piense que esto es distinto de “nacionalismo”, quién sabe) como rémora insuperable de la lucha proletaria. 

 

La posición del marxismo sobre la cuestión nacional en los textos de Partido

Por contra, la posición del marxismo y de la Izquierda es otra, que podemos recordar sumariamente a continuación:

  • Los obreros no tienen patria, no se les puede arrebatar lo que no poseen.” (Manifiesto del Partido Comunista, 1848).
  • “¿Qué implica este requisito absoluto del marxismo aplicado a nuestro problema? Ante todo, que es necesario distinguir estrictamente dos épocas del capitalismo diferentes por completo desde el punto de vista de los movimientos nacionales. Por una parte, es la época de la bancarrota del feudalismo y del absolutismo, la época en que se constituyen la sociedad democrática burguesa y su Estado, la época en que los movimientos nacionales adquieren por vez primera el carácter de movimientos de masas, incorporando de uno u otro modo a todas las clases de la población a la política por medio de la prensa, de su participación en instituciones representativas, etc. Por otra parte, presenciamos una época en que los Estados capitalistas tienen ya su estructura acabada, un régimen constitucional hace mucho tiempo establecido y un antagonismo muy desarrollado entre el proletariado y la burguesía; presenciamos una época que puede llamarse víspera del hundimiento del capitalismo.” (El derecho de las naciones a la autodeterminación, Lenin, 1914).
  • Los intereses de la clase obrera y de su lucha contra el capitalismo exigen una completa solidaridad y la más estrecha unión de los obreros de todas las naciones, exigen que se rechace la política nacionalista de la burguesía de cualquier nación. (…) Al obrero asalariado tanto le da que su principal explotador sea la burguesía rusa más que la alógena, como la burguesía polaca más que la hebrea, etc. Al obrero asalariado que haya adquirido conciencia de los intereses de su clase le son indiferentes tanto los privilegios estatales de los capitalistas rusos como las promesas de los capitalistas polacos o ucranianos de instaurar el paraíso en la tierra cuando ellos gocen de privilegios estatales.” (El derecho de las naciones a la autodeterminación, Lenin, 1914).
  • “ÉPOCA IMPERIALISTA Y RESIDUOS IRREDENTISTAS
    La supervivencia, pasada la gran época de las guerras de independencia y de sistematización nacional de carácter burgués revolucionario, de gran número de casos en los que nacionalidades menores están sometidas a Estados de otra nacionalidad en la misma Europa, no es obstáculo para que la Internacional proletaria deba rechazar toda justificación de guerras entre Estados por motivos de irredentismo y deba desenmascarar la finalidad imperialista de toda guerra burguesa, invitando a los trabajadores a sabotear esa guerra en todos los frentes. La incapacidad para llevar a cabo esta línea ha determinado la destrucción de las energías revolucionarias bajo las oleadas de oportunismo de dos guerras, y la determinará en una guerra futura si las masas no abandonan a tiempo la dirección oportunista (socialdemócrata o del Kominform), con el resultado de que, en todos los casos, el capitalismo sobrevivirá a sus violentas crisis sanguinarias.” (Factores de raza y nación en la Teoría Marxista, 1953).
    “La posición marxista es la de que un partido proletario no puede en ningún caso apoyar una anexión política forzada; pero no consiste en hacer un capítulo del programa del partido de la sistematización ex-novo de todos los pueblos homogéneos en un nuevo ordenamiento geopolítico de los Estados, alcanzado y mantenido por el consenso y sin violencia. Ésta es considerada por los marxistas una utopía inconciliable con la sociedad de clase capitalista, todavía más que ninguna otra, mientras que en una sociedad socialista el problema se plantea sobre otras bases, incluyendo la distensión y la extinción de toda violencia estatal.” (Estructura económica y social de Rusia 1913- 1957).
  • “Los marxistas no habían ignorado jamás los términos de las “cuestiones nacionales”. Las relaciones de organización que se derivan de la concomitancia de la raza y de la lengua ocupan su lugar entre las formas de producción. La tendencia a identificar con las unidades nacionales los límites de la organización territorial del estado han jugado un papel extremadamente importante en la formación del capitalismo, y todas las etapas del crecimiento de este enemigo al que resulta imposible matar en su infancia, interesan a la revolución en el grado más alto.
    Pero los marxistas, al igual que establecieron que los diversos héroes nacionales e irredentistas tuvieron la verdadera tarea revolucionaria de conseguir la victoria de la burguesía emprendedora (comprendida sólo la superestructura poética de sus empresas), diagnosticaron también que en la fase imperialista de difusión del capitalismo, el principio de nacionalidad se mantenía siempre en candelero para poderlo agitar con fines de clase burguesa, y sobre todo, con el fin de crear confusión en la vigorosa autonomía del movimiento obrero, pisoteándolo descaradamente cada vez que le interesase a las colonizaciones económicas burguesas para sojuzgar una provincia en la frontera, un espacio vital, o un desgraciado pueblo de color en ultramar.
    El prejuicio nacional debía servir, por tanto, de barrera contra las iniciativas proletarias de clase, pero no ponía ningún obstáculo a las rapiñas imperialistas.
    A partir de una cierta fecha límite, que se puede fijar como muy tarde en 1870, toda subordinación de la batalla proletaria a la satisfacción de objetivos nacionales, étnicos o irredentistas previos, toda constitución de bloques entre trabajadores y burgueses del mismo idioma con vistas a una liberación nacional, toda formación de partidos “socialistas nacionales”, como los hubo en Polonia y en Bohemia, se convirtieron, por tanto, en derrotismo puro. (…) Con el desarrollo del capitalismo, los bloques estatales se cristalizan entorno a centros nacionales determinados, que estaban en formación en tanto que Estados unitarios desde épocas pre-burguesas. Pero este proceso no es en sus líneas generales un proceso de división, sino de aglomeración.
    La ideología pequeño burguesa según la cual había que esperar a la liberación de cada nacionalidad “oprimida” y la solución de todos los problemas de etnias que existían al margen de los grandes Estados, antes de lanzar en Europa reivindicaciones de clase, es, por tanto, profundamente contrarrevolucionaria. Todos estos “oprimidos” en el idioma, en la universidad, en las carreras burguesas y, sobre todo, en las carreras electorales, esas en las que el chanchullo es el rey, hubieran prohibido eternamente la toma de conciencia por los obreros de la explotación patronal y de la opresión social.
    Desde luego la multiplicidad de idiomas es indudablemente un hecho material y técnico, pero es sobre todo a los burgueses y a sus cohortes de plumíferos a los que irrita soberanamente; los internacionalistas modernos que somos nosotros y los trabajadores encorvados bajo las empresas negreras del capital no vacilarán en recordar que la primera huelga fue la de la torre de Babel. El obstáculo de los idiomas caerá con las demás infamias de la moderna Babel capitalista. Lo que el filisteo burgués encuentra ante todo bárbaro es que no todo el mundo comprenda a la primera palabra las órdenes del patrón.”. (El proletariado y Trieste, 1950).
  • “Todas estas lecciones serían útiles al movimiento de clase de los trabajadores si le llevaran a asimilar las directrices de su acción autónoma, a establecer que las clases dominantes hablan siempre de libertad, de independencia y de derecho nacional con fines de opresión social, y de que siempre se debe rechazar su invitación a colaborar, en los dos lados y en ambas lenguas. (…) La política proletaria en Trieste no puede ser otra que la fraternidad internacionalista entre trabajadores de lengua italiana o eslava, el rechazo a toda mueca racial o patriótica. (…)
    Después de la desaparición de Austria, los trabajadores triestinos no se dejaron coger en la trampa de una oposición nacional. El partido comunista de Livorno asumió en Trieste la sección política, el periódico y la Cámara del Trabajo. Camaradas italianos y eslavos trabajaban allí en perfecto acuerdo. Los mismos artículos, traducidos por el buen Srebrnic, aparecían en las dos ediciones, italiana y eslovena. La generosa clase obrera de Trieste, igual que los trabajadores agrícolas del campo, vibraba de entusiasmo por la revolución de Lenin, y por idénticos motivos. Las maniobras de los Sforza y los Kardely deben provocar a los obreros y campesinos julianos el mismo asco.
    Si ha habido división y si los trabajadores han hecho correr la sangre de sus hermanos por razones de odio nacional y a causa del juego político infame y política venal de los Estados burgueses, de los gobiernos de Estados de segunda fila que no hablan de nación más que para sacarla a subasta; esto debe ser una vergüenza imborrable para los traidores del comunismo. Es en estas franjas de encuentro entre pueblos, en estas zonas bilingües, donde el internacionalismo proletario debe dar pruebas de su valor, rechazando las banderas de todas las patrias a favor de la bandera roja, la única bandera de la revolución social. (El proletariado y Trieste, 1950).
  • “En el corazón del S.XX no puede haber para Trieste más que un porvenir internacional, que no puede encontrarse útilmente en compromisos políticos y mercantiles de las fuerzas burguesas, sino únicamente en la revolución comunista europea, de la que los trabajadores de Trieste y de su territorio deberán volver a ser una de las secciones de asalto.(…)
    Todo revolucionario comunista saluda al proletariado triestino a través de la dura sucesión de fases en las que los representantes de los peores capitalismos y de los nacionalismos militaristas más feroces se han instalado obscenamente y han celebrado sus orgías de crueldad, corrupción y explotación.
    Extendidas sobre la restringida área tantas garras corvas y tantos aparatos de grosero colonialismo de alcahuete, ésta no encontrará vía de salida nacional por ningún lado, en cualquier lengua que se la invoque.
    La solución no puede ser más que internacional: pero de la misma manera que ésta no puede venir de los roces y de los conflictos entre estados, tampoco vendrá de sus fornicamentos democráticos, ni de la sórdida unidad de la servidumbre europea.
    No es una bandera nacional la que deseamos en la torre de San Giusto, sino el advenimiento de la dictadura proletaria europea que, entre un proletariado surgido de tales y tan dolorosas experiencias, no podrá dejar de encontrar, cuando finalmente haya llegado la hora, a los combatientes más decididos.” (Factores de raza y nación en la teoría marxista, 1953).

