Índice "El Comunista" nº76 

 

GUERRA IMPERIALISTA EN ORIENTE MEDIO: MANIFESTACIÓN DE LAS CONTRADICCIONES DEL CAPITALISMO

 

El 28 de febrero de 2026, EEUU e Israel empezaron a bombardear sistemáticamente a Irán, siendo estos bombardeos respondidos por Irán contra objetivos estadounidenses, israelís y de los Estados de la zona que tienen bases militares estadounidenses. Después de seis semanas de bombardeos, Irán mantiene su capacidad de respuesta militar, el estrecho de Ormuz está prácticamente cerrado e Israel está llevando a cabo una ofensiva para desplazar la población del sur del Líbano.

Esta guerra se ha detonado en un momento en que había una negociación en curso entre EEUU e Irán y en la que los mediadores (Omán) consideraban que se estaba cerca de llegar a un acuerdo. Sin embargo, justamente ante esta circunstancia se aceleraron las decisiones en la jerarquía de mando de la fracción gobernante de la burguesía estadounidense para no perder la oportunidad de lanzar el ataque contra Irán. Y para mayor aparente paradoja esta decisión fue tomada por la corriente que se había encaramado al poder con la promesa de no iniciar guerras en general y menos en Oriente Medio, y que había sido aupada como resultado del agotamiento del intento de expansión diplomático-militar de la fracción anterior.

¿Qué ha llevado a la detonación de esta guerra? ¿Qué momento representa en el curso del capitalismo? ¿Qué significa para la clase obrera mundial?

 

El inexorable determinismo económico

Las secuencias de hechos específicos que llevan a determinados resultados históricos, protagonizadas por individuos con sus declaraciones de voluntad y sus justificaciones acerca de sus actos, pueden parecer a primera vista como secuencias anecdóticas o casuales.

Pero la casualidad se manifiesta sólo en la intersección de procesos necesarios, y las resultantes de todo este conjunto aparentemente e incluso realmente anárquico se imponen ineluctablemente en el sentido determinado por estos procesos necesarios, por las leyes económicas que se imponen en la realidad material del desarrollo de las fuerzas productivas, por encima e incluso en contra del sentido aparente de esas actuaciones, voluntades y justificaciones.

Lo que aparece como resultado de las decisiones de determinados individuos no es más que la manifestación de procesos necesarios más profundos que determinan tanto la actuación, voluntades y declaraciones de estos individuos como el marco concreto en el que necesariamente se pueden desarrollar y las consecuencias de ese desarrollo.

Remachemos este punto antes de empezar con las siguientes citas de Engels, recogidas en el texto de Partido “El individuo como títere de la historia” (1953): “«En la naturaleza hay agentes inconscientes... por el contrario en la historia de la sociedad los que actúan están dotados evidentemente de conciencia, hombres que actúan con reflexión o pasión que tienden a determinados objetivos... Pero esta intención sea como sea de importante para la indagación histórica, especialmente de épocas y acontecimientos dados, nada puede quitarle al hecho de que el curso de la historia está dominado por íntimas leyes generales... Sólo raramente acontece lo que se ha deseado... todos los choques de las innumerables voluntades y acciones individuales conducen a un estado de cosas que es absolutamente análogo al imperante en la naturaleza inconsciente. Los objetivos de las acciones son deseados, pero los resultados que producen estas acciones no son los deseados, o, en cuanto parecen corresponder al objetivo deseado, tienen de hecho en conclusión consecuencias distintas de las deseadas... Los hombres hacen su propia historia, pero como esta salga, mientras cada uno persigue sus propios fines... los resultados de estas múltiples voluntades que actúan en distintas direcciones y de sus múltiples acciones sobre el mundo externo, son precisamente la historia... Pero si se trata de investigar las fuerzas impelentes que –  consciente o inconscientemente, y en verdad muy a menudo inconscientemente – están detrás de los motivos de los hombres que actúan en la historia, y constituyen los verdaderos y últimos propulsores de la misma, no puede tratarse tanto de los motivos determinantes individuales, aunque se trate de hombres eminentes, sino más bien de aquellos que ponen en movimiento a grandes masas, a pueblos enteros, a clases enteras; e incluso éstos no momentáneamente, a modo de un fugaz fuego de paja, rápido en encenderse y apagarse, sino como modo de una acción duradera que corona una gran transformación histórica». (…)” (El individuo como títere de la historia, Il Programma Comunista, nº7–1953).

 

La inexorable sobreproducción relativa

El curso del capitalismo sigue el camino de la inexorable SOBREPRODUCCIÓN relativa de capital: sobreproducción de capital-mercancías, de capital productivo y de capital-dinero que lleva consigo el espectro de la TENDENCIA DECRECIENTE DE LA TASA DE GANANCIA (El Capital, Libro III, Sección III).

Después de la reanudación epiléptica de la producción, posterior a su detención durante los confinamientos de 2020, la sobreproducción relativa se ha ido volviendo a imponer reflejándose en la tendencia a la deflación, en la hinchazón del endeudamiento y del capital especulativo, y en el retorno a la bajada de los tipos de interés por parte de los bancos centrales (ver “El Comunista” nº75, abril 2025, pág. 8-11).

Como explicábamos al analizar el proceso de desinflamación de la cadena de suministro posterior a la reanudación epiléptica de la producción y la circulación, en 2022: “sin la generación de más electrochoques, espasmos y colapsos la tendencia general sería retomar la senda de la sobreproducción y la deflación.  (...) Lo que significa es que el capitalismo sólo puede tratar de salir de la ciénaga en la que va hundiéndole la sobreproducción a través de una serie creciente de crisis, conflictos y espasmos.(“El Comunista” nº68, abril 2022, pág. 16).

Cada vez que el capitalismo se acerca otra vez a esta situación, se detonan una serie de procesos que empujan a los actores en el tablero del imperialismo mundial a actuar en función de esta necesidad general del capitalismo generando este resultado. Y ello por más convencidos que estén de que lo hacen por su propia voluntad o intereses particulares y por más que así sea en cierta medida, en la medida en que estas voluntades e intereses particulares vienen determinados y son una manifestación específica del efecto de las leyes económicas del capitalismo.

 

La sobreproducción exacerba la guerra comercial

Toda esta sobreproducción ahoga la tasa de ganancia, que es el único acicate de la producción capitalista. Pero esta sobreproducción no se desarrolla en el vacío, sino en un contexto de competencia desenfrenada entre imperialismos capitalistas que, a su vez, se desarrolla en un contexto histórico de expansión ya concluida del capitalismo a todos los rincones del globo, desplazamiento del centro de gravedad del capitalismo a Asia y ruptura del reparto del mundo posterior a la segunda guerra mundial, con el ascenso de los imperialismos más recientemente conformados y el declive de los más antiguos.

El epicentro de esta sobreproducción es Asia, desde donde la avalancha DEFLACIONARIA de mercancías inunda el mercado mundial atropellando al resto de imperialismos. Esto lleva a la exacerbación de la guerra comercial en la que los imperialismos más antiguos (y en particular EEUU) tratan de defenderse levantando infructuosamente muros arancelarios, contra este VOLCÁN que contribuyeron a desarrollar para intentar revertir la tendencia decreciente de su tasa de ganancia (ver pág. 13).

 

El papel de la sobreproducción de petróleo

El mundo capitalista está en plena transición (no exenta de retrocesos y contradicciones) de los combustibles fósiles hacia otras fuentes de energía que les hagan menos dependientes del petróleo y del empleo geopolítico de su producción y distribución. El desarrollo de la instalación y abaratamiento de las energías “renovables” ha situado los precios de la energía en negativo como fenómeno recurrente (ver pág. 18).

