Introducción al cuerpo de Tesis del Partido de 1965-66
El cuerpo de Tesis de 1965-66[1] condensa el balance de los 14 años que las separan de las Tesis Características (1951) y se dirigen contra dos corrientes dispares pero complementarias: la corriente activista que quería reintroducir el centralismo democrático en el Partido, que dio lugar a la organización que publica la revista “Rivoluzione Comunista” y la corriente místico-idealista que dio lugar a la revista “Invariance”.
La situación históricamente desfavorable
Hay que partir del balance de la situación, después de 40 años de contrarrevolución, que se describe en los siguientes términos: “Abandonando pedantes "distinciones", nos podemos preguntar en qué situación objetiva versa la sociedad actual. Ciertamente, la respuesta es la peor posible, y que gran parte del proletariado, más que estar aplastado por la burguesía, está controlado por partidos que trabajan al servicio de ésta e impiden al proletariado mismo todo movimiento clasista revolucionario, de modo que no se puede anticipar cuánto tiempo pueda transcurrir hasta que, a esta situación muerta y amorfa, no le suceda de nuevo la que otras veces definíamos "polarización" o "ionización" de las moléculas sociales, que preceda a la explosión del gran antagonismo de clase.” (Consideraciones sobre la actividad orgánica del partido cuando la situación es históricamente desfavorable, 1965).
Esta situación es esencialmente la misma que se describía en “Activismo (Pequeño diccionario de los clavos revisionistas)” en 1952[2], momento en que el Partido se desembarazaba de la corriente dameniana (que es preciso definir así por su personalismo y rechazo de la consigna del anonimato) que defendía el mantenimiento de la táctica parlamentarista, el eclecticismo táctico-organizativo (frentes únicos, fusiones heterogéneas, etc.), rechazaba la necesidad/posibilidad del resurgimiento del sindicato de clase fuera de la influencia del Estado burgués y abrazaba la teoría de la decadencia del capitalismo para hacer abstracción de las revoluciones burguesas en curso y apuntarse al enriquecimiento (revisionismo) del marxismo con el descubrimiento de “nuevas clases” como la burocracia.
Estábamos pues en la misma situación, pero un poco más de una década después. ¿Podía el Partido ser inmune a la prolongación de esta situación históricamente desfavorable? Evidentemente no, como reafirman las Consideraciones después de reivindicar una completa continuidad con las Tesis de Roma (1922), las Tesis de Lyon (1926) y la línea de la Izquierda Comunista en su lucha contra la degeneración de la Internacional: “¿Cuáles son, en este período desfavorable, las consecuencias sobre la dinámica orgánica interna del partido? Siempre hemos dicho, en todos los textos más arriba indicados, que el partido no puede no resentirse de los caracteres de la situación real que lo circunda.” (Consideraciones, 1965).
Activismo democrático y mística humanistoide
El prolongamiento de esta situación históricamente desfavorable se manifestaba – más allá de la limitación de la proyección externa y de la influencia del Partido, así como del específico peso de cada una de sus actividades fundamentales – en la generación de dos desviaciones:
- El renacimiento de la tendencia activista que veía en la reintroducción del mecanismo democrático la llave que apartaría a lo que denominaban como el “elemento anciano” y permitiría con un puro acto de voluntad subvertir el proceso histórico y el peso de la contrarrevolución.
- El nacimiento de una corriente místico-idealista que convertía los planteamientos de clase en planteamientos humanistoides y que sacaban de la imposibilidad de una actuación inmediatamente revolucionaria un rechazo al Partido formal y el punto de partida para vivir en el comunismo en el hoy, mezcla de gradualismo y conformismo encubierto de un manto místico.
La desviación activista: “Rivoluzione Comunista”
La primera corriente salió del Partido a finales de 1964, después de la publicación de los Apuntes para las tesis sobre la cuestión de la organización (1964) en los que se reafirmaba nuestro rechazo para siempre del engaño democrático. Después de la reunión de Florencia, esta corriente activista recuperó el centralismo democrático y formó la revista “Rivoluzione Comunista” que se presentaba como órgano del Partido Comunista Internacionalista. Así explica Rivoluzione Comunista la escisión: “Dominada por la idea obsesiva de una contrarrevolución siempre imperante, de la dominación absoluta del imperialismo americano, de un proletariado encadenado y subyugado por las mentiras oportunistas, la vieja dirección quedaba tambaleándose ante la nueva realidad. Con la afluencia de nuevos militantes, la brecha entre la teoría y la praxis se hizo cada vez más estridente. (…) Esta lucha, en las condiciones en que vivía entonces "il programma”, chocaba con la mentalidad tradicionalista del grupo dirigente y del elemento anciano. Así que no quedó otro camino que la escisión. Ésta tuvo lugar al término de una conferencia general celebrada en Florencia en noviembre de 1964. De esta escisión nació formalmente nuestra agrupación: Revolución Comunista. Su sello distintivo es que no puede haber organización revolucionaria que no haga actividad revolucionaria.” (Qué somos, qué queremos[3], Rivoluzione Comunista).
En lugar de la posición correcta de Lenin de que “sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario” (¿Qué hacer?, Lenin, 1902), aquí tenemos el más burdo activismo que pretende desplegar siempre y en cualquier lugar una no mejor definida “actividad revolucionaria”. La cuestión de la actividad del Partido en situaciones históricamente desfavorables ya había sido resuelta en las Tesis de Lyon (1926) y en las Tesis Características (1951) [4], entre otros textos, y se reiteró después de la escisión en las Consideraciones de 1965, como veremos más adelante. La actividad del Partido es revolucionaria en la medida en que está ligada al programa de la revolución, sin perjuicio de las distintas proporciones y pesos que tengan los distintos campos de dicha actividad en un momento histórico u otro. Pero obviamente “Rivoluzione Comunista” no se refería a esa actividad[5], que el Partido venía realizando (y que incluía la restauración teórica, el proselitismo, la revista, la intervención en la lucha inmediata, la agitación, etc.) sino al activismo voluntarista, a la agitación por la agitación.
Es suficientemente claro en su propio resumen su planteamiento activista democrático, la constatación de la afluencia al Partido de una serie de nuevos elementos ajenos a la línea del Partido que la quisieron modificar y se escindieron al no conseguirlo. Es claro también el paralelismo de sus posiciones con las de la corriente activista que se quedó con Battaglia Comunista en la escisión de 1952 y – esto lo veremos en otro lugar – el paralelismo con las posiciones del “nuevo curso” que fue tomando la dirección del Partido a partir de 1974 y que luego estalló en pedazos en un proceso de canibalismo entre las distintas corrientes activistas que habían conformado la dirección en ese periodo[6].