 

El enredo de “le Prolétaire”/”il Comunista”

Veremos unos cuantos extractos de los puntos de “le Prolétaire”/“il Comunista” de 1989 para compararlos con la teoría marxista y los textos fundamentales del Partido. Pero, antes, leamos la premisa para la republicación del texto en italiano en 2023, en la cual “il Comunista” es cada vez más explícito: “Y no cabe duda de que los proletarios del país oprimido ven a los proletarios del país opresor como cómplices de la burguesía extranjera que los oprime. Para demostrar que esta complicidad no existe, los proletarios del país opresor deben luchar contra su propia burguesía exigiendo que la población oprimida, incluidos sus proletarios, tengan la libertad de 'autodeterminarse'." [22] (“il Comunista”, nº179, 2023, pág. 3).

Siguiendo con los puntos de 1989 (republicados en 2023) que corregían los de 1982, tenemos lo siguiente:

“En el sentido de que sólo la dictadura proletaria podrá asegurar a los palestinos, si aún lo desean, el derecho a organizarse en un Estado independiente. Lo cual no excluye, sino que implica que el Partido se esforzará por propagar y apoyar la perspectiva opuesta, es decir, la de la libre unión de los proletarios de diferentes nacionalidades también en Oriente Medio en un Estado proletario lo más grande posible.” (“El Proletario”, nº31, pág.5; “il Comunista”, nº179, pág. 3, “le Prolétaire” nº550, pág. 5).

“(…) los proletarios judíos israelíes tendrán que apoyarse en el doble terreno de la lucha contra la discriminación de los proletarios árabes y palestinos en el trabajo y en la vida social (y por tanto contra el confesionalismo del Estado judío) y la defensa del derecho de todos los palestinos a formar su propio Estado independiente en la tierra de Palestina.” (“El Proletario”, nº31, pág.6; “il Comunista”, nº179, pág. 3, “le Prolétaire” nº550, pág. 6).

Según “le Prolétaire”/”il Comunista”, el proletariado judío israelí tiene que apoyar la creación de un Estado independiente propio (¡!) de todos (¡!) los palestinos en la tierra de Palestina (sin concretar extensión, se entiende que incluyendo el territorio ocupado por el actual Estado de Israel). Siempre según “le Prolétaire”/”il Comunista”, el Partido tendría que propagar la perspectiva contraria, pero, eso sí, la dictadura del proletariado (dirigida por el Partido, se entiende, tratándose de supuestos marxistas continuadores de la Izquierda) garantizará lo contrario de lo contrario, es decir, asegurará “a los palestinos (sic), si aún lo desean, el derecho a organizarse en un Estado independiente”.

Este galimatías, en pleno capitalismo, es el galimatías del oportunista que quiere nadar y guardar la ropa, simulando haber dejado atrás las posiciones del nacionalismo árabe palestino que todavía conserva.

La traición a las posiciones marxistas y de la Izquierda, la bestialidad que afirmaba el texto que “le Prolétaire”/”il Comunista” simularon enmendar con los puntos de 1989 (vueltos a republicar en 2023) consistía precisamente en dar vida al apoyo a la reivindicación burguesa de la sistematización estatal (la “autodeterminación”) fuera del marco histórico de la revolución democrática burguesa, antifeudal o anticolonial. Esta traición al marxismo es precisamente de lo que no se desdijo “le Prolétaire”/”il Comunista” en 1989 y mantiene todavía hoy. En definitiva, “le Prolétaire”/”il Comunista” chapotea en el mismo fango nacionalista y popular de entonces y de siempre.

Lo anterior se complementa bien hablando de las chispas de conciencia de clase que la lucha del pueblo palestino ha provocado y sigue provocando”, calificando como “hermanos de clase «naturales» del proletariado palestino” a “los proletarios árabes de toda la región” en un mal disimulado nacionalismo árabe, y, al mismo tiempo que se admite que el salto al capitalismo ya es un hecho, se desliza para cuando sea necesario “(…) la persistencia de remanentes feudales, teocráticos y tribales que nunca han sido erradicados por completo.” (“El Proletario”, nº31, pág.6; “il Comunista”, nº179, pág. 3; “le Prolétaire” nº550, pág. 6).

 

El epígono en castellano de “le Prolétaire”/”il Comunista” nos aclara su posición real

Hay cosas que “le Prolétaire”/”il Comunista” prefieren no publicar en italiano y en francés… sólo se publican más discretamente en castellano a través de su epígono en esa lengua, “el Proletario”. Es el caso del artículo titulado “El Comunista nueva edición nos habla de Palestina” y que, en la edición española, acompaña al anterior. Éste dirige su crítica a una toma de posición (cuya extensión es un A4 a doble cara) publicada y difundida por nuestro Partido el 22 de octubre de 2023, después del ataque de Hamás y cuando se iniciaba la ofensiva del Ejército israelí sobre la franja de Gaza. Nuestra hoja se puede encontrar en las páginas 2 y 3 del presente número de nuestra revista.

El epígono en castellano de “le Prolétaire”/”il Comunista” es un poco más patoso que su versión francesa o itálica, como veremos, y deja más claro cuál es su posición real:

“es imprescindible tener en cuenta la fuerza histórica con que han contado las masas plebeyas de la región, arrancadas de sus tierras por la ocupación israelí y sometidas al control y la represión continua por parte de las naciones árabes vecinas, y un joven proletariado que se ha ido aglutinando tanto en los campos de refugiados de Líbano y Jordania como en Gaza y Cisjordania. El problema de la guerra entre Israel y Palestina (o entre Israel y Líbano, o entre Israel y cualquiera de los actores árabes involucrados en los conflictos regionales) ha tenido, durante largas décadas, el trasfondo de la lucha nacional-REVOLUCIONARIA palestina. (…) La liquidación AL MENOS TEMPORAL de esta lucha nacional-REVOLUCIONARIA y el hecho de que la independencia nacional palestina EN EL MOMENTO ACTUAL sea algo prácticamente irrealizable A MENOS QUE un brusco cambio en los lineamientos imperialistas de la región la impongan dentro de su lucha por el reparto del poder, no permite en ningún caso obviar ni la historia ya sucedida ni los fortísimos condicionantes que esta ha dejado y que atraviesan la situación actual.” (“El Proletario”, nº31, pág.10).

Las mayúsculas y negritas las hemos puesto nosotros para resaltar que el epígono en castellano de “le Prolétaire”/”il Comunista” considera que la lucha palestina ha sido durante décadas nacional-revolucionaria. En “il Comunista” nº180 (versión italiana de la misma organización) del mismo mes de febrero de 2024, leemos: “La respuesta en el lado palestino, como sabemos, nunca ha tomado el camino de la revolución nacional-democrática, como en Argelia, por ejemplo” (“il Comunista” nº180, febrero 2024, pág. 9). ¿En qué quedamos? ¿Durante largas décadas ha habido una lucha nacional-revolucionaria palestina o nunca ha tomado el camino de la revolución nacional-democrática? ¿O cualquiera de los puntos intermedios y variantes que se pueden leer según el número de su revista que se coja o incluso según la página de la misma revista? ¿Hay alguna manera más oportunista de decir lo mismo y lo contrario en cada sitio y en cada lugar?

 

El nuevo curso en la cuestión nacional palestina

Lo que “le Prolétaire”/”il Comunista” quiere hacer pasar por la posición de siempre del Partido no es más que un cambio de rumbo del nuevo curso, iniciado a mediados de los años 70 del Partido, para convertirla en una posición nacionalista.

Este cambio de rumbo fue incontinentemente amplificado entre 1978 y 1982, con la publicación de El-Oumami caracterizado por las reivindicaciones nacional-democráticas en Argelia y nacionalistas palestinas y panarabistas, que en un ciclo corto pero muy destructivo debería poner en evidencia la pérdida completa de norte político proletario del nuevo curso y detonar la explosión de la dirección degenerada del partido, que se rompió en pedazos, llevándose por delante también en el proceso el cuerpo formal del organismo internacional.

Un ejemplo de este cambio de rumbo degenerado es el artículo de “Le Prolétaire”, nº363 de 1982 titulado “Remarques sur notre propagande concernant l’OLP dans la situation présente” (Observaciones sobre nuestra propaganda en relación con la OLP en la actual situación): “Para desarrollar una propaganda comunista eficaz en los trágicos acontecimientos de hoy, es esencial no partir de la crítica a la OLP, sino de la necesidad de una solidaridad instintiva con la resistencia de los combatientes y las masas expuestas en el Líbano. (...) debemos definir la actitud correcta y eficaz frente a la OLP.

Debemos tener cuidado de no dar a esta crítica un carácter programático general o abstracto, es decir, divorciado de las exigencias reales de la lucha sentida por los trabajadores. Por último, debemos evitar dar a la crítica, incluso a la más acertada desde el punto de vista de los cánones programáticos, un lugar desproporcionado en relación con las tareas primordiales y más urgentes, al menos inicialmente, de formular las necesidades de la lucha, las reivindicaciones, los métodos de respuesta y de lucha, e incluso de despertar nuevas necesidades a partir de los acontecimientos.

Es en la medida en que este trabajo esté bien hecho y cuando existe una auténtica camaradería en la lucha que se acepta mejor la crítica política” (“Le Prolétaire”, nº363 de 1982, pág. 2)[23].

En la misma página del mismo periódico, dentro del artículo “LIBAN-PALESTINE: Axes d'un soutien militant” (Líbano-Palestina: Ejes de un apoyo militante), se puede leer la peor combinación de Frente Único Político, “antiimperialismo”, espontaneísmo, seguidismo y nacionalismo; este tipo de comités era las “nuevas armas” finalmente “descubiertas” por el nuevo curso que había tomado la dirección del Partido para superar la “estrechez” de la intervención de los comunistas en la lucha económica de la clase obrera:

“Aunque presidimos la creación de este comité, no es una emanación de nuestro partido. De hecho, militantes de otras organizaciones participan junto a un pequeño grupo de militantes de nuestro partido y de trabajadores sin partido, unidos por una disciplina en relación con una base común de lucha, y que deben lograr superar las vacilaciones normales del principio para establecer una línea de acción coherente e inspiradora.