Los Estados que tradicionalmente han basado su economía en la producción de petróleo necesitan vender para obtener suficiente ganancia ahora como para invertir en alternativas y disminuir su dependencia de la producción de petróleo. Así, la antaño todo poderosa OPEP (que ahora incluso como OPEP+ apenas controla la mitad del mercado mundial) ha iniciado el aumento paulatino de su producción, llevando el exceso de oferta en 2025 a los 1,5 millones de barriles diarios, exceso que se podría situar en 4 millones de barriles diarios en 2026. Esto ha hecho que las reservas de petróleo llegaran a su nivel máximo desde 2021, con 8.210 millones de barriles almacenados a nivel mundial y ha empujado a la baja el precio del petróleo por debajo de los 59$ (Brent) y 56$ (WTI) por barril.

En su proceso de repliegue, EEUU ha ido a refugiarse en convertirse en el primer productor mundial de petróleo desde 2018 y, más recientemente, ha impuesto su acceso hegemónico a la mayor reserva del mundo de petróleo: Venezuela. Para la viabilidad del petróleo del fracking, los precios por debajo de los 50$ (WTI) son una condena de muerte y para el petróleo venezolano incluso precios cercanos a los 60$ (Brent) son inviables (ver págs. 17 y 19 de este número).

El capitalismo necesitaba la eliminación de una parte del exceso de la oferta de petróleo y la realidad material ha empujado a EEUU – por su situación de mayor exposición al precio – a ser el agente de esta necesidad a través de la paralización y destrucción de parte de esta SOBRECAPACIDAD PRODUCTIVA.

 

La guerra es una necesidad del sistema capitalista

La guerra no es fruto de la psicología patológica de determinados individuos, es una necesidad del sistema capitalista. En el capitalismo la guerra militar juega un papel necesario como continuación de la guerra comercial y como único medio de dirimir el nuevo reparto del mundo pero, sobre todo, juega el papel de necesario regulador de la sobreproducción de mercancías y medios de producción que deben ser cíclicamente destruidos para relanzar la cuota de ganancia y un nuevo ciclo de acumulación: el equilibrio se restablecerá mediante la inmovilización e incluso la DESTRUCCIÓN de capital en mayor o menor proporción. Y esto se hará extensivo en parte a la sustancia material del capital (…) La paralización de la producción así operada preparará una ampliación posterior de la producción dentro de los límites propios del capitalismo. De este modo, se reanudará de nuevo el círculo. (…) Por lo demás, al extenderse las condiciones de producción, al ampliarse el mercado y al aumentar la capacidad productiva, se reanudará el mismo círculo vicioso de antes.” (El Capital, Libro III, Capítulo XV, K. Marx).

El capitalismo necesitaba otro electrochoque y la guerra es necesaria para dirimir qué parte del capital sobrante tiene que ser sacrificada: Las pérdidas son inevitables para la clase en su conjunto. Pero, ¿qué parte de ellas tiene que soportar cada capitalista? Esto lo decide la FUERZA y la ASTUCIA. (El Capital, Libro III, Capítulo XV, K. Marx).

 

Bandazos y continuidades en la dirección de EEUU

La situación de declive de EEUU como potencia capitalista hegemónica y el repliegue que le ha impuesto el desarrollo de las fuerzas productivas en el resto de áreas donde el capitalismo se fue expandiendo, se ha reflejado en la conciencia de la burguesía estadounidense en dos planteamientos: el de tratar de mantener o expandir sus posiciones diplomáticas y militares, por un lado, y el del repliegue amurallado sublimado como si fuera un acto voluntario, por el otro.

Es sintomático que, pese a los bandazos y cambios de rumbo cuando se hace patente el agotamiento de uno de los dos planteamientos, en la sucesión entre fracciones de la burguesía estadounidense se han producido también continuidades y hemos visto a una fracción mantener los aranceles iniciados por la otra o a esta otra enfrascarse en actuaciones militares más propias del planteamiento de la primera. No son los individuos los que deciden sino que se ven empujados a actuar por leyes y procesos que no controlan.

Recordemos que “(…) del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas épocas de transformación por su conciencia, sino que, por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción.” (Prefacio a la Contribución de la Crítica de la Economía Política, K. Marx, 1859)

 

Las andaduras y tropiezos del abusón arancelario

La fracción de la burguesía partidaria del repliegue amurallado retomó el timón de EEUU tras el agotamiento del intento de la fracción partidaria de la expansión diplomático-militar. Varios sectores de la burguesía estadounidense se coaligaron en esta reedición del repliegue amurallado recogiendo e integrando los intereses del sector petrolero, del financiero, de las grandes plataformas tecnológicas y de la burguesía latinoamericana con base en EEUU.

La ofensiva arancelaria (ver págs. 9-13 de este número) iniciada con el pomposo “día de la liberación” ha descrito una parábola por la cual los aranceles efectivamente impuestos o “acordados” fueron sustancialmente menores a los anunciados inicialmente, para sucumbir luego a la resistencia su propio cuerpo social burgués y ser finalmente anulados por los propios tribunales estadounidenses, enfrentándose ahora a reclamaciones de miles de empresas de los propios EEUU.

Pero los resultados importantes de este proceso han sido la capitulación estadounidense ante la contraofensiva del imperialismo chino (bloqueo de las tierras raras, sanciones a empresas, etc.) y haber forzado al resto de imperialismos concurrentes a estrechar lazos entre ellos, desencallando acuerdos que estaban bloqueados desde hacía años como UE-Mercosur, UE-India, UE-Australia, UE-Indonesia, etc. y acercamientos que parecían muy difíciles como India-China.

 

Repliegue bravucón belicista y anexionista

La actual corriente gobernante en EEUU inició su segundo mandato con el desmantelamiento de la USAID, la retirada de EEUU de la Organización Mundial de la Salud y del Acuerdo de París, para posteriormente abandonar el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y, al inicio del año en curso, escenificar su desdén respecto a las instituciones nacidas de la 2ª guerra mundial como instrumentos de su hegemonía: “EEUU abandona el tratado marco de la ONU sobre cambio climático y, bajo la instrucción directa del presidente del país, Donald Trump, también reduce o elimina la participación y la financiación en 31 órganos del sistema de Naciones Unidas, además de otras 35 no vinculadas al organismo multilateral” (Expansión, 09-01-2026).

La retirada impotente de estos organismos ha sido complementada con la creación de la Junta de la Paz, para administrar la reconstrucción de Gaza (donde supuestamente hay un alto el fuego desde octubre de 2025 que consiste en que el ejército de Israel sigue disparando) y con pretensiones de gestionar la paz mundial. Además de los propios EEUU, forman parte de este órgano: Albania, Argentina, Armenia, Azerbaiyán, Baréin, Bielorrusia, Bulgaria, Camboya, Egipto, Hungría, Indonesia, Jordania, Kazajistán, Kosovo, Kuwait, Marruecos, Pakistán, Paraguay, Qatar, Arabia Saudita, Turquía, Emiratos Árabes Unidos, Uzbekistán y Vietnam.

Ni Canadá, ni México, ni Australia, ni Corea del Sur, ni Japón, ni India, ni Rusia, ni China, ni Brasil, ni Sudáfrica, ni Reino Unido, ni la UE, ni Filipinas, etc. ¡EEUU ha conseguido atraer tras de sí (y veremos por cuanto tiempo) aproximadamente el 7% del PIB mundial! Un RIDÍCULO completo, anunciado a bombo y platillo.