En ese momento, no sólo los damenianos de Battaglia Comunista sino este nuevo grupo activista neo-dameniano y todavía un tercer partido trotskista en Francia se denominaban con el mismo nombre que tenía entonces nuestro Partido: Partido Comunista Internacionalista.
Es en el nº 1 de 1965 de “il Programma Comunista” que se publica la decisión de pasar a denominar al Partido como Partido Comunista Internacional: “por la realidad del desarrollo dialéctico, nuestra organización es la misma dentro y fuera de las fronteras italianas, y no es una novedad que actúa, aunque sea en límites circunscritos cuantitativamente, como organismo internacional".
La desviación místico-humanistoide: “Invariance”
Esa segunda corriente salió del Partido en noviembre 1966, después de la publicación del cuerpo de Tesis de 1965-66, fundando la revista Invariance al cabo de poco tiempo. El primer número de Invariance publicó como texto re-fundacional, un artículo titulado “Origen y función de la forma partido”.
Este artículo había sido publicado en “il Programma Comunista” n.13 de 1961 firmado por los Grupos internacionalistas de Francia (redactado por Jacques Camatte y Roger Dangeville[7]). En él se manifiestan embrionariamente (y también de forma muy explícita) las posiciones que se desarrollarán en la revista Invariance y que conducirán a esta revista – en tiempo récord – a la negación de la lucha de clase y a renegar del marxismo.
Después de ver en el mayo del 1968 la “apertura de una nueva fase revolucionaria”, “la emergencia del comunismo”, un “rechazo total a la sociedad del capital, la apelación a una afirmación de los hombres, un lanzamiento hacia otro tipo de sociedad”, imputándole al Partido no haber sabido ver la emergencia de la revolución, el principal autor de Origen y función, se retiró de París para reencontrar la naturaleza. “Descubrió” que el proletariado había sido derrotado en 1945 (o incluso antes, en 1923) e integrado inevitablemente en el capitalismo por lo que no era ya más la clase potencialmente revolucionaria. Por lo tanto, ni la lucha de clase ni el marxismo tienen sentido, sino que son instrumentos de conservación capitalista, sin perjuicio de lo cual la revolución está en curso desde antes de 1968.
Pedimos disculpas anticipadas por someter al lector a la lectura de las siguientes citas pero consideramos necesario ver cómo se manifestaba el pensamiento real de J. Camatte muy poco tiempo después de dejar el Partido, una vez libre del embarazo de tener que camuflar sus posiciones reales y esconderlas detrás de fraseología marxista o forzando hasta el absurdo otros trabajos teóricos de la Izquierda:
“Toda la humanidad tiene tendencia a oponerse al capital, a rebelarse contra él.” (Invariance nº6, 1969).
“Esto implica una ruptura total con todo lo que fue la teoría y la práctica del movimiento obrero antes de 1945 y, dado que de 1923 a 1945 no hubo más que la repetición de lo que ocurrió entre 1917 y 1923, podemos modificar nuestra proposición diciendo que debemos romper con la teoría y la práctica del movimiento obrero hasta 1923 (…). Esta perspectiva se ha realizado y el potencial revolucionario de 1848 se ha agotado definitivamente. (...) Se espera en vano la revolución, pues ya está en marcha. Pasa desapercibida para los que la esperan, esperando una señal particular, una ‘crisis’ que libere el vasto movimiento insurreccional que produciría otra señal esencial, la formación del partido, etc... En realidad el desequilibrio comenzó antes de mayo de 1968 y mayo fue su exteriorización.” (Capital y comunidad, Invariance Serie 2, nº2, 1972, J. Camatte).
“La emergencia de esos deseos profundos, incluso si están incorporados en representaciones que permanecen dentro de los marcos del capital, han puesto al descubierto otro componente esencial de nuestro mundo: el marxismo en tanto que consciencia represiva. Éste es en todas partes del mundo la fuerza más efectiva que se opone al ardiente deseo de vivir; el anarquismo, en sus formas individualistas y no-violentas conserva aún una cierta carga de rebelión. Es gracias al marxismo que el Modo de Producción Capitalista (MPC) fue capaz de efectuar su transformación en dominación real, de volverse universal. En efecto, sin él el MPC no habría sido capaz de penetrar en zonas como las que la URSS domina actualmente, en China, o en los países africanos. (…) El fenómeno profundo es, como decíamos en 1968, la búsqueda de la Gemeinwesen y, podríamos decir ahora, la búsqueda del ser y de la vida inmediata por medio de la recuperación del gesto, del habla y de la imaginación; esto se percibe en la atracción que ejerce la artesanía en una multitud de jóvenes (recuperable por el capital, como ya hemos indicado) y en las diversas tentativas de creación de comunidades.” (Mai-June 1968: le devoilement, aparecido en Invariance, Serie III, 1977).
“De lo cual se desprende la vergonzosa pero real relación ¡Marx-Lenin-Stalin! (...) Una de las modalidades de la reabsorción del poder revolucionario del proletariado ha sido perfeccionar su carácter de consumidor, atrapándolo así en la malla del capital. El proletariado deja de ser la clase que niega; tras la formación de la clase obrera se disuelve en el cuerpo social.” (Declive del modo de producción capitalista o declive de la humanidad, J. Camatte, 1973).
“Y el propio capitalismo se describía de forma maniquea: por un lado, el polo positivo, el proletariado, la clase liberadora; por otro, el polo negativo, el capital. Se afirmaba que el capital era necesario y que había revolucionado la vida de los seres humanos, pero se describía como un mal absoluto en relación con el bien, el proletariado. (…) En el mundo del despotismo del capital (así es como aparece la sociedad en la actualidad), no se puede distinguir ni el bien ni el mal. Todo es condenable. Las fuerzas negadoras sólo pueden surgir fuera del capital. Puesto que el capital ha absorbido todas las viejas contradicciones, el movimiento revolucionario tiene que rechazar todo el producto del desarrollo de las sociedades de clases.” (Declive del modo de producción capitalista o declive de la humanidad, J. Camatte, 1973). “Tenemos que dejar de divagar y destruir la conciencia represiva[8] que inhibe el surgimiento del comunismo. Para ello tenemos que dejar de percibir el comunismo como una prolongación del modo de producción capitalista, y dejar de pensar que basta con suprimir el valor de cambio y hacer triunfar el valor de uso. (…) resulta cada vez más imbécil proclamarse marxista.” (Conciencia represiva – Comunismo, J. Camatte, 1973).