Los principios enunciados, en particular en una octavilla que convocaba a una reunión a la que asistieron 80 personas el sábado 19, son los de la "solidaridad obrera internacional antiimperialista" contra el "enemigo común", el imperialismo, "contra el Estado de Israel" y "las burguesías árabes". Estos principios no caen del cielo. Son el resultado de la necesidad de lucha que siente hoy, en particular, una franja nada desdeñable de proletarios inmigrantes.

Por eso los defendemos en este comité de Solidaridad Internacional Líbano-Palestina, pero también en los demás comités donde pueden intervenir nuestros militantes, en París y en las provincias.” (“Le Prolétaire”, nº363 de 1982, pág. 2)[24].

Pero el mérito no se lo puede llevar enteramente el Centro parisino que abandonó el Partido en 1982. El mayor honor de putrefacción nacionalista lo tienen sin discusión sus continuadores, la actual redacción de “le Prolétaire”, capaces de publicar en septiembre de 1983 (Le Prolétaire, nº374, 1983, pág. 7) un artículo titulado “Front Polisario dix ans de lutte contre l’ordre impérialiste regional” (Frente Polisario diez años de lucha contra el orden imperialista regional) o el artículo que termina con las consignas “A BAS L'ETAT SIONISTE D'ISRAEL ! PALESTINE VAINCRA !” (¡Abajo el Estado sionista de Israel!, ¡Palestina vencerá!), y tres números después, en mayo de 1984, el artículo titulado Un objectif central: La destruction de l’État d’Israël (Un objetivo central: la destrucción del estado de Israel). Ese “le Prolétaire” es el organismo con el que “il Comunista” (exCombat) se fusionó unos meses más tarde.

Hay que decir que actualmente, “le Prolétaire”/“il Comunista” no defienden tan explícitamente estas consignas: han mudado la piel. Los viejos compañeros en Italia tenían un dicho: “un marxista, una parola. Un oportunista, un vocabolario” (traducido significa: un marxista, una palabra. Un oportunista, un diccionario). Para “le Prolétaire”/ “il Comunista” se necesita un diccionario que además tenga en cuenta en el año en que se escribe y sea capaz de estar en varios años distintos simultáneamente, como hemos visto.

 

La posición del Partido respecto a Palestina

Para observar cómo la gradación de posiciones de “le Prolétaire”/“il Comunista” están en contradicción con lo anteriormente afirmado por el Partido en sus órganos, además de la sólida base teórica que hemos reproducido más arriba, podemos observar qué decían acerca de Palestina los órganos y grupos del Partido antes de la infiltración paulatina y posterior toma de control por parte del nuevo curso.

Así se expresaba el Partido en “le Prolétaire” (nº89, 1970), antes del nuevo curso, en el artículo “La Palestine, point de mire de la contre-révolution mondiale” (Palestina, punto de mira de la contrarrevolución mundial) [25]:

“Nunca hemos creído en "soluciones nacionales" en Vietnam, en Cuba, en Palestina, en todos esos lugares desheredados donde luchan rebeldes que no tienen ni la organización ni el armamento teórico del proletariado, explotados que ni siquiera están agrupados en la forma compacta de la única y verdadera clase revolucionaria. Nunca hemos alentado la menor ilusión sobre estos "caminos" engañosos propuestos por Moscú y, más generalmente, por el oportunismo de todos los países y de todos los tiempos. Pero el sacrificio de estas masas vanamente instigadas es una herida que permanecerá abierta hasta la revolución mundial de mañana. Más sobriamente, pero ciertamente con más feroz convicción que los entusiastas occidentales de estas luchas condenadas de antemano, gritamos: abajo las falsas consignas de "liberación nacional", fuera de las filas de los trabajadores los traidores que las propagan: ayer al servicio de los viejos imperialismos, hoy al servicio de todos los nuevos. Por la lucha de clases internacional, por la reconstrucción de nuestro partido, por la dictadura mundial del proletariado y ¡contra todas las "etapas intermedias", las "transiciones" que terminan en ríos de sangre!”.

En relación con Palestina, se puede leer en “le Prolétaire”, nº45 (1967), antes del nuevo curso, la hoja difundida en Argelia por los militantes del Partido Comunista Internacional con un claro planteamiento internacionalista, de confraternización en el frente:

“PROLETARIOS ÁRABES,

Precedida por la propaganda a favor del "derecho" del Estado de Israel a existir y por una campaña religiosa panárabe, la guerra en Oriente Medio preparada por el capitalismo imperialista y el nacionalismo árabe se ha hecho realidad.

En esta hora sangrienta, el Partido Comunista Internacional os hace un llamamiento para que mostréis vuestra hostilidad a la guerra y a las clases dominantes que la han diseñado. Al mismo tiempo, hacemos un llamamiento a los explotados israelíes para que, ellos también igual que vosotros, emprendan la lucha contra sus explotadores, los esbirros del imperialismo capitalista.

Proletarios, os recordamos que no tenéis patria porque hoy los trabajadores son explotados en todas partes del mundo. Vuestra patria no tiene fronteras, porque vuestra patria es el mundo entero.

En esta guerra no tenéis nada que ganar. Al contrario, las clases dominantes os utilizan para llevar a cabo su trabajo sucio, sus planes criminales.

Estamos al lado de las masas trabajadoras palestinas que las burguesías árabes han concentrado en miserables barrios de chabolas y que hoy forman una masa de maniobra dispuesta a ser traicionada en cuanto las cosas les vayan mal.

Estamos con los obreros israelíes a los que el capitalismo imperialista hace creer que están rodeados de masas árabes hostiles.

Estamos con los trabajadores árabes que ya han sufrido la dureza y la rapacidad de sus capitalistas bajo la bandera del socialismo nacional.

A vosotros, proletarios palestinos, israelíes y árabes, os decimos: confraternizad, arrojad las armas o, mejor aún, volvedlas contra vuestros explotadores.

Y a vosotros, proletarios de Europa y del mundo entero, os gritamos:

Apoyad nuestra lucha, desenmascarad los planes de agresión del imperialismo. Levantaos también contra el capitalismo.

Viva la lucha de clase de los trabajadores contra la guerra de la burguesía.

Viva la lucha por la revolución social.

PARTIDO COMUNISTA INTERNACIONAL

GRUPO EN ARGELIA

Argel, 5 de junio de 1967”

 

La posición internacionalista en Israel y Palestina

En contra de lo que los herederos del nuevo curso revisionista de las posiciones de la Izquierda y del Partido afirman, la posición internacionalista para el proletariado palestino e israelí es la que defendía el Partido antes del nuevo curso.

El proletariado árabe y judío, junto con el del resto de nacionalidades que ha emigrado a trabajar en la zona, deben rechazar enfrentarse entre sí, organizándose conjuntamente tanto en el plano de la lucha inmediata como en el de la organización de Partido, rechazando cualquier división ni discriminación por razón de lengua u origen, rechazando cualquier identificación con la propia burguesía, rechazando ser financiados ni alinearse con cualquier bloque imperialista, cultivando en ese entorno la lucha inmediata contra la propia burguesía y las condiciones para la lucha para el derrocamiento revolucionario de todos los estados capitalistas de la zona sin distinción, integrando esa lucha en la lucha por la revolución comunista internacional a través del derrocamiento de los estados burgueses y de la dictadura del proletariado hacia una sociedad sin clases, ni propiedad privada, ni régimen mercantil ni trabajo asalariado.

A esto escuchamos replicar ya al epígono en castellano de “le Prolétaire”/”il Comunista”:“todo ello se solucionaría si mágicamente el proletariado se levantase, no en un país, sino en todo el mundo, «como un solo hombre». Pero eso, dicho sin más, ¿es la perspectiva que asumen los marxistas revolucionarios?” (“El Proletario”, nº31, pág.10).

Para quien se extrañe de que una organización que se dice marxista revolucionaria se ponga las manos a la cabeza de que hayamos dicho que Habrá solución a la situación en Palestina cuando la clase obrera árabe e israelí se levante como un solo hombre para abatir a sus respectivas burguesías que hoy les enfrentan unos con otros” (nuestra hoja de 22 de octubre de 2023), le aclaramos que es su manera un tanto demagógica de decir que es “muy difícil”. Es cierto que decíamos también en esa hoja que esta tarea no la pueden asumir solos el proletariado palestino o el proletariado israelí, como tampoco el proletariado de ningún Estado aisladamente: “la emancipación de los trabajadores no es una tarea local ni nacional sino una tarea social e internacional.(Estatutos de la Internacional Comunista, II Congreso, 1920)” y que, por lo tanto, se entiende que no es inmediatamente realizable sino que tiene que ser nuestro objetivo y que para realizarse tiene que ser el resultado de una suma de fuerzas internacional. Pero esto sólo consigue sacar de quicio un poco más al epígono en castellano de “le Prolétaire”/”il Comunista”, principalmente porque se le acaban las excusas y… porque tiene que desvelar que su objeción tiene otro trasfondo.

Si antes nos han aclarado que el hermano “natural” de clase del proletariado palestino no es el proletariado internacional sino sólo el proletariado árabe (excluyendo también al de origen judío y al procedente de tantas regiones como Tailandia, Etiopía, Sri Lanka, Moldavia, Malawi o Kenia que es explotado en el Estado israelí), ahora se identifica al proletariado israelí de la siguiente forma: “En el caso de Palestina, por ejemplo, el vínculo que relaciona al proletariado israelí con su burguesía, se alimenta precisamente del beneficio que este proletariado obtiene de apoyar la colonización de las tierras palestinas y la opresión de las masas y los proletarios árabes tanto dentro como fuera del Estado de Israel.” (“El Proletario”, nº31, pág.10).