La presente reedición del repliegue amurallado ha incorporado elementos del expansionismo diplomático-militar, a modo de TAPARRABOS de las limitaciones e insuficiencias de su propio planteamiento, tratando de hacer reaparecer el espectro desvaneciente de su poderío militar. Son ejemplos de ello la restauración de la doctrina Monroe para tratar de recuperar la influencia en América central y del Sur, las amenazas de anexionarse Groenlandia, los bombardeos de siete países en menos de un año (Venezuela, Siria, Irak, Somalia, Nigeria, Yemen, Irán), la intervención en Venezuela para controlar la producción de petróleo y el desencadenamiento de la guerra contra Irán.

 

Causas, expectativas y resultados

La fracción de la burguesía estadounidense partidaria del repliegue amurallado se encontraba ante una situación interna cada vez más difícil de controlar: su escenificación anti‑inmigración había fracasado; su política arancelaria había sido noqueada desde dentro por su propio cuerpo social burgués; los precios del petróleo se acercaban al umbral del dolor para la industria petrolera estadounidense y eran inviables para la venezolana; la sobreproducción industrial, impulsada desde el epicentro asiático, presionaba sobre el mercado mundial; y el aumento de la producción de petróleo en un mercado ya saturado amenazaba con hundir todavía más los precios.

Todo esto empujó a la fracción gobernante de la burguesía estadounidense a acelerar el paso antes de perder completamente la excusa formal para atacar Irán y desencadenar la guerra en el Golfo Pérsico. Envalentonada por su éxito en Venezuela y engreída de su propia propaganda en relación con los bombardeos previos sobre Irán, la guerra contra Irán se presentaba para EEUU como la panacea que podía resolver simultáneamente varios problemas: desplazar mediáticamente el colapso de la política arancelaria dictado por el Tribunal Supremo; golpear a los países del sudeste asiático y, en parte, a la UE, a los que no había logrado someter mediante aranceles, generando un choque de suministro; elevar el precio del petróleo para hacer rentable el fracking y el petróleo venezolano, descargando además las pérdidas del menor volumen sobre los productores de bajo coste que estaban aumentando su producción; castigar a los Estados del Golfo interrumpiendo el desarrollo de sus alternativas a la economía del petróleo; empujar a los Estados árabes, asiáticos y europeos, afectados en distintos grados por la crisis de suministro, a sumarse a la coalición militar bajo mando estadounidense; restaurar el temor al poder militar de EEUU mediante una demostración aérea masiva; y obtener, finalmente, los réditos electorales que en el pasado habían acompañado los ataques contra Irán.

Pero ninguna de estas perspectivas o HUIDAS HACIA ADELANTE, depende de como se mire, estaba destinada a materializarse tan fácilmente y la mayoría están condenadas a producir efectos contrarios a los deseados en el medio largo plazo e incluso a corto plazo.

Pese a que la polvareda de la guerra ha desplazado mediáticamente el colapso de la política arancelaria, los aranceles actuales deberán ser validados por el Congreso en 150 días y, sobre todo si el ataque militar no acaba con un claro éxito – cosa altamente improbable –, a EEUU le será todavía más difícil imponer sus condiciones al resto; el cierre del estrecho de Ormuz ha inclinado a varios países a acercarse a Irán, que ha permitido el tránsito de embarcaciones a cambio de un canon en yuanes, debilitando el papel del dólar como divisa energética y reforzando al imperialismo chino; para evitar un precio del petróleo desbocado, EEUU se ha visto obligado a permitir la venta de petróleo ruso e iraní, mientras que la paralización y destrucción de capacidad productiva en los Estados árabes del Golfo, sin conseguir doblegarlos para que colaboren contra Irán, elimina las bases de su futura alineación con EEUU; al no lograr que el resto de Estados se sometan a una coalición militar bajo su mando, EEUU pone en evidencia su incapacidad para imponerse y empuja a otros – en particular a la UE – a buscar un papel más autónomo y a estrechar lazos con los imperialismos que no quieren dejarse arrastrar; la demostración de potencial destructivo le está costando a EEUU miles de millones, incinerando su arsenal sin conseguir doblegar a Irán, que responde con material bélico mucho más barato; y, finalmente, la fracción gobernante estadounidense, que había sido aupada al poder por sus promesas de no intervenir militarmente en el exterior, solo habría contado con el apoyo de su base electoral en caso de una acción muy corta y con un éxito espectacular, mientras que la realidad es que no se vislumbra ninguna salida que pueda denominarse éxito ni se puede saber cuánto más va a durar la situación.

 

El papel del estrecho de Ormuz

Por el estrecho de Ormuz, según los datos de la Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés), circulan los siguientes volúmenes de crudo, refinados y gas natural:

“En 2025, cerca de 15 millones de barriles diarios de petróleo crudo – lo que supone casi el 34 % del comercio mundial de crudo – atravesaron el estrecho de Ormuz, y la mayor parte de las exportaciones tenían como destino Asia. China e India recibieron conjuntamente el 44 % de estas exportaciones. (…) Japón y Corea dependían especialmente de los flujos de petróleo que atravesaban el estrecho. (…) Solo el 4 % de los flujos de crudo de la región se destinaba a Europa” (IEA, 28-02-2026).

Si hablamos de petróleo en general (crudo más los productos refinados) el volumen aumenta: “En 2025, se exportaron cerca de 20 millones de barriles diarios de petróleo a través del estrecho” (IEA, 28-02-2026), aunque disminuye el porcentaje sobre el total dado que corresponde al 20% del consumo mundial.

“Los mercados asiáticos son el principal destino del GNL de Qatar y los Emiratos Árabes Unidos. En 2025, casi el 90% del volumen total exportado a través del estrecho de Ormuz se destinó al mercado asiático, mientras que la cuota de Europa fue de poco más del 10%. (…) la cuota de GNL suministrada a través del estrecho representó alrededor del 27% de las importaciones totales de GNL de Asia en 2025 y solo alrededor del 7% de las entradas totales de GNL de Europa” (IEA, 28-02-2026).

A esto hay que añadir los siguientes datos de la Administración de Información de la Energía (EIA, por sus siglas en inglés) en este estudio de junio de 2025: “Estimamos que, en 2024, el 84% del petróleo crudo y el condensado, y el 83% del gas natural licuado que transitaron por el estrecho de Ormuz se destinaron a los mercados asiáticos. China, India, Japón y Corea del Sur fueron los principales destinos del petróleo crudo que atravesó el estrecho de Ormuz hacia Asia, representando en conjunto el 69% de todos los flujos de petróleo crudo y condensado de Ormuz en 2024. Estos mercados serían probablemente los más afectados por las interrupciones del suministro en Ormuz.” (EIA, 16-06-2025). Según los datos de la Revisión Estadística de la Energía Mundial elaborada por el Instituto de la Energía, el consumo de petróleo de Asia-Pacífico calculado a 31 de diciembre de 2024 era de 38,44 millones de barriles diarios, un 37% del consumo mundial.  

Salta a la vista que el papel del estrecho de Ormuz no es sólo el del tránsito del 20% del petróleo mundial “en general”. El estrecho de Ormuz es, en realidad, la ARTERIA ENERGÉTICA para el abastecimiento del 27% del gas natural y el 42% del petróleo que sostiene las economías de los Estados de Asia-Pacífico. Atacar el estrecho de Ormuz – o generar una situación que conlleve su cierre, incluso parcial – no supone sólo la elevación del precio del petróleo sino que es un ATAQUE DIRECTO AL SUMINISTRO ENERGÉTICO que mantiene en funcionamiento al capitalismo asiático.