En referencia a Origen y función el propio J. Camatte escribe: “Este texto se publicó en 1961 como "Informe de los grupos internacionalistas en Francia" y no era la contribución de militantes del partido porque, en aquella época, la pequeña organización originaria de lo que se llama la izquierda italiana no se consideraba realmente un partido a escala internacional. De hecho, el texto era obra de dos personas, Roger Dangeville y yo. (…) Los diversos estudios realizados desde 1969, algunos de los cuales aparecieron en Invariance Serie II, han conducido a una superación total de la posición clasista y también de cualquier teorización sobre el partido. (…) Decimos esto para mostrar dónde estábamos encerrados en el esquema de Marx y dónde hemos desarrollado y en cierto modo agotado sus posibilidades. Esto nos impidió superar la visión marxiana en 1961 aunque la realidad ya lo imponía. Pero eso también es cierto para nuestros predecesores, ya que tal superación debería haberse hecho desde los años veinte. (…) Aquí nos vemos abocados a considerar el segundo pilar de Origen y Función: la Gemeinwesen. Pero eso también quiere decir que existía una cierta contradicción entre la teoría del proletariado y la investigación sobre la Gemeinwesen.” (Invariance, 1974, J. Camatte).
Las posiciones de Origen y función
Nos detendremos ahora en determinados pasajes del artículo Origen y función para poder ver su relación embrionaria o literal con lo que su autor fue diciendo más claramente al salir del Partido y para poder ver también cómo las Consideraciones y las Tesis de Nápoles suponen un punto final y una refutación de las posiciones de ese artículo.
Origen y función empieza con esta premisa general:
“La tesis central que queremos afirmar e ilustrar es la siguiente: es de su descripción de la sociedad comunista que Marx y Engels extrajeron los rasgos de la forma partido.” (Origen y función…, 1961) y, más adelante se reitera “Sencillamente, se ha demostrado que la forma partido es la más apta para representar el programa, para defenderlo. En ese caso, las reglas de organización no se toman prestadas de la sociedad burguesa, sino que derivan de la visión de la sociedad futura, lo cual vamos a demostrar a continuación.” (Origen y función…, 1961).
Esta posición bakuninista había sido ya tajantemente rechazada por Engels: “Pero la lucha por la emancipación de la clase trabajadora no es más, para Bakunin y sus compañeros, que un simple pretexto: su verdadero objetivo es otro.
La sociedad futura no debe ser otra cosa que la generalización de la organización que la internacional se haya dado. Por tanto, debemos velar por que esta organización se aproxime todo lo posible a su ideal (…). La internacional, germen de la sociedad futura, ha de ser desde ahora una copia fiel de nuestros principios de libertad y de federalismo y debe expulsar de su interior todo principio que tienda a la autoridad y a la dictadura."
Nosotros alemanes somos censurados por nuestro misticismo, pero distamos de llegar a tal misticismo. ¡La internacional, un modelo en el que no habría más fusilamientos versallescos, tribunales militares, ejércitos permanentes, intercepciones de correo, tribunales penales de Brunswick! ¡Precisamente ahora que debemos defender nuestra piel con uñas y dientes, el proletariado no debería organizarse en función de la lucha que se le impone a cada día, a cada hora, sino según las representaciones que ciertos espíritus quiméricos se hacen de una vaga sociedad futura! Representémonos en lo que se convertirá nuestra propia organización alemana si se organizara según este modelo. (…) Si a los Stieber y sus comparsas, si a todo el cabinet noir, si a todos los oficiales prusianos se les ordenara entrar en la organización socialdemócrata con el fin de destruirla, el Comité, o mejor, el Despacho de correspondencia y de estadísticas, no debería en modo alguno defenderse, ¡ya que ello sería introducir una organización jerarquizada y autoritaria! Y sobre todo, ¡nada de secciones disciplinadas! ¡Nada de disciplina de partido, ni de centralización de las fuerzas en un punto, ni de armas de lucha! En fin, ¿a dónde iríamos con tal organización? A la cobarde y servil organización de los primeros cristianos, de esos esclavos que aceptaban con agradecimientos cada patada y que, gracias a los halagos, proporcionaron la victoria a su religión, tres siglos después, es verdad. Es un método de revolución que ciertamente no imitará el proletariado.” (F. Engels, El congreso de Sonvillier y la Internacional, 1872).
Muy sintomáticamente, esta cita de Engels, que contradice frontalmente todo el planteamiento de Origen y función está citada íntegramente en ese mismo artículo (¡!) para sostener la posición contraria. Este método cínico lo comparte nuestro Bakunin-Camatte con la mayoría de los oportunistas.
Todo empieza con una intuición, con la idea que se materializa y cómo el proletariado es un simple medio accesorio a través del cual alguien no mejor definido propone su programa a la humanidad:
“Marx tuvo la intuición de la sociedad futura. Del conocimiento de ésta va a extraer la teoría del Estado y del Partido. (…) Nuestro trabajo hoy es intentar explicar cómo la intuición genial se hizo realidad: el programa comunista; cómo este programa fue propuesto a la humanidad por mediación del proletariado”. (Origen y función…, 1961).
Como se ve, se está a un paso de decir que es la humanidad entera la que se opone al capital y que la lucha por la emancipación de la clase explotada era un pretexto desechable sin más. Este paso es el que dio cuando se le cerró el camino a sus posiciones dentro del Partido. Es el anarquismo quien propone utilizar al proletariado (Engels nos acaba de explicar: “Pero la lucha por la emancipación de la clase trabajadora no es más, para Bakunin y sus compañeros, que un simple pretexto: su verdadero objetivo es otro” ), por esto hemos visto antes que mientras el marxismo es considerado un represor de impulsos, en el anarquismo no-violento ve J. Camatte una auténtica rebelión.
Y, si el Partido, dicen los místicos, se debe organizar según la visión de la sociedad comunista (en contra de todo lo que Marx, Engels, Lenin y la Izquierda han dicho y escrito siempre), la dictadura del proletariado se transforma en “el Ser humano”:
“Es evidente que el Estado del proletariado no será un organismo especial, regido por reglas bien definidas, por un derecho cualquiera, sino que será el Ser humano.” (Origen y función…, 1961).
La dictadura del proletariado, periodo de transición llevado a cabo por hombres subhumanos con medios subhumanos[9] para extirpar para siempre el retorno del privilegio social, es equiparado directamente con el comunismo superior. Esta visión mistificada de la dictadura del proletariado se completa con la concepción de la revolución como un momento político que una vez realizado hace innecesario la aplicación sistemática de la represión por parte del proletariado triunfante, la dictadura del proletariado: “La revolución lleva a cabo un acto político para terminar con el mundo antiguo, pero, a partir de ese momento, se orienta hacia la instauración del reino de la humanidad sobre la naturaleza, del reino del hombre sobre el planeta; ya no tiene necesidad de una fuerza política, puesto que su problema no es el de gobernar a los hombres; la especie gobierna, domina, posee.” [10]
Otra perla: “Bajo este punto de vista, se puede decir que sólo las dictaduras reaccionarias, que apuntan al mantenimiento de una opresión de clase, son autoritarias, porque rechazadas por el hombre (porque no son necesarias a su desarrollo y porque acaparan la Gemeinwesen para explotarlo).” (Origen y función…, 1961).