El actual “le Prolétaire”/”il Comunista” sólo ve una parte del círculo vicioso, la que le interesa. En realidad, para ellos el proletariado israelí es culpable y sólo se redimirá cuando el Estado israelí desaparezca y en su lugar haya un Estado palestino.

Según “le Prolétaire”/”il Comunista” defender la consigna internacionalista consecuente en Palestina e Israel es pretender algo “mágico”. Siempre según “le Prolétaire”/”il Comunista”, es mucho mejor seguir alimentando la reivindicación de un Estado-nación palestino, administrando droga nacionalista al proletariado palestino (mientras se proclama no estar haciéndolo), seguir considerando al proletariado israelí como una unidad eterna con su burguesía. Es decir, seguir reproduciendo la situación actual.

Por el contrario, antes de la infiltración paulatina y posterior deriva revisionista abierta del nuevo curso, el periódico del Partido “le Prolétaire” afirmaba en su nº109, de 1971, en un artículo titulado “Israël: Des fissures dans le bloc des classes” (Israel: fisuras dentro del bloque de clases):

Del mismo modo que los regímenes árabes hacen del Estado de Israel el chivo expiatorio de las frustraciones de las poblaciones miserables a las que hacen soportar la pesada carga de sujeto a los imperialismos en el poder, la clase dirigente del joven Estado israelí siempre ha blandido el espectro del invasor árabe como válvula de escape para el rencor de un proletariado que, desde su nacimiento, ha estado sometido a la disciplina implacable del capitalismo moderno.

A ambos lados del Sinaí, los llamamientos a la venganza y a la defensa de la Patria sirvieron a los guardianes del orden establecido para aplacar la furia de los explotados.” (“le Prolétaire”, nº109, 1971, pág. 2).

Es este el círculo vicioso que hay que romper y no lo va a hacer la reivindicación falaz de un Estado nación que establezca para unos o para otros la totalidad del territorio.

Queremos ver derrocado al Estado israelí pero no por una guerra nacional que inevitablemente empujará a un bloque entre las clases sino por una revolución comunista que rompa esta unión sagrada y vea al proletariado israelí derrocar a su propia burguesía con el apoyo del proletariado internacional. Queremos ver derrocados todos y cada uno de los Estados árabes existentes o por existir, no por efecto de una guerra imperialista entre ellos o con otras potencias sino producto de la lucha de clase del proletariado de estos Estados e internacional. Y lo mismo queremos para el resto de Estados del mundo. De hecho, estamos convencidos de que no escaparán a este destino.

 

El derrotismo revolucionario

Hay otra parte de la hoja que altera las constantes vitales del epígono en castellano de “le Prolétaire”/“il Comunista” y no le deja dormir, la que dice así:

“Sin renunciar en ningún momento a transformar la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria durante su desarrollo o a desencadenarla a continuación de ésta, será posible reaccionar al propio estallido de la guerra imperialista declarando la huelga general revolucionaria sólo si previamente se ha desarrollado una extensa red de solidaridad y de lucha en el plano sindical, fuera de los tentáculos del Estado, en la cual haya ganado una influencia decisiva el Partido Comunista Internacional.“ (nuestra hoja de 22 de octubre de 2023).

Precisamente porque no sucederá mágicamente que el proletariado de ningún país se levante como un solo hombre contra la guerra, es necesario preparar las condiciones para que esto suceda. Si no se consigue, tenemos que trabajar para intentar transformar la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria. Si no lo conseguimos, tenemos que trabajar para intentar desencadenar el asalto revolucionario a continuación de la guerra. En ninguno de los tres escenarios la posibilidad de realización de esta táctica depende exclusivamente de la voluntad del Partido, se requieren una serie de condiciones objetivas. En cada uno de los tres escenarios, la posibilidad de realización de esta táctica depende también de la intervención del Partido y de la preparación que se haya hecho en el periodo anterior. Creemos que es sencillo de entender.

Pero el epígono en castellano de “le Prolétaire”/“il Comunista” estalla (la parte que han sustituido por […], en nuestra hoja dice “fuera de los tentáculos del Estado”):

“De acuerdo con esta afirmación, la tarea del Partido Comunista es declarar la «huelga general revolucionaria», ese gran mito anarquista y sindicalista con el que estas corrientes han escamoteado históricamente la necesidad de la lucha política revolucionaria, para lo cual previamente debe desarrollarse una «extensa red de solidaridad y lucha en el plano sindical […] en la cual haya ganado una influencia decisiva el Partido Comunista Internacional».

Difícil reunir en una sola frase más afirmaciones ajenas al marxismo. La huelga general revolucionaria no es el fin por el que lucha el partido, no es ni siquiera el método de acción a través del cual se llevará a cabo, llegado el momento, la movilización en una guerra imperialista. Y la tarea del Partido no puede estar, ni mucho menos, supeditada a este objetivo. (…)

El Comunista representa, esencialmente, una desviación sindicalista del marxismo. Lo representaba cuando, en 1980, sus miembros se desgajaron del tronco del Partido, cuando negaban la necesidad de un partido estructurado más allá del terreno de intervención inmediata en las luchas proletarias, y lo representan hoy, cuando cifran la lucha contra la guerra imperialista en la existencia de esa «red de solidaridad y lucha» que debería estar influenciada por el Partido.” (El Proletario, nº31).


Tendremos que ir por partes. Empezando por el final, no es en 1980 sino en enero de 1982 y no nos “desgajamos del tronco del Partido” genéricamente, sino que nos negamos a participar en la liquidación de la línea política de la Izquierda y rompimos con el centro degenerado de una organización formal para mantenernos en línea con el Partido histórico, sin renunciar a mantener y dar continuidad al Partido formal como indican nuestras tesis y textos fundamentales. Por ello proseguimos desde mayo de 1983 con la publicación de “El Comunista” (nueva edición) como órgano del Partido Comunista Internacional, y seguimos organizados a nivel internacional con otros compañeros que se habían opuesto al nuevo curso, de lo cual ha resultado – proceso no exento de vicisitudes sobre las que volveremos en otro lugar – una continuidad organizativa hasta el día de hoy que todavía mantiene a compañeros organizados en España, Italia, Venezuela y Chile. Y de ninguna manera negamos entonces ni hemos negado nunca la necesidad de un Partido estructurado, cosa que sólo un mentiroso puede afirmar.

En cualquier caso, es chocante la facilidad con la que “le Prolétaire”/”il Comunista” (exCombat) olvida su propia historia al hacer estas afirmaciones. “Se desgajaron del tronco del Partido…”. Suena definitivo e inapelable, ¿no?

La realidad es que es “il Comunista” quien no sólo salió formalmente del Partido (o más bien de lo que quedaba de su envoltorio formal cuya previa destrucción interna había corrido a su cargo) en 1984, sino que legalizó y publicó “Combat” que ni siquiera se consideraba una revista del Partido, publicando también “il Comunista” (primera serie) que tampoco se consideraba un periódico del Partido. Si hacen un poco de memoria, recordarán haber salido también temporalmente en 1974 con la salida de la corriente trotskista después del intento infructuoso de desplazar a B.M. por parte de F. con el apoyo de varios “notables” del Partido. Independientemente de los juegos de trilero que intenten a posteriori, no sólo salieron de una organización formal específica, sino que renunciaron a su existencia como revista de Partido y a la existencia misma del Partido formal, aunque luego se lo “repensaran”.

“Le Prolétaire” por su lado siguió “a flote”, al modo en que un tapón de corcho flota en el mar, prosiguiendo la profundización de las posiciones revisionistas del nuevo curso del centro parisino que les había dejado huérfanos de dirección. El cambio de “le Prolétaire” de relacionarse con “il programma Comunista” a relacionarse con “il Comunista” (ex-Combat) no se justifica políticamente más allá de que se habían sentido “abandonados a su suerte” (il Comunista, nº175). A esta balsa sin rumbo se agarró “il Comunista” para recuperar su denominación de revista del Partido en 1985.

Pero volvamos a la consigna de nuestra hoja relativa a preparar la posibilidad de responder a la guerra imperialista con la huelga general revolucionaria. Lo primero que hay que constatar es que, en su fantasía infantil, “le Prolétaire”/”il Comunista” cree que seremos capaces de oponernos insurreccionalmente a la guerra mientras el conjunto de la clase obrera sigue trabajando como si nada…

Por lo demás, la huelga no es propiedad exclusiva del anarquismo, ni la huelga general, ni la huelga general revolucionaria. Lo que es propio de algunas corrientes del anarquismo es considerar que con una huelga general expropiadora – realizada además sin una dirección de Partido – se resolverán las cuestiones sociales y no será necesaria la dictadura del proletariado.

Pero que, ante el estallido de la guerra, el Partido Comunista (si está en condiciones de hacerlo) no deba llamar a la huelga general y, además, revolucionaria en el sentido del choque directo contra el Estado burgués para derrocarlo, es una aberración que sólo el nuevo curso de “le Prolétaire”/”il Comunista” puede verbalizar.

Otra cosa es si estamos en condiciones de llevar adelante esta táctica hoy, si tenemos las fuerzas para hacerlo y qué tenemos que hacer para tenerlas. No desvelamos ningún secreto a la burguesía si afirmamos serenamente que no estamos en condiciones hoy de aplicar esta táctica. No por ello renunciaremos a defender la necesidad de la táctica del derrotismo revolucionario, para la que nos tenemos que preparar y cuyas condiciones tenemos la responsabilidad de ayudar a preparar. Pues bien, ¿qué dicen los textos de Partido que es necesario para poder llevar adelante esta táctica?

“5. En las varias fases de la trayectoria burguesa (revolucionaria, reformista, contrarrevolucionaria), la dinámica de la acción sindical sufrió profundos cambios (interdicción, tolerancia, sumisión); pero esto no quita que sea orgánicamente indispensable tener entre la masa de los proletarios y la minoría encuadrada en el partido otro estrato de organizaciones que sean políticamente neutras por principio, pero constitucionalmente accesibles sólo a los obreros, y que organismos de este género deben resurgir en la fase en que la revolución se avecina.” (Teoría y acción en la doctrina marxista, 1951).