La dependencia estructural de Asia‑Pacífico respecto a esta vía convierte cualquier interrupción en un riesgo inmediato para su estabilidad económica. Por el estrecho de Ormuz transitan 50 productos (gases nobles, urea, fertilizantes, acero, diamantes, aleación de aluminio, metanol, etc.) “que representaban un valor acumulado de 773.000 millones de dólares y una media del 14,9 % del total de las exportaciones mundiales para cada categoría de productos” (Bloomberg, 27-03-2026) y cuyos destinos son principalmente puertos en Asia-Pacífico, aunque los fertilizantes – por ejemplo – también llegan a puertos africanos. Su bloqueo impacta pues también en parte de los insumos que alimentan la manufactura asiática, además de generar una escasez global que aumenta los precios a escala mundial.

 

El cierre del estrecho de Ormuz

El ataque conta Irán iba a forzar su respuesta y el cierre del estrecho de Ormuz. EEUU, pese a todo el marketing posterior reclamando la apertura del estrecho, sabía perfectamente que esta iba a ser la primera consecuencia de su actuación.

De hecho, se puede decir que el primer cierre del estrecho de Ormuz es obra de EEUU: “Estados Unidos emitió una advertencia a la navegación en la que indicaba que los buques de la región debían mantenerse a 30 millas náuticas de distancia de sus activos militares” (Bloomberg, 28-02-2026).

Teniendo en cuenta que en su punto más estrecho el estrecho sólo tiene 29 millas náuticas (54km):“El gigante japonés Nippon Yusen KK había ordenado anteriormente a su flota que no navegara por el estrecho de Ormuz, mientras que Grecia pidió a su amplia flota mercante que reconsiderara el paso por la zona (…). Un armador había declarado que interpretaba la advertencia estadounidense como un cierre efectivo de la vía navegable” (Bloomberg, 28-02-2026).

De este modo EEUU conseguía propinar a los estados de Asia-Pacífico el golpe en su cadena de suministro, paralizar una parte del petróleo sobrante y, específicamente, el petróleo más barato de extraer que coincide con el de los países que estaban perjudicando el precio aumentando su producción. El plan de EEUU pasaba además por escoltar a los petroleros y buques de carga por el estrecho instituyéndose como gendarme de la zona incluyendo “la posibilidad de exigir a los buques escoltados por la Armada a través del estrecho de Ormuz que contraten un seguro del Gobierno de EEUU” (Financial Times, 18-03-2026).

Pero EEUU e Israel no han sido capaces de eliminar sustancialmente la capacidad balística de Irán, que ha conservado la mitad de sus lanzaderas de mísiles y junto con sus drones Shahed ha mantenido su capacidad para imponer a su vez el cierre del estrecho por sus propios medios. EEUU no está dispuesto a asumir el coste de una intervención que asegure el paso, suponiendo que pudiera conseguirlo, y no ha conseguido arrastrar al resto de imperialismos a hacer frente común contra Irán. Esto ha alterado sustancialmente los planes descritos.

En lugar de ser EEUU quien protege el paso cobrando su mordida, es Irán quien está rentabilizando económicamente y políticamente el tráfico marítimo. Desde el inicio de la guerra, Irán ha dejado pasar a embarcaciones de como mínimo los siguientes países: Turquía, Paquistán, India, Gambia, China, Oman y también Francia, Grecia y Japón, por un módico precio en yuanes o stablecoins: “En el caso de los petroleros, el precio de partida en las negociaciones suele rondar el dólar por barril de petróleo, pagadero en yuanes o en monedas estables” (Bloomberg, 01-04-2026).

Adicionalmente, Irán ha anunciado que Iraq tiene permiso para pasar: ”‘El hermano Irak está exento de cualquier restricción que hayamos impuesto en el estrecho de Ormuz’, (…) Esta declaración podría dar lugar a la salida de hasta 3 millones de barriles diarios de petróleo iraquí.” (Bloomberg, 04-04-2026).

Por su lado, Irán sigue exportando a través del estrecho de Ormuz: “Se calcula que las exportaciones rondarán los 1,6 millones de barriles diarios en marzo, una cifra prácticamente sin cambios respecto a la registrada antes del conflicto, y los cargamentos siguen embarcándose en la isla de Kharg y atravesando el estrecho” (Bloomberg, 26-03-2026).

Aunque el paso de petroleros no iraníes se ha ido incrementando de momento se sitúa en un millón de barriles diarios, como se puede observar en el siguiente gráfico.

 

 

Fuentes de suministro compensatorias

Para evitar una escalada excesiva del precio del petróleo y también como un gesto hacia India, EEUU ha permitido la compra de petróleo ruso ya cargado: “El exceso de petroleros cargados de crudo ruso está empezando a reducirse poco a poco tras mantenerse estable en unos 140 millones de barriles desde mediados de diciembre” (Bloomberg, 16-03-2026). Y con el mismo objetivo, EEUU ha permitido la venta de petróleo iraní: “la exención permitirá que 140 millones de barriles de crudo iraní cargado en los buques lleguen al mercado” (La Vanguardia, 22-03-2026).

Por otro lado, “el crucial oleoducto este-oeste de Arabia Saudí que rodea el estrecho de Ormuz, está bombeando petróleo a su capacidad máxima de 7 millones de barriles al día (...) Las exportaciones de crudo a través de Yanbu han alcanzado ya unos 5 millones de barriles al día y el reino también está exportando entre 700 000 y 900 000 barriles al día de productos refinados (…). De los 7 millones de barriles diarios que pasan por el oleoducto, 2 millones se destinan a las refinerías saudíes” (Bloomberg, 28-03-2026). Pese a la entrada en el conflicto armado de los hutíes, los ataques desde el Yemen se han concentrado en lanzar misiles a Israel y se están absteniendo de bloquear las exportaciones de petróleo saudí desde el Mar Rojo (lo cual echaría por tierra la tregua con Arabia Saudí que se mantiene desde 2022).

El otro oleoducto principal de la península arábiga que permite evitar el tráfico por el estrecho de Ormuz, también ha incrementado el volumen de bombeo: “Según los datos de seguimiento de petroleros, las cargas de crudo desde Fujairah alcanzaron una media de aproximadamente 1,9 millones de barriles diarios entre el 20 y el 24 de marzo, lo que supone un aumento de alrededor del 57 % con respecto a la media de 2025” (Bloomberg, 27-03-2026). Los ataques contra el puerto por parte de Irán hacen que la exportación no sea estable, pero el puerto cuenta con una capacidad de almacenamiento que puede permitir el acceso rápido al petróleo acumulado si cesan los ataques: “Además de las instalaciones de exportación de crudo de Adnoc, el puerto de Fujairah cuenta con una capacidad de almacenamiento de más de 70 millones de barriles de petróleo y combustibles para los operadores que necesitan un acceso rápido al suministro” (Bloomberg, 16-03-2026).

El problema de la deuda que se alzaba entre el petróleo venezolano y las refinerías indias (ver pág. 17) se ha esfumado y la producción venezolana se va recuperando lentamente: “(…) los envíos a India se multiplicaron en marzo, superando los que se hacen hacia Estados Unidos. Ahora, las exportaciones nacionales rondan los 890.000 barriles diarios, la cifra más alta desde diciembre de 2019. (…) La producción venezolana va en aumento; esto se logra con un flujo constante de diluyentes importados. Las importaciones en marzo ascendieron a nueve cargamentos, sobre los siete que registraban en febrero. En marzo, las refinerías indias (…) compraron 343.000 barriles diarios” (El Nacional, 02-04-2026).