Responde el propio Engels: “Pero los antiautoritarios exigen que el Estado político autoritario sea abolido de un plumazo, aun antes de haber sido destruidas las condiciones sociales que lo hicieron nacer. Exigen que el primer acto de la revolución social sea la abolición de la autoridad. ¿No han visto nunca una revolución estos señores? Una revolución es, indudablemente, la cosa más autoritaria que existe; es el acto por medio del cual una parte de la población impone su voluntad a la otra parte por medio de fusiles, bayonetas y cañones, medios autoritarios si los hay; y el partido victorioso, si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por medio del terror que sus armas inspiran a los reaccionarios. ¿La Comuna de París habría durado acaso un solo día, de no haber empleado esta autoridad de pueblo armado frente a los burgueses? ¿No podemos, por el contrario, reprocharle el no haberse servido lo bastante de ella?
Así pues, una de dos: o los antiautoritarios no saben lo que dicen, y en este caso no hacen más que sembrar la confusión; o lo saben, y en este caso traicionan el movimiento del proletariado. En uno y otro caso, sirven a la reacción.” (De la autoridad, Engels, 1873).
Volvamos a Origen y función. Si antes alguien había propuesto un programa a la humanidad por medio del proletariado, ahora es el proletariado quien “propone” (¿dónde ha quedado la lucha de clase, la revolución violenta, la dictadura del proletariado?) su Estado que otra vez se identifica con el ser humano, o sea, con el comunismo. Y si no hace esta propuesta se convierte en una cosa de esta sociedad[11]:“El proletariado propone[12] su Estado, es decir el ser humano, a la sociedad burguesa. De lo contrario se envilece y su alma es burguesa. Se convierte en una cosa de esta sociedad.” (Origen y función…, 1961).
El siguiente paso, como hemos visto en el desarrollo posterior de Invariance, será hablar claro en los años siguientes y decir llanamente que ni el proletariado, ni la lucha de clase, ni el marxismo tienen sentido desde 1923, si es que lo han tenido en algún momento. Y el gradualismo que después se afirmará, se anticipa: “Para nosotros el capitalismo ya no existe, sólo existe la sociedad comunista” (Origen y función…, 1961). Por el contrario, la posición marxista es que el capitalismo existe y hay que matarlo para que pueda nacer a través de un proceso revolucionario la sociedad comunista, cuyas bases materiales se han gestado dentro del capitalismo.
La conformación del cuerpo de Tesis de 1965-66
Y, pese a todo lo que hemos señalado, en ese mismo nº1 de 1965 de “il Programma Comunista” del que hemos hablado se publicó un artículo titulado “Primeros resultados de las contribuciones llegadas de todo el partido para la elaboración de las tesis definitivas de su organización” en el que se recoge como una de esas contribuciones, precisamente “Origen y función de la forma partido”.
Pero en el número inmediatamente siguiente, el nº2 de 1965 de “il Programma Comunista”, se publicaron las Consideraciones sobre la actividad orgánica del partido cuando la situación es históricamente desfavorable (1965).
Las Consideraciones son una primera confutación de los posicionamientos políticos de Origen y función de la forma Partido y de sus autores, confutación que se acabará de rematar con las Tesis de Nápoles. La conformación de este cuerpo de Tesis, que incluirá las Tesis suplementarias de Milán en 1966, se acompañó de la publicación en la revista de todo el material utilizado en su conformación, como veremos luego.
Las Consideraciones de 1965
Después de la valoración de la situación que hemos citado al inicio y de los inevitables efectos que tiene que tener sobre la organización formal, las Consideraciones afirman en el punto 7º que “una tesis fundamental de la Izquierda es que nuestro partido no debe por esto renunciar a resistir, sino que debe sobrevivir y transmitir la llama a lo largo del histórico ‘hilo del tiempo’” y en el siguiente punto (8º) se remacha: “Reivindicamos, por tanto, todas las formas de actividad propias de los momentos favorables, en la medida en que las relaciones reales de fuerza lo permitan”, en la misma línea que las Tesis Características de 1951.
En el punto nº1 se afronta la distinción entre partido histórico y partido formal. El artículo Origen y función especulaba acerca de la decisión de Marx de no adherirse a un partido formal (efímero) en el periodo posterior a la disolución de la Liga de los Comunistas, para justificar el fatalismo contemplativo de sus autores. Las Consideraciones afrontan la cuestión con definiciones claras: “partido histórico, es decir, en cuanto al contenido (programa histórico, invariante) y partido contingente, o sea, en cuanto a la forma que actúa como fuerza y praxis física” y “Marx dice: partido en su acepción histórica, en el sentido histórico, y partido formal, o efímero. En el primer concepto está la continuidad, y de él hemos derivado nuestra tesis como característica de la invariancia de la doctrina desde que la formuló Marx, no como una invención de genio, sino como descubrimiento de un resultado de la evolución humana”. Y no menos claramente afirman que “ningún militante actual puede inferir el derecho a una elección: de tener los papeles en regla con el ‘partido histórico’ y desentenderse del partido formal” dado que “los dos conceptos no están en oposición metafísica, y sería necio expresarlos con la doctrinilla: le doy la espalda al partido formal y voy hacia el partido histórico” (Consideraciones, 1965). El planteamiento que se critica es precisamente el planteamiento real de los autores de Origen y función, planteamiento que pusieron en práctica – cada uno a su manera – al dejar el Partido en noviembre de 1966, después de publicarse las Tesis de Milán.
Finalmente, allí donde Origen y función se deleita con expresiones como “la intuición genial se convierte en realidad…” (¿dónde se ha quedado el materialismo?) o “Marx ha tenido la intuición genial de la sociedad futura…”, las Consideraciones responden: “no como una invención de genio”.
Materiales para las Tesis de Nápoles de 1965
Las Tesis de Nápoles se publicaron en el n.14 de 1965 de “il Programma Comunista” con el título “Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del partido comunista mundial, según las posiciones que desde hace más de medio siglo forman el patrimonio histórico de la izquierda comunista”.