“8.- Por encima del problema contingente de la participación – o de la no participación – del partido comunista revolucionario al trabajo en determinados tipos de sindicatos de un país dado, los elementos de la cuestión resumida hasta aquí conducen a la conclusión de que en toda perspectiva de todo movimiento revolucionario general no pueden no estar presentes estos factores fundamentales: 1) un amplio y numeroso proletariado de asalariados puros, 2) un gran movimiento de asociaciones con contenido económico que abrace una parte imponente del proletariado; 3) un fuerte partido de clase, revolucionario, en el que milite una minoría de los trabajadores, pero al cual el desarrollo de la lucha haya permitido contraponer válida y extensamente su influencia en el movimiento sindical a la de la clase y del poder burgués.“ (Teoría y acción en la doctrina marxista, Partido revolucionario y acción económica, 1951).

“7.- El partido no adopta jamás el método de formar organizaciones económicas parciales que comprenden sólo a trabajadores que aceptan los principios y la dirección del partido comunista. Pero el partido reconoce sin reservas que no sólo la situación que precede a la lucha insurreccional, sino también toda fase de marcado incremento de la influencia del partido entre las masas, no puede delinearse sin que se extienda entre el partido y la clase un estrato de organizaciones con objetivos económicos inmediatos y con alta participación numérica, en el seno de las cuales exista una red que emane del partido (núcleos, grupos y fracción comunista sindical). Es tarea del partido, en los períodos desfavorables y de pasividad de la clase proletaria, prever las formas y alentar la aparición de las organizaciones con objetivos económicos para la lucha inmediata, las cuales podrán incluso asumir aspectos totalmente nuevos en el futuro, después de los tipos bien conocidos de corporación, sindicato de industria, consejo de empresa, etc. El partido alienta siempre las formas de organización que facilitan el contacto y la acción común entre los trabajadores de diversas localidades y de distintas profesiones, rechazando las formas cerradas. (…)

11.- El partido no oculta que en fases de reanudación no se reforzará de manera autónoma, si no surge una forma de asociacionismo económico sindical de masas. (…).  (Tesis características, 1951).

Estos dos textos conformaron las bases de adhesión al Partido en 1951-52, en coherencia con la línea precedente de la Izquierda Comunista. Estos dos textos son la base teórica del Partido sobre la que se basa nuestra afirmación: “sólo si previamente se ha desarrollado una extensa red de solidaridad y de lucha en el plano sindical, fuera de los tentáculos del Estado, en la cual haya ganado una influencia decisiva el Partido Comunista Internacional”.

Nos reiteramos completamente en lo escrito en la hoja y no sólo no consideramos que sea una desviación “sindicalista” sino que afirmamos rotundamente que es la posición de siempre de la Izquierda Comunista y del Partido Comunista Internacional.

Afirmamos también que es la posición que el nuevo curso (del cual formó parte y es heredero “le Prolétaire”/”il Comunista”) trató de destruir en el interior del Partido para sustituirla por su “ampliación de visión” y el “descubrimiento” de las “nuevas armas” consistentes en la intervención en organismos abiertos interclasistas y el “contacto con los movimientos sociales”, que es lo que significa en su boca “lucha política”.

 

Alentar la red sindical no integrada en el Estado y combatir el parlamentarismo

El epígono en castellano de “le Prolétaire”/”il Comunista” tampoco entiende el siguiente párrafo de nuestra hoja:

“Esto no sucederá si no hemos combatido la influencia organizativa e ideológica que ejerce la burguesía a través del sindicalismo integrado en el Estado y a través del parlamentarismo, si no hemos arrancado la mala hierba - palmo a palmo si es necesario - para poder sembrar y echar raíces. Por lo tanto, es una responsabilidad para cualquiera que comprenda la necesidad del derrotismo revolucionario (no sólo como figura retórica) trabajar para preparar las premisas materiales para que esta consigna pueda ser puesta en acción.” (nuestra hoja de 22 de octubre de 2023).

“El Proletario” se pregunta: “Es decir, que el derrotismo revolucionario parte de la lucha contra el sindicalismo integrado en el Estado y el parlamentarismo.” (El Proletario, nº31).

Con las citas anteriores debería tener bastante para atar cabos, pero los mismos textos desarrollan con mayor detalle el control que se realiza a través del aprisionamiento de la red sindical integrada en el Estado, del siguiente modo:

“También allí donde, después de la segunda guerra mundial, según la formulación política corriente, el totalitarismo capitalista parece haber sido substituido por el liberalismo democrático, la dinámica sindical continúa desarrollándose ininterrumpidamente en el pleno sentido del control estatal y de la inserción en los organismos administrativos oficiales. El fascismo, realizador dialéctico de las viejas instancias reformistas, ha llevado a cabo la del reconocimiento jurídico del sindicato, de modo que el mismo pudiera ser el titular de los convenios colectivos con el patronato, hasta el efectivo aprisionamiento de toda la organización sindical en las articulaciones del poder burgués de clase.

Este resultado es fundamental para la defensa y la conservación del régimen capitalista, precisamente porque la influencia y el empleo de las organizaciones asociacionistas sindicales son un ESTADIO INDISPENSABLE para todo movimiento revolucionario dirigido por el partido comunista.” (Partido revolucionario y acción económica, 1951).

También pueden intentar entender la relación que existe entre la existencia de una red de solidaridad y de lucha inmediata en la que el partido pueda extender su influencia con la posibilidad de una lucha revolucionaria, leyendo a Marx:

“A veces los obreros triunfan; pero es un triunfo efímero. El verdadero resultado de sus luchas no es el éxito inmediato, sino la unión cada vez más extensa de los obreros. (…) Esta organización del proletariado en clase y, por tanto, en partido político, vuelve sin cesar a ser socavada por la competencia entre los propios obreros. Pero resurge, y siempre más fuerte, más firme, más potente.” (Manifiesto del Partido Comunista, 1848).

“(...) ¿quiere esto decir que la clase obrera deba renunciar a defenderse contra las usurpaciones del capital y cejar en sus esfuerzos para aprovechar todas las posibilidades que se le ofrezcan para mejorar temporalmente su situación? Si lo hiciese, veríase degradada en una masa uniforme de seres humanos desgraciados y quebrantados, sin salvación posible. (…) Si en sus conflictos diarios con el capital cediesen cobardemente, se descalificarían sin duda para emprender movimientos de mayor envergadura.” (Salario, precio y ganancia, 1865, K. Marx).

En cuanto al parlamentarismo, aunque podríamos extendernos mucho más en el argumento, valga esta cita de las Tesis del Partido para mostrar su papel de control:

“6.- Abandonando pedantes "distinciones", nos podemos preguntar en qué situación objetiva versa la sociedad actual. Ciertamente, la respuesta es la peor posible, y que gran parte del proletariado, más que estar aplastado por la burguesía, está controlado por partidos que trabajan al servicio de ésta e impiden al proletariado mismo todo movimiento clasista revolucionario, de modo que no se puede anticipar cuánto tiempo pueda transcurrir hasta que, a esta situación muerta y amorfa, no le suceda de nuevo la que otras veces definíamos "polarización" o "ionización" de las moléculas sociales, que preceda a la explosión del gran antagonismo de clase.” (Consideraciones sobre la actividad orgánica del partido cuando la situación es históricamente desfavorable, 1965).

En cualquier caso, nosotros no sólo no hemos reivindicado que la lucha inmediata proletaria tenga que limitarse al plano “laboral”, sino que hemos desarrollado esta lucha inmediata en el marco de la lucha por la vivienda en las reconversiones de los barrios de chabolas obreros de las ciudades del Estado español, en los movimientos de los parados o contra los cortes de suministros, los desabastecimientos y acaparamientos así como los diversos ataques contra las condiciones de vida de la clase obrera en Venezuela. El Partido ha intervenido e interviene con posicionamientos sobre todas las cuestiones que afectan a la clase obrera y al desarrollo del mundo capitalista. Lo que el Partido ha rechazado siempre y seguiremos rechazando es el desarrollo interclasista de esta lucha, de frentes únicos políticos con otros grupos, en órganos y comités interclasistas como los que el nuevo curso de ayer y de hoy nos quiere meter:

“4.- El partido comunista desarrolla un intenso trabajo interno de estudio y de crítica, íntimamente ligado a la exigencia de la acción y a la experiencia histórica; ocupándose activamente de organizar dicho trabajo sobre bases internacionales. Hacia afuera de él desarrolla, en cada circunstancia y con todos los medios posibles, la labor de propaganda de las conclusiones de la propia experiencia crítica y de oposición a las escuelas y partidos adversarios. Sobre todo, el partido desarrolla su actividad de propaganda y de atracción entre las masas proletarias, especialmente en las circunstancias en las que éstas se ponen en movimiento para reaccionar contra las condiciones que el capitalismo les ha creado, y en el seno de los organismos que los proletarios forman para proteger sus intereses inmediatos.

5.- Los comunistas penetran, pues, en las cooperativas proletarias, en los sindicatos, en los consejos de empresa, constituyendo en ellos grupos de obreros comunistas; procurando conquistar allí la mayoría y los cargos directivos, para obtener que la masa de proletarios encuadrada en tales asociaciones subordine su propia acción a las más altas finalidades políticas y revolucionarias de la lucha por el comunismo.

6.- El partido comunista, por el contrario, se mantiene fuera de todas las instituciones y asociaciones en las cuales proletarios y burgueses participan con el mismo título o, peor aún, cuya dirección y patrocinio pertenece a los burgueses (sociedades de socorros mutuos, de beneficencia, escuelas de cultura, universidades populares, asociaciones masónicas, etc.) y procura apartar a los proletarios de las mismas, combatiendo su acción y su influencia.” (Tesis de la Fracción Comunista Abstencionista, 1920).