 

La magnitud del desajuste de suministro

Como hemos mencionado más arriba, las reservas mundiales de petróleo se cuantifican en 8.200 millones de barriles. Para tener una idea del orden de magnitud, esta cantidad representa (8.200 / 20 = 410) el petróleo que pasa por el estrecho de Ormuz durante más de 1 año. Dicho esto, las reservas no están distribuidas homogéneamente y no son directamente accesibles en su totalidad.

Entonces, si de los 20 millones de barriles diarios (mbd) que cruzaban Ormuz, 7 mbd pueden desviarse por el Mar Rojo y  por el estrecho continúa pasando alrededor de 2,6 mbd – entre petróleo iraní y no iraní, cantidad que podría aumentar hasta 5 mbd si el transito del petróleo iraquí se hace efectivo – el déficit bruto es de en torno a 8 mbd. Incluso teniendo en cuenta el exceso previsto de oferta mundial para 2026, estimado en 4 mbd, persiste un agujero neto de 4 mbd en el mercado mundial.

Los 280 millones de barriles iraníes y rusos representarían la cobertura durante 70 días de estos 4 mbd de déficit neto o de 35 días sobre el déficit bruto de 8 mbd. Pero también en este caso, el acceso no es inmediato ni homogéneo y son volúmenes puntuales correspondientes a cargamentos ya embarcados (salvo que EEUU permita de facto la continuidad de estos flujos, aunque no lo declare formalmente, cosa que está sucediendo de hecho con el petróleo iraní). El nuevo flujo de 343.000 barriles diarios desde Venezuela a India sirve como parche, pero requiere además 45 días de transporte para llegar a su destino.

En consecuencia, estas compensaciones más el nivel de reservas mundial explican por qué la subida del precio del petróleo es relativamente acotada (y más si se deflacta en relación con los momentos de las anteriores subidas por encima de 100$ el barril) y baja rápido cada vez que hay un atisbo de cese de las hostilidades. Pero esto no quita que el golpe es real y estructural y que su impacto en términos de suministro se concentra en Asia, mientras que su impacto en términos de precio consigue elevarlo sin descontrolarlo por completo. En ambos casos, EEUU resulta BENEFICIADO por la situación.

Pese a que la paralización de la circulación a través del estrecho de Ormuz ya genera un choque importante en la cadena de suministro, también se ha destruido parte de las instalaciones, generando un efecto más a largo plazo: “Más de 40 instalaciones energéticas repartidas por nueve países de Oriente Medio han sufrido daños «graves o muy graves» a causa de la guerra, según ha declarado el director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, lo que podría prolongar las interrupciones en las cadenas de suministro mundiales una vez finalizado el conflicto”  (Bloomberg, 23-03-2026).

 

Impacto en los países de Asia-Pacífico

Las reservas están distribuidas de manera poco homogénea en los distintos países de Asia: “Entre los grandes países asiáticos, los más vulnerables son India y Corea del Sur  (…) ya que sus actuales inventarios cubren el equivalente a 70 días de importaciones a través de Ormuz. En el caso de China, esa ratio se dispara a cerca de 300 días (Pekín acumuló crudo en los meses previos a la guerra), mientras que Japón cuenta con 170 días de cobertura. En los pequeños países asiáticos, la situación es más dramática. Singapur tiene reservas para 40 días de importaciones de Ormuz, y esa relación baja a 30 días en Myanmar, Vietnam y Filipinas. En el caso de Sri Lanka, es de 60 días” (Expansión, 20-03-2026).

Conviene recordar que Japón y Corea del Sur son miembros de la Agencia Internacional de la Energía y participaron en la liberación coordinada de 400 millones de barriles de reservas estratégicas anunciada el 12 de marzo. Esto permitió amortiguar parcialmente el impacto sobre los precios, pero no elimina su vulnerabilidad estructural en términos de suministro físico.

Saltan a la vista las reservas chinas, más concretamente:
“La extracción de carbón alcanzó niveles récord, coincidiendo con una enorme oleada de energía solar y eólica y sus sistemas de almacenamiento en baterías, que están cubriendo con creces el crecimiento de la demanda eléctrica. China también ha ido aumentando de forma constante la producción nacional de petróleo y gas. El país ha ido reduciendo progresivamente el uso de combustibles fósiles en áreas clave. Los vehículos eléctricos e híbridos superan ahora en ventas a los automóviles tradicionales en China, lo que ha provocado un descenso a largo plazo del consumo de gasolina, que representa más de una quinta parte del consumo de petróleo del país.  Pekín también ha creado importantes reservas de seguridad. Según el proveedor de datos Kpler, decenas de millones de barriles de crudo ilícito procedentes de Irán, Rusia y Venezuela se encuentran en buques cisterna cerca de su costa. Las reservas estratégicas de petróleo de China han aumentado hasta alcanzar unos 1.400 millones de barriles – más del triple de los niveles de EEUU –, suficientes para cubrir unos seis meses de pérdidas en las importaciones de Oriente Medio en el peor de los casos” (Bloomberg, 11-03-2026).

Las implicaciones de esto son que el imperialismo chino está muy bien preparado para la situación que se está desarrollando, que por lo tanto es el menos vulnerable al golpe asestado por EEUU y que los que están siendo especialmente perjudicados por la actuación estadounidense son el resto de países de Asia, a los que EEUU quisiera atraer pero no puede más que ATROPELLAR.

Esto puede acelerar la aproximación de varios de estos países a China, si la situación generada por EEUU se prolonga, y aunque China no puede sustituir a los países del Golfo Pérsico como proveedor de petróleo, puede utilizar su posición de fuerza como parachoques selectivo y aumentar su influencia en la región. India ya ha tenido que pedir ayuda a China en el suministro de urea: “Aproximadamente el 47% del suministro mundial de azufre, el 43% de urea, el 27% de amoníaco y el 24% de fosfato (todos ellos fertilizantes) están en riesgo tras el cierre del estrecho de Ormuz. La Unctad (Naciones Unidas) calcula que 16 millones de toneladas de fertilizantes transitan por la zona y que la urea representa dos tercios del total. (…) India ha pedido a China que autorice la venta de algunos cargamentos de urea. (…) China controla las exportaciones de urea mediante un sistema de cuotas. (…) Pekín es el principal productor mundial de urea” (La Vanguardia, 13-03-2026).

 

La renta diferencial y el precio del petróleo

La conformación del precio del petróleo está sujeto a las leyes de la renta de la tierra, explicadas por Marx en la Sección 6ª del Libro III de El Capital. Esta teoría fue expuesta en relación con los productos agrícolas pero es de aplicación a todo recurso sujeto a monopolio. Más concretamente, el precio del petróleo está sujeto a la renta diferencial que surge cuando hay una gradación de fertilidades (o facilidad de extracción de petróleo).

En general, el precio de producción de petróleo está determinado por el precio de producción en la tierra menos rentable que debe ser utilizada para satisfacer la demanda. Las instalaciones extractivas que producen con un coste menor, se venden al precio marcado por la tierra peor y obtienen un excedente sobre la base de ese precio regulador, la renta diferencial:El precio de producción de la tierra peor, que no da renta alguna, es siempre el precio comercial regulador, aunque (…) se pongan en cultivo tierras cada vez mejores.” (El Capital, Libro III, Sección 6ª, Capítulo XXXIX).