En ese número se hacía un pequeño elenco de los textos utilizados como referencia. Las propias Tesis inician con un listado de textos de la lucha de la Izquierda contra la degeneración de la III Internacional. Y en los siguientes números (del n.15 al n.18 de 1965) se fue publicando el “Material documental expuesto y ilustrado para el comentario de las tesis generales de la reunión de Nápoles”, en forma de reproducciones parciales o extractos (todos ellos publicados sin nombre de autor) de los siguientes textos:
- Tesis de la fracción comunista abstencionista del Partido Socialista Italiano (1920)
- Partido y clase (1921)
- Partido y acción de clase (1921)
- El principio democrático (1922)
- Tesis sobre la táctica del II congreso del P.C. de Italia (de Roma, 1922)
- Proyecto de tesis sobre la táctica presentado por el P.C. de Italia al IV Congreso de Moscú en noviembre-diciembre de 1922
- Discurso del representante de la Izquierda al IV Congreso de la IC (1922)
- Declaración de la Izquierda sobre el proyecto de organización de la Internacional (1924)
- Organización y disciplina comunista (1924)
- Lenin en el camino de la revolución (1924)
- Moción de la Izquierda del P.C. de Italia en la conferencia nacional clandestina del 1924
- V Congreso Mundial (1924):
- discurso del representante de la Izquierda
- réplica de la Izquierda a Zinoviev
- declaración de la Izquierda sobre el discurso de Bujarin
- declaración de la Izquierda sobre la organización
- El peligro oportunista y la Internacional (1925)
- La plataforma de la Izquierda (1925)
- El Comité de Entendimiento (1925)
- Tesis de la Izquierda del P.C. de Italia al III congreso (1926)
- Sexta sesión del Ejecutivo ampliado de la Internacional Comunista (1926)
- Fuerza, violencia y dictadura en la lucha de clase (1948)
- Diálogo con los muertos (1956)
- Marxismo y autoridad (1956)
Brilla por su ausencia Origen y función de la forma partido. Pero no sólo no aparece en el listado, sino que las Tesis de Nápoles – siguiendo el proceso iniciado por las Consideraciones – rebaten claramente sus expresiones y planteamientos.
Las Tesis de Nápoles: contra las dos desviaciones
Las Tesis se baten simultáneamente contra la mistificación democrática y contra la mistificación idealista-humanistoide.
En el punto 7º, después de reivindicar el materialismo dialéctico y el determinismo económico, se reivindica la superación del mecanismo democrático: “la vía que recorrer era sólo aquella que en el proceso histórico nos hubiese liberado cada vez más del letal mecanismo democrático, no sólo en la sociedad, y en los diversos cuerpos que se organizan en su seno, sino en el seno de la misma clase revolucionaria y, sobre todo, en el de su partido político.” y acto seguido se lanza un dardo contra el intento de enfocar este resultado desde un punto de vista místico-humanistoide: “Esta aspiración de la Izquierda – que no se puede reconducir a una intuición milagrosa o a un iluminismo racional de pensadores, sino que se ha tenido en los efectos de una cadena de luchas reales, violentas, sanguinarias y despiadadas incluso cuando se han cerrado con la derrota de las fuerzas revolucionarias – tiene sus trazos históricos en toda la serie de manifestaciones de la Izquierda”. Finaliza el punto reafirmando no sólo el rechazo al mecanismo engañoso sino a la misma palabra democracia: “Al mismo tiempo, tal aspiración a liberarse de toda influencia incluso de la misma palabra de democracia, se halla consagrada en innumerables textos de la Izquierda, que al inicio de estas tesis hemos indicado rápidamente”.
Al pasar a revisar los puntos característicos del Partido en el punto 9, las Tesis subrayan que estos puntos son producto de hechos materiales y, con una misma estocada, se atacan ambas desviaciones: “no descubrimientos de inútiles genios o solemnes resoluciones de congresos "soberanos"".
Las Tesis prosiguen rechazando la posición aislacionista de la desviación místico idealista: “es rechazada la posición por la cual el pequeño partido se reduzca a círculos cerrados sin ligazón con el exterior, o limitados a buscar adhesiones en el solo mundo de las opiniones, que para el marxista es un mundo falso siempre que no sea tratado como superestructura del mundo de los conflictos económicos“, mientras rechaza las acrobacias y maniobras tácticas de la desviación activista: “neta repulsa a todas las propuestas de ampliar sus efectivos y sus bases a través de convocatorias de congresos constituyentes comunes con otros círculos o grupos, que pululan por todas partes desde el final de la guerra, elaborando teorías inconexas y deformes, o afirmando como único dato positivo la condena del estalinismo ruso y de todas sus derivaciones locales”.
El punto 12 recuerda la posición de la Izquierda en el sentido de que “si las crisis disciplinarias se multiplican y llegan a ser una regla, esto significa que algo no marcha en la conducción general del partido”, rechazando por enésima vez encontrar la solución en el engaño democrático: “Naturalmente no renegaremos nosotros mismos cometiendo la niñería de retornar a buscar la salvación en la elección de los hombres mejores o en la elección de dirigentes y de semidirigentes, bagaje todo que mantenemos distintivo del fenómeno oportunista, antagonista histórico del camino del marxismo revolucionario de izquierda.”; ni tampoco en recetas de organización: “no puede hallarse en una fórmula constitucional o de organización, que tenga la virtud mágica de salvarnos de las degeneraciones”. Y entonces, llega el turno de ajustar cuentas con la desviación místico-idealista: “El esfuerzo de los marxistas de izquierda es el de obrar sobre la curva rota de los partidos contingentes, para reconducirla a la curva continua y armónica del partido histórico. Esta es una posición de principio, pero es pueril quererla transformar en recetas de organización.”. Es decir, la negación completa de la tesis central de Origen y función.
Y prosiguen las tesis refutando la posición místico-humanistoide que trataba de revisar la teoría marxista del Estado, estirando y abusando de la palabra Gemeinwesen :
“La propuesta de Engels de adoptar la vieja y buena palabra alemana Gemeinwesen (ser Común, o sea comunidad social) en el puesto de la palabra Estado, se coligaba al juicio de Marx de que la Comune no era ya más un Estado, precisamente porque ya no era una corporación democrática. La cuestión teórica después de Lenin no tiene necesidad de ulteriores clarificaciones. (…) la dictadura revolucionaria es un verdadero Estado provisto de fuerzas armadas, de policía represiva y de una justicia en formas políticas y terroristas que no se ata las manos con engaños jurídicos. (…) No se ha tratado, por tanto, de hallar un "modelo" del Estado futuro en lineamientos constitucionales u organizativos, cosa por otra parte tonta, como la que buscaba, en el primer país conquistado para la dictadura, construir un modelo de los Estados y de las sociedades socialistas en otros países.”
Es decir, las Tesis rechazan cualquier pretensión de revisar la teoría después de la clarificación hecha por Lenin, reivindican el carácter represivo de la dictadura del proletariado y rechazan la búsqueda de un modelo estable de la dictadura. Así, se cierra completamente el paso a las posiciones de Origen y función como que el “estado del proletariado (…) será el Ser humano“.