Pero que no limitemos al marco laboral la lucha inmediata proletaria y nuestra intervención en la misma, no significa que podamos olvidar la influencia y capacidad de atracción que tienen los organismos interclasistas que hacen de cada otro ámbito inmediato que afecta al proletariado y a otras clases su ámbito concreto de influencia interclasista. Por esto, a algunos les encanta hacer de estos ámbitos inmediatos el ámbito preferente y principal, rumiando sobre la estrechez de la acción sindical, “ampliando su visión” hacia el “descubrimiento” de ”terrenos prácticos” y “nuevas armas”. Porque estos otros ámbitos tienen que desarrollarse hoy necesariamente en el plano interclasista, a falta de un polo de clase representado por un Partido Comunista que haya desarrollado una influencia en una red de lucha con objetivos económicos inmediatos fuera del control del Estado burgués.

Los comunistas podremos intervenir con fuerza y dirigir una reivindicación proletaria en todos sus ámbitos, que rechace y excluya de un modo efectivo la influencia de las redes interclasistas ya existentes, si previamente hemos enraizado sólidamente y con fuerza en un ámbito en el que el conflicto se pone entre clase asalariada y burguesía en el plano sindical.

Por esto, las Tesis del Partido hacen una cuestión primordial y primaria de la intervención en la lucha sindical para desarrollar la red de lucha sindical fuera del control del Estado burgués y conquistar una influencia en la misma por parte del Partido, además de considerarla una condición sine qua non para la reanudación revolucionaria. Y por esto consideramos que el aprisionamiento de la red sindical en el Estado es un “resultado fundamental para la defensa y la conservación del régimen capitalista, precisamente porque la influencia y el empleo de las organizaciones asociacionistas sindicales son un estadio indispensable para todo movimiento revolucionario dirigido por el partido comunista.” (Partido revolucionario y acción económica, 1951).


Por lo tanto, la consigna de la reorganización del sindicato de clase fuera de los tentáculos del Estado burgués es CENTRAL e IRRENUNCIABLE. Dicho esto, hemos utilizado con plena conciencia antes la fórmula extensa red de solidaridad y de lucha en el plano sindical para evitar el automatismo estereotipado que años de integración sindical de los grandes aparatos evoca en algunos y porque la forma o el nombre que adopte esta red no es lo primordial mientras el contenido sea el establecido por las Tesis del Partido.

Remachemos el clavo una vez más: “el partido reconoce sin reservas que no sólo la situación que precede a la lucha insurreccional, sino también toda fase de marcado incremento de la influencia del partido entre las masas, no puede delinearse sin que se extienda entre el partido y la clase un estrato de organizaciones con objetivos económicos inmediatos y con alta participación numérica, en el seno de las cuales exista una red que emane del partido (núcleos, grupos y fracción comunista sindical). Es tarea del partido, en los períodos desfavorables y de pasividad de la clase proletaria, prever las formas y alentar la aparición de las organizaciones con objetivos económicos para la lucha inmediata.” (Tesis características, 1951).

Quién, presentándose como continuador del Partido, ante este taxativo planteamiento de los textos fundamentales y ante la evidente atrofia y el control sofocante que sufre la clase obrera en el campo de la lucha sindical, sigue farfullando “…desviación sindicalista…”  cada vez que oye un llamado a realizar un trabajo serio y sistemático en esta dirección, es un demagogo empedernido y un enfermo patológico del nuevo curso.

 

Dos tareas del Partido, ¿serán las “únicas”?

En este posicionamiento nuestro (una hoja de DIN A4 a doble cara), decíamos también: “Una tarea fundamental es reintroducir en el seno de la clase obrera el marxismo integral, el marxismo sin adulteraciones, revisiones ni actualizaciones, sin debates ociosos ni especulaciones dubitativas que sólo mellan su filo revolucionario: «sin teoría revolucionaria, no puede haber movimiento revolucionario» (Lenin, ¿Qué hacer?, 1902). El marxismo es para el proletariado un instrumento de trabajo y un arma de combate: «en el apogeo de la batalla no se abandona, para «repararlos», ni el instrumento ni el arma, sino que se vence en tiempos de paz y de guerra blandiendo desde el inicio utensilios y armas buenos.» (La invariancia histórica del marxismo, 1952).

Otra tarea fundamental es romper la camisa de fuerza del sindicalismo integrado, organizar el sindicato de clase.”.

Aquí es donde el epígono de “le Prolétaire”/“il Comunista” concluye: “Dos tareas, por lo tanto, para El Comunista. Una, la «teórica», que consiste en reintroducir entre el proletariado el «marxismo integral». Otra, la «práctica», construir el sindicato.” (El Proletario, nº31). Y aquí es también donde tenemos que hacer un intermedio.

Como hacía Bujarin con la Izquierda, “le Prolétaire”/“il Comunista” teje una camisa ficticia que nos encasqueta y luego se desgañitan, braman y chillan contra esa camisa construida por ellos mismos y nos intenta colgar el consabido sambenito de “sindicalistas y genéricamente teoricistas”.

El objetivo de esta hoja era 1) proporcionar un análisis somero de los cambios impuestos por el desarrollo de las fuerzas productivas en la área y en el mundo capitalista que conforman los procesos necesarios en la intersección de los cuales se desencadena la secuencia de hechos actual, procesos necesarios que se mueven en un ámbito distinto respecto a 1967 e incluso a 2009; 2) plantear un posicionamiento comunista internacionalista; 3) plantear una línea de actuación de los comunistas en el mundo como primer paso para poder tener una capacidad de influencia no negligible en los acontecimientos del mundo capitalista. Esta hoja no tenía como objetivo plantear el conjunto de actividades del Partido entre el momento actual y la dictadura del proletariado, ni siquiera agotar el conjunto de actividades del Partido en el momento actual.

Hay que decir que es hasta divertido leer al epígono de “le Prolétaire”/”il Comunista” en sus críticas porque, después de desgañitarse sobre cómo supuestamente reducimos la actividad del Partido a solamente dos tareas, dejándonos tantas otras cosas en el tintero, es incapaz de enunciar claramente ni siquiera una de estas cosas tan fundamentales de su grandilocuente “lucha política” que no tenemos en cuenta.

 

La actividad del Partido

Los puntos fundamentales de la actividad del Partido, como se recuerda en cada reunión general y como aparece publicado reiteradamente en la prensa del Partido, vienen enunciados en las Tesis de Lyon de 1926, recordémoslos una vez más.

“La actividad del partido no puede ni debe limitarse sólo a la conservación de la pureza de los principios teóricos y de la pureza del complejo organizativo, o bien sólo al logro a toda costa de éxitos inmediatos y de popularidad numérica. Ella debe englobar siempre y en todas las situaciones los tres puntos siguientes:

a) la defensa y precisión, en relación con los nuevos grupos de hechos que se presentan, de los postulados, programáticos fundamentales, o sea, de la conciencia teórica del movimiento de la clase obrera;

b) el aseguramiento de la continuidad del complejo organizativo del partido y de su eficiencia, y su defensa contra las infecciones de influencias extrañas y opuestas al interés revolucionario del proletariado;

c) la participación activa en todas las luchas de la clase obrera, incluso en las suscitadas por intereses parciales y limitados, para alentar su desarrollo, pero aportándoles constantemente el factor del enlace con los objetivos revolucionarios finales y presentando las conquistas de la lucha de clase como vías de acceso a las indispensables luchas futuras, denunciando el peligro de acomodarse con las realizaciones parciales, consideradas como puntos de arribo, y de sacrificarles las condiciones de la actividad y combatividad clasista del proletariado, tales como la autonomía e independencia de su ideología y de sus organizaciones, en el primer rango de las cuales está el partido.

El objetivo supremo de esta compleja actividad del Partido es preparar las condiciones subjetivas de la preparación del proletariado para ponerlo en condiciones de aprovechar las posibilidades revolucionarias objetivas que presentará la historia, en cuanto éstas se manifiesten, de manera que salga vencedor de la lucha, y no vencido.”

El Partido persevera en la continuación de esta actividad como un mecanismo unitario, distribuyendo tareas y funciones entre sus miembros en función de sus posibilidades y aptitudes, considerando a todos sus adherentes como instrumentos u operadores de una conciencia y una voluntad colectivas para la puesta en acción de una táctica ligada a la doctrina y al programa que se desarrolla dentro de límites bien determinados y conocidos por el conjunto de militantes, cultivando una verdadera centralización y unidad en su acción y organización.

 En la ejecución de esta actividad se realizan reuniones frecuentes en cada sección territorial y también reuniones generales y regionales, de carácter internacional, que son de estudio y de organización, se garantiza la comunicación entre los distintos grupos de compañeros para un mayor aprovechamiento colectivo de todas las aportaciones, se lleva a cabo la clarificación y correcto enfoque de los acontecimientos y de la intervención del Partido en los mismos a través del estudio colectivo de los textos fundamentales, se lleva adelante el estudio del curso del capitalismo sobre la base de la teoría marxista demostrando la validez de su planteamiento científico en los hechos del desarrollo económico, se prepara, traduce y publica la revista del Partido a diversas lenguas, así como se lleva a cabo la intervención de los militantes en las luchas de la clase obrera, sacando las lecciones de las mismas, fuera del circo electoral y del chismorreo parlamentario.

 

Qué significa reintroducir en el seno de la clase obrera el marxismo integral

Ahora tenemos que escuchar clamar contra el “adoctrinamiento de tipo intelectual («introducir la teoría» en sus palabras) de la clase proletaria.” (El Proletario, nº31).