Pero el incremento de la producción en las tierras mejores puede también impactar el precio de referencia si con el aumento de la producción hace innecesarias las tierras peores, las desplaza de su papel y pasa la siguiente tierra peor a jugar este papel regulador del precio sobre la base del cual el resto obtiene la renta diferencial: “En este caso, el precio del trigo producido en la tierra mejor es un precio regulador siempre y cuando que dependa de la cantidad producida por ella el saber hasta qué punto permanece como reguladora la tierra A. Si las tierras B, C y D produjesen más de lo necesario, A [la tierra peor] dejaría de actuar como reguladora” (El Capital, Libro III, Sección 6ª, Capítulo XXXIX).

Como hemos visto, hay un exceso de oferta de petróleo sobre la demanda (ver pág. 18). Si éste viene específicamente generado por el aumento de la producción en las zonas donde el precio de extracción es menor, esto desplaza a las zonas con los costes más elevados. Por lo tanto, incluso un eventual equilibrio entre oferta y demanda, si se basa en esta nueva composición, implicaría un precio inferior.

 

Los Estados árabes del Golfo pérsico

Empecemos por dilucidar cómo se conjugan los costes y precios del petróleo en esta área del mundo capitalista. Para ello consideraremos tres magnitudes relacionadas: el coste de extracción (lifting cost), el precio de equilibrio del ciclo completo (full-cycle cost), el precio de equilibrio fiscal (fiscal breakeven).

 

 

 

En esta tabla se ve claramente que el coste de extracción en los principales Estados árabes del Golfo pérsico es muy bajo y que el precio de equilibrio para el ciclo completo (para pozos ya existentes) es entre tres y cuatro veces menor que su equivalente para el Merey venezolano o el Shale estadounidense.

Este bajo coste es el motivo por el que la paralización o retirada del mercado de estos pozos es particularmente efectiva para que suba el precio del petróleo y se garantice la viabilidad de los proyectos más costosos y el consiguiente valor estratégico del cierre del estrecho de Ormuz para conseguir este resultado.

Sin embargo, hay un matiz importante que se refleja en la tabla y es que los ingresos del petróleo todavía juegan un papel importante y el equilibrio presupuestario del Estado – sobre todo en Arabia Saudí – está basado en un precio que es sustancialmente mayor. Esto significa que Arabia Saudí está interesada en un precio del petróleo alto, motivo por el cual ha liderado los recortes de la OPEP+ en los últimos tiempos.

Adicionalmente, Arabia Saudí normalmente produce en torno a 9 millones de barriles diarios pero ahora sigue pudiendo producir 7 millones de barriles diarios, que se exportan a través del Mar Rojo. Desde un punto de vista estrictamente petrolero, Arabia Saudí puede estar compensando la pérdida de volumen con el aumento del precio con el cierre de Ormuz. Los verdaderos SACRIFICADOS desde un punto de vista petrolero y gasístico son: Kuwait, Qatar, Bahréin, Omán y  Emiratos Árabes Unidos, el cual tiene una salida en el puerto de Fujairah pero está inhabilitado a la práctica por los ataques de Irán. De todas formas, hay que tener en cuenta el porcentaje de dependencia de cada país para ver el impacto real del cierre en cada uno de ellos.

Pero el impacto del conflicto no se limita al cierre parcial de Ormuz. Irán ha atacado infraestructura industrial, energética y aeroportuaria en varios países de la península arábiga, golpeando directamente el proyecto de transformación económica que estos Estados habían construido durante la última década. Todos ellos – Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Omán y Bahréin – han invertido miles de millones en escapar de la trampa del petróleo mediante la creación de un modelo económico alternativo basado en el turismo, las aerolíneas, los centros financieros, los centros de datos, los grandes eventos deportivos, la logística global y las zonas francas. Emiratos Árabes Unidos presumía en enero de 2026 de que “el 85% del PIB procede ya de actividades no ligadas al petróleo” (El País, 27-01-2026) y de su objetivo de convertirse en un hub regional para turistas de EEUU, Australia, China o Japón. Sin embargo, todos estos sectores dependen de un requisito previo: estabilidad. El conflicto actual la destruye. Las rutas aéreas se desvían, los seguros se disparan, los grandes eventos se cancelan, los centros financieros pierden atractivo, los centros de datos son atacados y la región deja de ser un espacio seguro para inversiones de largo plazo.

“La guerra en Oriente Próximo le está costando a la industria turística de la región 600 millones de dólares (517 millones de euros) al día” (Financial Times, 13-03-2026) y su papel de hub de conexión aeronáutico se ha reducido a mínimos: “Emirates está operando vuelos a Dubái que, en algunos casos, viajan prácticamente vacíos (…). Los vuelos procedentes de destinos de Estados Unidos y Europa continental son los más afectados, con aviones que regresan de Praga o Budapest con una ocupación de solo entre el 5% y el 10% (…) Los vuelos que salen de Dubái muestran un patrón muy diferente, ya que muchas personas abandonan la ciudad en el reducido número de aviones disponibles. A continuación, Emirates vuela los aviones de vuelta a su centro de operaciones con baja ocupación”  (Bloomberg, 16-03-2026).

Además, estos Estados son altamente dependientes de la mano de obra extranjera: “24 millones de operarios y asalariados, en su abrumadora mayoría asiáticos” (La Vanguardia, 25-03-2026) que si el conflicto incrementara su virulencia podrían querer volver a sus países de origen, aunque la trampa económica puede hacer también que permanezcan pese al peligro creciente: “son muchos los países asiáticos que dependen en extremo de las remesas de sus emigrantes a Arabia. El que más, Nepal, donde un 25% del PIB depende de ellos. También son altamente vulnerables Filipinas (7,5% de su PIB), Pakistán y Bangladesh (alrededor del 6%), Sir Lanka (4,5%) (…) En el caso de India, el estado de Kerala (…) depende tanto como Nepal de las remesas de sus trabajadores en la península arábiga” (La Vanguardia, 25-03-2026).

La frustración con la situación generada por EEUU e Israel es evidente: “’¿Quién te ha dado la autoridad para arrastrar a nuestra región a una guerra con Irán? (…)’, dijo (…), multimillonario y magnate hotelero de Dubái, en una publicación en X el 5 de marzo. ‘Has puesto a los países del Consejo de Cooperación del Golfo y a los países árabes en el centro de un peligro que ellos no han elegido’” (Bloomberg, 06-03-2026).

En el telón de fondo de la actuación de EEUU atropellando a los Estados del Golfo está su relación con China: “Entre 2014 y 2023, Pekín aportó aproximadamente 2,34 dólares por cada dólar que Washington donó o prestó a los países de Oriente Medio (...) China ha acumulado inversiones y proyectos de construcción por valor de unos 270.000 millones de dólares (...) En los Emiratos Árabes Unidos, las empresas chinas están desarrollando el mayor sistema de almacenamiento de energía en baterías del mundo, mientras que en Arabia Saudí están construyendo plantas solares y centros de datos. El año pasado, los automóviles chinos consideraron a los EAU como su tercer mercado más grande a nivel mundial" (Bloomberg, 10-04-2026).

 

 

 

Lo que no quita la frustración de los Estados árabes con Irán que responde disparando contra todos: “a pesar de que los Emiratos Árabes Unidos y otros Estados del Golfo impidieron que las fuerzas estadounidenses e israelíes utilizaran su territorio o su espacio aéreo para lanzar ataques contra Teherán.” (Bloomberg, 06-03-2026). Los países que más ataques han recibido – en orden decreciente – son EAU, Kuwait, Bahréin, Qatar y Arabia Saudí. Incluso Hamás salió en defensa de las monarquías árabes: “instó a sus ‘hermanos de Irán a que eviten atacar a los países vecinos’, y afirmó en un comunicado que todas las naciones de la región deberían cooperar ‘para preservar los lazos de hermandad’” (BBC, 14-03-2026).