Y las Tesis vuelven sobre la cuestión del Partido: “Pero igualmente vana, y quizás más que todas las otras, sería la idea de fabricar un modelo de partido perfecto, idea que se resiente de las debilidades decadentes de la burguesía”. Y eso porque el Partido es nunca perfecto y siempre perfectible[13], porque no deriva de la sociedad comunista, sino que es un organismo que lucha aquí y ahora para el abatimiento del capitalismo, última sociedad dividida en clases, con el objetivo de la abolición de la división en clases y del nacimiento del Comunismo, de la Sociedad de Especie, verdadero inicio de la Humanidad Social.
Luchamos por este gran traspaso histórico, como establecían las Consideraciones de 1965 en su punto 11: “es compañero militante comunista y revolucionario quien ha sabido olvidar, renegar, arrancarse de la mente y del corazón la clasificación en la que lo inscribió el anágrafe de esta sociedad en putrefacción, y ve y se confunde a sí mismo en todo el arco milenario que liga al ancestral hombre tribal luchador con las fieras, al miembro de la comunidad futura, fraterna en la armoniosa alegría del hombre social.”. Los militantes comunistas se ven y se confunden en el arco histórico que lleva al comunismo superior, después del abatimiento del capitalismo, abatimiento al que dedicamos nuestras vidas y nuestras energías.
Las Tesis han reivindicado antes y siguen reivindicando que “Según la línea histórica, nosotros utilizamos, no sólo el conocimiento del pasado y del presente de la humanidad, de la clase capitalista e incluso de la clase proletaria, sino además un conocimiento directo y seguro del futuro de la sociedad y de la humanidad, como está trazado en la certeza de nuestra doctrina”. En el mismo sentido, las Tesis afirman que “La primera verdad que el hombre podrá conquistar es la noción de la futura sociedad comunista.” y que solamente “después de haber matado al capitalismo, a su civilización, a su escuela, a su ciencia, a su tecnología de ladrones, el hombre podrá por primera vez escribir también la ciencia y la historia de la naturaleza física y conocer los grandes problemas de la vida del universo”.
Ésta es una posición fundamental del marxismo como planteamiento científico y de la lucha de la Izquierda contra la mentira del “socialismo real”, que negaba la posibilidad de prever las grandes líneas del desarrollo de la sociedad post-capitalista. El estalinismo pretendía así que Marx y Engels no hubieran dicho nunca nada acerca del socialismo, porque no eran utópicos, y por lo tanto todos teníamos que embucharnos que el desarrollo del capitalismo en Rusia era el socialismo “real”. Una de las más profundas refutaciones a este planteamiento se encuentra en Propiedad y Capital (Utopía, Ciencia, Acción, 1952):
“El utopismo es una anticipación del futuro; el comunismo científico lo remite a la cognición del pasado y del presente, sólo porque del futuro no es suficiente una anticipación arbitraria y romántica, sino que es necesaria una científica previsión; esa específica previsión que se ha hecho posible por la plena maduración de la forma capitalista de producción, y que estrechamente se conecta a los caracteres de esta forma, de su desarrollo, y de los peculiares antagonismos que surgen en ella. (…) Si un conocimiento general de la naturaleza y de la historia, o parte de ella, es posible, éste comprende, inseparable de sí, la investigación del futuro: cualquier fundada polémica contra el marxismo no puede estar más que sobre el terreno de la negación del conocimiento humano y de la ciencia.” [14]
Pero, y aquí viene en el punto 13 de las Tesis de Nápoles la confutación de la posición místico-humanistoide de Origen y función, “tales desarrollos no pueden ser empleados para explicar cómo gradualmente se afirma el modo de vivir del partido libre del oportunismo, que está contenido en el centralismo orgánico y no puede surgir de una "revelación".
Como patrimonio de la Izquierda se podrá volver a hallar en todas las polémicas conducidas contra la degeneración del centro de Moscú esta evidente tesis marxista. El partido es al mismo tiempo un factor y un producto del desarrollo histórico de las situaciones, y no podrá jamás ser considerado como un elemento extraño y abstracto que pueda dominar el ambiente circundante, sin recaer en un nuevo y más lamentable utopismo.
Que en el partido se pueda tender a dar vida a un ambiente ferozmente antiburgués, que anticipe ampliamente los caracteres de la sociedad comunista, es una antigua enunciación, y ejemplo de los jóvenes comunistas italianos desde 1912.
Pero esta digna aspiración no podrá ser reducida a considerar al partido ideal como un falansterio circundado por inexpugnables muros.”
Las Tesis de Nápoles terminan así: “El partido persevera en el esculpir los lineamientos de su doctrina, de su acción y de su táctica con una unicidad de métodos por encima del espacio y del tiempo. Todos aquéllos que ante estas delineaciones se encuentran incómodos, tienen a su disposición la obvia vía de abandonar las filas del partido. (…) Quien viendo al partido proseguir por su claro camino, que se ha tratado de resumir en estas tesis para exponer en la reunión general de Nápoles, Julio 1965, no se siente todavía a tal altura histórica, sabe muy bien que puede tomar cualquier otra dirección divergente con la nuestra. No tenemos para adoptar en la materia ningún otro procedimiento.”.
Y así fue. Igual que había salido del Partido en 1964 la desviación que quería reintroducir el centralismo democrático, la desviación místico-humanistoide de corte fatalista contemplativo dejó el Partido una vez fueron publicadas en el n.7 de 1966 las Tesis suplementarias de Milán.
Las Tesis suplementarias de Milán
Las compactas Tesis de Milán de 1966 añadieron una serie de puntos suplementarios que desarrollaban como características fundamentales del oportunismo “preferir una vía más breve, más cómoda y menos ardua, frente a aquella más larga, más incómoda y erizada de asperezas”, “unir la peor degeneración de los principios del partido a una ostentada admiración por los textos clásicos, por el dictado y la obra de grandes maestros y de grandes dirigentes”; reafirmaban que “en el partido no hay concursos en los cuales se lucha para alcanzar posiciones más o menos brillantes o visibles” recordando que “abusar de los formalismos de organización sin una razón vital ha sido y será siempre un defecto y un peligro sospechoso y estúpido” así como remachaban nuestra posición antipersonalista de siempre y la determinación del Partido de: “liberarse para siempre del empuje traidor que parecía emanar de hombres ilustres, y de la función despreciable de fabricar, para alcanzar sus objetivos y sus victorias, una estúpida notoriedad y publicidad para otros nombres personales”.
[1] Consideraciones sobre la actividad orgánica del partido cuando la situación es históricamente desfavorable (1965), Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del partido comunista mundial, según las posiciones que desde hace más de medio siglo forman el patrimonio histórico de la izquierda comunista (Tesis de Nápoles, 1965) y las Tesis suplementarias sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del partido comunista mundial (Tesis de Milán, 1966).