Hay militantes fuera de nuestra organización que se encuentran hoy sobre posiciones espontaneístas, que quizás mañana sean incluso muy buenos compañeros si el desarrollo histórico confirma nuestra posición y les permite superar sus reticencias actuales, que están sinceramente convencidos de que es un error hablar de “introducir la teoría”. Pero que “le Prolétaire”/”il Comunista” o cualquiera que se reclame continuador del Partido Comunista Internacional tenga remilgos con la frase “Una tarea fundamental es reintroducir en el seno de la clase obrera el marxismo integral (nuestra hoja de 22 de octubre de 2023) es absurdamente ridículo y un muy buen ejemplo de la demagogia que están dispuestos a desplegar. ¿Será posible que no hayan leído la cita sobre la que Lenin apoya su punto en el ¿Qué hacer?, cita reproducida también, entre otros, en “El Graznido de la Praxis” (1953)?

“(…) es del cerebro de algunos miembros de este sector de donde ha surgido el socialismo moderno, y han sido ellos quienes lo han transmitido a los proletarios destacados por su desarrollo intelectual, los cuales lo introducen luego en la lucha de clase del proletariado, allí donde las condiciones lo permiten. De modo que la conciencia socialista es algo introducido desde fuera (von aussen Hineingetragenes) en la lucha de clase del proletariado, y no algo que ha surgido espontáneamente (urwüchsig) dentro de ella. De acuerdo con esto, ya el viejo programa de Heinfeld decía, con toda razón, que es tarea de la socialdemocracia introducir en el proletariado la conciencia (literalmente: llenar al proletariado de ella) de su situación y de su misión” (Lenin, ¿Qué Hacer?, 1902).

Por lo demás, “le Prolétaire”/”il Comunista” oye hablar de reintroducir la teoría y piensa en “adoctrinamiento de tipo intelectual”. No conciben otro camino porque no conocen otro ni saben hacerlo de otra manera. Pero este es su problema, no el nuestro.

Luego, tenemos que escuchar preguntas retóricas como las siguientes: “Únicamente son necesarias la doctrina marxista (¿cómo se introducirá en la clase? ¿cómo se extenderá? Quién sabe…) y sindicatos” (El Proletario, nº31). No estamos seguros de si “le Prolétaire”/”il Comunista” quería convencer al público de que tienen un problema de comprensión lectora o querían demostrar a todos que no tienen límites en su demagogia.

Tal y como decíamos en la toma de posición que nos ocupa: “Ambas tareas tienen que realizarse simultáneamente, alimentando una a la otra, organizando la lucha inmediata tejiendo la red del sindicato de clase no integrado en el Estado e introduciendo en las experiencias de esas luchas el marxismo, haciendo que una parte de los trabajadores que han emprendido esas luchas se eleve al nivel de la teoría revolucionaria, pasando a ser militantes comunistas.” (nuestra hoja de 22-10-23).

Las “dos tareas” que perturban al epígono en castellano de “le Prolétaire”/”il Comunista” (exCombat) se pueden leer en el capítulo III de las Tesis de Roma de 1922, cuyo título es “III - Relaciones entre el partido comunista y la clase proletaria”.

“12.- La obra de propaganda ideológica y de proselitismo para su milicia, que el partido realiza constantemente, es inseparable pues de la acción real y de todo desarrollo del movimiento proletario. (…)

13.- (…) Participando en primera línea en las acciones de los órganos económicos de los que forman parte, estos grupos [del Partido] atraen hacia sí, y por lo tanto hacia las filas del partido, a los elementos que en el desarrollo de la acción han madurado para ello. (…) De esta forma se realiza todo un trabajo que es de conquista y de organización, que no se limita al trabajo de propaganda y de proselitismo, y de campañas electorales internas en las asambleas proletarias, sino que se desarrolla sobre todo en el calor de la lucha y de la acción, ayudando a los trabajadores a extraer las experiencias más útiles.” (Tesis sobre la táctica del Partido Comunista, de Roma, 1922).

Para esta tarea combinada se requiere el órgano Partido, cuyos militantes llevan a cabo el estudio (individual y colectivo), la preparación de los análisis sobre el desarrollo de la economía y de los choques imperialistas, de las herramientas de propaganda política, la publicación de la revista y de las hojas con los posicionamientos sobre diferentes sucesos. Esto hace posible que, en la intervención de este Partido en la lucha inmediata, se enlace a cada oportunidad la situación con el objetivo final de la revolución comunista. Al mismo tiempo que se contribuye a conformar una red sindical no integrada en el Estado combatiendo la mala hierba del sindicalismo integrado, al mismo tiempo que se coordina y dirige la lucha de grupos combativos de la clase obrera en un terreno real, se organizan presentaciones políticas, históricas y programáticas así como lecturas colectivas de textos del marxismo entre contactos y simpatizantes que están viviendo la lucha contra la clase patronal, se lleva la defensa del marxismo integral en las asambleas y piquetes, se denuncia el papel de los distintos órganos del Estado burgués (sistema educativo, juzgados, sindicalismo integrado, policía, inspección, etc.) que es más rápidamente captado con la ayuda de los ejemplos vividos en directo, se difunden los análisis del curso del imperialismo, de la economía y de sus reflejos en los choques entre potencias, se rebaten y refutan las posiciones de otras corrientes sedicentemente obreras o abiertamente interclasistas, etc.

Pero ya sabemos que todo esto a “le Prolétaire”/“il Comunista” (exCombat) no le parece tan “político” como seguir alimentando el nacionalismo palestino y pasearse por todos los charcos del interclasismo pasado y futuro para “resolver las cuestiones del hoy” y “descubrir” las “nuevas armas” prácticas.

En cualquier caso, nosotros nos atenemos a las posiciones fundamentales del Partido, entre las que se encuentra ésta, esculpida para siempre contra los antecesores del nuevo curso :

“¿Creéis vosotros seriamente que (mientras toda la gigantesca máquina burguesa está comprometida de la mañana a la noche no tanto, poned atención, a refutar la tesis revolucionaria, cuanto a demostrar que a las reivindicaciones socialistas se pueda llegar marchando contra Marx y contra Lenin, y cuando no sólo partidos políticos si no también gobiernos constituidos juran gobernar, es decir, oprimir a las masas, en nombre del comunismo) el áspero y fatigoso trabajo de restauración crítica de la teoría revolucionaria marxista, sea solamente un trabajo teórico¿Quién osaría decir que no es también un trabajo político, una lucha activa contra el enemigo de clase? Sólo quien está poseído por demonios de la acción activista puede pensarlo. El movimiento, aunque sea pobre de efectivos, que trabaja en el periódico, en reuniones, en discusiones de fábrica, para liberar la teoría revolucionaria de las inauditas adulteraciones, de las contaminaciones oportunistas, cumple con esto un trabajo revolucionario, trabajo para la revolución proletaria.” (Activismo, 1952, Battaglia Comunista).

 

[1] “Dopo la comune lotta contro il liquidazionismo movimentista e un persistente attendismo (come documentato nel “programma comunista” dall’ottobre 82 al giugno 83, continuata poi parzialmente nello stesso giornale e successivamente in “combat”), e il comune tentativo di reagire alla crisi accettando la sfida lanciata dagli avvenimenti esterni e interni all’organizzazione, la sezione “italiana” si spacca” (il Comunista, Anno III/Nuova serie, nº1 de 1985).

[2]  “La linea – aggiungiamo con maggiore energia e in riferimento alla crisi che ha ultimamente sconquassato il partito – che va dalla lotta per ENTRARE IN CONTATTO COI MOVIMIENTI SOCIALI e con la classe e per contribuire alla rinascita di una corrente classista indipendente dal collaborazionismo alla battaglia contro il liquidazionismo antipartito di stampa attendista, accademico o movimentista e contingentista che sia” (il Comunista, Anno III/Nuova serie, nº1 de 1985).

[3] ”Questo lavoro iniziò già nell’ottobre de 82, con la preparazione della riunione generale di Milano, i cui risultati immediati si possono leggere nel n. 20 del 29 ottobre 82 di ‘programma comunista’, e nei numeri successivi.” (il Comunista, nº2 de 1985, Anno III/Nuova serie, pag. 21)

[4] ”Come si è sviluppata questa crisi che vede contrapposti compagni che partono dalla stessa esigenza, l'intervento nelle contraddizioni sociali sotto la guida di una linea tattica collegata ai nostri principi politici e tattici?” (il programma comunista, nº20/1982, pag. 2).

[5] “Indubbiamente ciò è avvenuto in forza di un ritardo nel risolvere questo problema, che si è manifestato in modo differenziato alla scala internazionale” (il programma comunista, nº20/1982, pag. 2)

[6] ”In effetti, la nostra attività di intervento nelle lotte, per anni, è stata limitata al livello rivendicativo sindacale. E' verissimo. Ma questo terreno, i problemi che ha posto, l'evidente sua ristrettezza, ci ha fatto riconoscere la necessità di allargare la nostra visuale, ci ha fatto scoprire tutti gli altri terreni «pratici», e questi terreni – questione femminile, casa, antimilitarismo, repressione e ogni altra manifestazione delle contraddizioni sociali - ci hanno dato nuove armi e maggior sicurezza nell'affrontare la stessa lotta rivendicativa sindacale.” (il programma comunista, nº20/1982, pag. 5)

[7] ”Per questa ragione, pur comprendendo le «esigenze» di chiunque ci parli del «movimento sociale», pur condividendo il giudizio di essere di fronte ad un momento decisivo della nostra storia, ne traiamo la conclusione opposta a quella liquidatrice: dalla nostra storia passata, dai nostri errori, oltre che dal bagaglio dottrinale che non abbiamo mai visto come un ricettario, traiamo l'alimento per andare decisamente avanti.” (il programma comunista, nº20/1982, pag. 5)

[8] “1) Definire senso della spaccatura. Non fra parte arretrata e avanzata, ma fra comp. che sono consapevoli di una serie di esigenza (dal programma al p. d’azione riv.). Le divergenze di fondo fra loro: per farlo rompere o continuare. Uci divisa, ma responsabilità del sottoscritto e di E. di andare avanti, sia pure come “curatori fallimentari”.