 

Repercusiones financieras y monetarias

Desde el inicio de la guerra, “las acciones chinas han caído menos que las de otros mercados mundiales, el yuan se ha mantenido estable frente al dólar y los rendimientos de los bonos del Estado apenas han variado” (Bloomberg, 11‑03‑2026), mientras que los inversores globales han optado por mantenerse invertidos rotando sus carteras: “el dinero se movió claramente de un lado a otro del mundo (…) Los mercados emergentes captaron 11.200 millones de dólares, con Corea del Sur, Taiwán y Hong Kong a la cabeza; Japón registró su mayor entrada semanal de dinero nuevo del año (4.600 millones); y Europa sumó 3.100 millones entre índices paneuropeos y mercados locales. La única excepción fue Estados Unidos” (Expansión, 24-03-2026).

Paralelamente, “los bancos centrales extranjeros han sido vendedores netos de bonos del Tesoro durante cinco semanas consecutivas. Las tenencias en el Banco de la Reserva Federal de Nueva York han descendido en aproximadamente 82.000 millones de dólares, hasta situarse en 2,7 billones de dólares, el nivel más bajo desde 2012. (…) La proporción de bonos del Tesoro en manos de inversores extranjeros ya había caído hasta alrededor del 32%, frente a la mitad que representaba a principios de la década de 2010. Los bancos centrales se convirtieron en vendedores netos a principios de 2025. Por primera vez desde 1996, los bancos centrales de todo el mundo poseen ahora más oro en total que bonos del Gobierno de EEUU” (Bloomberg, 06-04-2026).

La combinación de estabilidad financiera china, rotación global del capital hacia Asia y Europa, ventas masivas de deuda estadounidense y acumulación acelerada de oro por parte de los bancos centrales confirma que prosigue el debilitamiento de la posición de EEUU como centro financiero del capitalismo mundial.

 

El espectro de lo que un día fue la primera potencia

EEUU fundó su hegemonía en el mundo capitalista sobre la base de los bombardeos de Hamburgo y Dresde así como las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Desde entonces, el imperialismo estadounidense ha tratado de volver a demostrar al mundo su capacidad terrorista con éxito decreciente: en 1990 (primera guerra del golfo), en 2001 (Afganistán) y 2003 (Irak).

 La retirada con la cola entre las piernas de Afganistán en 2021 mostró al mundo y a la propia burguesía estadounidense su propia incapacidad de mantener su ejército desplegado in situ.

En cada ocasión, EEUU es menos capaz de imponer a sus “aliados” que participen o faciliten su actuación militar. Lejos queda el Pacto de las Azores con EEUU, Reino Unido y España, y ahora los dos últimos países imperialistas ponen trabas a colaborar con la actuación militar. El imperialismo europeo se resiste a ser involucrado: “’No es la guerra de Europa’. Así lo afirmó ayer la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Seguridad” (Expansión, 17-03-2026), “’No participaremos en esta guerra’, declaró el lunes por la noche el canciller alemán Friedrich Merz. ‘No lo haremos’. ‘La respuesta es simplemente no’, se hizo eco el primer ministro griego Kyriakos Mitsotakis (…). ‘Noruega no lo hará’, coincidió el primer ministro Jonas Gahr Store en Oslo (…) ‘No somos parte del conflicto’, dijo Macron. ‘Francia nunca participará en operaciones para abrir o liberar el estrecho de Ormuz en el contexto actual’” (Bloomberg, 17-03-2026)

Y no sólo España ha negado el uso de sus bases militares sino que incluso Italia “negó a Estados Unidos el uso de la base militar de Sigonella, en Sicilia, para varios de sus aviones con destino a Oriente Medio” (La Vanguardia, 01-04-2026). También Reino Unido “(…) ha declarado que no participará en operaciones ofensivas contra Irán (…) ‘No nos veremos arrastrados a una guerra más amplia’, afirmó Starmer” (Bloomberg, 16-03-2026). No es que sean actos de valentía sino más bien la necesaria admisión de su incapacidad de sumarse e inclinar la balanza a su favor. El imperialismo europeo anda ranqueando en materia militar, pero el imperialismo británico está también de capa caída: “El Reino Unido se ha visto obligado a pedir prestada una fragata a Alemania para cumplir con sus obligaciones con la OTAN.” (The Telegraph, 27-03-2026). Tampoco Japón o Corea del Sur, mucho más impactados por el cierre del estrecho de Ormuz, han accedido a involucrarse.

La otra situación que ya no se puede disimular es la RUPTURA del reparto mundial y del orden establecido después de la 2ª matanza mundial. La  presidenta de la Comisión Europea lo admitía al decir “Europa ya no puede ser la guardiana del antiguo orden mundial, de un mundo que ha desaparecido y no volverá” (Expansión, 12-03-2026). La situación empuja a algunos a soñar con salir de la pesadilla erigiéndose en el aglutinador de un grupo de países no alineados: “’Nuestro objetivo es no convertirnos en vasallos de dos potencias hegemónicas’, declaró [Macron, presidente francés] ante los estudiantes en Seúl. ‘No queremos depender del dominio, digamos, de China, ni queremos estar demasiado expuestos a la imprevisibilidad de Estados Unidos’. (…) Mencionó otros países con una alineación similar: Australia, Brasil, Canadá e India. Juntos, argumentó, esta coalición puede trabajar en inteligencia artificial, espacio, energía, energía nuclear, defensa, seguridad... ‘lo que sea’” (Bloomberg, 03-04-2026).

Y para completar el CIRCO, el bufón que representa al imperialismo estadounidense afirma (con razón) que la OTAN es un “tigre de papel” pero no puede hacer salir a EEUU de esta organización porque “en 2023 el Congreso de Estados Unidos aprobó una ley [impulsada por el actual Secretario de Estado Marco Rubio] por la que se impidió que un presidente del país pudiese dar el paso unilateralmente” (Expansión, 02-04-2026).

 

Alto el fuego: EEUU salvado por la campana

EEUU ha caído repetidas veces en el error de pensar que eliminar a un individuo era suficiente para conseguir sus objetivos: el Sha en Irán, Saddam Hussein en Iraq, Gadafi en Libia, etc. y siempre le ha salido del revés porque esos individuos no eran más que la manifestación de un cuerpo social existente o de las necesidades impuestas por el desarrollo de las fuerzas productivas. La actuación en Venezuela, en la que el individuo Maduro ha sido entregado por parte del Partido del Ejército para hacer tratos con EEUU, les ha hecho olvidar la experiencia previa.

En cierto sentido, la burguesía iraní ha tenido más profundidad de pensamiento que la burguesía estadounidense y ha diseñado su supervivencia como potencia imperialista contando con que sus dirigentes caerían en los primeros golpes, como así ha sido. Pero el hecho de que EEUU e Israel liquidaran a toda la cúpula iraní en el primer ataque y que en sucesivos ataques hayan eliminado varias capas de mando más, no ha impedido que el Ejército iraní y la Guardia Revolucionaria (sic) Islámica de Irán sigan funcionando y que sus batallones sean capaces de continuar con los ataques a objetivos preseleccionados incluso si la cadena de mando se rompe. Confundir Irán con Venezuela, le ha salido caro a EEUU.