[2] “Somos acusados eternamente de hacer «abstracción de la situación», lo mismo que decía Bujarin. Pues bien, observemos un momento esta famosa situación. He aquí como se presenta, el mundo burgués, año en curso: La clase dominante ha conseguido, maniobrando las palancas del oportunismo, aplastar hasta la médula el movimiento revolucionario, en una maldita guerra que debía concluir el proceso de involución contrarrevolucionaria de los partidos obreros. Una máquina estatal de proporciones y de capacidades represivas inauditas mantiene encadenadas a las masas a la explotación, peor que el torno al cuerpo del condenado al suplicio. La confusión caótica y los sufrimientos de las masas son tales y tantos que la clase obrera está transformada en un tronco sangrante que se mueve inconscientemente: su cerebro está obscurecido e intoxicado, su sensibilidad narcotizada, los ojos no ven, las manos se retuercen sobre si mismas. En el lugar de la lucha de clase, existe el horripilante estrago de la lucha intestina, propia de náufragos en la balsa de salvamento a merced de las olas. En las fábricas, y no es cosa nueva en la historia, impera el espionaje, la delación, el rencor, la venganza mezquina y pícara, el oportunismo más estúpido y bestial, la prepotencia, el abuso neurasténico, pero en las masas oprimidas por las consecuencias de treinta años de tremendas derrotas, no existe ni siquiera la fuerza para sentir auténtica náusea, porque ésta se expresa en las exhalaciones miasmáticas del sindicalismo de empresa, del corporativismo y, en el plano político, del conciliacionismo social y del pacifismo impotente.”
[3] Tal como aparece publicado en su web en 2026.
[4] “IV.4.- Hoy, en la plenitud de la depresión, a pesar de restringirse mucho las posibilidades de acción, el partido, siguiendo la tradición revolucionaria, no pretende sin embargo romper la línea histórica de la preparación de una futura reanudación en gran escala del movimiento de clase, que haga suyo los resultados de todas las experiencias pasadas. De la restricción de la actividad práctica no deriva la renuncia a los postulados revolucionarios. El partido reconoce que la restricción de ciertos sectores es cuantitativamente acentuada, pero no por ello cambia el conjunto de los elementos de su actividad, ni renuncia expresamente a ellos.” (Tesis características, 1951).
[5] Tal y como se recoge en las Tesis de Lyon (1926):“La actividad del partido no puede ni debe limitarse sólo a la conservación de la pureza de los principios teóricos y de la pureza del complejo organizativo, o bien sólo al logro a toda costa de éxitos inmediatos y de popularidad numérica. Ella debe englobar siempre y en todas las situaciones los tres puntos siguientes:
- a) la defensa y precisión, en relación con los nuevos grupos de hechos que se presentan, de los postulados, programáticos fundamentales, o sea, de la conciencia teórica del movimiento de la clase obrera;
- b) el aseguramiento de la continuidad del complejo organizativo del partido y de su eficiencia, y su defensa contra las infecciones de influencias extrañas y opuestas al interés revolucionario del proletariado;
- c) la participación activa en todas las luchas de la clase obrera, incluso en las suscitadas por intereses parciales y limitados, para alentar su desarrollo, pero aportándoles constantemente el factor del enlace con los objetivos revolucionarios finales y presentando las conquistas de la lucha de clase como vías de acceso a las indispensables luchas futuras, denunciando el peligro de acomodarse con las realizaciones parciales, consideradas como puntos de arribo, y de sacrificarles las condiciones de la actividad y combatividad clasista del proletariado, tales como la autonomía e independencia de su ideología y de sus organizaciones, en el primer rango de las cuales está el partido.
El objetivo supremo de esta compleja actividad del Partido es preparar las condiciones subjetivas de la preparación del proletariado para ponerlo en condiciones de aprovechar las posibilidades revolucionarias objetivas que presentará la historia, en cuanto éstas se manifiesten, de manera que salga vencedor de la lucha, y no vencido.”
[6] Esta degeneración de la dirección (o mejor decir direcciones) del Partido se desarrolló entre 1974 y 1982, no sin una fuerte oposición de múltiples secciones dentro del Partido. Estas secciones fueron expulsadas antiorgánicamente (como el sur de Francia, Turín, Ivrea en 1981) o forzadas a romper la disciplina formal con el centro degenerado como la sección española y la sección Schio en 1982 para mantenerse en línea con el partido histórico sin renunciar a dar continuidad a la existencia formal del Partido. También se opusieron al “nuevo curso” y rompieron con la organización formal degenerada en aquel periodo otras secciones como Benevento-Adriano, Torre Anunziata, etc.
No se hizo esperar demasiado la confirmación ulterior de que la dirección de esa organización formal no representaba ya el hilo histórico del Partido. Esa dirección contra cuya degeneración habíamos mantenido nuestra batalla, fue estallando sucesivamente en pedazos unos meses después: en octubre de 1982 (cuando rompieron sobre bases siempre más activistas El-Oumami, Proletarier y el centro parisino del Partido, el mismo que unos meses antes actuaba disciplinariamente contra nosotros); en junio de 1983 cuando se da rienda suelta al “debate interno” abiertamente democrático y una parte de la redacción se hace a un lado; en enero de 1984 cuando esta última parte (que había sido desplazada en la práctica bastante antes de junio de 1983) recuperó en los tribunales la revista y la otra parte empezó a publicar “Combat”; en 1985 cuando de “Combat” se desgajó “il Comunista” y se fusionó con “le Prolétaire”.
[7] Explicitamos los nombres porque en todo su desarrollo posterior, ellos mismos los han utilizado (rompiendo la consigna del anonimato) y han reivindicado la autoría de este artículo.
[8] El marxismo, según nos ha aclarado antes.
[9] Ver “Humanitas” (“L’Avanguardia”, n.497 del 7-7-1917), seleccionado como material complementario en el primer volumen de la Historia de la Izquierda: “La guerra es para nosotros sub-humana. Y también la revolución es sub-humana. Pero, mientras la primera lo es en el fin y en los medios, la segunda lo será solamente en los medios que deberá emplear. Según Marx, es con la revolución proletaria que se cerrará el periodo de la prehistoria humana y, por consiguiente, los proletarios comunistas que preparan la revolución son todavía hombres de la época sub-humana. Por otra parte, entre las clases sociales que se han alternado en el teatro de la historia, la clase trabajadora moderna es la primera que tiene la conciencia de las finalidades que quiere alcanzar. (…) Sólo en el régimen comunista los recursos de la naturaleza serán dominados y guiados por la humanidad hacia la consecución de un bienestar colectivo cada vez mayor. La victoria del proletariado señalará no la época de un nuevo dominio de clase, sino el advenimiento de la solidaridad y de la igualdad humana. Por ello Carlos Marx pudo decir, como coronación de su gigantesca construcción dialéctica, que la causa de la clase trabajadora es la causa de la entera humanidad, y que la lucha de clase proletaria es pues la última de las luchas de clase, como la revolución que abatirá al capitalismo burgués será la última revolución. (…) Dadnos el nuevo ambiente económico comunista y no tendréis más guerras, atentados y revoluciones. Pero hasta entonces, el ritmo fatal de la violencia no habrá concluido su ciclo histórico.