2) Distinzione fra le posizioni di El Oumami e degli altri comp. El Oumami fa una serie di critiche che a noi appaiono giustificate e ci ha lanciato una sfida cha abbiamo deciso di accettare. Il problema dell’organizzazione int.le: mancanza di un vero programma d’azione politico.” (Traccia della riunione del 17.10.1982)

[9] ”Io non accetto il discorso della direzione che fa il mea culpa.” (il programma comunista, nº20/1982, pag. 5)

[10] “Allo stesso modo, una forte resistenza con le parole e coi fatti veniva offerta da questi compagni ad ogni tentativo di intervento fuori dalle fabbriche - sulle questioni della casa, femminile, della repressione, ecc. - e di intervento nelle stesse fabbriche e sul terreno propriamente sindacale che non si facesse ridurre ad una stretta dipendenza dai tempi e dai modi dettati dalle strutture sindacali ufficiali.

Per questa parte di compagni ogni decisione presa al di fuori di quanto e di come era « già stato fatto » in precedenza, ogni interesse per problematiche che investivano il terreno della critica politica e teorica non affrontate e risolte con tesi e punti fermi in precedenza (dal partito attuale o dal partito comunista d'Italia negli anni Venti), assumeva l'aspetto del pericolo o addirittura del tentativo di portare il partito fuori dalla sua rotta e di inficiarne la capacità teorica e politica.

Contro una visione di tal genere - che andò via via caratterizzandosi come difesa ad oltranza di quanto, non tanto la sinistra comunista come corrente politica, ma di quella italiana in particolare e soprattutto della persona Amadeo Bordiga, aveva detto scritto fatto, senza comprendere in realtà la lezione profonde delle battaglie di classe condotte dalla sinistra comunista - si sviluppò una lotta politica interna condotta in particolare dal Centro attraverso lo sforzo di reinquadrare i problemi dell'oggi e le differenze di situazione storica senza perdere il filo conduttore di quelle battaglie di classe.

Questa circolare del marzo 1976, alla pari di altre precedenti e di successive, fa parte di questa lotta politica interna. (…)

Da questo punto di vista, questa circolare segna un punto a favore, se così ci si può esprimere, alla lotta sia contro il conservatorismo di partito ben radicato purtroppo nell'organizzazione, sia contro quell'arroganza teorica mescolata ad un velleitarismo verbale ma pratico immobilismo caratteristici degli antidialettici legati ad una visione mistica del partito, della lotta di classe, del proletariato e del suo movimento, della rivoluzione, del comunismo.”” (Premessa alla circolare de 1976, pubblicato en “il Comunista”, nº33, 1992, pag. 9).

[11]“Noi siamo un’organizzazione molto piccola, collegata strettamente all’esperienza della Sinistra comunista d’Italia e al lavoro di restaurazione teorica del marxismo che i compagni della Sinistra che non hanno gettato la spugna e che non si sono venduti allo stalinismo hanno ripreso, sotto l’indirizzo dato da Amadeo Bordiga, l’attività sia teorica che politica e organizzativa riannodando il filo del tempo del movimento proletario e comunista rivoluzionario.” (il Comunista, nº178, agosto, 2023, pag. 1)

[12] “3) continuità del lavoro di intervento nei diversi settori in cui il partito agiva (terreno sindacale, antimilitarismo, antirepressione, difesa condizioni di vita lavoro e lotta del proletariato, ecc.)” (il Comunista, Anno III/Nuova serie, nº1 de 1985).

[13] ”Pubblichiamo qui di seguito due testi inerenti ad un’attività che il gruppo promotore per il Centro Sociale di Croce di Musile (nel sandonatese) ha iniziato sul problema della nocività e sugli infortuni sul lavoro. Questo gruppo di giovani è attivo dall’inizio del 1984 e si è mosso in special modo per ottenere un Centro Sociale, spazio da utilizzare per varie attività e iniziative collegate coi problemi dei giovani, sia verso il lavoro che verso la vita in generale.” (il Comunista, nº3 de 1985, Anno III/Nuova serie, pag. 7)

[14] “Sono senza dubbio una testimonianza (…) vivente di un modo di reagire sia all’isolamento che al silenzio, un modo fecondo per lo stesso futuro della lotta proletaria” (il Comunista, nº3 de 1985, Anno III/Nuova serie, pag. 7)

[15] Le droit de vote est un droit politique reconnu aux travailleurs français et qui doit être le droit de tout travailleurs étrangers. Non seulement le droit de vote, mais le droit d'être élu, ceci sans restriction par rapport aux types d'élections (locale ou nationale). Hors de cette positions de principe il n'y a que maquignonnage ou mascarade.”  (le Prolétaire, nº383, 1985, page 1)

[16] ”doivent servir d’exemple pour les futures luttes ouvrières” (le Prolétaire, nº531)

[17] Solidarité prolétarienne avec Mumia Abu-Jamal et toutes les victimes du terrorisme de l’Etat américain” (le Prolétaire, nº541, août 2021)

[18] ”resta il fatto che, ad oggi, le donne uccise dai loro partner o in famiglia o semplicemente perché donne sono 102... e non è finito l’anno... ” (il Comunista, nº179, novembre 2023)

[19] ”In Francia/Svizzera un piccolo gruppo si era formato con compagni di Parigi, Strasburgo, Lione, Losanna continuando a pubblicare le Prolétaire. (…) rimasero in piedi, fino al giugno 1983, dei contatti con il vecchio centro situato a Milano, ma i tentativi di riorganizzazione a livello internazionale furono molto deboli e confusi.”

[20] Selon le marxisme, l’orientation correcte surtout pour les aires où la révolution bourgeoise n’est plus à l’ordre du jour (ou donc il ne peut plus y avoir de révolutions doubles) mais où la question nationale n’a pas été résolue est d’insérer celle-ci et la lutte nationale dans la lutte de classe révolutionnaire.” (le Prolétaire, nº401, 1989, page 8).

[21] “Ce serait une grossière erreur d'indiquer aux prolétaires dans de telles situation la seule perspective de luttes sur un terrain purement prolétarien, en jetant aux oubliettes ces questions d'ordre national, soulevées par la bourgeoisie et la petite-bourgeoisie dans leurs seuls intérêts de classes dominantes, mais dont sont victimes d'une façon ou d'une autre les prolétaires.” (le Prolétaire, nº401, 1989, page 7).

[22] “E non c’è dubbio che i proletari del paese oppresso vedano i proletari del paese oppressore come complici della borghesia straniera che li opprime. Per dimostrare che questa complicità non c’è, i proletari del paese oppressore devono battersi contro la propria borghesia rivendicando che la popolazione oppressa, compresi i suoi proletari, abbia la libertà di “autodeterminarsi”.” (il Comunista, nº179, 2023, pag. 3)

[23] Pour mettre sur pied une propagande communiste efficace dans les tragiques événements d'aujourd'hui, il est indispensable de partir non de la critique de I'OLP, mais du besoin de solidarité Instinctive avec la résistance des combattants et des masses exploitées au Liban. (…) il faut définir l'attitude juste et efficace vis-à-vis de I'OLP.

On doit se garder de donner à cette critique un caractère programmatique général ou abstrait, c'est-à-dire délié des exigences réelles de la lutte ressentie par les travailleurs. On doit enfin éviter de donner à la critique, même la plus juste du point de vue des canons programmatiques, une place disproportionnée par rapport aux tâches premières, et plus urgentes, au moins dans un premier temps, de formulation des besoins de lutte, des revendications, des méthodes de riposte et de lutte et même d'éveil à de nouveaux besoins en s'appuyant sur les événements.

C'est dans la mesure où ce travail est bien mené et où il forge une véritable camaraderie de lutte que la critique politique est mieux acceptée (Le Prolétaire, nº363 de 1982, page 2)

[24] Si nous avons présidé à la naissance de ce comité, il n'est pas pour autant une émanation de notre parti. Y participent d'ailleurs des militants d'autres organisations à côté d'un petit groupe de militants de notre parti et de travailleurs sans parti, liés entre eux par une discipline par rapport à une base de lutte commune, et qui doivent parvenir à surmonter les hésitations normales au départ pour mettre sur pied maintenant une ligne d'action cohérente et entraînante.

Les principes avancés, notamment dans un tract d'appel à une réunion qui a rassemblé 80 personnes le samedi 19, sont ceux de la «solidarité internationale antiimpérialiste des travailleurs» contre l'«ennemi commun", l'impérialisme, «contre l'Etat d'Israël, et «les bourgeoisies arabes». Ces principes ne tombent pas du ciel. Ils résultent des besoins de lutte aujourd'hui effectivement ressentis notamment par une frange non négligeable de prolétaires immigrés.

C'est la raison pour laquelle nous les défendons dans ce comité de Solidarité Internationale Liban-Palestine, mais aussi dans les autres comités où peuvent intervenir nos militants, à Paris comme en province. (le Prolétaire, nº363, 1982, page 2)

[25] “Nous, jamais nous n’avons cru à des “solutions nationales” au Vietnam, à Cuba, en Palestine, en tous ces lieux déshérités où se battent des révoltés qui n’ont ni l’organisation ni l’armement théorique du prolétariat, des exploités qui ne sont même pas groupés sous la forme compacte de la seule et vraie classe révolutionnaire. Jamais nous n’avons encouragé la moindre illusion sur ces “voies” trompeuses proposées par Moscou et, d’une façon plus générale, par l’opportunisme de tous les pays et de tous les temps. Mais le sacrifice de ces masses insurgées en vain est une plaie qui restera béante jusqu’à la révolution mondiale de demain. Plus sobrement, mais certainement avec plus de conviction farouche que les enthousiastes occidentaux de ces luttes condamnées d’avance, nous crions : à bas les faux mots d’ordre de “Libération nationale”, hors des rangs ouvriers les traîtres qui les propagent : hier au service des vieux impérialisme, aujourd’hui au service de tous les nouveaux. Pour la lutte de classe internationale, pour la reconstruction de son parti, pour la dictature mondiale du prolétariat et contre toutes les “étapes intermédiaires”, les “transitions” qui se soldent en fleuves de sang ! “ (le Prolétaire, nº85, 1970).