Incapaz de derrotar militarmente a Irán pese a estar disparando todo su carísimo arsenal, incapaz de arrastrar activamente al conflicto a los Estados árabes del Golfo pese a ser el blanco del fuego iraní, ni de arrastrar al imperialismo europeo y británico, ni a Japón o Corea del Sur, ante la alternativa de cesar los bombardeos sin haber conseguido nada e, incluso peor, dejando como status quo a Irán como dueño de facto del estrecho de Ormuz, el bufón Trump lanzó un ULTIMÁTUM. Después de posponer el ultimátum que no quería cumplir, la retórica del bufón empezó a tener toques delirantes amenazando con enviar a Irán a la edad de piedra y con eliminar una civilización entera. La única actuación a la altura de estas afirmaciones era el lanzamiento de bombas atómicas sobre Irán. Afortunadamente para el bufón, el ejército pakistaní consiguió orquestar un alto al fuego de dos semanas que permitía una salida honorable a EEUU y EEUU se agarró al clavo ardiendo para que no quedara en evidencia su FAROL.

De hecho, el alto el fuego no sólo es la salida que no encontraba sino que incluso pudiera ser una situación en la que EEUU pueda conseguir una parte de sus objetivos. Ahora que gran parte del daño está hecho y que el impacto sobre la cadena de suministro se ha materializado, para la consecución de una parte de los objetivos, el mantenimiento de una situación suficientemente inestable pero que no obligue a EEUU a volver a quedar en evidencia o a seguir dilapidando sus arsenales sin conseguir nada, pudiera ser una opción interesante para EEUU.

A nivel inmediato, con el estrecho de Ormuz a un paso de ser cerrado otra vez en cualquier momento, el precio del petróleo podría mantenerse moderadamente elevado y podría también funcionar como un chantaje hasta cierto punto efectivo sobre los Estados árabes y asiáticos.

Incluso si por este camino los EEUU pudieran conseguir estos resultados, los efectos a más largo plazo van en la línea de profundizar su proceso de DECLIVE y AISLAMIENTO. EEUU ha demostrado que todavía puede causar estragos e imponer al mundo capitalista un colapso parcial, pero no es capaz de derrotar a Irán, como no pudo derrotar a los talibanes en Afganistán. El miedo que consiguen inspirar ahora los EEUU no es ya el de la potencia hegemónica que domina el mundo capitalista sino el del abusón SIN RUMBO que puede montar un cirio en cualquier momento y del que nadie puede fiarse.

Esto va a empujar todavía más al resto de Estados capitalistas a dotarse de alternativas y a ir sustituyendo su dependencia tanto de EEUU como del petróleo. Y, con todo, nadie puede descartar que, en su retirada como potencia hegemónica capitalista, los EEUU se vean empujados en una acción desesperada a utilizar las bombas atómicas sobre las que fundó su hegemonía después de la 2ª matanza mundial.

 

Israel tiene su agenda, pero no puede jugar solo

Pese a que tanto Israel como EEUU se han coaligado para atacar Irán, la realidad es que tienen motivaciones y objetivos distintos. Israel necesita que EEUU le ayude a bombardear Irán para poder realizar la ofensiva contra el sur del Líbano sin tener que lidiar con Hezbolá e Irán al mismo tiempo. Por otro lado, EEUU necesita la ayuda de Israel para tratar de someter a Irán.

Para la burguesía israelí, se trata de debilitar al máximo a los aliados de Irán y contrarios a la expansión y consolidación israelí. En el proceso iniciado con el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la subsiguiente ocupación de Gaza por parte del Ejército israelí, Irán ha ido perdiendo progresivamente sus posiciones (en Gaza, Líbano y Siria) bajo el ataque sistemático de Israel y en menor medida de EEUU (ver “El Comunista” nº74, enero 2025, pág. 22). Irán ha ido encajando estas pérdidas en aras a mantener su relación diplomática con Arabia Saudí y dentro de los BRICS, tratando de evitar precisamente la situación actual. El ataque directo y coordinado de Israel y EEUU le ha forzado a romper la baraja. Israel busca imponer sus condiciones en Líbano y por esto intenta seguir la ofensiva incluso si EEUU e Irán llegan a un acuerdo de alto al fuego.

 

El capitalismo avanza hacia la guerra mundial

EEUU está vaciando sus arsenales, empleando misiles de varios millones de dólares para derribar drones de apenas unos miles, lo que evidencia su dificultad para imponer una ventaja aérea decisiva y lo dejará temporalmente debilitado para afrontar otros frentes mientras repone su capacidad militar. Este vaciamiento, sin embargo, sirve de estímulo para la industria armamentística y para justificar que “el gasto en Defensa alcance los 1,5 billones de dólares en 2027, cifra que supondría un aumento del 66% respecto a los ya históricos 901.000 millones aprobados para este año (…) multiplicando por más de seis el de China” (Expansión, 09-01-2026). En paralelo, el imperialismo europeo “prevé movilizar 800.000 millones de euros para Defensa hasta 2030” (Expansión, 13-03-2026), en un contexto en el que más de 100 países incrementaron su gasto militar en 2024, alcanzando los 2,7 billones de dólares.

Otra faceta importante de los conflictos actuales es que, aunque permanezcan localizados geográficamente, involucran a cada vez más potencias capitalistas, siendo conflictos locales con intervención mundial. La guerra en Ucrania es un ejemplo evidente. Pero la guerra en el estrecho de Ormuz ha mostrado hasta qué punto esta tendencia se ha acelerado: Ucrania “envió rápidamente a unos 200 instructores especializados en la interceptación de drones a los Estados del Golfo(…) firmó acuerdos por valor de miles de millones de dólares y con una vigencia de 10 años con tres de estos ricos Estados petroleros: Qatar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. Según él, los acuerdos contemplaban el suministro y la producción conjunta de drones ucranianos, (…) a cambio de energía del Golfo y otros ‘recursos escasos’“ (Bloomberg, 01-04-2026). El hundimiento de un barco militar iraní que volvía de hacer maniobras conjuntas con India y los propios EEUU, por parte de un submarino estadounidense en las costas de Sri Lanka, es también un indicador de la tendencia de los conflictos a desarrollarse a escala mundial. Esta guerra es pues un episodio de la PREPARACIÓN DE LA TERCERA GUERRA MUNDIAL.

 

Contra la guerra imperialista, revolución proletaria

La única manera de oponernos a las guerras que el capitalismo produce es la reanudación de la lucha de clase contra la propia burguesía, la ruptura del frente nacional interclasista (en los países beligerantes y en el resto). Para ello necesitamos combatir la influencia organizativa e ideológica que ejerce la burguesía a través del sindicalismo integrado en el Estado y a través del parlamentarismo, desarrollando una extensa red de solidaridad y de lucha en el plano sindical, fuera de los tentáculos del Estado, en la cual haya ganado una influencia decisiva el Partido Comunista Internacional.

Para poder llevar a cabo su misión histórica, la clase obrera necesita el Partido Comunista Internacional que debe reunir la parte más avanzada y decidida del proletariado, unificando los esfuerzos de las masas obreras dirigiéndolas desde la lucha por intereses y resultados contingentes a la lucha general por la revolución mundial, por la instauración transitoria de la dictadura revolucionaria del proletariado hacia una sociedad sin clases, sin propiedad privada, sin trabajo asalariado, sin estado, sin régimen mercantil y de empresa.

La consigna de los revolucionarios a nivel mundial debe ser intransigentemente y sin excepciones:

  • Rechazo a todo nacionalismo: “los obreros no tienen patria”.
  • Rechazo a la solidaridad con la economía de la empresa y con la economía “nacional”.
  • Derrotismo revolucionario contra la propia burguesía en tiempos de guerra comercial o militar.
  • Organización conjunta e internacional de los proletarios de todas las lenguas en el Partido Comunista Internacional para la REVOLUCIÓN COMUNISTA A ESCALA MUNDIAL.

 

Ir al artículo anterior

Ir al siguiente artículo