En régimen capitalista y militarista no existe todavía el Hombre, sino el pre-hombre, el esclavo. No podéis pretender que el esclavo se vuelva hombre en virtud de ascéticas abstracciones, antes del advenimiento histórico de la primera humanidad. En este periodo de transición y de convulsiones, el esclavo dará un solo paso –un paso grandioso y fecundo: se volverá rebelde. En bastantes épocas históricas, el pre-hombre se ha agitado contra las cadenas que lo mantenían cautivo. Y a menudo se ha encaminado confiado hacia las promesas de nuevas y grandes idealidades. Pero el proletariado socialista, el último y más grande de los rebeldes, se desquitará de todas las desilusiones del pasado, porque ya no espera a otro Mesías que no sea su propia fuerza y su propia conciencia del devenir histórico, audazmente contrapuesta a las teóricas acreditadas por la sociología oficial.”
[10] Antes de leer la respuesta a estas posiciones en las propias Tesis, es obvio ver que se cometen dos “errores” (no son errores realmente, son posiciones antimarxistas a las que no se está dispuesto a renunciar). Primero se identifica la dictadura del proletariado con el comunismo mismo (concepción estalinista), para acomodar en segundo lugar su abolición después del “acto” (concepción anarquista). La posición marxista se sintetiza en un texto clásico de la Izquierda “Dictadura proletaria y partido de clase” (Battaglia Comunista, nº3, 4, y 5 de 1951):
“En la fase histórica que sigue a la destrucción del aparato de dominación capitalista, la tarea del partido político obrero sigue siendo igualmente fundamental, ya que la lucha de clases continúa, dialécticamente invertida. (…)
Toda clase social cuyo poder ha sido derrocado, aún con el terror, sobrevive durante mucho tiempo en el tejido del organismo social y no abandona la esperanza de revancha ni las tentativas de reorganización política, de restauración violenta y aún enmascarada. Ha pasado de clase dominante a clase vencida y dominada, pero no ha desaparecido de golpe. (…)
Para marchar más allá del sistema capitalista, la primera condición era derrocar el poder burgués y destruir su Estado. Para la transformación social profunda y radical que se inaugura, la condición es la creación de un aparato de Estado nuevo, proletario, capaz como todo Estado histórico de emplear la fuerza y la constricción.
La presencia de un aparato semejante no caracteriza a la sociedad comunista, sino a su fase de construcción. Una vez consumada ésta, no existen más ni clases ni dominación de clase. Pero el órgano para la dominación de clase es el Estado, y éste no puede ser otra cosa. Es por ello que el Estado proletario preconizado por los comunistas –sin que esta reivindicación tenga de ningún modo el valor de una creencia mística, de un absoluto, de un ideal– será un instrumento dialéctico, un arma de clase, y se disolverá lentamente (Engels) a través de la realización misma de sus funciones, a medida que, en un largo proceso, la organización social se transformará de sistema social de constricción de los hombres (como siempre ha sido después de la prehistoria) en una red unitaria, construida científicamente, de administración de las cosas y de las fuerzas naturales.” .
[11] La Tesis correcta es la siguiente, esculpida en las Tesis de Lyon (1926) como preparación necesaria para todo el periodo posterior de contrarrevolución: ”Hay situaciones que, como consecuencia de las relaciones de fuerza, son objetivamente desfavorables para la revolución (aunque puedan estarle menos alejadas que otras en el tiempo, ya que la evolución histórica -tal como lo enseña el marxismo- presenta velocidades muy distintas) en las que querer ser a toda costa partidos de masas y de mayoría, el querer tener a toda costa una influencia política predominante, no se puede alcanzar más que renunciando a los principios y a los métodos comunistas, y haciendo una política socialdemócrata y pequeño-burguesa.
Hay que decir bien alto que, en ciertas situaciones, pasadas, presentes y futuras, el proletariado ha estado, está y estará en su mayoría, necesariamente, sobre una posición no revolucionaria, de inercia y de colaboración con el enemigo según los casos: pero que, a pesar de todo, el proletariado continúa siendo siempre y por doquier la clase potencialmente revolucionaria y depositaria del desquite de la revolución, mientras exista en su seno el partido comunista que, sin renunciar jamás a todas las posibilidades de afirmarse y de manifestarse de manera coherente, sabe evitar las vías que aparecen más fáciles a los efectos de una popularidad inmediata, pero que lo desviarían, al partido, de su tarea y privarían al proletariado del punto de apoyo indispensable de su reanudación.” (Tesis de Lyon, I-Cuestiones Generales, 3.- Acción y táctica del Partido, 1926).
[12] En la versión publicada en “il Programma Comunista” de 1961 como mínimo se utilizaba el verbo “contrapone” pero en la versión original re-publicada por su autor en Invariance utiliza el verbo “proponer”: Il propose son État, c’est-à-dire l’être humain, à la société bourgeoise.
[13] “al ser el partido mismo algo perfectible y no perfecto” (Tesis de Lyon, 1926)
[14] Este mismo texto fundamental, reivindica los dos elementos sin los cuales no hay Partido: voluntad y doctrina. “Profetizar un futuro, o querer realizar un futuro, son posiciones ambas inadecuadas para los comunistas. A todo eso le sustituye la historia de la lucha de una clase considerada como un curso unitario, del cual a cada momento contingente sólo un tramo ha sido desarrollado, el otro se espera. Los datos del curso ulterior son igualmente fundamentales e indispensables como los del curso pasado. Por lo demás los errores y las desviaciones son igualmente posibles en la valoración del movimiento precedente, y en la del movimiento sucesivo: y todas las polémicas de partidos y de partido lo prueban. Por consiguiente, el problema de la praxis del partido no es el de saber el futuro, que sería poco, ni el de querer el futuro, que sería demasiado, sino el de “conservar la línea del futuro de su propia clase”. Está claro que si el movimiento no la sabe estudiar, indagar y conocer, ni siquiera estará en condiciones de conservarla. No es menos claro que si el movimiento no sabe distinguir entre la voluntad de las clases constituidas y enemigas y la suya propia, igualmente la partida está perdida, y la línea extraviada. El movimiento comunista no es cuestión de pura doctrina; no es cuestión de pura voluntad: sin embargo, la falta de doctrina lo paraliza, la falta de voluntad lo paraliza. Y la falta quiere decir absorción de doctrinas ajenas, de voluntades ajenas.” (Propiedad y Capital, Utopía, Ciencia, Acción, 1952).